Abril 2009

Los cometas, creadores de vida

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Los cometas, creadores de vida

Tan fenomenales componentes del Sistema Solar deben su nombre a los antiguos griegos, quienes les llamaban aster kometes -estrellas de cabello largo- por su forma de «cabellera». Son objetos que cruzan el firmamento próximo a nosotros y muestran una cabellera brillante que crece a medida que se aproximan al Sol, en sus órbitas que abarcan la dimensión del Sistema Solar y a veces más.

Actualmente se han observado aproximadamente unos 700 cometas diferentes, descubriéndose anualmente unos 10 nuevos.

Tamaño

Se componen de un pequeño núcleo, (habitualmente de unas decenas de km). Una atmósfera, que rodea al núcleo, llamándose a la parte visible de la atmósfera cabellera (de tamaño que puede llegar a ser desde menos de 1.000 km hasta de millones de km). Y una o más colas, dirigidas en dirección opuesta al Sol.



Componentes

Toda su masa puede ser del orden de la millonésima parte de la masa lunar, y se distribuye en:

El núcleo del cometa: suele aceptarse que es esferoidal y mide varios km de diámetro, y que por su diminuto tamaño no puede ser observado con el telescopio. En 1950 Fred L. Wipple comparó el núcleo con una bola de «nieve sucia», conformada por hielos de agua y de otras moléculas. Cuando un cometa se acerca al Sol, el núcleo absorbe luz solar y se calienta hasta alcanzar la temperatura de sublimación de los hielos (es decir, pasa directamente de la fase sólida a la fase gaseosa) y los gases que se forman abandonan el núcleo a una velocidad de unas décimas de kms/seg. Como la velocidad de escape necesaria para alejarse del núcleo y vencer su atracción es de 5 mts./seg. los gases se alejan fácilmente.

Atmósfera del cometa: las moléculas de gas que escapan chocan con granos de polvo y los impulsan hacia fuera. Esta mezcla de gas y polvo se expande radialmente en todas las direcciones y forma la «atmósfera» del cometa, denominada a veces «coma». Su expansión proseguirá en tanto se autoalimente a sí mismo de materia, o sea en tanto surja nueva materia del núcleo. La velocidad suficiente para escapar se logra a través del gas más denso que surge y empuja a estas moléculas hacia el exterior y además por el fenómeno de fotodisociación. Podemos explicar la fotodisociación diciendo que la luz solar aporta a las moléculas de los gases -como en un choque- la energía de sus fotones, y éstas se descomponen en moléculas menores, ganando energía de tipo cinética, que se traduce en un impulso de movimiento.

Las diversas reacciones de esos gases al salir del núcleo dan lugar a una cabellera formada por iones que al alejarse forman la cola de plasma. En el interior de la cola del cometa se dan ciertas reacciones que producen átomos de hidrógeno, que a más de 1000 km del núcleo conforman a veces una gigantesca «corona» de hidrógeno.

Las colas del cometa: hay dos tipos de colas, las de plasma y las de polvo. - Las colas de plasma, están formadas por las moléculas ionizadas (*) en la atmósfera del cometa, que se alejan de ella y a causa de la radiación solar, han quedado aprisionadas en los campos electromagnéticos generados por el Sol y así se han arrollado alrededor del cometa. Los iones forman así una estructura filamentosa, a veces arrollada en espiral, con condensaciones, con nudos, con formas de rayos, flámulas y con perturbaciones a mayor escala. Esta cola ofrece además un aspecto fluorescente, pues reemite la radiación solar absorbida, al igual que ocurre con la cabellera del cometa, dando ello lugar a su aspecto brillante. - Las colas de polvo están formadas por partículas de tamaño micrométrico, arrastradas desde la cabellera por las fuerzas de presión que ejerce la luz solar al incidir sobre los granos de polvo. Estas colas son curvas y borrosas.

Órbitas

Se clasifican los cometas generalmente por la forma de su órbita. Dichas órbitas puede interpretarse que están dentro del Sistema Solar, por lo que se toman por componentes del mismo.

Estas órbitas se hallan dentro del campo en que la atracción del Sol es superior a la atracción de alguna estrella exterior, y ello puede cifrarse en una distancia de 40.000 U.A. (1 Unidad Astronómica = distancia de la Tierra al Sol = 150 Millones de km.). A modo de referencia conviene tener presente que Plutón se halla a 39 U.A.

Se mueven en órbitas elípticas y raramente se acercan al Sol tanto como los planetas. Las órbitas elípticas acercan al cometa periódicamente al Sol, como por ejem. el cometa Enke, cada 3'3 años, el Halley, cada 76 años.

Las órbitas de tipo parabólico o de tipo hipérbola no son curvas cerradas -al menos nosotros no vemos el final de esa trayectoria- y hacen que el cometa no sea periódico en su paso por la proximidad del Sol, o su período es muy largo y no viene hacia nosotros con periodicidad apreciable.

