Esfinge suscripción 2017

Marzo 2011

Safo y la poesía en la Grecia antigua.

Escrito por  Anahí Keizman
Safo y la poesía en la Grecia antigua.

Por Anahí Keizman

La poesía fue, para la Grecia arcaica, una herramienta muy amplia y muy poderosa. Era, de alguna forma, compañera de todo aquello que fuese bello e incitase a la reflexión y al crecimiento interior, por lo que el arte y, específicamente, la poesía adquirieron un carácter sagrado. La poesía en todas sus múltiples formas (homérica, elegíaca, la yámbica y lírica) era empleada en las festividades populares, que la mayoría de las veces eran fiestas religiosas, estableciendo un claro y estrecho vínculo entre la poesía, las festividades y lo sagrado.

Debemos ubicarnos en una época en que la estética de las cosas era su perfume mismo, y que si algo no era bello en su forma, no podría ser considerado bello en su contenido.

Debemos ubicarnos en una época en que la estética de las cosas era su perfume mismo, y que si algo no era bello en su forma, no podría ser considerado bello en su contenido.


Las obras más antiguas que se conocen de Grecia son todas poéticas (Ilíada, Odisea, Teogonía, Trabajos y días). Una obra de arte poética se consideraba conclusa cuando se la había dinamizado, representado en un auditorio y acompañado de instrumentos. Una puesta en escena que era acogida por la sociedad como un evento popular, una fiesta de la que participaban todos los ciudadanos.

Lesbos.

Lesbos, su isla, fue un importantísimo centro de prosperidad en la gran colonización de los siglos VII y VI a.C.. Orientada hacia Lidia, el más importante puerto de Lesbos, Mitilene, estableció una buena comunicación con la avanzada cultura oriental. Los rústicos griegos de entonces descubrieron nuevas ideas filosóficas, científicas y artísticas que transformaron su cultura, dando una nueva perspectiva al conocimiento, en el que todas las formas de arte, ciencia y filosofía apuntaban a una misma sabiduría.

La primera artista de Occidente

Safo es la artista más antigua que recuerda la cultura occidental

Safo es la artista más antigua que recuerda la cultura occidental.


Nació en el último cuarto del siglo VII a.C., siglo en que las antes fuertes y resistentes civilizaciones se desploman, pero cuyos frutos serán las semillas que fecundarán y darán vida a las nuevas sociedades.

La jovencísima y armónica cultura griega crecerá y se irá formando. La belleza que más tarde la caracterizará irá inundando el espíritu incipiente de la época.

Safo vivió antes de los grandes escultores, pintores, arquitectos y filósofos clásicos más conocidos. Es por eso por lo que hay una gran neblina de desconocimiento que envuelve a esta dama, por la cantidad de siglos que nos separan de ella, y no nos han llegado documentos de primera mano sobre su vida. La única información real de la que se dispone sobre Safo es aquella que otros escribieron sobre su arte y su obra.

A ella dirigen gran cantidad de elogios artistas y filósofos: Estrabón calificó a esta mujer como “la más grande poetisa lírica”, y le atribuyó el bello nombre de “El Milagro”. Cristina de Pizán, poetisa medieval francesa, dice: “todo en sus maneras era dulce y placentero”. Por su parte, Sócrates la llamaba “la hermosa”. Su contemporáneo poeta Alceo califica a Safo de “venerada”. Antíprato la calificó de “musa mortal” y Platón, el filósofo pilar de toda la civilización griega la llamó la “décima musa”. Precisamente así ha sido recordada en la historia, por el inmenso halago del gran filósofo Platón.

