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Marzo 2014

Naves estelares: un velero solar

Escrito por  Sara Ortiz Rous
Naves estelares: un velero solar

¿Quién no se ha imaginado alguna vez dentro de una nave estelar surcando el espacio entre estrellas? Viajar a la Luna o a Marte se nos queda corto para lo que soñamos; la nave estelar en la que viaja nuestra imaginación es la que va de un sol a otro, de una a otra galaxia. Ahora bien, ¿por qué deberíamos viajar si la Tierra es un lugar tan precioso y adaptado para nuestra vida? Porque algún día será el último día de la Tierra. Dentro de miles de millones de años el Sol se hinchará y el cielo arderá en llamas. O bien, mucho antes, en el próximo impacto de un gran meteorito, como el que se cree que impactó hace 65 millones de años en la península del Yucatán y extinguió a los grandes saurios.

¿Cómo llegar al sistema estelar más próximo, que es Alfa Centauri, a cuatro millones de años luz? Con los métodos actuales necesitaríamos 70.000 años de viaje. Eso es mucho tiempo, lo midamos como lo midamos. Una propuesta que puede resolver este problema es el velero solar: funciona dado que la luz puede ejercer una presión muy pequeña pero continua sobre una superficie que, si es proporcionadamente grande, puede ser suficiente para impulsar un enorme velero en el espacio. Esta idea es muy antigua, se remonta al gran astrónomo Johannes Kepler en su tratado Somnium de 1611.

Un enorme velero ligero podría viajar a la mitad de la velocidad de la luz y tardaría ocho años en llegar a las estrellas cercanas. En 2004 un cohete japonés desplegó con éxito dos pequeños prototipos, y hay algunos intentos, en parte fallidos, que se han realizado desde entonces, pero ninguno viable por el momento.

Hay otra idea para llevar al velero solar hacia las estrellas: construir una enorme batería de láseres en la Luna que pueda disparar intensos haces de luz láser hacia un velero solar. La vela tendría cientos de kilómetros y estaría construida por completo en el espacio exterior. La tecnología capaz de esta construcción no está todavía disponible; seguramente está a más de un siglo en el futuro y estoy haciendo una profecía sin fundamento ni técnico ni augural. También habría que descubrir las pastillas antimareo, pues a esa velocidad el cuerpo humano se vería muy agitado.

Además, hay un problema con el regreso del velero solar: habría que crear una segunda batería de haces de luz láser en algún planeta para propulsar el velero de vuelta, pero ¿querríamos regresar? ¿Nos apetecería repetir el peregrinaje como si fuera el camino de las estrellas de Santiago? O más bien, seríamos el peregrino de Luis Cernuda:

 

¿Volver? Vuelva el que tenga,

tras largos años, tras un largo viaje,

cansancio del camino y la codicia

de su tierra, su casa, sus amigos,

del amor que al regreso fiel le espere.

 

Mas, ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,

sino seguir libre adelante,

disponible por siempre, mozo o viejo,

sin hijo que te busque, como a Ulises,

sin Ítaca que aguarde y sin Penélope.

 

Sigue, sigue adelante y no regreses,

fiel hasta el fin del camino y tu vida,

no eches de menos un destino más fácil,

tus pies sobre la tierra antes no hollada,

tus ojos frente a lo antes nunca visto.

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