Por la duración de su período pueden clasificarse en:

a) cometas de período corto (de 3 a 25 años), unos 80 cometas, como el Enke (3 años), Temple 2 (5'3) que son los cometas más «viejos» que tras muchos pasos sucesivos cerca del Sol, han ido perdiendo el material que los compone o han visto su órbita modificada por los planetas grandes de nuestro sistema llevándolos hacia el interior de él. Su fin puede ser el acabar como «meteoritos» o descomponiéndose en gas y polvo, como desapareció recientemente el cometa West desintegrado en varias partes.

b) cometas de período medio (de 25 a 200 años), unos 20 cometas, como el Halley (76 años) cuyas órbitas suelen llegar hasta 10.000 U.A.

c) cometas de período largo (más de 200 años), el resto, con 80 observaciones realizadas, cuyas órbitas suelen llegar hasta unas 50.000 U.A. donde se cree que existe la llamada.

El Origen de los Cometas

Según el modelo desarrollado en 1950 por el holandés Jan Oort los cometas se desarrollaron en la región de los planetas exteriores escapando después al espacio interestelar, a causa de las perturbaciones en su órbita provocadas por dichos planetas.

Varios cometas se concentraron en una nube situada a 1 año-luz del Sol (aprox. entre 0,5 a 2 años-luz, es decir entre unas 50.000 a 100.000 Unidades Astronómicas) al borde de la región en que aún domina la atracción gravitatoria del Sol.

Algunos cometas como el Kohoutek, (1973-74), por esporádicas perturbaciones provocadas por el paso próximo de una estrella externa, son impulsados regiones interiores del Sistema Solar. Otros, en cambio, del mismo origen son «capturados» por el Sol y los planetas y obligados a convertirse en periódicos con órbitas elípticas.

Generalmente hoy se admite por la ciencia esta interpretación. Los cometas se apiñan formando una nube, donde se considera que existe un inagotable depósito de cometas. De vez en cuando el paso cercano de una estrella a alguna distorsión gravitatoria provocaría movimientos en el seno de la Nube de Oort, de tal modo que caerían hacia el interior del Sistema Solar y se crean grumos de cometas, es decir, caen en rachas varios cometas hacia nuestros lares. Esta «agitación» provocada por una estrella es un hecho que suele darse cada cien o doscientos millones de años según estimaciones actuales, y existen casos bastante recientes, como el paso de la estrella Epsilon de Eridano.

Pero del análisis de los períodos de ciertos cometas de período corto o medio, como el Halley, de los que se puede predecir cuándo regresan, se tuvo que admitir que debía haber un origen más cercano que la Nube de Oort, aunque más lejano que Neptuno.

Recientemente, desde 1993, 17 cuerpos celestes oscuros han sido descubiertos, conformando el hallazgo de un cinturón de cometas en el Sistema Solar, llamado Cinturón de Kuiper, más allá de Plutón, a una distancia del Sol de unos 100 U.A. (entre 50 a 70 U.A. más allá de Plutón. 1 U.A. = 150 millones de km) Algunos de estos cometas son atraídos hacia el interior del Sistema Solar por perturbaciones gravitatorias de los planetas gigantes en vez de por las estrellas, y al acercarse al Sol serían visibles como planetas, conformándose su cabellera.

Así mismo se encontraron en el cometa Hyakutake, por primera vez, ciertos hidrocarburos saturados que nos dan pruebas del doble origen de los cometas; unos cercanos al lugar donde se formaban Saturno y Júpiter -por contener etano-, y otros próximos a donde se conformaban Urano y Neptuno (Cinturón de Kuiper).

La importancia de los cometas

Actualmente se estudian con verdadero interés dado que se presume que la materia de la que se componen los cometas parece ser procedente del mismo Sistema Solar, suponiendo que dicha materia se halle aún en las mismas condiciones que tenía cuando se formó el Sistema. Por ello tal vez puedan en su día indicarnos cómo era la materia del estado presolar, de aquella nebulosa creada con materia interestelar que por colapso dio lugar a la formación del Sistema Solar.

Un cometa famoso, Halley

El Halley es sin duda el cometa más famoso, y ha motivado con su última venida el interés por los mismos. A través de varias sondas espaciales lanzadas en su proximidad, fue estudiado a su paso entre 1985-86. Ciertas características descubiertas han permitido tener una visión más detallada de los cometas.

Ya a la descomunal distancia de 8 millones de km del núcleo del cometa se apreciaron átomos de hidrógeno ionizados, que procedían de la cola, y que indicaban el primer contacto de Halley con la sonda Giotto, en marzo de 1986. Generalmente la corriente del «viento solar» al chocar contra los iones que surgen del cometa, ya que éste ha creado un obstáculo. En el Halley, la onda de choque, se descubría ya a 1,1 millones de km por delante del núcleo del cometa y tenía un espesor de 40.000 km, donde se interferían el plasma del viento solar con el plasma del cometa.

