Mayo 2012

Orfeo

Escrito por 
Orfeo

EL MITO

El mito de Orfeo, como todos los mitos no sólo nos explica una historia fantástica sino que recoge las tradiciones y enseñanzas de su tiempo. Interpretar literalmente los mitos nos puede dar una idea muy errónea del verdadero significado que estos encierran. Hay que ahondar en ellos y ver sus símbolos y la enseñanza que de ellos se desprende.

El mito que nos ocupa es uno de los más cargados de simbolismo de la mitología helena. En él se entrelazan misterio y sabiduría con realidad, trama y urdimbre que teje una verdadera teología. Sus misterios ejercieron una gran influencia y dejaron gran impronta en la cultura occidental.

Orfeo nació de la unión de Eagro, según algunas tradiciones dios-río o rey de Tracia según otras,  y su esposa la musa Calíope. La tradición le identifica como rey de Tracia. Es el poeta y músico por excelencia, inventor de la lira y la cítara. El dulce sonido de su canto y su lira amansaba a las bestias salvajes y los árboles y plantas se inclinaban para ofrecerle sus frutos.

Después de un viaje a Egipto participó en la expedición de los argonautas a la Cólquide. Al ser el más débil de los héroes no rema, pero marca el ritmo a sus compañeros. Sus cantos salvan la expedición de tempestades y rivalizando con las sirenas salva la nave de naufragar. Como era el único iniciado en los misterios de Samotracia invoca a sus dioses para que les ayuden y convence a sus compañeros para que se inicien en ellos. De todo esto se desprende que Orfeo actuaba como sacerdote de la expedición, guiando a sus compañeros y apelando a la divinidad para salvar las dificultades.

La parte más célebre del mito es el descenso de Orfeo a los infiernos por amor a su difunta esposa Eurídice. Un día mientras esta se encontraba en la ribera de un río Aristeo intentó forzarla. En su huida una serpiente le mordió y murió. Orfeo, inconsolable, decidió bajar al Tártaro para traerla de vuela al mundo de los vivos. Descendió por el pasaje que se abre en Aorno, en Tesprótide y con su canto y el tañir de su lira no solo encantó al barquero Caronte, al can Cerbero, y los tres Jueces de los Muertos sino que además se suspendió por el momento las torturas de los condenados. Su hazaña y muestra de amor sorprendió a Hades y Perséfone, que le concedieron que Eurídice regresara al mundo de los vivos sólo con una condición: que Orfeo no mirase hacía atrás hasta que ambos estuvieran a la luz del sol.  Guiada por la lira de Orfeo Eurídice le siguió camino de la superficie, pero cuando ya estaba cerca de salir del reino de Hades una terrible duda asaltó a Orfeo; Le habrán engañado los reyes del inframundo? Le está siguiendo realmente Eurídice? Ante la terrible duda se gira y Eurídice se desvanece, muriendo por segunda vez. Orfeo intenta ir de nuevo a por ella pero esta vez Caronte se muestra inflexible y le impide el paso.

Sobre la muerte de Orfeo hay gran número de mitos diferentes. El más extendido es que murió a manos de las mujeres Tracias que lo castigaron por su fidelidad a la memoria de Eurídice. Arrojaron la cabeza y la lira de Orfeo en el río Hébro y flotando llegaron a la isla de Lesbos, dónde su cabeza profetizaba y cantaba en el templo de Dionisos y su lira era custodiada en el templo de Apolo. Otra explicación sobre su muerte se refiere a una maldición de Afrodita en venganza a Calíope. Ésta actuó de árbitro en la disputa por Adonis que enfrentaba a Afrodita y Perséfone y dictaminó que el joven pasaría una parte del año con cada una. Afrodita, airada por la decisión, inspiró a las mujeres Tracias una pasión violenta por Orfeo que, al no querer compartirlo, lo descuartizaron.

Una tradición completamente diferente es que murió abatido por un rayo de Zeus al haberlo irritado Orfeo por la revelación de los misterios que hacía a sus iniciados.

