Noviembre 2009

Los Escitas, un pueblo de las estepas

Escrito por 
Los Escitas, un pueblo de las estepas

Por Mª Ángeles Fernández

En el siglo V de nuestra era el historiador Herodoto nos dejó una completa historia del pueblo escita, cuyo país, según relatan sus leyendas, perteneció primero a los cimerios: un nombre que, para los seguidores de las aventuras de Conan el Bárbaro, siempre tendrá resonancias de mágicas aventuras...

Herodoto conoció a los escitas del norte del Mar Negro, porque mantenían relaciones con las colonias griegas de la zona. Construían enormes túmulos funerarios llamados kurganes, algunos de los cuales se han conservado hasta nuestros días. No todos, ciertamente, porque corrían leyendas sobre las riquezas que encerraban y muchos de ellos fueron víctimas de los saqueadores; y parece ser que esas leyendas eran una realidad, a juzgar por los muchos tesoros encontrados posteriormente. Los arqueólogos, en los kurganes excavados, han descubierto magníficos objetos de arte pertenecientes a la cultura escita, sobre todo de los siglos V a III a.C.

Estas excavaciones no son actuales, sino que se iniciaron hace mucho tiempo. En 1763 se excavó cerca de la actual Kirovograd, en Ucrania, una rica sepultura escita, en la cual se encontró una gran cantidad de objetos de oro y plata, entre los que se contaba un akinakes de hierro, nombre que daban los escitas a sus espadas cortas, en cuya empuñadura y vaina se habían grabado con gran maestría criaturas fantásticas y dioses antropomorfos, así como el hom o árbol sagrado oriental. Todos los objetos hallados pasaron a incrementar la colección de Pedro el Grande, que ya contaba con piezas de oro de kurganes de Siberia, hallados y donados por el propietario de una fábrica metalúrgica de los Urales. En vista de lo cual el Zar promulga un decreto ordenando que en Rusia "se recojan en la tierra y en el agua las armas antiguas, las viejas inscripciones, la vajilla y todo cuanto sea viejo e insólito."

Todo lo viejo e insólito. Nos encanta la definición. Su origen, considerado simplemente siberiano, sólo se pudo establecer cuando se estudió la desconocida cultura escita en un amplio territorio. Así se pudo conectar el alto grado de unidad cultural del cinturón de estepas y estribaciones desde el Danubio al Oeste hasta la Gran Muralla de China al Este. En un territorio de más de 7000 km de longitud se hallaron los mismos adornos, las mismas espadas de hierro, las mismas puntas de flecha trilobuladas. Las representaciones animales son sin embargo muy variadas, conformando lo que ha venido a denominarse estilo zoomórfico escita - siberiano. Estos vínculos existían ya en la época cimeria, como demuestran excavaciones realizadas en la república soviética de Tuva: en la sepultura de un jefe se encontraron trozos de tejidos iraníes, dos siglos más antiguos que los hallados en Altai. Así pues, había un intercambio desde época cimeria, con un tipo de economía basada en la ganadería seminómada, sobre todo de cría de caballos, indispensables en un territorio de enormes proporciones. Necesitaban además oro, plata y bronce, como se demuestra en el mucho que utilizaron en las piezas halladas, y del que se carece en las tierras escitas, así como el estaño, que con el cobre permite obtener el bronce, y que falta por completo en los territorios desde el Danubio al Kazajstán oriental.

Los rasgos culturales se difundían de tribu en tribu, pero desconocemos el punto de origen. Posiblemente procedieran también de incursiones guerreras, de conquistas, porque las tribus ganaderas estaban siempre armadas y formaban verdaderos destacamentos militares. Tal como cuenta Herodoto, su historia se ha visto confirmada por el hallazgo de tablillas en Nínive que hablan de la existencia de los cimerios en Asia Anterior a mediados del VIII a.C. Un siglo después los escitas tomaron parte en la destrucción de Asiria, como se narra en la crónica del rey Babilonio Nabopolasar, entre el 616 y el 609.

Las excavaciones de Ziwiyé confirman la existencia de relaciones entre los escitas y el Asia Anterior, con el hallazgo de piezas en las cuales la representación de elementos de estilo oriental va unida a los característicos del arte escita. Los objetos de oro presentan analogías con los de los kurganes, tal como una espada con empuñadura y vaina de oro y un hacha de hierro con empuñadura de oro, muy semejantes en ambos lugares. Algunos elementos escitas, como el ciervo tumbado con las patas recogidas, se unen a otros del Asia Anterior, como el hom o árbol de la vida rodeado de divinidades. Existía pues un intercambio de modelos entre los artesanos.

Generalmente la palabra escita designa sólo a las tribus de las estepas del Mar Negro; pero el mundo escita es en realidad un conglomerado de tribus diversas que forman una comunidad económica y cultural a lo largo y ancho de un extenso territorio. Entre el siglo VI y el II a. C. floreció en las estepas preuralianas del Don y del Volga una cultura semejante a la de los escitas del Mar Negro, a la que los griegos llamaron sauronates, y a través de los cuales se estableció contacto con las tribus del Kazajstán oriental, y a través de este camino, vínculos con la región montañosa del Altai, en Liberia. Los kurganes de esta región han proporcionado muy buenos hallazgos, porque el suelo permanentemente helado los ha preservado tanto del deterioro como de los saqueadores. Los objetos son de cuero, madera, hueso, fieltro y metal, con rasgos que evidencian los contactos con China, Irán y los escitas. También el contacto con las colonias griegas del Mar Negro influyeron, en el siglo VII, en el desarrollo de la cultura escita, con la particularidad de ser todos adornos de oro. De esto son ejemplo las joyas encontradas en 1830 en el kurgán de Kul-Oba, en que, en una elaborada sepultura, se encontraron gran cantidad de joyas griegas de factura escita. Con esta tumba se comenzó el estudio sistemático de las relaciones grecoescitas. Lo más importante hallado es un magnífico torques de oro con jinetes escitas en los extremos, de magnífica talla, y un vaso de electro en el cual hay grabados cuatro grupos de personajes que representan un relato griego sobre los orígenes del reino escita según el relato de Herodoto: los tres hijos de Targuitaos, héroe escita, y de la diosa de cola de serpiente, se disputan el trono. Para decidir quién lo logrará, tratan de tensar el arco del padre, como en el relato de Ulises. Lo logra el menor, Skithes, que reinará sobre la Escitia.

En todo el arte escita se pone de manifiesto la no sólo esporádica relación mantenida con los países más o menos lejanos que contribuyeron a crear vínculos entre la Europa oriental y el Oriente a través del corredor ya abierto a mediados del primer milenio antes de Cristo y que siglos después iba a constituir la Ruta de la Seda, que conducía desde la orilla oriental del mar Mediterráneo hasta el río Hoang Ho en China, a través de Irán, Asia Central y el Turquestán.

Son culturas, arte, paisajes, que nos abren caminos de fantasía, lejanas aventuras, historias de guerreros cabalgando por las estepos, nombres sonoros de olvidados personajes rozando con la leyenda.

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