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Septiembre 2016

Demian, el estigma de Caín: descifrando el significado de la vida

Escrito por  Javier Saura
Demian, el estigma de Caín: descifrando el significado de la vida

Hermann Hesse publicó esta novela en 1919, tras la Primera Guerra Mundial, con el seudónimo de Emil Sinclair. El título original de la obra es Demian, historia de una juventud. Será a partir de la novena edición cuando aparecerá con el nombre real del autor, gracias a las pesquisas de un crítico literario que sospechó que el tal Emil Sinclair era Hermann Hesse.

El presente artículo pretende una aproximación a esta obra desde el aspecto filosófico, no pretendiendo agotar el tema; a los interesados en otros puntos de vista, los remito a Jung y la interpretación que hace desde el aspecto psicológico.

Para algún autor, Demian es el redescubrir y triunfo del espíritu. Personalmente estoy en completo desacuerdo, pues el espíritu del ser humano siempre ha tratado de expresarse, ya sea a través de ideas colectivas o religiosas o, en la minoría de casos, por el logro de la conciencia individual. Por el contrario, considero que el gran acierto de H. Hesse en esta novela es el reivindicar el valor de la filosofía a la manera clásica, sin ataduras a dogmas o intereses, entendiendo la filosofía tal como se concebía en la Antigüedad: «búsqueda de la sabiduría», pero una búsqueda activa, vivida y no solo pensada, intuida o soñada. Es la necesidad de llevar los sueños-ideas-intuiciones a la práctica; frases tales como «piensas demasiado», «sigue tus sueños», «noté una fuerza en mí» y otras similares aparecen en boca de los cuatro personajes –Demian, Pistorius, Frau Eva y el propio Sinclair–, sobre los cuales girará la formación filosófica, o «conciencia individual» del protagonista.

El retorno a la filosofía atemporal

Estamos en 1919 y, tras la Primera Guerra Mundial, se hace patente el fracaso de los sistemas, tanto políticos como religiosos, quedando el individuo solo ante sí mismo.

Estas son las grandes preguntas de Demian: «¿quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿adónde voy?». Las preguntas de siempre de la filosofía.

Ante todo lo pasajero, atado a intereses y modas, Sinclair buscará lo eterno, pero lo eterno en uno mismo. Esa fuerza la achaca a un impulso natural que hace que todo ser humano se busque a sí mismo, y lo llama «subconsciente colectivo»; es una fuerza que está inscrita en la condición humana y que lleva al hombre a superarse conscientemente, a través de su voluntad y de su inteligencia. Ya Aristóteles enseñaba que el hombre, además de la vida vegetativa que comparte con las plantas y de la vida sensitiva en común con los animales, tenía una vida que le es propia y característica y que no comparte con los demás: la mente, la capacidad de pensar y de razonar; y es esta capacidad mental lo que le permite ser algo único y extraordinario, pues es creador de su destino. Es la razón que, aunque hoy se niegue y se trate de ocultar por los materialistas, en Grecia abarcaba lo sagrado e incomprensible, lo que Sinclair llamará «lo inaudito», siendo el impulso que nos lleva a intentar perfeccionarnos y, por tanto, a salir de la trampa de las modas, intereses, mediocridades y demás cortapisas que nos imponen la comodidad y el miedo a pensar y ser uno mismo.

El punto de partida y de llegada de todo está dentro del propio ser humano: lo que nos pasa en nuestro interior se refleja en nuestro exterior. El autor nos dice que la guerra que está a punto de estallar, la Primera Guerra Mundial, es fruto de la guerra interior de cada hombre; o que el miedo que tenemos a alguien es reflejo del propio miedo a conocernos. No hay que escudarse en normas de conveniencia, sean del tipo que sean; hay que tener el valor de ir al encuentro de nuestro propio ser: hay que atreverse y arriesgarse.

Las claves del libro

DEMIAN el estigma de Cain 3El libro plantea dos grandes ejes de pensamiento y una síntesis que los unifica. Los ejes son armónicos y complementarios entre sí, al más puro estilo de la armonía de contrarios y unidad de vida que persigue la filosofía «a la manera clásica»:

1) Mundo Luminoso frente al Mundo Oscuro. El nexo o lazo de unión es Abraxas.