Su lira fue ascendida al cielo dónde se convirtió en constelación y su alma pasó a los Campos Elíseos, dónde continúa cantando para los bienaventurados.

Alrededor del mito se formó la teología órfica. De su descenso a los infiernos en búsqueda de Eurídice trajo el misterio que permitía a los iniciados evitar los obstáculos y las trampas que esperan al alma después de la muerte.

EL MISTERIO

El mito de Orfeo se pierde en la bruma de los tiempos. Los misterios en los que inicio a sus discípulos, y que según una versión del mito le costó la vida por revelar los secretos a los mortales, se basan en el mito de la muerte de Zagreo- Dionisos. Según el mito Zagreo es hijo de Zeus y Perséfone, antes de que esta se convirtiera en reina del Averno. El pequeño creció en Creta, protegido por los mismos guardianes que habían guardado a Zeus de los ojos de Cronos. Pero los Titanes, enemistados con Zeus, esperaron a que los guardianes descansaran para atraer al pequeño con juguetes dorados. Cuando los Titanes se abalanzaron sobre él el pequeño intentó defenderse tomando la forma de diversos dioses y animales pero terminaron por despedazarle y devorar su carne cruda. Atenea interrumpió el espantoso banquete justo a tiempo para rescatar el corazón del pequeño, lo encerró en una figura de yeso en la que insufló vida y así Zagreo se hizo inmortal. Zeus, preso por la ira, mató a los Titanes con sus rayos. Según el mito de las cenizas nació la especie humana, que es una mezcla de la parte terrena de los Titanes y la parte divina de Zagreo.

Este mito parece ser la piedra angular de los misterios órficos. La dualidad del alma, la parte divina que está manchada por las cenizas de un crimen y que tiene que purificarse para poder volver con la divinidad incluso a través de algunas metempsicosis o reencarnaciones. Para los órficos el cuerpo es un envoltorio para el alma, una prisión de la que debe liberarse. En recuerdo del crimen de los Titanes los órficos no derramaban sangre de ningún ser vivo ni se alimentaban de carne.

Lo que nos ha llegado del sistema de creencias órficas fragmentarias y de etapa tardía, en pleno helenismo. Si bien sus enseñanzas calaron hondo en la sociedad y cultura griega. Platón parece que fue un iniciado en sus misterios y que basó su filosofía en ellos. Los diálogos del el Fedro o el Banquete son un claro ejemplo.

Los misterios de Eleusis al culto de Deméter y Perséfone, muy populares en época clásica y romana, están claramente influenciados por los misterios de Orfeo sobre la eternidad del alma. Si bien lo que más conocemos de estos ritos eleusinos, que también ahondan sus raíces muy atrás en el tiempo, es de época tardía y ya habían perdido parte de su significado original.

LA IMPRONTA

Orfeo que con su música, como el agua que sale de un manantial, propicia el milagro de la vida, la fertilidad de los campos, el crecimiento de las cosechas, el madurar de los frutos, el perfecto equilibrio de la naturaleza, de sus bosques, robles, ciervos y halcones. El devenir de las estaciones, de los ciclos naturales y vitales. La sucesión de las tres estaciones de los antiguos personificadas en la figura de Perséfone, reina del Inframundo y diosa del despertar primaveral, que estaba recluida en con Hades una parte del año y la otra danzaba por la tierra despertándola de su adormecimiento invernal. La idea de reencarnación es inmanente de estos ciclos de vida y muerte, de luz y oscuridad, de recogimiento y expansión. Del mismo modo que al llegar los primeros fríos la naturaleza se aletarga y parece languidecer para después al llegar la primavera despertar, renacer en un estallido de vida y sinfonía de color. La música, la harmonía, la geometría sagrada y la matemática. Las leyes por las que se rige nuestra existencia y nuestro universo. Orfeo cristalizó estos conocimientos y enseñanzas naturales. Hijo de un dios río y de la musa de la música. Hijo del ciclo del agua y de la armonía vino al mundo para elevar la conciencia de su tiempo. Para elevar el espíritu de los hombres y conectarlos con ese mundo más sutil pero no por eso menos real. Para conectarlos con su parte divina y eterna. Para que girasen sus ojos hacia su interior y descubrieran el alma que llevan dentro. Ecos de su mito nos llegan aún hoy. Ecos llenos de vida y con un mensaje más necesario ahora que nunca. Como la voz de nuestra conciencia que nos llama con voz cristalina, acallada por el absurdo del mundo moderno en que vivimos alejados de la naturaleza y de nuestro yo interior.

