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Abril 2013

Música y deporte

Escrito por  Carlos A. Farraces
Música y deporte

Todos participamos de cierta euforia patriótica cada cuatro años, cuando en las Olimpíadas volvemos a escuchar aquello de citius, altius fortius, esos desafíos protegidos por principios del honor en la competición que a todos nos motivan. Pero ¿cómo fue su origen en aquellos primeros Juegos en Grecia, donde comenzaron?

 Tras echar una mirada a textos que relacionan la música con la medicina, la educación, las leyes y la religión, veamos ahora otros actos significativos dentro de la vida de los ciudadanos griegos: los Juegos. Naturalmente, todos nosotros asociamos "Juegos" con el deporte, pero, una vez más, hay que insistir en nuestra dificultad para entender la mentalidad antigua. Nos separan cientos de años, pero, sobre todo, una mentalidad diferente. Por eso, tenemos que hacer el intento de desentrañar qué esconden estas costumbres de nuestros antepasados culturales.
Las competiciones del Istmo, de Olimpia (de aquí nuestros Juegos Olímpicos), de Nemea, de Atenas, de Lacedemonia y de Delfos eran actos religiosos acompañados por juegos atléticos y artísticos: teatro, conciertos, exposiciones de artes plásticas, lecturas poéticas y narraciones épicas... ¿Se puede pedir algo más?
Los vencedores "olímpicos" eran celebrados por los poetas, y se componían poemas líricos o cantos de victoria como homenaje. Se dice que Simónides (556-467 a.C.) fue el creador del género, pero Píndaro (520-438 a. C.) ha sido reconocido por la posteridad como el mejor especialista. Desgraciadamente, no se recuperó la parte musical de estas odas triunfales. ¿Os imagináis que, tras vencer en alguna competición o torneo, el mejor compositor del momento compusiera una obra para Nadal, Alonso, Gasol...?
Los juegos de Delfos, en sus inicios, eran solo de tipo artístico y para solistas. De hecho, no fue hasta el 568 a. C. cuando se incorporaron a estos juegos las competiciones atléticas que se realizaban en otros eventos helénicos. La prueba más antigua consistía en cantar un himno dedicado a Apolo ( ). Los premios que se otorgaban en un principio eran para el canto acompañado de cítara, el canto con aulos y para aulos solo (instrumento cercano a nuestro oboe). En el 562 a. C., Sácadas de Argos ganó esta competición con un nomo en el que reproducía la lucha de Apolo contra la serpiente Pitón ( ). Más tarde se instauraron nuevos premios: intérpretes de cítara sin canto; coros, actores de tragedia y comedia, etc.
Al citar las competiciones de aulos, algunos autores quieren ver la penetración del culto a Dionisos en la zona. Sin embargo, el culto a Dionisos es mucho más antiguo en la Hélade de lo que se creía, pues han aparecido manifestaciones de dicho culto en el II milenio a.C. La relación entre Apolo y Dionisos podemos verla más bien como "armonía por oposición", y no como "enemistad". De hecho, según la tradición, al marchar Apolo al país de los hiperbóreos, el culto de Delfos quedaba bajo la advocación de Dionisos hasta la llegada del dios de la luz el primer día de primavera.


Los Juegos Píticos: todo un programa de actos
Según algunas versiones, los Juegos Píticos fueron instaurados tras matar Apolo a la serpiente que vigilaba el oráculo. Tras ello, se purificó en Creta y partió a Tesalia, desde donde trajo el laurel, árbol sagrado del que se obtenían las coronas de los vencedores (el rito de la recogida del laurel lo hacía un niño cuyos padres estuviesen vivos). Pensemos en jugadores o pilotos destacados, actores de Hollywood..., ¿cuántos de ellos seguirían en la "palestra" o en los escenarios si el premio consistiera en una solitaria corona de laurel?
Tras diversas luchas entre pueblos por apoderarse de Delfos, el "agón" délfico se reorganizó en 582 a. C. Desde entonces, se celebraron cada cuatro años (antes era cada ocho). Como en Olimpia, se prohibía durante un año toda acción bélica, quedando excluidos lo que infringían dichas reglas. La vigencia de los Juegos Píticos duró casi mil años (hasta el 393, a instancias de san Ambrosio) y sirvieron como modelo a otros juegos de Grecia y Roma.
Y ahora, el programa de los juegos: en el primer día, sacrificios y drama sagrado (la victoria de Apolo sobre Pitón); en el segundo, sacerdotes, jueces y participantes realizaban una procesión y ofrendas; al siguiente día, un acto centraba toda la atención: el banquete; el cuarto día se realizaban competiciones musicales en el teatro; y el quinto, las competiciones gimnásticas; por último, el sexto día se celebraban carreras de caballos. Como ya he dicho antes, todo un ejemplo interdisciplinar: fenómeno social, religioso, artístico, deportivo...
Entre los grandes atletas de la Antigüedad destaca el mítico luchador Milón de Crotona: campeón en Delfos y Olimpia seis veces, diez en el Istmo y nueve en Nemea. Al parecer, perteneció al círculo pitagórico, y también una hija suya, Teano. Según algunas fuentes, Teano se casó con Pitágoras. Una versión (Diógenes Laercio) nos dice que el gran filósofo murió en un incendio provocado, en la casa del propio Milón.
Si pudiéramos preguntarle: Milón, ¿consideras el deporte la faceta más importante de tu vida? Seguramente, todos esperaríamos la misma respuesta. Para nuestra mentalidad no cabe ninguna duda. Ahora bien, quizá la realidad fue otra. Es posible que su pertenencia al círculo de Pitágoras (tan interesado por la música en su aspecto educativo y terapéutico) no fuera un capricho temporal, sino lo esencial en su vida. Recordemos que la pertenencia a una escuela de filosofía, en aquel momento, suponía estudio y, sobre todo, la práctica de un modo de vida.
Es solo una posibilidad.
Pero, quizá esta vez nos hemos alejado un poco del tema principal..., o quizá no.

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