Septiembre 2015

Los milagros de la vida, de Stefan Zweig

Escrito por  El Libro Durmiente
Los milagros de la vida, de Stefan Zweig

Vuelve a dejar huella en mi ansiedad de lectora el austríaco Stefan Zweig, que nos trae a un pintor reflexivo y amante de la perfección como protagonista. Recibe un encargo que detiene temporalmente su vida: debe buscar a una protagonista muy especial para su óleo, en el que un personaje femenino se convierta en una «Virgen» que acompañará a otro cuadro magistral de una «madona» que ya cuelga en el retablo del altar de una iglesia en Amberes.

Esa búsqueda se convierte en un hecho trascendental en su vida. Tanto es así que su lienzo continuará blanco mucho después de recibir el encargo.

Hasta que encuentra a su «Virgen». Una niña judía, asomada en una ventana, le deslumbra hasta el infinito. Ella será –a partir de entonces– la estrella de su cuadro y la motivación de su día a día para ambos.

La novela gira alrededor de esta particular relación: él, maduro, ella, prácticamente una niña. El artista se ve arrastrado por la magia y belleza de su rostro y el magnetismo especial que se crea entre la joven y el bebé que acompañará la imagen central del cuadro. La niña, por su parte, se liberará de sus miedos más escondidos gracias a esta creación, llegando a «despertar» ante la vida gracias a la cercanía ofrecida por el pintor y el calor del bebé que formará dúo con ella en el cuadro.

Zweig se derrama en una intensa descripción psicológica de los dos personajes de la novela, donde descubrimos el triste pasado de la niña –reticente a cualquier muestra de amor o cariño– y la capacidad del pintor para embelesarse durante el proceso de elaboración del cuadro, en el que llega a sopesar la posibilidad de acunarla en el camino de la conversión religiosa.

Los milagros de la vida resumen la capacidad de todo lo que nos rodea –pese a la fealdad que acecha en las esquinas– para ofrecernos lo mejor, lo más bello, lo más puro e inalcanzable.

Los enfrentamientos que asolan la ciudad entre protestantes y cristianos derivan en una destrucción, de la que indirectamente sus protagonistas se convierten en daños colaterales.

Zweig arrastra con una tremenda capacidad para la construcción interior del personaje, que llega en momentos determinados a desquiciar y hacer remover en su butaca al lector de la historia. Su impresionante técnica narrativa adereza la mayor parte de las páginas de este «milagro» de la literatura que representa el prolífico escritor, conocido no solo por sus novelas, sino por una ardua tarea centrada en las biografías.

Stefan Zweig tiene incluso la suya propia, El mundo de ayer, que permite conocer no solo a un escritor, sino la vida de un hombre consecuente con sus ideales, que huyó de la barbarie nazi dada su condición de judío, recorrió ciudades y países hasta llegar a Brasil, donde se quitó la vida, acompañado de su mujer, para no tener que soportar el espectáculo de una Europa desunida y destrozada.

Recomendable Los milagros de la vida, recomendable siempre la pluma de Stefan Zweig.

Cortesía de "El club de lectura El Libro Durmiente" www.ellibrodurmiente.org 

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