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Noviembre 2013

Viajar en el tiempo

Escrito por  Sara Ortiz
Viajar en el tiempo

El tiempo es uno de los grandes misterios para el ser humano. Vivimos en él como vivimos en el espacio, es el material junto con los átomos de la tabla periódica con el que elaboramos nuestra vida. Pero es un material con unas características muy peculiares, paradójicas.
San Agustín escribió extensamente sobre la naturaleza paradójica del tiempo: ¿cómo pueden ser pasado y futuro, cuando el pasado ya no es y el futuro no es todavía? Si siempre hubiera presente no llegaría a haber pasado, no habría tiempo sino eternidad.
El tiempo tiene unas leyes particulares, por ejemplo el movimiento. Hasta hoy únicamente sabemos ir hacia adelante en el tiempo y siempre al mismo ritmo, mientras que en el espacio nos movemos adelante y atrás, y a distintas velocidades.
¿Podemos viajar en el tiempo de otra forma? La primera historia escrita de un viaje en el tiempo fue por Samuel Madden en 1733. Trata de un ángel del año 1997 que viaja a doscientos cincuenta años atrás para entregar a un embajador británico unos documentos que describen el futuro.
Viajar al pasado y al futuro es una de las grandes inquietudes del ser humano. Hay multitud de novelas y películas: Charles Dickens escribió Cuento de Navidad; Mark Twain, en la novela Un yanqui en la corte del rey Arturo (1889), traslada al protagonista al año 528; en La máquina del tiempo, de H.G. Wells, el héroe es transportado a miles de años al futuro; en StarTrek, el viaje en el tiempo es el ingrediente regular de todos los episodios; e incluso hay una entrada en Wikipedia, Viaje a través del tiempo
Desde la perspectiva científica el viaje en el tiempo era imposible en el universo de Newton, donde el tiempo era una flecha, y un segundo en la Tierra era un segundo en todo el universo. Esta idea fue derrocada por Einstein: el tiempo se convirtió en un río que hace meandros a lo largo del universo, acelerándose y frenándose a través de estrellas y galaxias.
Según la relatividad especial, el tiempo se frena más dentro de un cohete cuanto más rápido se mueve. Los escritores de ciencia ficción han especulado que si se pudiera romper la barrera de la luz se podría ir atrás en el tiempo, pero esto no es posible porque la masa se haría infinita al alcanzar la velocidad de la luz.
Stephen Hawking planteó la paradoja de la inexistencia de viajeros del tiempo: si el viaje hacia el pasado se hubiera conseguido realizar en un futuro, hoy habría viajeros del tiempo que vendrían del futuro.
Sin embargo, el viaje al futuro sí es posible. Si un astronauta llegara a viajar a una velocidad próxima a la de la luz podría costarle un minuto llegar a las estrellas más cercanas. Para entonces habrían transcurrido 4 años en la Tierra, así que el astronauta estaría 4 años hacia el futuro. El récord del mundo de viajar al futuro lo ostenta actualmente el cosmonauta ruso Serguéi Avdeyev, que estuvo en órbita 748 días y fue lanzado 0,02 segundos al futuro.
La razón de toda la ciencia ficción de los últimos cien años acerca de los viajes en el tiempo es que las ecuaciones de Einstein permiten muchos tipos de máquinas del tiempo. Hay soluciones de las ecuaciones llamadas curvas cerradas de tipo tiempo, hay agujeros de gusano que conectan dos puntos distantes en el espacio, y también en el tiempo. Aunque es difícil encontrar un agujero de gusano practicable, tienen tamaño cuántico.
También Kurt Gödel encontró una solución a una ecuación de Einstein con un universo en rotación. Simplificando sería: si viajáramos alrededor del universo con suficiente rapidez, podríamos encontrarnos a nosotros mismos en el pasado antes de haber salido.
La teoría de cuerdas también ha aportado sus soluciones para la posibilidad de viajar en el tiempo. Todas las opciones son inviables en un futuro próximo y lejano. Aun así, todavía no se ha encontrado una ley que haga imposible el viaje en el tiempo. Es un reto para la física actual encontrar la demostración a la “conjetura de protección de la cronología”. Mientras se resuelve podemos seguir con otro viaje muy interesante para el ser humano, el regreso a Ítaca:
Si vas a emprender el viaje hacia Ítaca,
pide que tu camino sea largo,
rico en experiencias, en conocimiento.
(…)
Ten siempre a Ítaca en la memoria.
Llegar allí es tu meta,
mas no apresures el viaje.
Mejor que se extienda largos años;
y en tu vejez arribes a la isla
con cuanto hayas ganado en el camino,
sin esperar que Ítaca te enriquezca.
Ítaca te regaló un hermoso viaje.
Sin ella el camino no hubieras emprendido.
Mas ninguna otra cosa puede darte.
Aunque pobre la encuentres, no te engañará Ítaca.
Rico en saber y en vida, como has vuelto,
comprendes ya qué significan las Ítacas.
C. Cavafis

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