El cometa Halley ha creado una corriente de meteoros, que es atravesada por la Tierra en su órbita, dos veces al año. En las proximidades del Sol se midió una pérdida de materia de 3 a 10 Ton/seg., y supone una pérdida total a lo largo de la órbita de 100 millones de toneladas. Como su masa total es del orden de 100.000 millones de toneladas, se puede suponer que ejecutará cientos de órbitas más.

Analizado el polvo de la cola del cometa se observa formado por una sustancia ligera compuesta de hidrógeno (H), carbono (C), nitrógeno (N) y oxígeno (O), y una materia pesada y rocosa constituida principalmente por magnesio (Mg), silicio (Si), hierro (Fe) y oxígeno(O). Las sustancias ligeras actúan como un pegamento de las partículas de polvo, y son sustancias orgánicas.

Se comprobó también que el polvo del cometa Halley se formó de la misma materia que el Sistema Solar, según se presuponía anteriormente.

La cabellera despedía un gas compuesto de un 80% de Agua, 10% de monóxido de carbono (CO) , 3% de dióxido de carbono (CO2) , 2% de metano (CH4) y 0'1% de ácido cianhídrico (HCN).

El núcleo está formado, tal como predijo Whipple hace 40 años, como una bola de nieve sucia compuesta de hielos, una componente rocosa y una materia ligera y resistente al calor (que contiene probablemente compuestos orgánicos polimerizados). Forma una roca irregular de 16 x8 x8 km como un cacahuete, con hoyos de los que borbotean chorros de gas y polvo, en la cara que mira hacia el Sol. Así mismo se comprobó que refleja tan bajamente la luz que es el objeto conocido más oscuro del Sistema Solar.

Se confirmó que procedía de la parte más exterior de la nebulosa solar, al comprobar que está conformado por una mayor proporción de elementos volátiles que las que existen en la Tierra y en los meteoritos, con lo que se debió formar en las regiones más frías y alejadas del Sistema.

También se observó una rotación del cometa sobre su propio eje con un período variable entre 53 y 56 días, (similar al giro rotacional que se aprecia en un «electrón» sobre sí mismo al que se llama spín).

El cometa Hyakutake

Avistado a comienzos de 1996, pasó por última vez cerca de la Tierra hace más de 10.000 años, a una distancia tan solo de 15 millones de km (1/10 distancia Tierra-Sol), visible directamente, abarcando unos 30º de longitud máxima de cola, siendo el giro o spín de 27 horas.

El cometa Halle-Boop

Visible desde la Tierra desde febrero a mayo de 1997, será en cambio el cometa más brillante de todos los que hayan sido avistados en el siglo. El núcleo de unos 40 km, presenta una rotación cada 9 ó 10 días, y proyecta varios chorros tras de sí con una gran actividad, aunque ésta es anómalamente variable. Se ha descubierto ya su riqueza en contenido de agua, de ahí que sea tan brillante. Se acercará al Sol, en su distancia más próxima, o perihelio, el 1 de abril, y pasará de la Tierra a 1,35 U.A., aunque el Hyakutake llegó a una aproximación tan sólo de 0,10 U.A. Es un cometa grande, que aún conserva casi toda su masa, y con un brillo inusual y apreciable directamente.

Otros significados de los cometas

El origen del sistema y los cometas reproductores

Según ciertos textos antiguos, guardados por sabios tibetanos, todo el Universo es dual y dicha dualidad del Universo se manifiesta en diversas zonas que se dan en él. Unas zonas de materia primordial similares a óvulos femeninos son fecundados por «Cometas reproductores» que hacen el papel de espermatozoides cósmicos.

Al decir de las tradiciones orientales existen lugares donde la materia condensada como materia en estado puro puede ser fecundada y dar lugar a la creación de una nueva nebulosa estelar. La materia en dicho estado puro es una idea que en las concepciones clásicas vemos como materia primordial, cuando la materia era caótica, antes de ser formada por la Idea, por el Logos, el Verbo, es decir Theos, Dios. Así dicha materia primordial una vez fecundada dio lugar al Cosmos, según la concepción griega.

Lo que se llamaba «materia en estado puro» es un estado previo a la materia conformada como ahora la conocemos, y tal vez se refiera a esa materia virtual, invisible, que actualmente conocemos como antimateria. Dichos puntos, en los que se gesta la vida de un sistema estelar, llamados Puntos Layas por los tibetanos, en la nomenclatura científica del siglo actual pueden encontrarse al hablar del binomio agujero negro-agujero blanco, aunque refiriéndose más bien a este último concepto de fontana o Agujero blanco, del que surgen nuevas expresiones estelares, como exponemos a continuación.

