Septiembre 2014

La familia de Carlos IV

Escrito por  M.ª Ángeles Fernández
La familia de Carlos IV

Seguro que todos hemos visto muchas veces este maravilloso cuadro de Goya. El cuadro que la reina María Luisa, en su también regia vulgaridad, llamaba “el retrato de todos juntos”. Lo hemos visto, pero quizá no sepamos el nombre de todos los personajes, su papel en la corte. Vamos, pues, a conocerlos.

Goya hace, lo primero, un guiño a la Historia. Nos da una pista sobre lo que se cocía en la regia familia, y, de rebote, en España: no es el Rey quien ocupa el centro del cuadro, como sería lo lógico; es la Reina. Porque ella es quien lleva la batuta, quien de facto manda, mientras protege y muestra orgullosa a sus hijos, los del “indecente parecido”, dice el pueblo, a Godoy. Hijos del favorito los consideraba la maledicencia pública. Y el Rey, con cara de no enterarse de mucho, a un lado.

De izquierda a derecha tenemos al todavía niño don Carlos María Isidro, que al crecer y enfrentarse a su sobrina Isabel dio lugar a la primera guerra civil, la de carlistas e isabelinos.

Después don Fernando, luego Fernando VII, ese nefasto rey que vendió España a los franceses, a la sazón Príncipe de Asturias. A su lado, la patética figura de la Infanta doña María Josefa, hija de Carlos III, a quien no hubo manera de casar y que pasó la vida en triste (para la época) soltería, incordiando y malmetiendo todo lo que podía, que en algo había que matar el tiempo.

Un misterio: ¿quién es la dama sin rostro? ¿Por qué en un retrato familiar uno de sus miembros vuelve la cabeza y no podemos ver sus rasgos? Teorías varias, certeza ninguna: puede ser doña María Antonia, hija del Príncipe de las Dos Sicilias, y que luego casó con Fernando VII, y que, aún desconocido su rostro, debía este ser pintado tras la boda. Pero en 1800, fecha del cuadro, aún no se había concertado esa boda. Puede ser la Infanta Carlota Joaquina, ausente de España, cuyo rostro se pondría a su regreso. Pero esa infanta se sabe que era mucho más bajita y gruesa.

¿Quién eres, princesa desconocida?

A su lado, en grupo aparte, los infantes doña María Isabel, luciendo el mismo vestido y tocado que su madre, y don Francisco de Paula. En medio, ya dijimos, la madre protectora y reina caprichosa.

El tercer grupo lo forman el Rey, un tanto alejado del centro; tras él su hermano don Antonio Pascual, y a su lado, un tanto desvinculada y sin aparentar mayor interés por la familia, su esposa (y sobrina) doña María Amalia; o no, porque murió dos años antes de pintarse el cuadro, muy joven, 19 años, y quizá está pintada a partir de un camafeo. Sin embargo, su rostro parece el de una mujer mayor. Otro enigma: ¿quién eres, por qué pareces tan lejana?

A su lado, el Príncipe de Parma, don Luis de Borbón, y su esposa la archiduquesa doña María Amalia de Lorena, que sostiene al pequeño Carlos Luis, futuro rey de Etruria.

Y al fondo, a la izquierda, entre tanto personaje mediocre, el genio: Goya. Un guiño a Las meninas, otro grupo real, un caballete de espaldas a nosotros, otro posible juego de espejos.

El Goya muchas veces colérico, muchas veces de malos humores, como lo demuestra el brazo del infantito, ese manchón negro en la manga roja. Inexplicable. ¿O no? Los varios bocetos que se conservan muestran ese brazo. Está más adelantado, menos… hasta que el pintor se harta, le pega un par de brochazos negros y así lo deja. Cosas del genio… en los dos sentidos.

A algunos personajes los suaviza, según vemos en esos mismos bocetos: a la infanta solterona le rellena los mofletes, suavizando una cierta cara de bruja; al hermano del Rey le quita cara de mal humor; al Príncipe de Parma le “peina” un cabello sin peluca, un tanto hirsuto. En general, dulcifica todos los rostros. En cierto modo, los idealiza.

Del esquema hablaremos poco, porque hay poco: el cuadro oscuro del fondo hace contraste con los colores claros de las figuras de delante; su marco vertical rompe la línea recta de las cabezas… y separa a la real pareja.

Qué sutil eras, maestro.

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