2) Mundo Infantil frente a Mundo Adulto. Su lazo de unión es la Muerte.

3) Quien sea capaz de cruzar estos dos ejes, incorporándolos a sí mismo, encontrará la gran síntesis: su Destino.

Analicemos brevemente estos dos ejes y su síntesis:

1) Mundo Luminoso-Mundo Oscuro: la vida no es blanco o negro, luz o sombras; es blanco y negro, luz y sombras a la vez. No podemos negar una parte de la naturaleza si pretendemos ser naturales. Es el viejo concepto del Tao, unión de yin y yang. El problema no está en la luz ni en la sombra, sino en el uso e idea que tenemos de ellas. Quedarnos en uno de los extremos nos impide la experiencia del contrario y, lo que es más importante, cualquier posibilidad de armonía y de auténtica solidaridad. El autor relaciona el Mundo Luminoso con la infancia y las normas burguesas de buena conducta, y el Mundo Oscuro con todo lo prohibido e, incluso, con el mundo de los arrabales y el proletariado.

Viviendo en el lado luminoso, el niño Sinclair tiene fascinación por lo prohibido. Abraxas será la clave que lo llevará a no pensar simplistamente en blanco o negro. (Abraxas es una antigua representación del cristianismo gnóstico de los ss. IV al VI que reunía enseñanzas mágicas persas con filosofía griega y teorías del cristianismo naciente; representaba la síntesis frente a la dualidad separadora de los monoteísmos dogmáticos, especialmente el joven cristianismo. Figura con dos serpientes entrelazadas en lugar de piernas, torso y brazos humanos y armados de espada y escudo, y cabeza de gallo; Abraxas simbolizaba el espíritu libre y combativo en busca de su propia identidad, a través de la unión de contrarios –las dos serpientes– y su cabeza de gallo para cantar a la salida del sol –conocimiento–).

2) Infancia-Madurez: la infancia es el refugio en el seno del hogar, estar a la sombra protectora de los padres (de alguien o de algo). Corresponde a una etapa de nuestra evolución pero, por comodidad y miedo a asumir nuestros propios compromisos, nos refugiamos en ella. Allí las cosas son claras, luminosas... pero no podemos evitar la atracción de la aventura hacia lo oscuro. La madurez es ser responsables de nuestros actos sobre la base de nuestra conciencia individual y no a lo que dicten las normas al uso; es ser arquitectos de nuestro propio destino.

La novela comienza con la muerte de la infancia y termina con la muerte de la juventud. La muerte es el tránsito de un estado infantil, que nos empeñamos en mantener artificialmente dejándonos llevar por lo que hace la mayoría, a un estado superior, dando nacimiento a nuevas fuerzas y potencialidades que hay en nosotros. La infancia es el paraíso utópico del pasado del cual no queremos movernos; la madurez es lanzarnos de lleno y sin miedo a la vida y al futuro. Muerte es dejar extinguir lo que ya no nos sirve como seres que evolucionamos, dando nacimiento a aquellas fuerzas naturales que pugnan por surgir.

3) El Destino: aparece magníficamente reflejado en la figura heráldica que hay en el umbral de la casa de Sinclair: un gavilán dorado que surge de un gran huevo, sobre un fondo azul marino. «El pájaro rompe el cascarón. El cascarón es el mundo. Quien quiera nacer tiene que destruir el mundo. El pájaro vuela hacia Dios. El dios se llama Abraxas». Tal es la nota que le deja Demian a Sinclair marcándole su camino inexorable como ser humano. «Si no se sabe que llevamos el mundo en sí mismo no podemos ser hombres». «Es un error desear nuevos dioses. El único deber para el hombre consciente es el de buscarse a sí mismo, afirmarse a sí mismo, llegar a sí mismo, encontrar el propio destino y vivirlo». «Solo concebíamos como deber y destino el que cada cual llegara a ser completamente él mismo, que viviera tan entregado a la fuerza de la naturaleza en él activa que el destino incierto le encontrara preparado para todo, trajera lo que trajera». El destino no es buscar cargos políticos, religiosos, etc., es mucho más difícil: «estar dispuestos a seguir y a acudir donde el destino nos reclame».