El Orfeo del mito es la suma de muchos orfeos históricos, hombres que dedicaron su vida a los otros y a seguir manteniendo vivo el mensaje del primer Orfeo. El mito relaciona el músico tracio con Egipto. Un Egipto que desafío al mismísimo Cronos, dios del tiempo que todo lo engulle, con un orden que resistió los embates de la historia. De Egipto, como las olas del mediterráneo que con su ritmo y cadencia dan forma a las tierras que baña, llegaron las enseñanzas de los antiguos y sus conocimientos profundos para amarar y abrazar con sabiduría todas las playas y acantilados dónde un espíritu buscara respuestas.

El descenso de Orfeo al Inframundo en búsqueda de su amada Eurídice no debe ser visto como un simple sentimiento de apego terrenal a su amada sino como un viaje iniciático del mismo Orfeo en búsqueda de su propia alma y ser. El poder de la música, de la harmonía y la pureza puede doblegar hasta los despiadados amos del tártaro y conmover su frío corazón. De hacer  que el Amor, fuerza creadora del universo, triunfe y doblegue al caos. La duda de Orfeo que nos explica el mito no es más que la flaqueza de nuestro yo terrenal, la duda emponzoñada que nos desvía de nuestro camino a modo de enseñanza para que los iniciados no caigan en el mismo error. Del mismo modo Platón nos explica en el mito de la caverna que aquél que consiga desligarse y salir a la luz sentirá un momento de duda y confusión al no poder entender la Realidad que se abre ante sus ojos.

Eurídice es la misma Perséfone, que debe pasar un tiempo en el mundo subterráneo para después volver a la luz del sol y estallar de vida. El mito de Eurídice es el de la inmortalidad del alma y de la ciclicidad de la vida, la muerte y la reencarnación. Otro ejemplo de la existencia de una chispa divina en cada uno de nosotros que tiende a crecer, a purificarse y a evolucionar.

Tanto la parte del mito de la muerte de Orfeo en que muere descuartizado por las mujeres de su pueblo como la que nos dice que es Zeus quién le abatió con un rayo nos quiere transmitir la misma idea. Orfeo, como maestro de sabiduría y profeta, hizo tambalear los cimientos de las creencias de su pueblo. Les puso el problema frente sus ojos y les inició en la dura tarea de Despertar. Parte de su gente, incómoda y aferrada a su realidad no entendió esas enseñanzas y las interpretó como una amenaza a su orden y escala de valores. Las mujeres tracias, movidas por los celos de la fidelidad de Orfeo a su amada, no es más que el pueblo incapaz de entender el mensaje vitalista de Orfeo sobre la inmortalidad del alma que descarga sobre él su ira y prejuicios. Afrodita, diosa del amor carnal, representa a las ataduras del mundo material que empujan al pueblo a asesinar al poeta. Del mismo modo Zeus representa en el mito el poder establecido receloso de que las nuevas ideas supongan una alteración del orden que haga tambalear su legitimidad. No es más que los amos de la caverna ávidos de poder y temerosos de perder el control. El mito nos pone de manifiesto que Orfeo sufrió la misma incomprensión que tantos otros maestros de sabiduría a lo largo de la historia; Sócrates, Jesús, Confucio, Hipatia, Giordano Bruno y una larga lista de hombres y mujeres que fueron incomprendidos y atacados por la ignorancia de aquéllos que temen lo que no atisban a entender. Ignorancia que con sus puños manchados de barro intenta desgarrar las blancas vestiduras del saber.