El Universo esconde lugares que a modo de grandes sumideros pueden atrapar y hacer desaparecer estrellas próximas, y atraer hacia sí a toda masa circundante que se sitúe próxima a su horizonte de sucesos. Estos son los llamados agujeros negros, pues dada su capacidad gravitatoria de atraer toda masa que se le aproximase, atraparían incluso la luz.

Para que un agujero negro tuviera tal capacidad de atracción debía contener una masa acumulada en su interior inmensa, del orden de varios soles y al mismo tiempo ser de dimensiones relativamente pequeñas, y entonces su densidad sería muy grande. Bajo estas suposiciones iniciales se pensó que dichos puntos de masa inmensa podrían provenir de la contracción de ciertas estrellas, las estrellas de neutrones, descubiertas en 1960, que en tan sólo 10-15 km de diámetro podrían contener la masa de una estrella como nuestro Sol. Un mayor colapso, una mayor contracción de dichas estrellas, que por demás estaría en la propia evolución natural de las estrellas, daría lugar a dichos «agujeros negros».

Inicialmente fueron interpretaciones teóricas, lanzadas por el inglés John Mitchell en 1783, desarrollando la idea de científicos como Albert Einstein, Openheimer, Penrose, Stephen Hawkins, etc., hasta que recientemente (octubre de 1996) se ha confirmado su existencia en nubes centrales de nuestra Galaxia.

Pero no acaba nuestro viaje en los agujeros negros, sino que la materia insumida en ellos debiera ir a algún lugar, o cambiar de estado y ser reciclada. Las concepciones modernas presuponen que dicha materia es transformada de modo hoy inconcebible para nosotros, pasando tal vez a otras dimensiones de nuestro universo conocido y quizás a otros posibles universos diferentes al nuestro, cruzando puertas hoy desconocidas que nos llevarían a otros universos paralelos.

Pudiera ser además, según ciertas hipótesis a través de los llamados puentes de Einstein-Rosen que dicha materia fuera reinsumida a distancias inmensas en nuestro propio universo conocido por lejanos puntos llamados «agujeros blancos», que devolvieran la materia renovada. ¿Pudieran ser dichos agujeros blancos las fuentes de emisión encontradas en los confines de las galaxias más alejadas que llamamos actualmente cuásars? ¿Sería ésta una forma de renovar la materia hasta volver a su estado puro? ¿Podría renovarse entonces el Universo a sí mismo con sus propios mecanismos? Y si el Universo se recicla a sí mismo, ¿podría prescindirse en consecuencia de una interpretación divina para alentar su funcionamiento eterno?

Analizando también la idea de que los puntos laya pudieran ser fecundados por ciertos cometas que puedan ser portadores de vida, actuando éstos de modo similar a espermatozoides, nos encontramos con que en nuestro siglo ciertos científicos crean una corriente de opinión en tal sentido, avalada además por corroboraciones posteriores con cometas célebres.

El físico inglés Fred Hoyle había ya lanzado esta hipótesis hace unas décadas, pero actualmente se ha visto confirmada tras el paso del Halley, afirmando la capacidad de ciertos cometas de ser «fértiles biológicamente».

La teoría fue anteriormente presentada por Svante Arrenius y retomada por Fred Hoyle, siendo llamada la Panespermia cometaria y suponía que los cometas llevan su germen hasta pasar cerca de los planetas depositándolos en su atmósfera, pudiendo dar lugar a la generación de la vida.

Los resultados de las sondas enviadas a la cita con el cometa Halley, en 1986, en las proximidades de la Tierra han permitido encontrar entre sus componentes pequeñas moléculas estructuradas como los azúcares que se dan en la Tierra, junto a vapor de agua y anhídrido carbónico.

En las últimas décadas también, tras los experimentos de Urey, Miller y Juan Oró sobre el nacimiento de la vida, se afirmaba que si las moléculas de tipo orgánico se hallaran desde la formación de la Tierra en nuestro planeta, en una atmósfera plagada de ciertos gases no se hubiera podido producir la vida. En una atmósfera primigenia, muy enrarecida, con gases lanzados por los volcanes compuestos de anhídrido carbónico, nitrógeno molecular y vapor de agua, no se dan reacciones de la química orgánica, por tanto el germen de la vida tuvo que llegar de lo alto, de cometas o meteoritos, que albergaran compuestos orgánicos. De estar presentes en la Tierra desde su formación dichos compuestos de tipo orgánico no hubieran soportado las duras condiciones a las que fueron sometidas.

Actualmente el científico tejano W. F. Huebner, analizando los resultados de la sonda espacial Giotto lanzada para observar al Halley, encontró un polímero, es decir, una cadena de moléculas de varias unidades, como cosa novedosa e insólita en la química del espacio hasta la actualidad. Un polímero no es tan sólo una molécula grande, sino una cadena de moléculas, al igual que en los seres vivos donde combinaciones de moléculas básicas conforman las células. Estas moléculas básicas en la formación celular son siempre alguno de entre 20 aminoácidos, 5 bases y 2 azúcares.

