Noviembre 2016

La magia curativa del cine

Escrito por  Leticia Darriba
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Apenas recuerdo en qué momento apareciste en mi vida, porque en mi memoria, de un modo u otro, siempre has estado a mi lado.

En algunos de los más bellos recuerdos de mi infancia inevitablemente estás tú, aunque sea de modo sigiloso y constante, y durante el resto permaneces como un vigilante que me protege y espero que permanezcas a mi lado hasta el final, porque gracias a tu presencia, a tus enseñanzas, a tu constante recordatorio de las realidades lejanas, cercanas, soñadas o vividas me ayudas a ver lo mejor del ser humano, a recordarme lo necesario que resulta ser un poquito mejor...

Sé que mucha gente no entenderá esto último, ya que como todo arte, a veces te cubren de vestidos impropios que solo muestran suciedad y dolor sin ninguna belleza, pero ese querido cine no eres tú, aquel que me hace reír y llorar y me devuelve una y otra vez la belleza, la confianza en la humanidad.

En mi infancia me enseñaste el valor, la capacidad de luchar, de soñar; después seguiste mostrándome mis defectos pero también mis virtudes, las cosas por las que seguir luchando, la belleza de la poesía…
Tienes infinitos hijos que, alimentados por hombres y mujeres de corazón soñador y apasionado, muestran mil realidades, que me recuerdan mirar mejor en mi interior, o aprender a mirar al otro de otro modo, o incluso descubrir que quizás eso no era como yo pensaba.

Algunos de tus hijos me acompañan desde niña y con cada nuevo visionado me muestran algo que se me escapó; otros han rozado mi vida solo un momento, pero me han hecho reír o soñar en el momento en que lo necesitaba. Algunos aún no han nacido y están deslizándose lentamente por la imaginación de alguien. Otros aún no han llegado a mí, pero aguardan el momento de hacer acto de presencia en mi vida.

Algunos me hacen llorar lágrimas de alegría y de algo tan sutil y tremendamente hermoso que no tengo palabras para describirlo. Estos últimos son realmente especiales para mí, tocan el alma, y por eso creo que son tan necesarios en este momento. Y no os engañéis, están acurrucados en su rincón esperando pacientes a que vayáis a recibirlos. Para ello tenéis que abrir un poco el corazón y dejarlos actuar.

Sé que muchos pensaréis que no tenéis tiempo ni dinero para perderlo sentándoos en una butaca, pero quizá vosotros sois los que lo necesitáis, más que nunca.

Sentaos, desconectaos del mundo por unas horas y esperad a que se apaguen las luces y se encienda la pantalla. En ese momento, en ese instante, la magia empezará, y si abrís un poco el corazón, el cine hablará directamente a vuestro interior y comprenderéis por qué necesitamos más cine en nuestra vida, más momentos donde la pantalla conecte con nosotros y nos hable con un lenguaje que es universal y que habla de los sueños, del valor, de aquello que tanto necesitamos. Quizá entonces vislumbréis por qué necesito volver a Bedford Falls de vez en cuando, cantar bajo la lluvia, oír el canto de las selkies , mirar al sur, volver a casa… porque Asithaka me acompaña en mis sueños o porque una mirada tiene la capacidad de derretir los corazones más helados.

No dejéis que el bullicio del mundo os aleje de la luz parpadeante de la pantalla de sueños. Buscad un rato para vosotros, solos o acompañados, y dejad que las viejas y nuevas historias se posen en vuestra piel, os recuerden esas memorias universales que anidan dentro de todo corazón humano y que esperan pacientes el momento de acompañarnos y recordarnos que no hay nada nuevo bajo el sol, y que los sueños, los sentimientos, la belleza, la bondad existen desde siempre en el corazón de la humanidad; solo tenemos que pararnos y escuchar…

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