Noviembre 2016

Mary Poppins: alimenta a las aves, vive tus ideales

Escrito por  José Carlos Fernández
Mary Poppins Mary Poppins

En Disney World, en Florida, con motivo del primer centenario del nacimiento de Walt Disney, se elevó una estatua de él en bronce, con el brazo derecho extendido y en alto, como abriéndose paso entre las brumas, o llamando y saludando a todos los visitantes. Richard Sherman, uno de los dos hermanos músicos creadores de muchas de las canciones de la Disney, fue invitado a la conmemoración para que interpretase la canción preferida de este mago y artista del siglo XX. El músico no lo dudó un momento; según él la canción preferida de Walt Disney es la que comienza con « Feed the birds » («Alimenta a los pájaros») y que después se llamó Tuppence , abreviatura de Two Pence , «dos peniques», los que se piden humildemente para dar pan a las aves de Mary Poppins.

Según interpretaba al piano y cantaba esta maravillosa oración, un ave descendió del cielo, revoloteó justo por encima del músico y de nuevo se elevó y perdió en el azul infinito. En la filmación que se hizo de este evento podemos observar claramente la sombra de un ave que revolotea y luego sale del alcance de la cámara.

Y es que esta canción fue la piedra angular del filme Mary Poppins (1964), la más premiada de todas las películas de Walt Disney, con doce nominaciones a los Óscar, de los que obtuvo finalmente el de la mejor canción ( Chim chim Cher ee ), mejor actriz principal (la joven Julie Andrews), mejores efectos especiales (soberbios realmente para la época), mejor banda sonora y mejor montaje. Después de batallar más de veinte años para conseguir permiso de la autora de esta novela para niños, Pamela L. Travers, todo empezó con esta canción, « Feed the birds ».

Walt disney ALIMENTA A LAS AVES 2Walt Disney dio a los hermanos Sherman el libro para que lo leyeran, eligieran historias y las convirtieran en canciones, que después serían ilustradas por Don Dagradi. A estas escenas se les daría un guión que fuera construyendo la historia, de principio a fin (no como ahora, que las historias tienen tantos flash backs que uno ya no sabe si está en el tiempo presente, pasado, futuro o entre medias de ambos). Casualmente los hermanos Sherman eligieron exactamente los mismos capítulos del libro de Mary Poppins que Walt Disney, y esto le decidió de inmediato a contratarlos: estaban en sintonía. Sobre todo, cuando interpretaron algunas de las canciones que ya habían creado. La primera y más importante fue la de « Feed the birds », que hizo que Walt Disney quedara visiblemente impresionado y dijera que esa era exactamente la idea, que ahí estaba el alma de lo que quería decir en esta película.

Cuarenta años después, en una edición conmemorativa de Mary Poppins , entrevistaron sobre este encuentro a Richard Sherman y dijo, emocionado: « En realidad, es el eje de toda la película, porque no cuesta tanto lo que es correcto, hacer lo que es agradable, lo amable, mostrar un poco de amor, no cuesta más de “dos peniques” » .

Sin embargo, aunque el músico pensaba que se trataba de caridad, no es ese el «eje» de la película; sí un efecto importante. El eje, y a lo que creo que se refería Walt Disney, es el idealismo, el deseo de hacer el bien y lo que es recto, de buscar la perfección y no el interés. O sea, alimentar a las aves que revolotean en nuestro espacio interior y anidan en el corazón, los ideales. Cuando en Las leyes Platón quiere honrar a los dioses, dice que se debe pintar, como tantas civilizaciones lo hicieron, el vuelo libre de los pájaros, ya que representan la libertad interior, nacida de la presencia de lo que es ideal en el alma humana.

Todo el filme de Mary Poppins está centrado en eso, y ella es como una piedra filosofal humana, que todo lo que va tocando lo convierte en oro espiritual, en luz, belleza, idealismo, perfección, y devuelve la armonía a lo que la había perdido. Ella es la representación del Adepto, del Gran Iniciado, que «cura» las almas que se precipitan en la nada de la materia y del egoísmo. En la simpática escena en que mide a sus pupilos, ella es, y tal es «su medida», «prácticamente perfecta», y abre las puertas a todos los que están preparados a un mundo maravilloso, el de la magia permanente, mundo que captan los niños en su inocencia –como la Humanidad en su infancia, con el ojo interior aún no velado por la materia–, pero olvidan o de él reniegan los adultos. Y ahí ya no se dan cuenta de que la salud del alma humana, su sentido y medida, su armonía y perfección, son esas aves del alma, que mueren si no son alimentadas, y donde la esperanza se pierde y muere si ellas lo hacen, pues tejen dentro de nosotros el vínculo con la eternidad, con lo que no muere. Muertas las aves, frías y yertas, el fuego se apaga, y el hombre se convierte en una máquina agitada por las convulsiones de sus deseos.