Orfeo nos presentó la verdad desnuda ante nuestros ojos y muchos bebieron de sus enseñanzas y vivieron con ellas. Su impronta fue tal que milenios después su mito aún sigue vivo y ha hecho vibrar a gran número de artistas y pensadores.

ALGUNAS VISIONES DEL MITO A TRAVES DE LAS ARTES

El mito de Orfeo simboliza, por un lado, el misterio de la muerte y de la resurrección; por otro lado, simboliza también el poder de la música y de la poesía, al que podría añadirse, además, la fuerza del amor; finalmente, simboliza la limitación de las capacidades humanas. Así pues, los elementos básicos del mito órfico, además de la música, son el amor, la muerte, el retorno a la vida y el conocimiento trascendente, que son elementos recurrentes en las artes.

El mito de Orfeo es uno de los que más influencia ha generado en la historia del arte, especialmente en la literatura, la pintura, la música, el teatro, e incluso el cine.

LITERATURA

Nos centraremos en algunos pasajes de la poesía española e inglesa y en una novela de Robert Graves.

Lope de Vega alude en estos versos al descenso de Orfeo a los infiernos en pos de un amor perdido:

Que eternamente las cuarenta y nueve

pretendan agotar el lago Averno;

que Tántalo del agua y árbol tierno

nunca el cristal ni las manzanas pruebe;

que sufra el curso que los ejes mueve

de su rueda Ixión por tiempo eterno;

que Sísifo, llorando en el infierno,

el duro canto por el monte lleve;

que pague Prometeo el loco aviso 

de ser ladrón de la divina llama

en el Cáucaso, que sus brazos liga;

terribles penas son, más de improviso

ver otro amante en brazos de su dama,

si son mayores, quien lo vio lo diga.

Parece ser que Francisco de Quevedo se inspiró en este mito para la composición del soneto “amor constante más allá de la muerte”, donde parece que alude al rio Leteo, que era cruzado por las almas al morir y les hacía olvidarse de toda su vida anterior. Pero ni este rio hará olvidar al poeta el amor que experimentó en vida, amor semejante al de Orfeo:

Cerrar podrá mis ojos la postrera

Sombra que me llevare el blanco día,

Y podrá destar esta alma mía

Hora a su afán lisonjera;

Mas no, de esotra parte, en la ribera,

Dejará la memoria, en donde ardía:

Nadar sabe mi llama el agua fría,

Y perder el respecto a ley severa.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,

Venas que humor a tanto fuego han dado,

Medulas que han gloriosamente ardido:

Su cuerpo dejará, no su cuidado;

Serán ceniza, mas tendrá sentido;

Polvo serán, mas polvo enamorado.

 

Respecto al tratamiento del mito por la literatura inglesa, pondremos los ejemplos de Alexander Pope y Robert Graves.

Pope es el mayor poeta del neoclasicismo inglés y traductor de Homero. En su “Oda a la música en el día de Santa Cecilia” utiliza la historia de Orfeo para ilustrar el poder de la música:

Pero pronto, demasiado pronto el amante vuelve sus ojos; 

otra vez ella cae, otra vez ¡ella muere!

¿Cómo conmoverás ahora a las fatales hermanas?

Ninguno fue tu crimen, a no ser que sea un crimen amar.

Ahora bajo colgantes montañas,

Más allá de las cascadas de los manantiales,

O por donde Hebro yerra,

Remolineando sus meandros,

Totalmente solo,

Él lanza su lamento,

Y llama de ella al fantasma,

¡para siempre, siempre, siempre perdida!

Ahoa de furias rodeado,

Desesperado, confundido,

Él se estremece de frío, él se derrite de calor

Entre las nieves del Ródope.

Mirad, salvaje cómo los vientos en el desierto él vuela;

¡Escuchad! El Hemo retumba con los gritos de las Bacantes.

¡ah,m irad, él muere!

Aun así, incluso en su muerte “Eurídice” cantó él,

“Eurídice” aún se estremecía en sus labios

“Eurídice”, los bosques

“Eurídice”, los torrentes

“Eurídice” las rocas y las huecas montañas retumbaro 

En la novela histórica “el vellocino de oro”, Robert Graves narra la famosa leyenda de la expedición de los Argonautas, en la cual participó Orfeo.