Por lo tanto, a la luz de los conocimientos de la composición de ciertos cometas, debido a los detallados estudios del Halley, se puede afirmar que -al menos algunos cometas- son portadores de sustancias de tipo orgánico capaces de dar lugar a la vida si entran en interacción con un caldo de cultivo apropiado, es decir, por emplear el curioso nombre actual, con una sopa cósmica adecuada... Ello mismo ha sido ampliado con los conocimientos que se derivan del paso del cometa Hyakutake. De tal modo los científicos admiten que ciertos componentes orgánicos de algún cometa, desprendidos de él, pudieran haber entrado en contacto con la Tierra hace unos 4000 millones de años, en su etapa de formación primigenia, aportando los elementos generadores de la vida a un caldo de cultivo apropiado.

Así las concepciones tradicionales han pasado de ser denostadas a ser asumidas, aunque nuestra ciencia no divulgará nunca que ello ya se afirmaba en la Antigüedad. Los cometas han pasado de no ser considerados a ser la única posibilidad de que se pudiera preservar la vida. ¿Poca memoria histórica o vanidad científica de nuestro siglo?

Hoy se cree que los cometas junto a los meteoritos pueden ser portadores de bacterias, sembradores de moléculas orgánicas, origen de vida potencial. Esta teoría aunque con científicos renuentes al principio, se va imponiendo dada su confirmación. La única pega a la teoría de la Panespermia es que se cree tan sólo en la casualidad, y tal vez ciertos cometas sean de tipo reproductor y otros no, -sino meros restos de cometas activos biológicamente-, respondiendo a un plan previo, a unas leyes que aún desconocemos..., ¿por qué no?, ¿no ocurre igualmente en el caso de los espermatozoides, que lo son en base a un plan genético previo?

Una anécdota permite intuir que ciertas bacterias pueden viajar por el espacio sin sufrir daño, como aquellas que llegaron de la Luna a la Tierra a bordo del Apolo XII, cuando éste las recogió de la Luna con una cámara de televisión olvidada dos años antes por el módulo lunar Surveyor III.

Si experimentos en laboratorio de Urey y Miller a partir de una sustancia sometida a descargas eléctricas, compuesta de agua, hidrógeno, metano y amoníaco, dieron lugar a la producción de muchos aminoácidos, (que son los bloques constituyentes de las proteínas), azúcares, urea, almidón y otras moléculas orgánicas que participan en los procesos biológicos, no sería extraño que de los componentes de un cometa se pudiera iniciar un proceso biológico, si bien ello es más complejo que los experimentos teóricos de laboratorio.

Se han hallado en el Halley proporciones de azufre y oxígeno similares a las encontradas en la Tierra y en los meteoritos, y en cambio en el agua del cometa se ha hallado mayor proporción de hidrógeno pesado que en el gas interestelar. Todo ello nos ha hecho ver que responden a estructuras químicas que se dan en condiciones diferentes a las de la Tierra, a bajas temperaturas y en zonas alejadas al Sistema Solar, con menos nitrógeno y carbono libre de los que cabría esperar, y que muestra las condiciones de la nebulosa inicial que dio lugar a la condensación del Sistema.

En cambio en el cometa Hyakutake se encontraron moléculas de acetileno y de ácido cianhídrido (HCN), que es un componente habitual en el centro de las nubes interestelares, lo cual corrobora que data de la formación del Sistema Solar.

Hagamos un resumen de conclusiones sobre lo que conocemos:

Hoy sabemos que los cometas tienen una antigüedad similar a la antigüedad de la nebulosa primitiva de polvo y gas de la que surgieron los planetas, aproximadamente unos 4600 millones de años atrás.

Por lo tanto: «puede decirse que no es descartable que fueran causantes de la gestación de dicha nebulosa primigenia, tal como afirma la Ciencia Esotérica».

Poseen la misma estructura que poseían desde su formación, a causa de su pequeño tamaño y del frío que los conserva; física y químicamente se mantienen sin grandes alteraciones.

Por lo tanto: «pueden contener elementos o partículas materiales en condiciones similares a las primigenias».

Los cometas como enlace de sistemas estelares

Se nos dice también -según el esoterismo tradicional- que los cometas sirven de enlace de diversos Sistemas Estelares al igual que los electrones de valencia mantienen unidos los átomos conformando moléculas.

Los últimos estudios sobre los cometas de reciente paso, próximos a la Tierra, han dado lugar a la posibilidad -antes remota- de afirmar que un cometa tiene en algunos casos el aspecto de un electrón y tal vez el papel de enlace de sistemas.

