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Marzo 2014

Malala Yousafzai, una niña pakistaní que lucha por el acceso a la educación

Escrito por  Lucia Prade
Malala Yousafzai, una niña pakistaní que lucha por el acceso a la educación

Nacida en Mingora, Pakistán, el 12 de julio de 1997, es conocida por su activismo a favor de los derechos civiles, especialmente de los derechos de las mujeres en el valle del río Swat, donde el régimen talibán ha prohibido la asistencia a la escuela de las niñas.

El 9 de octubre de 2012, en Mingora, fue víctima de un atentado por un miliciano del TTP, grupo terrorista vinculado a los talibanes, el cual, después de abordar el vehículo que servía como autobús escolar, le disparó en repetidas ocasiones con un fusil impactándole en el cráneo y cuello, por lo cual debió ser intervenida quirúrgicamente.

En los alrededores del colegio donde estudian las jóvenes atacadas, cientos de personas salieron a la calle a protestar por el hecho. En los medios pakistaníes y a nivel mundial, se le ha dado amplia cobertura.

El atentado suscitó inmediatamente la condena internacional, y Malala Yousafzai recibió el apoyo de numerosos gobernantes y personajes de la escena internacional, entre ellos el presidente de los EE.UU., Barack Obama, y la cantante Madonna.

Tras su recuperación y el implante de una placa de titanio y un dispositivo auditivo, Malala regresó a las clases en una escuela secundaria en Inglaterra. "Volver al colegio me hace muy feliz. Mi sueño es que todos los niños en el mundo puedan ir a la escuela porque es su derecho básico". En 2013, recibió la nominación al premio Nobel de la Paz, siendo la persona más joven en ser nominada.

Malala confiesa que está entregada a la causa de la educación, a la que piensa dedicar toda su vida. Aunque sigue aplicada en sus estudios, cree que luchar por la educación de todas las niñas del mundo es su razón de vivir, su empeño y su orgullo.

A pesar de su poca edad, demuestra una actitud muy responsable y madura. Cuenta en una entrevista que, al ver tantas barbaridades pasando en Oriente Medio y otros países del mundo, le resuena una pregunta interior, que es: “Malala, ¿por qué esperas a que otro se haga cargo? ¿Por qué no lo haces tú, por qué no hablas tú a favor de sus derechos y de los tuyos?”. Así empezó su lucha, a los diez años; junto a su padre, acudió muchas veces a los medios de comunicación locales para protestar contra los abusos (algo que muy pocos hacían). A los once años empezó a escribir un blog para la BBC, bajo el pseudónimo de Gul Makai, convirtiéndose en la voz sobre la vida en el valle del Swat y la represión talibán.

A los dieciséis años, Malala publicó un libro, titulado Yo soy Malala. Su libro no es solo sobre Malala, sino, en gran medida, también sobre su padre. Un tipo singular y sin duda heroico, un maestro dispuesto a conquistar, por medio de la cultura, un futuro de justicia y de paz en un mundo en llamas. Y un hombre que, además, en una sociedad brutalmente machista como la pastún, apoyó a su hija mayor y le dio la misma libertad y la misma confianza que a un varón.

Malala es de religión musulmana, y se dice agradecida por la protección que considera haber recibido de su Dios, ya que dice creer que un día le va a preguntar en el día del Juicio: “Malala, veías el sufrimiento de la gente en Swat, veías cómo sufrían las niñas, que masacraban a las mujeres, que asesinaban a tantos policías. ¿Qué has hecho tú para defender sus derechos?”. Siente que es su deber clamar por los derechos de las niñas, por los suyos, por el derecho de asistir a la escuela.

El activismo social de Malala no es en nombre de Dios (el mismo por el que los talibanes la tirotearon) y sí porque cree que es algo muy necesario en la circunstancia en que se encuentra. Ante esa situación, ante la que el Gobierno no está haciendo nada, que no cumple con su deber de conceder derechos básicos al pueblo, Malala ha decidido que quiere entrar en el mundo de la política y convertirse en una líder, para conseguir un gran cambio en su país, para conseguir la paz y que las niñas puedan ir a la escuela, ya que considera que el verdadero poder consiste en la educación y el conocimiento.

Malala y su padre son un ejemplo a seguir, un ejemplo de valor, perseverancia y voluntad. A los dieciséis años está dispuesta a sacrificar toda su vida por su proyecto y por una causa que hará el mundo mas equitativo y justo.

http://www.malala-yousafzai.com/

http://www.alianzaeditorial.es

http://elpais.com/elpais/2013/10/12/eps/1381613349_778121.html

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