Orfeo aparece en el capítulo XI (“el Argo zarpa”), en el que los argonautas están a punto de zarpar, cuando Idas y Linceo van  enzarzarse en una reyerta sangrienta con Cástor y Pólux; entonces se oye … una lira de cuatro cuerdas que alguien tocaba maravillosamente bien. Al oirla, los que estaban sujetando a idas abandonaron su presa. Se levantaron y empezaron a bailar al son de la música (…) Mopso, idmón y varios más corrieron a abrazar al delgado tracio de mirada salvaje, con el rostro tatuado y la blanca túnica, cuya intervención había evitado milagrosamente el derramamiento de sangre.

Este papel de mediador y apaciguador de los ánimos aparece con frecuencia a lo largo del relato, cuando Orfeo tañe su lira y entona hermosas canciones cada vez que sus compañeros están a punto de llegar a las manos, consiguiendo así que siempre se olviden de su disputa.

Y también es él quien les recuerda a menudo la necesidad de rendir honores y sacrificios a las divinidades de los lugares por los que discurre su viaje.

PINTURA

En la pintura, Orfeo ha sido más tratado en solitario, aunque también son muchas las obras en las que aparece acompañado de su esposa.

La escena más representada es donde aparece con un instrumento musical, casi siempre la lira, rodeado de fieras que lo escuchan apaciblemente.

En la bóveda de la biblioteca de El Escorial se representa a Orfeo saliendo del Hades con Eurídice, tras haber adormecido al terrible Cerbero con su música.

En el museo del Prado, podemos encontrar las siguientes obras: “Orfeo y los animales”, de Alessandro Varotari, el Padovanino, que representa a Orfeo tañendo su lira y rodeado de cuatro fieras, las más terribles y alegóricas de su tiempo.

El león, el unicornio, el dragón y la serpiente, todas ellas encantadas ante la melodía.

El aspecto de sus amores con Eurídice es tratado en el cuadro “la muerte de Eurídice”, de Jan Erasmus Quellinus, discípulo de Rubens. En él se representa el momento en el que la ninfa, mordida en su pie izquierdo por la serpiente, agoniza en los brazos de su esposo. Orfeo, desolado, la abraza intentando retener el último aliento vital en ella. A su lado está la lira, su atributo inseparable.

Y también en el Prado tenemos la famosa pintura atribuida a Rubens, titulada “Orfeo y Eurídice”, que representa a los dos esposos en el momento de salir de los infiernos, ella siempre detrás y él sin volverse, con la lira pendiendo. La ninfa se vuelve hacia los soberanos del Hades temiendo que se arrepientan de su decisión de dejarla partir.

En el Museo de Artes de Cleveland se encuentra la obra “Orpheus”, de Odilon Redon. En ella aparecen al fondo las cumbres del Hemo y, en el centro, casi difuminándose, la cabeza del músico yerta sobre su amada lira, mientras que a su alrededor brotan las margaritas.

MÚSICA

No es de extrañar Orfeo inspirara a los autores de ópera, no sólo por la hermosa historia de su amor hacia Eurídice sino también, sobre todo, porque él es, junto con su padre Apolo, el músico legendario más conocido.

A partir del siglo XVII, el mito de Orfeo fue utilizado por la mayoría de los compositores, sobre todo barrocos, para algunas de sus obras; Monteverdi, Rossi, Paer, Haydn, Offenbach y Vivaldi, entre otros muchos. Pero fue el checo Gluck (1762, Orfeo ed Euridice) el primero que puso a llorar al héroe sobre el escenario después de perder a su amada Eurídice, llenando así de significado la expresión “drama lírico”, con que se denomina normalmente a la ópera.

L’Orfeo de Claudio Monteverdi es uno de los primeros trabajos reconocidos como ópera.

Su primera exhibición fue en la Academia degl’Invaghiti de Mantua en Febrero de 1607 y el 24 de Febrero del mismo año en la Corte teatral de Mantua. Y fue publicada en Venecia en 1609.