Poema atribuido a Safo:

 

Me parece que es igual a los dioses

 

el hombre aquel que frente a ti se sienta,

 

y a tu lado absorto escucha mientras

 

dulcemente hablas y encantadora sonríes. Lo que a mí

 

el corazón en el pecho me arrebata;

 

apenas te miro y entonces no puedo

 

decir ya palabra

 

Al punto se me espesa la lengua

 

y, de pronto, un sutil fuego me corre

 

bajo la piel, por mis ojos nada veo,

 

los oídos me zumban,

 

me invade un frío sudor y toda entera

 

me estremezco, más que la hierba pálida

 

estoy, y apenas distante de la muerte

 

me siento, infeliz.


Era hija de una familia rica y acomodada, y hermana de altos cargos sociales de Lesbos. No se sabe si realmente estuvo casada o no con un tal Cércilas, al que la escritora no nombra jamás en sus poemas, a diferencia del resto de sus familiares, que tienen un papel muy importante en su obra. Si el matrimonio fue real, no había dependencia económica de ella con su marido. Se cree que tuvo una hija, Cleis, a la que dedicó bellos poemas.

La grandeza de Safo

Safo fue una mujer de alta sociedad. Esta situación otorgaba a las mujeres una protección y seguridad mediante las que podían vivir de forma acomodada y apacible, bajo la protección de sus familiares, resguardadas en los ricos, suntuosos y cómodos gineceos, donde se dedicaban a actividades de salud y estética.

Sócrates la llamaba “la hermosa”.


Pero en sus poemas, Safo rompe con este rol convencional y proyecta una imagen de sí misma responsable, segura y constructora, consciente de su entorno. A través de sus poemas rompe con la acostumbrada tendencia bélica y un poco violenta que llenaba los escenarios de la época. Safo habló de lo cotidiano, dedicó poemas a íntimas conversaciones con su madre, con su hija, etc. Reflexiones sobre el amor, la belleza, el bien. Incluso hay algunas de gran naturalidad y expresión en las que habla con una diosa y le narra sus emociones, cómo se siente, y le pide ayuda para que la guíe. Escribió sobre arquetipos morales que la poesía masculina dejaba al margen. Renovó las temáticas, y sobre todo, la forma de sentir la nueva etapa cultural que estaba surgiendo en su momento histórico. Habló de cosas cotidianas que vivía la mujer, y las enmarcó con bellas palabras. Deseaba que la mujer fuese valorada, daba importancia al papel de la mujer en la sociedad, quería mostrar su visión del mundo, cómo sentía y percibía

Ensalzó la vida sencilla de la mujer pobre, de la madre, de aquellas que se consagraron a su Dios, de las que cantaban con voz dulce e intentaban acercarse a la belleza, la generosidad, la fortaleza, la verdad, etc. Pero, pese a vivir en una época de naciente libertad, en algunas cosas el campo de acción femenino era estrecho.

La gran Maestra

Safo asume para la mujer un rol importantísimo: se convierte en educadora.

Safo asume para la mujer un rol importantísimo: se convierte en educadora.


Transmite la idea de que es la mujer la que debe comprender los arquetipos ético-morales y enseñarlos con su propio ejemplo, consiguiendo plasmarlos en la sociedad. Esa fue su labor, su rol en su sociedad.

Safo recomendaba a la mujer volcarse hacia dentro de ella misma, y a no temer lo que en ella encuentre. Sostuvo que una doble fuerza anidaba en la mujer, y que esta debía conocer esa doble potencia. La animaba a explorar su ternura, su pureza, su generosidad, su dedicación, su perseverancia, su capacidad de entrega por lo que ama, sin porello perder la también intrínseca virtud de la valentía, la fuerza, la capacidad de resistencia, de lucha y de avance, que también anidan en la mujer. Safo no lo consideraba incompatible.

Dicen los que la recuerdan que al subir a las tarimas a recitar, su entrega por lo que sentía, su defensa y lucha era tal que todo su cuerpo se compungía. Plutarco dijo sobre Safo: “Su voz se extingue, su cuerpo arde, se apodera de ella la palidez, la turbación y el vértigo”.

Para saber más:

    • Antología de la poesía lírica griega. Alianza Editorial




Inicia sesión para enviar comentarios