Esfinge suscripción 2017

Octubre 2012

¿Necesita la música actual una renovación profunda?

Escrito por  Carlos A. Farraces
¿Necesita la música actual una renovación profunda?

Para Chamoux “el arte griego en la época arcaica y clásica no debe ser únicamente gustado, sino comprendido. No es en manera alguna un arte gratuito, para diversión de los refinados, dirigiéndose a la simple delectación del espíritu y de los sentidos”.

Aristóteles dice: “entre el uso de los instrumentos y del ejercicio del arte, nosotros proscribimos la instrucción profesional, entendiendo por ésta la que tiene como fin la preparación para las competiciones. Quien practica el arte en este sentido no trata a la música como un medio para realizar la virtud, sino que atiende exclusivamente al placer de los oyentes, sin preocuparse si es o no elevado: precisamente por esto, consideramos que esta actividad es servil e indigna de un hombre libre ”.(Política, Libro VII.)

Stendhal afirmó que “entre los antiguos, lo bello no es más que coronación de lo útil” y Chamoux añadió que “el arte por el arte es una teoría extranjera a la conciencia helénica. En las manifestaciones artísticas de la antigüedad la belleza jamás era “por sí misma”, sino que estaba imbricada en la utilidad práctica y en la funcionalidad simbólica. Una obra cualquiera debía ser materialmente útil, psicológicamente placentera y espiritualmente fecunda”

Al parecer, un griego jamás podría entender un hecho artístico como un fin en sí mismo. ¿Esta visión griega de la música es algo superado, o bien hemos tomado rumbos confusos que nos alejan de una vivencia natural de ese hecho artístico –musical?

Existe una palabra griega a partir de la cual se deriva el nombre de “música”, mousiké (el arte de las Musas). Definía en el siglo –V no solo el arte de los sonidos, sino también la poesía y la danza. Estas facetas unificadas eran los medios de transmisión de una cultura que, hasta finales del siglo -IV, fue esencialmente oral; una cultura que se manifestaba y se difundía a través de ejecuciones públicas en las que no sólo la palabra sino también la melodía y el gesto tenían una función determinante. Estos tres elementos artísticos eran parte de una misma manifestación estética. El arte figurativo testimonia una antigüedad milenaria a esta unión.

La música estuvo presente en todos los momentos de la vida social: ceremonias religiosas, competencias agonísticas (es decir, algo parecido a nuestros “concursos”), banquetes, fiestas solemnes, y hasta en contiendas políticas. “Los griegos no llegaban a conocer una canción más que a través del canto: pero al oírlo sentían también la unidad intimísima de palabra y música. Nosotros, que nos hemos criado bajo el influjo de la grosería artística moderna, bajo el aislamiento de las artes, apenas somos capaces de disfrutar juntos el texto y la música. Nos hemos habituado precisamente a disfrutar, por separado, el texto en la lectura y la música en la audición. También encontramos soportable el texto más absurdo con tal de que la música sea bella: algo que a un griego le parecería propiamente una barbarie”.

Al respecto dice Nietzsche: “Además de esta hermandad recién subrayada entre poesía y arte musical, la música antigua tenía otras dos características, su sencillez e incluso pobreza de armonía y su riqueza de medios de expresión rítmica (...) La exigencia primera de todas era que se entendiese el contenido de la canción interpretada (...) Al lado de la estructura rítmica-musical en periodos, que se movía en estrechísimo paralelismo con el texto, iba por otra parte, como medio de expresión externa, el movimiento del baile, la orquéstica. En las evoluciones de los coreutas, que diseñaban ante los ojos de los espectadores algo así como arabescos sobre la superficie de la orquesta, la gente sentía la música hecha visible (...) Mientras la música incrementaba el efecto de la poesía, la orquéstica aclaraba la música. Con esto se le originaba al mismo tiempo al poeta y compositor la tarea de ser además un maestro de ballet”.

El arte por el arte es un invento tardío, y habría que añadir tergiversador de la función artística, ya que elimina otros objetivos muy importantes. Podemos usar la música como adorno o para conseguir dinero, pero su función esencial va mucho más allá que unos intereses personales y unas modas pasajeras.

Todas estas ideas nos enfrentan a una difícil tarea para el artista actual: superar las particiones artificiosas que hemos realizado. Esta olvidada ciencia “holística”, capaz de combinar múltiples facetas dentro de una única cosmovisión armónica, en perfecta simbiosis con el medio ecológico y con el hombre, es algo que hoy en día, en plena época de alto desarrollo tecnológico, nos impacta profundamente.

Es cierto que esta unión, maravillosa y natural a la vez, es un elemento raro en el mundo contemporáneo. Nos hemos acostumbrado a desligar y no a unir. Somos capaces de diseccionar hasta límites insospechados las partes del todo y, sin embargo, nos cuesta obtener una idea de totalidad más allá del detallado conocimiento de las partes. Realmente, ¿nos hace falta una renovación?...


Carlos A. Farraces

Deja un comentario