La trama está basada en el antiguo mito griego de Orfeo, quien intenta rescatar a su difunta amada del Hades, el mundo de los muertos.

La ópera L’Orfeo se encuentra dividida en cinco actos y un prólogo:

• Prólogo. Un “espíritu de música” explica el poder de la música y específicamente el poder de Orfeo, cuya música es tan poderosa que es capaz de conmover a los dioses.

• Acto I. Orfeo y Eurídice celebran su boda.

• Acto II. Orfeo recibe la terrible noticia de que Eurídice ha muerto; resuelve ir él mismo al mundo de los muertos para rescatarla. Canta un conmovedor recitativo sobre la fragilidad de la felicidad humana.

• Acto III. Esperanza acompaña a Orfeo hasta la entrada del Hades. Orfeo conoce a Caronte, la guardián del Hades, e intenta seducirlo con la belleza de su canto para que lo dejase entrar. Al principio no tiene éxito, luego intenta nuevamente utilizando su lira; Caronte cae pacíficamente dormido; Orfeo entra y desciende al Hades.

• Acto IV: Proserpina, la reina del Hades, es conmovida por la música de Orfeo, y persuade a Plutón, rey del Hades, para que deje ir a Eurídice. Plutón accede bajo una condición: que Orfeo no mire hacia atrás pues Eurídice lo seguirá detrás de él hacia la luz, y de vuelta a la vida. En un principio él se va con Eurídice siguiéndolo; sus dudas, sin embargo, lo llevan a mirar por sobre su hombro, y en ese momento Eurídice se desvanece como un fantasma ante sus ojos.

Abatido, Orfeo regresa a la tierra.

• Acto V. Orfeo es consumido por el dolor, y Apolo, su padre, baja del cielo para llevarlo lejos, donde él pudiera contemplar la imagen de Eurídice para siempre en las estrellas.

TEATRO Y CINE

El teatro y el cine aprovecharon también el mito de Orfeo. En 1956, el brasileño Vinicius de Moraes estrenó en Río de Janeiro “Orfeu da Conceií§ao”, donde por primera vez en Brasil todos los actores de una obra de teatro eran negros. La pieza fue crucial para hacer de la música de samba un medio de expresión de la identidad nacional, situando el mito de Orfeo en unos carnavales de los suburbios de Río.

Tres años después, “Orfeo negro”, la película del director francés Marcel Camus, basada en la obra de teatro, llamó la atención del público internacional, ganando la Palma de Oro en Cannes y el óscar a la mejor película extranjera. La banda sonora de Antonio Carlos Jobim, con canciones utilizadas en la obra de teatro, sirvió para la presentación mundial de un estilo de samba renovada que se llamaría bossa nova.

En 1999, la versión brasileña de “Orfeo”, dirigida por Carlos Diegues, obtuvo un enorme éxito popular. De hecho, la película logró mostrar un Brasil “órfico”, un país que sabe expresar los aspectos dramáticos de su alma a través de la música.

El cineasta Jean Cocteau compuso una trilogía alrededor del mito de Orfeo con las películas “La sangre de un poeta’ (‘Le sang d’un poète’, 1930), ‘Orfeo’ (‘Orphée’, 1950) y ‘El testamento de ‘Orfeo’ (‘Le testament d’Orphée, ou ne me demandez pas pourquoi!’, 1960)

Cocteau situó estas historias en el París existencialista de los años 50.

La historia de amor de ‘Orfeo’ rebasa todo los límites conocidos. Trata de un poeta enamorado de la muerte, la muerte enamorada de él y dándole la vuelta a la mitología, ella puede mirar pero no poseer lo que mira. Un amor imposible que trasciende los propios límites de la vida, tras la cual existe otro mundo en el que la muerte es un emisario más al servicio de un poder mayor que dicta las leyes en el inframundo.

Rocío Juan, Jaume Gual y Tincho Martínez
Corresponsales de la revista Esfinge en Mallorca

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