Para ello repasemos nuestro conocimiento científico de los cometas, de modo que pueda ser resumido en unos pocos puntos básicos, tal como sigue, aplicándolo a la comprensión de las tradiciones antiguas:

Sus órbitas se hallaron inicialmente atrapadas entre las de los planetas actuales Saturno-Júpiter, o bien entre Urano-Neptuno, y por las perturbaciones de las masas de estos planetas se fueron quedando atrapados hacia el interior del Sistema, en órbitas alrededor del Sol o bien se fueron precipitando hacia el exterior del Sistema Solar, en sus confines, a distancias de un año-luz, pero aún sometidos a la influencia gravitatoria del Sol. La mayoría quedaron atrapados en esta última zona , la Nube de Oort .

*Por ello: vemos una analogía básica, pues sabemos que los electrones tan sólo pueden trazar alrededor del núcleo ciertas órbitas, pero pueden trasladarse a órbitas más alejadas del núcleo si son «excitados», es decir alterados por un aporte de energía suplementario. En cambio si pierden esa energía caen a sus órbitas originales, o sea, a lo que se llama su estado básico. Con cada uno de estos cambios el electrón «absorbe» o «emite» una energía, en forma de emisión de una radiación de una determinada frecuencia particular. Así, en los cometas, el acercamiento de un planeta, por mera acción gravitatoria seguramente los frena por ser una masa mayor que retarda el núcleo cometario al aproximárseles, o bien, son proyectados hacia el exterior de nuestro Sistema siendo preciso para ello el aporte de una energía suplementaria externa, como puede ocurrir con la influencia de una estrella próxima. Por tanto tienen cierta movilidad los cometas, al igual que ciertos electrones en un átomo.

Los electrones que sirven de enlace entre diversos átomos generalmente o son compartidos con los electrones de otro átomo, o bien, como electrones que se ceden formando un enlace. Generalmente permanecen en una nube intermedia entre ambos átomos, o bien los electrones de uno y otro átomo, enlazados a modo de una nube circulan alrededor de ambos átomos (o sistemas) que se enlazan.

*Por ello: del mismo modo podemos considerar los cometas enlazando sistemas estelares en vez de átomos. Ellos van y vuelven rodeando esos confines y por ello por momentos los perdemos de nuestra vista, dado que trazan trayectorias abiertas de las que no vemos el final (parabólicas o hiperbólicas desde nuestro punto de vista). Pero dichas trayectorias nos parecen así porque no alcanzamos a ver su final, aunque tal vez sean también elípticas pues el retorno de los cometas sea de tan larga duración que no lo podamos apreciar en la brevedad de nuestra vida frente a la del cosmos. Recordemos el Hyakutake, que regresa cada 10.000 años aproximadamente.

Así mismo sabemos que los cometas dentro de su movimiento de traslación, se desplazan girando sobre su propio eje (53 a 56 horas en el caso Halley, y 27 horas en el Hyakutake).

*Por ello: en el caso de los electrones tienen un giro sobre sí mismos llamado spín que puede darse en un sentido o su contrario, como el movimiento de una broca, o de un taladro de mano al desplazarse.

Se ha comprobado el mismo giro en los cometas. Tal vez nos falte comprobar en un futuro en otros cometas que ese giro que tiene es proporcional a unas ciertas magnitudes, para poder descubrir su sentido aún oculto, porque sabemos cómo se realiza pero no su por qué. Un cometa, y sus analogías con un electrón nos guardan aún muchos secretos para el futuro. Así, algo aparentemente tan natural como el giro sobre sí mismo debe tener un sentido. Sabemos que se da porque se cargan las partículas y se van arrollando por magnetismo, pero nos referimos a un sentido más profundo, y no tan fenoménico. Si De Broglie demostró que toda partícula subatómica tenía asociada una onda no visible, ¿sería éste el caso de un cometa, como partícula de nuestro sistema atómico-estelar? ¿Habrá similitudes, salvando las distancias, entre la masa y velocidad de un electrón y las de los cometas? Es un trabajo interesante que habrán de desarrollar los esoteristas venideros.

Sabemos que los cometas que son proyectados en órbitas hacia el interior del Sistema Solar tienden a perder masa ya que cada vez que se acercan al sol se desgasifican al elevarse su temperatura y se evaporan paulatinamente. Así ceden el material que conforma la cola y pierden masa del orden de miles de toneladas por segundo cada vez que se acercan al Sol. En los cometas, y véase la referencia del Halley, el núcleo del cometa se halla ubicado con exactitud, pero en toda la trayectoria de un cometa hallamos «trazos» de él, restos meteoríticos de sus componentes que se han ido desgajando y quedan en la traza de su paso. Es como decir que el cometa tiene fragmentos a lo largo de toda su órbita.

