Febrero 2015

Matemáticamente, ¿los extraterrestres existen?

Escrito por  Sara Ortiz
Matemáticamente, ¿los extraterrestres existen?

Hace más de cincuenta años que Frank Drake, radioastrónomo y presidente del instituto SETI, concibió la ecuación de Drake con el propósito de estimar la cantidad de civilizaciones en nuestra galaxia.

Las siglas SETI corresponden al inglés Search of Extra-terrestrial Intelligence, el instituto que engloba todas las actividades destinadas a la búsqueda de vida inteligente en el espacio. Es una actividad que se realiza fundamentalmente “a ciegas”, es decir, apuntando al azar a un determinado lugar del espacio y analizando las señales de radio obtenidas.

Esta forma de búsqueda presupone que si hay supuestas civilizaciones inteligentes ahí fuera, dominan el manejo de las ondas radioeléctricas y, por tanto, podríamos llegar a captar sus emisiones. Evidentemente, esto es mucho suponer. La expresión “buscar una aguja en un pajar” se queda corta para describir esta actividad. Sin embargo, existe una fórmula matemática que, si bien no garantiza, al menos apoya la idea de la existencia de estas civilizaciones inteligentes.

Nuestro Sol es solo una estrella solitaria en la abundancia de 7×1022 estrellas en el universo observable. La Vía Láctea es solo una de entre las 500.000.000.000 galaxias del universo. Parecería entonces que debería haber plenitud de vida allí afuera.

La ecuación de Drake se centra en la vida inteligente, identifica los factores específicos que, se cree, tienen un papel importante en el desarrollo de las civilizaciones. Aunque en la actualidad no hay datos suficientes para resolver la ecuación, la comunidad científica ha aceptado su relevancia como primera aproximación teórica al problema.

La ecuación está basada en los siguientes parámetros:

N =R∗ ⋅ fpneflfifcL

donde N representa el número de civilizaciones que podrían comunicarse en nuestra galaxia, la Vía Láctea. Este número depende de varios factores.

El significado de cada parámetro (junto con las estimaciones del propio Drake) es el siguiente:

  • R* es el número de estrellas que se forman cada año en la galaxia (unas 10).
  • fp es el porcentaje de dichas estrellas que tienen planetas (0.5).
  • ne es, para cada estrella, el número promedio de planetas que tendrían condiciones donde se pudiese desarrollar teóricamente la vida (2).
  • fl es la fracción de dichos planetas que desarrollaría efectivamente vida (1).
  • fi indica la fracción de planetas con vida donde dicha vida evolucionaría hacia especies inteligentes (0.01).
  • fc indica la fracción de dichas especies inteligentes que desarrollarán tecnología capaz de emitir señales de radio (0.01).
  • L sería el tiempo promedio en que una civilización inteligente con capacidad de emitir señales podría mantenerse activa (10.000 años).

Con las estimaciones de Drake, resulta que se crean 10 posibles civilizaciones extraterrestres detectables por año desde nuestra galaxia.

Pero se ha considerado que los parámetros usados por Drake son muy optimistas. Se ha postulado también que la ecuación podría ser excesivamente simplista y que está incompleta. Un equipo de astrobiólogos ha sugerido incluir aspectos energéticos. Así que, usando la propia ecuación de Drake, con unos parámetros mucho más conservadores, se obtienen resultados desalentadores, de no más de una civilización detectable en un intervalo de millones de años. A pesar de todo, incluso con estas estimaciones restrictivas, Michael Shermer llegó a la conclusión de que en todo el universo conocido deberían existir unas 5000 civilizaciones inteligentes. Matemáticamente hablando, parece que no estamos solos.

Pero nos quedan muchas preguntas sin ecuaciones que estimen sus respuestas, por ejemplo: ¿cómo detectar a dónde les ha llevado su inteligencia? ¿Serán poetas o místicos? En su planeta, ¿será Dios tan dadivoso con ellos como con la Tierra? Pues como nos recordó Jorge Luis Borges, en la Tierra hay muchos dones, todos fruto de la Inteligencia:

Gracias quiero dar al divino

laberinto de los efectos y de las causas

por la diversidad de las criaturas

que forman este singular universo,

por la razón, que no dejará de soñar

con un plano del laberinto.

Por el rostro de Elena y la perseverancia de Ulises,

por el amor, que nos deja ver a los otros

como los ve la Divinidad,

por el firme diamante y el agua suelta,

por el álgebra, palacio de precisos cristales,

por las místicas monedas de Ángel Silesio,

por Schöpenhauer,

que acaso descifró el universo,

por el fulgor del fuego

que ningún ser humano puede mirar sin un asombro antiguo,

por la caoba, el cedro y el sándalo,

por el pan y la sal,

por el misterio de la rosa

que prodiga color y no lo ve,

…por los minutos que preceden al sueño,

por el sueño y la muerte,

esos dos tesoros ocultos,

por los íntimos dones que no enumero,

por la música, misteriosa forma del tiempo.

Inicia sesión para enviar comentarios