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Junio 2016

Un cuento explicado con las claves de Jung

Escrito por  Beatrice Weinelt
Un cuento explicado con las claves de Jung

Jung supuso una revolución en la manera de interpretar la mente humana. Sus investigaciones de los símbolos que se repiten en sueños y leyendas, en mitos y tradiciones, nos permiten analizar algunas historias que nos desvelan significados profundos para el conocimiento del ser humano.

Un cuento hermético: El espíritu de la botella

Antes de adentrarnos en el significado del cuento de los hermanos Grimm «El espíritu de la botella», nos puede resultar de ayuda el conocer algunos conceptos de la psicología junguiana.

El Yo designa la totalidad y la unidad de todos los fenómenos psíquicos en el hombre. El Yo abarca tanto el centro más interno de cada individuo como lo que circunda a ese centro, conteniendo lo que puede saber, lo que no puede saber y lo que todavía no puede saber, lo consciente y lo inconsciente, es decir, aúna en sí todos los potenciales ya despiertos y los todavía no descubiertos; luz y sombra. El Yo viene definido como un todo en el que los opuestos se unen.

El concepto del inconsciente abarca todas las experiencias y contenidos psíquicos que no pueden ser percibidos ni por la conciencia ni por el Yo. Según la concepción de Jung, hoy hablamos tanto del inconsciente porque en esa zona del alma impera con fuerza una vida y un movimiento. Después de que el pensamiento imaginario y muchos símbolos cayeran en el olvido, su fuerza inmanente se ha ido retrotrayendo al inconsciente, algo que en muchas personas es causa de miedos y ansiedades. Jung diferencia entre un inconsciente personal y uno colectivo. En los sueños aparecen –sin que el sujeto que sueña tenga tradición histórica alguna– imágenes arquetípicas y temas mitológicos que provienen de lo profundo del alma, del inconsciente colectivo.

La conciencia: para este término, Jung utiliza la imagen de una esfera. La esfera es la psique con todos sus componentes conscientes e inconscientes. La parte iluminada de la esfera es la conciencia y el Yo es el centro de este campo de conciencia.

Arquetipos: son estructuras dominantes en el inconsciente del ser humano y organizan la vivencia interior en imágenes y temas según determinados patrones básicos. Según la concepción junguiana, los arquetipos no tienen contenidos determinados (recordemos la teoría de las ideas de Platón), sino que son estructuras predeterminadas, algo así como si fueran las redes cristalinas de los minerales, alrededor de las cuales se agrupan experiencias psíquicas específicas.

Individuación: designa el proceso de maduración interior al que Jung atribuye un especial significado, conocido también como «autorrealización» o «desarrollo integral». Un momento importante en él es el encuentro con la propia «sombra», es decir, el aspecto oscuro, inconsciente, de la personalidad.

Símbolo: los símbolos son, según Jung, «transformadores de energía» en las vivencias íntimas y experiencias emocionales. Un símbolo es capaz de reflejar en una sola imagen contenidos con muchas claves o capas, y transmite verdades interiores que sirven para el desarrollo integral del individuo. La capacidad de crear símbolos es inherente a la psique y es expresión de una vida sana del alma.

Anima y Animus: son representaciones provenientes del inconsciente. Son siempre del género contrario: en el hombre la imagen toma forma femenina (anima); en la mujer, masculina (animus).

El espíritu de la botella

Podemos resumir el cuento así:

«Érase una vez un pobre campesino que tenía un único hijo al que quería mandar a estudiar. Pero como solo le pudo dar una suma muy pequeña para que fuera a la universidad, pronto se le acabó el dinero, antes de poder hacer los exámenes. Así es que tuvo que volver a su casa y ayudar al padre en su trabajo en el bosque. Un día, durante el descanso del mediodía, deambulando por el bosque llegó hasta un viejo y enorme roble. Allí escuchó una voz que salía del suelo y que decía: “¡Sácame de aquí! ¡Sácame de aquí!”.

Empezó a excavar y, entre las raíces del árbol, encontró una botella muy bien cerrada de la que aparentemente salía la voz. Tiró del tapón, y hete aquí que salió un espíritu que, al momento, se hizo tan grande como la mitad del roble. El espíritu se dirigió a él diciéndole: “Estaba encerrado aquí por castigo. Soy el poderosísimo Mercurius. Al que me libera, le tengo que romper el cuello”.

La perspectiva asustó al joven y se le ocurrió una treta. Le dijo al espíritu que cualquiera podría decir que era un espíritu que estaba metido en una botella; que esto, antes de nada, se lo tenía que demostrar.

El espíritu, para probárselo, se volvió a meter en la botella. El joven la cerró inmediatamente, con el espíritu de nuevo dentro. El espíritu le prometió entonces una recompensa si le volvía a dejar salir. El joven aceptó, le volvió a liberar y recibió a cambio un trozo de tela. Cuando, más tarde, el joven pasó la tela por un hacha rota, esta se hizo de plata, y pudo venderla por 400 táleros. De esta manera, padre e hijo se liberaron de sus preocupaciones. El joven pudo continuar sus estudios y, gracias a la tela, pudo más tarde llegar a ser un médico famoso».