Ser un espíritu libre o esclavo

Podemos hacer una comparación entre lo que Demian considera un espíritu libre y otro esclavo:

 

Espíritu libre (o filósofo): minoría

Espíritu esclavo: la mayoría

Su afán es tener más conciencia.

Su afán es seguir la opinión de moda.

Ayudar a la naturaleza hacia lo nuevo, en lo individual y futuro.

Que las cosas no cambien. Ataca todo lo que sea un ideal nuevo.

La Humanidad es una idea superior, aún sin realizar. Es un futuro lejano hacia el que vamos todos.

La Humanidad actual es algo perfecto que hay que conservar y no permitir que nadie la cambie.

Lo importante es la fuerza del espíritu.

Lo importante es tener cosas.

Aceptar el propio destino: sed de aventura

Evitar la responsabilidad refugiándose en la comodidad.

Amar por entero para ganar todo intensamente.

Amar egoísta y parcialmente para perderse en la mediocridad.

Tener solidaridad porque se tiene conciencia individual.

Unirse en grupo –falsa solidaridad– por miedo a los demás.

Vivir un ideal personal y libremente elegido.

Morir por un ideal colectivo y heredado de nuestros abuelos.

 

Presencia de la tradición filosófica

En todo este proceso se dan las mismas constantes de la tradición filosófica:

  1. Una natural e innata actitud interior de búsqueda. Es «el estigma de Caín» al que se refiere Demian. O el pájaro que pugna por romper el huevo del mundo.
  2. La aparición de un guía o maestro que te ayuda a encontrarte a ti mismo, empujándote a avanzar y dando respuestas a tus inquietudes. Es Demian, el cual cambiará la vida de Sinclair y, al final, este reconocerá que es uno y el mismo que su «guía y amigo», pues ambos son la misma cosa, la misma vivencia y conocimiento.
  3. Nadie puede luchar por ti. Cada uno ha de realizar sus propias experiencias.
  4. Para alcanzar lo superior, la sabiduría, hay que haber superado lo inferior, pasar las pruebas de caer en lo más profundo del lado oscuro. Como diría Nietzche: «Lo que no me destruye me hace más fuerte». Necesidad de las propias experiencias, por duras que nos parezcan.
  5. La casualidad no existe. Todo en la naturaleza está íntimamente conectado. Cuando llega el momento adecuado, se nos presentan oportunidades y depende de nosotros aprovecharlas o no. La mayoría de oportunidades las perdemos porque tenemos miedo a enfrentarnos a nosotros mismos. «Nosotros ahora no sabemos muchas cosas, pero aquello que tienes en tu interior sí lo sabe, y es bueno tener conciencia de que en nosotros hay algo que lo sabe todo, lo quiere todo y lo hace todo mejor que nosotros».
  6. Quien realmente busca, encuentra. Y solo encuentra el que ama intensamente, pues al final encuentra todo. La meta final está en nuestro interior: «En el momento en que te importa algo desde dentro, la cosa marcha: enganchas tu voluntad al carro como si fuera un buen caballo de tiro».

La vía de acceso a la sabiduría

El autor sigue el esquema clásico de acceso al conocimiento o sabiduría, según la filosofía tradicional: partiendo de la ignorancia, lo primero es darse cuenta de la misma, cosa que hace Sinclair gracias a la guía de Demian. Hay tres formas o modos de alcanzar la sabiduría, a saber:

            1.- La del amante, que puede descubrir que el amor que siente por la persona amada es reflejo de un amor superior y más elevado. Es el personaje de Beatrice. Como dice el propio Sinclair sobre ella: «Mi meta no era el placer, sino la pureza; no la felicidad, sino la belleza y el espíritu». A Sinclair le sirve para reencontrar la búsqueda de la pureza (mejorar como persona) y abandonar su autodestrucción en borracheras.