*Por ello: también sabemos que los electrones no se hallan en un sitio definido sino que se pueden hallar en unas posiciones llamadas orbitales. Dichos orbitales conforman lugares con formas geométricas definidas, desde esféricas formas a veces tan extrañas como las hojas de una margarita. Los electrones cabe la posibilidad de que se hallen en cualquier punto de esas orbitales, pero no fuera de ellos, aunque es mayor esa probabilidad en lugares definidos dentro de esos orbitales, según demostrara Max Born.
Los planetas agregados, o planetas con vocación de cometa
Según las tradiciones antiguas ciertos planetas del Sistema solar, los más alejados, no tuvieron su origen cuando se formó el resto del Sistema solar.

Por ello podemos interpretar que los planetas que no son parte integrante del Sistema Solar, agregados con posterioridad, lógicamente le influyen, pero como un catalizador, que sin ser parte fundamental actúan como filtros de diversas energías cósmicas que puedan ser dañinas para él. No son planetas inertes, aunque actúan modulando o amplificando influencias externas al Sistema. De hecho sabemos astrológicamente que su influencia existe, y estos planetas de ciclo largo propician el nacimiento de grandes ideas, el desarrollo o la destrucción de grandes imperios, guerras, pestes, etc.; precisamente ésto ocurre porque su influencia sobre la Tierra y el hombre es importante, aunque actúan sobre nosotros de cuando en cuando. Quizás algún día entendamos también en su verdadera magnitud en qué modo actúan respecto a esas influencias exteriores sobre el Sistema Solar que canalizan.

Buscando una analogía: actualmente se sabe que el viento solar, como corriente de partículas de protones y electrones emitida por el Sol, actúa sobre la Tierra, de modo que sus protecciones magnéticas, la magnetosfera terrestre, se ve obligada a desviar esas partículas (electrones negativos hacia la derecha del planeta, visto desde el Sol, o sea al crepúsculo terrestre, y las partículas con cargas positivas hacia el amanecer), y de ahí la distinta influencia que tienen el amanecer o el crepúsculo, según apuntaba ya el esoterismo. Si la Tierra tiene estos mecanismos de defensa con respecto al viento solar, ¿no será lógico que todo el Sistema Solar, como una burbuja magnética tenga también sus campos magnéticos, o planetas, -aunque de un modo que aún desconocemos- que deban proteger el Sistema desviando influencias dañinas?

Analicemos por ejemplo el caso de Plutón, que es muy extraño en el Sistema Solar: Plutón tiene el mismo tamaño que Mercurio. Su órbita está inclinada respecto al plano de la eclíptica 17º, y en grandes períodos de tiempo su órbita está más cerca del Sol que el planeta que le es anterior, Neptuno, como ocurre actualmente hasta final de siglo, estando luego más allá que Neptuno por 220 años. A tal fin en su libro Sol, lunas, planetas nos dice el autor Erhard Kepler «todas estas peculiaridades hacen dudar de la consideración de Plutón como un planeta. Podría ser también un asteroide lanzado a su órbita actual por una perturbación orbital». Ello nos demostraría al menos que no apareciera en nuestro Sistema en el mismo momento que los restantes planetas, sino que fuera posteriormente agregado como afirma el esoterismo. Asimismo, según indica Artur Klein, su capacidad de reflejar la luz solar es impropia para un planeta tan diminuto y distante a la fuente solar, y «sería próximo al valor que alcanza el de los planetas externos más claros, lo que pondría en entredicho la supuesta pertenencia de Plutón al grupo de planetas terrestres».

Además, se puede afirmar que el alto contenido de roca de Plutón también nos indica que no se ha podido formar en la nebulosa que diera lugar a los restantes planetas. El que, en la superficie, Plutón esté conformado por hielo de metano y por hielo de agua su satélite Caronte, nos avala la teoría de una formación en el Sistema Solar externo, donde estos hielos condensan.

Según Luis Mª Lara, (Rev. Universo feb-97) «las densidades elevadas de ambos cuerpos también apuntan a una formación a partir de la nebulosa solar». Continúa el autor, Luis Mª Lara, apuntando que Plutón y Caronte son dos componentes de entre otros varios cuerpos helados (unos 30) que posiblemente giraban alrededor de Urano y Neptuno al conformarse éstos y fueron lanzados hacia el Cinturón de Kuiper donde residen los cometas, por perturbaciones desde Urano y Neptuno. Sólo Plutón, Caronte y Tritón permanecen a esa distancia de 20-30 U.A. (unidades astronómicas = distancia Tierra-Sol).
Los niveles en que se agrupan los cometas
Hemos visto que según ciertos textos tradicionales el Sistema Solar sería análogo a un átomo, en que el Sol fuera el núcleo y los planetas fueran sus electrones. Pero ciertos cometas actuarían como electrones de enlace.

