Julio 2015

Leda

Escrito por  M.ª Ángeles Fernández
Leda

Leonardo, en su Leda de los Uffici, nos presenta en ella a la Gran Madre que da origen al huevo cósmico, aquí representado por los dos pares de gemelos. El principio fecundante es Zeus, oculto bajo la forma majestuosa del cisne.

El cuadro entero produce una agradable sensación de verticalidad, centrada en la elegante figura de Leda, sensación que se acrecienta con la línea del ala que cubre amorosa su costado. El cisne es grisáceo, no blanco como se suele representar, para contrastar con el suave color de Leda; poderoso, la abraza, y ella le rehúye con coquetería, aunque su rostro está sonriente. Hay un amago de abrazo, pero observemos su mano izquierda: sostiene unas pequeñas flores blancas, como jazmines, indicándonos con ello su pureza. Pocas cosas hay en las grandes obras que no tengan un significado.

Sus ojos se dirigen a sus cuatro hijos, los nacidos del huevo cósmico: son Cástor y Pólux, símbolos de la concordia, y Helena y Clitemnestra, símbolos a su vez de la discordia. Los cuatro juntos representan el principio platónico de la discordia concors, la concordia dentro de la discordancia, condenados como polos opuestos que se atraen a luchar y encontrarse eternamente. Son la armonía de los contrarios. Algo con lo que la humanidad se ve abocada a luchar toda su vida en virtud de las pasiones que la agitan.

Precioso y significativo el escorzo de Leda: el rostro hacia sus hijos, mirándolos con amor; el torso hacia Zeus, porque es al que, de grado o por fuerza, ha entregado su corazón; las piernas también hacia sus hijos, porque es por ellos por los que tiene que caminar por el sendero de su vida.

El fondo sigue el mismo esquema de verticalidad, y un tronco lo divide en dos: a la izquierda ofrece sensación de cerrazón, de lugar recoleto, de intimidad. Es la zona en la que están Leda y los niños, protegidos por una gran roca que les cobija y oculta. Está oscuro, nadie debe verlos.

En cambio, la mitad derecha es luminosa. Es la parte de Zeus, el dios, que no necesita ocultarse, que es el señor del universo, que posee la luz. Está amaneciendo tras él. Hay vida, edificaciones.

Es el mundo en el que tiene que gobernar el dios.

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