            2.- La del músico, que puede captar la armonía por los sonidos y llegar a descubrir que es el reflejo de una armonía superior. Es el personaje Pistorius, organista y devorador de libros, quien también le instruirá en el conocimiento comparado de otras tradiciones y creencias. Dice la tradición que la formación es solo necesaria para nuestro aprendizaje, pero que es muy peligroso quedarse en el conocimiento meramente intelectual, siendo esta la causa por la que Sinclair lo dejará definitivamente, agradeciéndole lo aprendido con él.

            3.- La del sabio o filósofo real (no el teórico, sino el que piensa y vive en armonía), a través de la contemplación directa (o vivencia en sí mismo) de la sabiduría. Es el encuentro con Frau Eva. Ella representa a Sophia, Palas Atenea, la Gnosis, etc. Es la Sabiduría, sin edad y sin tiempo, capaz de ser simbólicamente madre, esposa y amante, pues la sabiduría y sus reflejos impregnan todos los planos de la vida, desde los más elevados y espirituales hasta los más densos y burdos. Todo está en ella y ella está en todo; por eso hay que ver la vida como una unidad y dejar que vayan surgiendo los sueños nobles que anidan en nosotros. «Siempre es difícil nacer, Vd. lo sabe; el pájaro tiene que luchar para salir del cascarón. Hay que encontrar el sueño de cada uno, entonces se hace fácil».

Muerte y renacimiento

DEMIAN el estigma de Cain 6La palabra muerte es clave en esta obra. De hecho, el subtítulo del original así lo confirma: «Historia de la juventud de Emil Sinclair», historia que, como todas ellas, pertenece al pasado y, por tanto, al fin de un ciclo o periodo; dicho de otra forma: es la muerte de la juventud y el nacimiento de la madurez, su ciclo natural siguiente.

En este sentido, el término muerte no hace referencia solo a una extinción, sino, fundamentalmente, al sentido profundo de la filosofía natural con su magia de los ciclos y ritmos: a un renacimiento posterior, como la semilla que muere como tal para dar paso a la planta, o el niño para dar paso al joven y este al adulto. «Descubrí el gusto de la muerte; y la muerte sabe amarga porque es nacimiento, porque es miedo e incertidumbre ante una aterradora renovación» (capítulo 1).

Así, la «muerte» se torna transformación, siendo la clave el renacimiento que se produce. Un «volver a nacer» interior, que aparece continuamente en la obra y alcanzará su clímax cuando nota «la presencia de un guía», Frau Eva, justo antes de ser herido gravemente en el frente de guerra.

Veamos algunos casos concretos de esta necesidad de «muerte» y de «renacimiento» interior como eje central del Demian de H. Hesse:

1- La historia narrada dura diez años y va de los diez a los veinte años de Emil Sinclair. El número 10, en simbolismo, representa un ciclo completo donde las cosas vuelven a comenzar, pero nunca de forma exactamente igual a la anterior. Todos los números se resumen en los nueve primeros, pues cualquier cantidad, al sumar sus diferentes números entre sí, al final se reduce a un número del 1 al 9. Así: 128 sería 1+2+8=11, siendo 1+1=2; el 2, por tanto, es el número que define esa cantidad de 128. El 10 es 1+0=1, siendo el 1 el inicio de la serie numérica y, por extensión, de todo.

2- La imagen de Abraxas, del gavilán saliendo del huevo, con la enseñanza de Demian a Sinclair de que es necesario romper el cascarón para renacer, siendo el mundo el cascarón.

3- El fin de la infancia. «Muchos viven tal morir y renacer, que es nuestro destino, solo en ese momento de su vida en que el mundo infantil se resquebraja y se derrumba lentamente… Muchos se estrellan para siempre en este escollo y permanecen toda su vida apegados dolorosamente a un pasado irrecuperable, al sueño del paraíso perdido, que es el peor y más nefasto de todos los sueños» (capítulo 3).

4- Los problemas de nuestro mundo: en el capítulo 7 insiste en que este mundo actual quiere morir y lo conseguirá, siendo la muerte la única forma de dar paso a mejores energías. Ya antes, se insiste en que todo hombre teme lo que teme dentro de sí.

5- Para finalizar, el hecho de que Sinclair recibe el beso de Frau Eva a través de Demian, antes de que este muera.