Actualmente se ha comprobado la existencia de unos 30 cometas que se agrupan en una zona que está entre Saturno, Urano y Neptuno, llegando más allá de este último, que es el llamado Cinturón de Kuiper. Se dice que podría albergar hasta miles de estos cuerpos que son mitad cometas mitad asteroides.

Ya hablamos también de la existencia de una supuesta Nube de Oort, verdadero enjambre de cometas a distancias de unas 100 U.A., pero la existencia de cometas de ciclo más corto hizo pensar en este Cinturón más interior, que estaría entre las 30 a 50 U.A. (estando Plutón a unas 39 U.A.), llamado el Cinturón de Kuiper.

Sabemos también que ciertas perturbaciones pueden llevarlos hacia dentro del Sistema o hacia su exterior, como si se tratara de electrones situados en bandas o niveles energéticos, en equilibrio inestable, que al ser excitados saltan o bajan a otra capa o nivel. ¿Casualidad?; ¿qué nos recuerdan esas capas o niveles de cometas alrededor de un centro? Podríamos con todos estos elementos imaginar el Sistema Solar como un átomo, en el que pululan en niveles varios electrones, y aun tal vez descubrir elementos desconocidos de un átomo descubriendo elementos nuevos en nuestro Sistema Solar. Hay paralelismos que van aclarándose con el tiempo, y tal vez éste sea de los más bellos si llegamos próximamente a confirmarlo.

Conclusión final

Los cometas, esos seres maravillosos, con su movilidad parecen dejar claro que están vivos. Se ven sometidos a cambios y variaciones de rotación, de luminosidad, tan notorias como las que ya se aprecian en el Halle-Bopp, y desafían las leyes de la gravedad en las mismas barbas del Sol, como ya dijera H. P. Blavatsky en el siglo XIX. Nos parece normal que desplieguen su cabellera de millones de kilómetros en sentido contrario al Sol, en contra de la acción gravitatoria, porque aunque sea materia más sutil, es materia al fin y al cabo, y aun siendo explicable por la presión del viento solar es extraño que no sea atraída por la inmensa masa del Sol. Y en cambio, al mismo tiempo, el núcleo del cometa sigue su trazado impertérrito y obstinado bordeando el Sol.

Dotados de una belleza especial siempre han sido interpretados por la tradición como portadores de buenos o malos augurios. De momento últimamente son portadores de una nueva concepción científica, más próxima a la mentalidad de Acuario, más holística, en que todos los seres tienen algo que decir, algo que aportarnos, algo que enseñarnos y, lógicamente, también algo que influirnos.

Como escribiera el Prof. J. A. Livraga, los seres del espacio son algo más que rocas, están vivos, nos influyen en la misma medida en que nosotros podríamos influirles si atisbáramos siquiera esta posibilidad. Pero no hablamos de meras influencias técnicas, sino astrológicas..., como mensajeros del origen de nuestro sistema que abren y cierran ciclos, que promueven y frenan estados biológicos, inquietudes, tal vez sueños, tal vez ideas, en una medida que aún desconocemos. Saludemos por tanto expectantes un ciclo nuevo que tal vez nos deparará el más brillante cometa del siglo, el Halle-Boop.

El tiempo dirá como siempre, si aquellos sabios del pasado lo eran menos por conocer el cosmos con menor parafernalia técnica, aunque con mayor bagaje humano. Ello no es tan sólo cuestión de fe o credulidad, sino que la verdadera mentalidad científica se apoya en ideas que al darse como posibles nos permiten intuir nuevas posiciones de vanguardia.

Sea como fuere, y citando de nuevo a Livraga, más allá de todo no puede haber otra cosa que no sea un eterno misterio dinámico, una perfecta mente cósmica capaz de generar dimensiones tan poco casuales. Si Dios no existiera, de seguro habría que fabricarlo, pero no para inventar un sentido a las cosas, sino para justificar el sentido que ya tienen.

Para saber más:

. Sol, Lunas y Planetas. Erhart Kepler. Editorial Salvat.
. El Universo. J. Montoriol-Pous. Ediciones Jover.
. Gran Enciclopedia de las Ciencias. Artur Klein. Aguilar S.A.
. Las maravillas del Cosmos. Colin A. Román. Biblioteca de Conocimientos Científicos. Salvat.
. Física. Materia, Atomos, Energía. Círculo de Lectores.
. Halley. El libro del cometa. Editorial Orbis S.A. Colección Muy Interesante.
. Revista Conocer: Azúcar en el Halley. Ana Alter.
. Revista Muy Interesante: Dossier Especial El Nuevo Universo. Nº26.
. Revista Universo: Plutón, el planeta del Astrónomo. Nº 20. Luis Mª Lara.
. Doctrina Secreta. Tomo II. H.P.Blavatsky.
. El Universo como respuesta. De Magia Religión y Ciencia para el Tercer Milenio. Tomo II. Editorial NA.

Ramón Sanchís Ferrándiz

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