Mercurius (Hermes)

Un cuento hermetico 1 hermes 2El cuento –como los sueños en la psicología junguiana– se puede interpretar como «mensaje sobre sí mismo del inconsciente». Sucede en un bosque, en un lugar oscuro e impenetrable que, como el mar o las aguas profundas, simboliza lo desconocido y misterioso. En este contexto, el bosque corresponde al inconsciente propiamente dicho.

Los árboles son –como los peces en el mar– los seres vivos que componen el bosque, o sea, los contenidos del inconsciente. De entre los árboles –los seres vivos del bosque– sobresale uno. El árbol es un roble, en cierta manera el rey de los árboles, que puede ser entendido como una suerte de centro en el inconsciente, símbolo del principio y fin del proceso de individuación. El roble expresa el núcleo de la personalidad todavía inconsciente y su simbología, como planta, apoya esta imagen. Todo esto quiere decir que el héroe del cuento no es aún consciente de sí mismo. Para él, el árbol guarda un gran misterio que no se encuentra en la cima, sino que está oculto en las raíces, en lo que penetra hasta lo «mineral-inanimado», con lo cual lo inanimado se convierte en fuente de lo animado.

El misterio que está oculto entre las raíces es un espíritu en una  botella que exige al  héroe que lo libere. Está metido contra su voluntad en la tierra entre las raíces del árbol, prisionero y encerrado, adonde él no llegó por medios naturales sino que se le desterró previamente, en una botella que, tras lo cual, fue escondida. El mensaje del cuento sería que la esencia hermético-mercuriana, bajo circunstancias normales, se desarrollaría libremente, pero que, por una intervención, se ha visto encerrada y privada de su libertad. Se presenta como un mal espíritu, algo que su felonía parece confirmar, y está desterrado en las raíces, o sea, en la tierra o, lo que es lo mismo, en el cuerpo, en la materia. El espíritu malo no es en este cuento el mal en sí sino que está encerrado en la materia, de manera que no se puede mover libremente.

La botella es un producto artificial y significa la limitación o aislamiento del espíritu frente a su entorno. En la alquimia, la botella, cual «recipiente hermético», estaba igualmente cerrada, es decir, sellada con el símbolo de Hermes. Tenía que ser de cristal y, a ser posible, esférica, para representar el universo. El cristal es como si fuera agua sólida o aire sólido, el símbolo del espíritu; la botella entonces es una suerte de retorta alquímica. En el estadio inicial del proceso de transmutación, el espíritu-mente es todavía «malo», pues es una fuerza inconsciente, incontrolada, y tiene que ser dominada primero. El árbol y sus raíces –el inconsciente– no son todavía idénticos sino solo depósito del mismo. Es llamativo que, en el cuento alemán, el nombre del espíritu sea literalmente el de Mercurius, algo que nos lo revela como una leyenda alquimia simplificada.

Al espíritu Mercurius no se le puede comparar aquí con el tema del «demonio engañado», ya que aquí no se le engaña para salvar un alma de la que él se quería apoderar o robarla. Aquí, en cierta manera, se le lleva a otra cara de su naturaleza cuando el héroe, con una treta, logra que se meta otra vez en la botella y que, como consecuencia, le haga entrega de un regalo benefactor como recompensa, una especie de ayudante mágico. Con la tela pule su hacha, su herramienta interna, que al final le supone una gran recompensa. Este trozo de tela, en otra versión del cuento, se comporta como un emplasto medicinal que puede volver a unir lo que se haya roto.

En este cuento tan simple, se representa la mente dual. Presa en la materia pero sin pertenecer a ella, habiendo sido metida ahí por otra fuerza de la que en el cuento no se dan pormenores, se nos muestra primero como un poder egoísta, interesado, destructivo, que todavía no está domesticado ni educado y que incluso se convierte en una amenaza para el héroe. Cuando el héroe logra vencer al espíritu-mente con sus mismas armas y, gracias al gran arte de la astucia, lo atrae otra vez a la botella, denota la transmutación de un poder mental-espiritual superior que, en adelante, otorga dones y bienestar a su poseedor. El espíritu-mente ha encontrado su maestro desde la cautividad, pasando de la libertad ilegítima a la verdadera liberación. El espíritu inicial de la botella pasa a ser, en el resto del cuento, irrelevante. Nos cuenta de lo bien que desde entonces le fue al joven, pero no nos dice nada más del espíritu Mercurius mismo. El espíritu Mercurius, por lo tanto, se entiende como un catalizador y pone de manifiesto la transformación interior del héroe.

Con imágenes muy simples podemos reconocer la transmutación del «espíritu malo», Kama-Manas (nombre con el que los orientales denominaban a la mente egoísta), en el «buen espíritu», Manas (nombre que daban a la mente superior, inegoísta).

La moraleja esencial del cuento está en la transformación del ser humano. Cada representación simbólica, desde la del padre, pasando por la del árbol, hasta la del espíritu en la botella, es la imagen de cada paso en el estado interior y de un proceso. Al principio es todavía inconsciente, pero está dispuesto a aprender. Tiene que acabar con el aprendizaje de cosas en el exterior, es decir, retornar de la universidad y llegar al aprendizaje interior enfrentando su gran prueba en el bosque. El espíritu en la botella le amenaza, pero hace que despierten en él potenciales interiores. Por último, y gracias a ello, no solo se salva él mismo sino que se convierte en salvador y curador de los seres humanos.

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