El uso del lenguaje simbólico a través de los ciclos de la naturaleza

La primavera se asocia al renacer y despertar de la naturaleza dormida. El verano, con la época de máximo esplendor, donde la naturaleza da sus frutos. El otoño es una fase de transición donde surgen cosas del próximo invierno, pero también una parte de la vida da sus frutos, como el vino. Y el invierno, relacionado con el frío, la desesperación y la soledad interior; la naturaleza y la vida parecen muertas, en estado latente nada más; también es el recogimiento y, como tal, está asociado a la muerte necesaria para renacer.

Infancia: el mundo luminoso del hogar y el oscuro de las clases obreras y bajos fondos. Encuentro con Kromer y con Demian. Sinclair tiene diez años.

Otoño: en una calle solitaria aparece Alfons Beck.

Primavera: aparece Beatrice.

Primavera: retorno de la inquietud espiritual.

Invierno: tormenta interior. Aparece Pistorios. Sinclair cumple dieciocho años. Entra en su vida el pequeño Knauer.

Verano: búsqueda de Frau Eva.

Otoño: reencuentro con Demian y conoce a Frau Eva.

Invierno: aprendizaje en casa de Frau Eva, con Demian. Estalla la Primera Guerra Mundial.

Verano: continúa su aprendizaje en casa de Frau Eva, con Demian. Por primera vez siente claramente la llamada de Frau Eva.

Invierno: Sinclair llega al frente.

Primavera: nota la presencia de Frau Eva y es herido gravemente. En el hospital de campaña se encuentra con Demian, quien le da el beso de Frau Eva y fallece. Sinclair tiene veinte años y así finaliza su juventud.

Simbolismo de los personajes desde la perspectiva filosófica

Kromer: nuestra parte oscura; pero también la natural fuerza de atracción hacia lo prohibido, imprescindible para «renacer». Recordemos que Jesús ha de viajar a los infiernos para «resucitar»; la misma idea nos encontramos en Egipto, donde Osiris es desmembrado y «resucitó a los tres días»; y el dios Quetzalcoatl, en México, está tres días en el Mundo Inferior antes de resurgir brillante y renacido. (Recordemos que el problema se lo resuelve Demian, por lo que Sinclair no extrajo experiencia y se dejará llevar por Alfons Beck).

Alfons Beck: la misma fuerza que mueve a Kromer, pero ahora con el deseo naciente de la juventud y la atracción por el sexo (del cual Sinclair hablará, pero se mantiene puro por su idea elevada del amor), la rebeldía y afán de notoriedad, que se traduce en las borracheras y tonterías en las que se sumirá Sinclair. Señalar que ahora él, Sinclair, es el líder.

Beatrice: la belleza exterior o estética como pórtico de la belleza interior o ética. Aunque no habla con ella, Sinclair la idealiza y busca la belleza en todas sus acciones: abandona las borracheras, se cuida en su vestimenta, sus actos, etc. Es la purificación necesaria que le permitirá reencontrar a Demian.

Pistorius: el conocimiento que le permitirá tener la certeza de que su destino está en Demian. El saber intelectual necesario, tras la purificación, para poder ser uno mismo. Dicho saber ha de ser abandonado, pues, como enseñan algunos textos tibetanos, «tan solo es necesario para nuestra prueba». Pistorius le enseña lo que es Abraxas, pero él vive anclado en el pasado y no permite nacer en él el hombre nuevo y mejor.

El joven Knauer. Su primer discípulo, que no llega a serlo porque se queda en un mero aprendiz, debido a que está atado a los tabúes de la infancia y ve el mundo en blanco y negro; por ello, tal como aparece se marchará.

Demian: el maestro. Fomenta y empuja a Sinclair a dar los pasos para ser natural, para ser él mismo, pero no le dice cómo hacerlo, dejándole que tenga su experiencia.

Frau Eva: la Eva primordial. El amor o sofía. Es la Atenea griega, representación de la sabiduría. Se caracteriza porque está en el subconsciente colectivo de la humanidad y es igual para todo el que la intuye. No se alcanza comprándola ni con regalos ni favores, sino a través de ser ganada.

Emil Sinclair: el lector que tenga inquietudes y busque el sentido íntimo de las cosas, de la naturaleza y de sí mismo.

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