Generosidad y amor además de migas de pan

Tiene razón Richard Sherman cuando añade: «Esto es lo que la canción quiere expresar, no se trata de migas de pan sino de generosidad y amor».

Esta canción es la piedra angular de la película y, como el piramidón de las colosales construcciones egipcias, lo primero en ser realizado, pero lo último en ser colocado: el alfa y el omega. Si su canción fue lo primero, la escena de la mujer-pájaro fue la última en ser filmada. Walt Disney especificó quién quería que representase a este enigmático personaje. Sería Jane Darwell, una anciana de 84 años que residía en un hospital aquejada del corazón. Walt Disney la recogió en limusina, dijo que la filmación se haría en varias horas nada más y la enseñó todos los escenarios…, la trató como a una reina y la actriz lloró de emoción por su delicada cortesía y gran amabilidad.
Su letra y su música son sublimes, pues se trata de una de las canciones más bellas del siglo XX, una oración, un himno a la presencia divina en el alma humana en forma de aves que revolotean en lo infinito y quieren buscar refugio y nido en nuestro corazón.

La canción es introducida por las palabras de Mary Poppins:

«A veces una simple minucia puede ser muy importante», pues ¿no lo es mantener viva el alma?

Feed the birds
Early each day to the steps of Saint Paul’s
The little old bird woman comes.
In her own special way to the people she calls,
Come, buy me bags full of crumbs.
Come feed the little birds, show them you care
And you’ll be glad if you do
 
Their young ones are hungry, their nests are sob are
All it takes is two pence from you…
“Feed the birds” that’s what she cries
While overhead, her birds, fill the skies.
 
All around the catedral, the saints and apostles
Look down as she sells her wares.
Although you can’t see it, you know they are smiling
Each time someone shows that he cares.
 
Though her words are simple and few
Listen, listen, she’s calling to you
“Feed the birds, two pence a bag
Two pence, two pence a bag”.
 
Though her words are simple and few
Listen, listen, she’s calling to you
“Feed the birds, two pence a bag
Two pence, two pence a bag”.
 
 
Todos los días llega a la escalinata de la catedral de San Pablo
la pequeña anciana-pájaro.
Llama a la gente, en un modo tan peculiar de ella:
“Acercaos, compradme bolsas llenas de migajas;
acercaos y dad de comer a los pajarillos,
 
mostradles que os preocupáis por ellos
y seréis felices si lo hacéis.
Sus crías están hambrientas, sus nidos están vacíos
solo cuesta dos peniques…”.
Dad de comer a los pájaros, son dos peniques la bolsa,
dos peniques, dos peniques, dos peniques la bolsa.
“Dad de comer a los pájaros” es lo que ella os ruega a voces
mientras, en lo alto, sus pájaros surcan los cielos.
 
Rodeando por entero la catedral, los santos y los apóstoles
miran hacia abajo cuando ella ofrece sus bienes
y aunque tú no puedes verlos, sabes que están sonriendo
cada vez que alguien muestra interés.
 
Aunque sus palabras son simples y pocas
óyela, escúchala, te está llamando.
“Da de comer a los pájaros, dos peniques la bolsa
dos peniques, dos peniques, dos peniques la bolsa”.
 
Aunque sus palabras son simples y pocas
óyela, escúchala, te está llamando.
“Da de comer a los pájaros, dos peniques la bolsa
dos peniques, dos peniques, dos peniques la bolsa”.
 
Bellísima canción que debe el lector oír y ver, pues si no, pierde todo el encantamiento de esta música e imágenes que son una bendición del cielo.

Insisto en que además de lo que en ella literalmente significan, las aves son también símbolo de las Ideas Puras (los arquetipos de Platón): el Bien, la Belleza, la Justicia, la Verdad y toda su progenie celeste, en el seno del verdadero Amor, con mayúsculas. Estas Aves viven en el alma humana, deseando manifestarse e inspirarla, la mayor parte de las veces hambrientas, pues los «dos centavos» que dice la canción, o sea, la energía y tiempo de que disponemos, los usamos en cualquier banalidad, olvidados del verdadero motivo de nuestra existencia, de lo único que nos puede hacer realmente felices: el revoloteo libre, alegre, luminoso, de estas aves divinas en nuestro propio interior, derramando, con el batir de sus alas, sobre cada uno, como un rocío divino, las bendiciones del cielo. La Madre Pájaro que menciona esta inspirada canción de Mary Poppins es el poder que hace evolucionar al ser humano, que lo lleva de la oscuridad a la luz, de la muerte a la vida, de lo irreal a lo real, según la conocida expresión de los Upanishads.

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