Agosto 2015

Edipo y la Esfinge

Escrito por  M.ª Ángeles Fernández
Edipo y la Esfinge

El cuadro de Gustave Moreau es un canto a la verticalidad. A la oposición de fuerzas en ascenso.

Ante Edipo se abre el enigma cósmico representado por la Esfinge, y lo entiende gracias a la sabiduría iniciática. Edipo es el hombre hermético, el que conoce, el centro de la creación. Es un hombre recto, en absoluta verticalidad, la cual refuerza en la roca, recta hacia el cielo, en que se apoya, y en su lanza.

La esfinge de cuerpo de león es vertical también, se percibe su fuerza de ascenso, las alas desplegadas hacia el cielo. Tras ella, otra roca marca la elevación. Solo hay una línea curva en todo el cuadro, su lomo, pero la tensión que transmite hace que también pensemos en el salto hacia arriba. La misma tensión que percibimos en las miradas de los personajes, clavada una en otra, transmitiendo, percibiendo, recibiendo. La leve sonrisa de la esfinge es seductora, atractiva, como la de una mujer que promete e insinúa; pero se enfrenta a la mirada dura, severa, firme, del hombre que no va a ceder, que se mantiene firme en su papel y en su tarea. Porque el anthropos hermético es el centro de la creación y no necesita de nada más.

Las alas de la esfinge, alas de águila, están precisamente asociadas a esa constelación y a la de Escorpio, así como al equinoccio de otoño, a la vejez, al declive de la vida, mientras que Edipo es la fuerza, la juventud que todo lo puede. Por eso todo en él es vertical. Sin embargo, las patas de la esfinge se refieren también a la juventud, porque lo son en la representación del principio del año babilónico, el equinoccio de primavera; y la cola indica la posición del Sol en el solsticio de verano, la madurez.

La esfinge recorre y asume todas las etapas de la vida. Todas las dudas, todas las preguntas y todas las tentaciones.

La esfinge, eterna, lleva en sí todas las edades, todas las etapas, porque en todas hay enigmas que es necesario responder. Y vencer.

Y eterno es el Edipo vertical, el que vence, el que conoce su camino, el que se apoya en la roca. El que no deja a su espalda resquicio alguno por el que penetre la duda, la debilidad, la derrota.

Edipo y la Esfinge. El resumen de nuestra vida.

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