Enero 2017

Botas de lluvia suecas, Henning Mankell

Escrito por  Begoña Curiel
Botas de lluvia suecas, Henning Mankell Botas de lluvia suecas, Henning Mankell

Esta novela fue su adiós en 2015. Henning Mankell falleció dejando presentada esta historia de Fredrik, un médico jubilado que parece vivir tranquilo en una isla hasta que su casa arde una noche de otoño. Solo sobreviven esas simbólicas botas. El único y aparente equipaje que tiene en esa vida solitaria, donde su hija Louise es aún más extraña que él. Su visita hará que cambie lo que parecía inamovible y aun así, la historia pesa, entristece y oscurece el ánimo del lector.

Con sus cerca de setenta años tiene que improvisar. Su único techo es una caravana y la manera de sentirse vivo como hombre es la ilusión de un posible romance con una periodista, que por cierto, desde el principio, choca por la premura con la que se presenta la atracción por la mujer y, sobre todo, el empeño que le pone aunque esté mas que claro, que la «elegida» ni por asomo contempla esa posibilidad. De hecho, algunas decisiones y movimientos de Fredrik le otorgan cierto patetismo por este motivo.

El incendio de su casa no ha sido fruto del azar, y los rumores sobre la presunta autoría de Fredrik vuelan por el conjunto de islas cercanas, dejándole aún más noqueado.

Los personajes secundarios son inquietantes como el protagonista: seres que parecen vivir acostumbrados a una climatología desapacible y un escaso interés en relacionarse entre ellos, salvo excepciones. Todo, sus contactos, las conversaciones, parecen forzadas, entrecortadas, como si cada palabra necesitara de un empujón.

Honestamente, esperaba mucho más en la evolución de esta novela (más teniendo en cuenta a este estupendo autor). La ambientación es ideal como insinuación de algo que está por llegar. Pero el libro es lento, muy repetitivo en las acciones de los intervinientes. Especialmente en las del propio protagonista. Es como si no hubiera aprovechado bien el atractivo que presenta el arranque.

Esa decepción se traslada de manera especial al caso concreto del personaje de la hija: camaleónica, desconcertante, a veces con actitudes incoherentes y contradictorias, que lejos de aportar una etiqueta misteriosa, hicieron que «desistiera» de encontrar algo más interesante en ella.

Destaca, no obstante, el mensaje del autor, centrado en la incertidumbre de la vejez, sobre todo cuando se unen circunstancias imprevistas que amenazan con desequilibrar modos y estilos de vida.

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