Miércoles, 01 Marzo 2017 00:00

La hija de Cayetana, de Carmen Posadas

Madrid, noviembre de 1788 —Déjame que la vea una vez más, Rafaela. Qué guapa es mi niña, por favor, no te la lleves. Y descuida, estoy perfectamente. Además, el doctor Bonells ha dicho que puedo tenerla un poco más conmigo. María de la Luz, ese será su nombre, el que mejor le va. ¿Pero has visto qué ojos? Parecen dos esmeraldas. Aunque será mejor que avisemos cuanto antes al padre Alfonso para que le eche las aguas bautismales. Llega el verano y uno nunca sabe con estos calores, acuérdate de lo que pasó cuando yo nací.

Leer a Carmen Posadas es garantía de saborear una buena novela. Y como no podía ser de otra manera, lo ha vuelto a conseguir con la más reciente: La hija de Cayetana . La novela, publicada por Espasa, nos transporta a finales del siglo XVIII y principios del XIX, con una protagonista indiscutible, doña María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo, décimotercera duquesa de Alba.
Si la historia nos cuenta que, para preservar los dos ducados españoles más poderosos, el de Alba de Tormes y el de Medina Sidonia, tuvo que casarse a los trece años con su primo José Álvarez de Toledo y Gonzaga, también nos relata que Cayetana adoptó, como su única hija, a una niña de raza negra llamada María de la Luz, a la que otorgó testamento pero de quien no se sabe prácticamente nada.

A partir de este hecho, Carmen Posadas nos sumerge magistralmente en dos mundos paralelos; uno es el de Cayetana, llevándonos de la mano hasta la corte de Carlos IV, donde veremos el glamur en las recepciones palaciegas, la hermosura, sensualidad y vida liberal que llevaba la duquesa, así como su carisma, poderío, derroche y ostentación. Aunque empatizaremos con ella desde el principio gracias a su derroche de alegría, amor por los niños y más desvalidos y, por su sufrimiento, que también lo tuvo.

Ante nuestros ojos desfilarán una serie de nombres conocidos y no tanto que amaron a Cayetana con gran pasión; entre ellos, el pintor español Francisco de Goya. Cuenta Carmen Posadas que Cayetana compitió directamente con la propia reina de España, María Luisa de Parma, esposa de Carlos IV, y que incluso plagió un diseño pensado para la reina, y vistió con la misma ropa a sus criadas, con el único propósito de ridiculizarla.

En paralelo, Carmen Posadas lleva a la ficción los avatares de la madre biológica de la niña, Trinidad, una esclava cubana. La pequeña, fruto de una relación consentida con su amo, un joven del que Trinidad está enamorada, es dada a luz en un barco que cubría la ruta entre Cuba y España. Al poco tiempo de llegar a Madrid, ambas son compradas por un empresario, quien a su vez las regalará a damas diferentes; la niña mulata de ojos claros, a Cayetana. Y es a partir de ese momento cuando Trinidad no dudará en arriesgar su vida con tal de encontrar a la pequeña y al padre de su hija.
Estamos ante una novela que puede leerse con avidez y que incluso cuando se termina, uno siente cierta tristeza por no poder leer más. Carmen Posadas nos describe casi la gloria y también la desesperación, la miseria, la envidia y la marginación.

Dos mujeres que aman a una misma niña, dos mujeres que tienen vidas completamente opuestas, pero que cuando se conocen un nuevo mundo se abre para ellas y para María de la Luz.
Hay que destacar su magnífica documentación y cómo Carmen Posadas ha dotado a sus personajes de alma. Unas veces generosa, otras, mezquina y hasta ruin. El verbo amar se conjuga en todas sus formas, como también lo hace el verbo poseer. Su estilo narrativo es culto, depurado y llega a todo el público, y los diálogos son soberbios por su gran naturalidad.

Si en un principio el que narra es un narrador omnisciente, al final de la novela es la propia María de la Luz la que sigue con la historia.

En resumen, La hija de Cayetana es una novela que engancha desde el principio, que se lee con fluidez, que ilustra sobre esa época y que hace, aspecto muy importante, sentir al lector.

Mis felicitaciones para la autora.

Publicado en Cuéntame un libro