Mayo 2013

Newton, ese gran desconocido

Escrito por  Luis Llera
Newton, ese gran desconocido

El nombre de Newton resulta familiar incluso para aquellos que nunca han tenido inquietudes científicas. Sin embargo, muchos especialistas, no solo científicos, sino también historiadores, están convencidos de que su obra esconde todavía mensajes que no han sabido valorarse lo suficiente y que aportan otra dimensión a la vida y obra de este gran pensador.
En los últimos años se viene considerando, sobre todo en el ámbito científico y filosófico, el concepto de “cambio de paradigma”. Cambio significa que hay un movimiento de un modelo en decadencia a otro que resurge cada vez con más fuerza, reivindicando su posición en las diferentes áreas del conocimiento humano, y relacionado con la concepción que tenían del universo los antiguos. Se trata de dos visiones opuestas de ver el mundo, configurando una situación interpretativa de la realidad, compleja, análoga en muchos aspectos a la situación histórica que le tocó vivir a Newton.
La historia lo ha consagrado como el padre de la ciencia moderna y del racionalismo, y como el ideólogo de un universo mecánico regido por un sistema matemático de materia en movimiento. Estas ideas fueron precursoras del posterior positivismo triunfalista, que proclama la ciencia moderna experimental como única vía de penetrar en los enigmas del universo y del hombre. Todas estas ideas dan forma al “viejo paradigma”, cuyo impulsor principal, según nos presenta la historia, fue Isaac Newton. Pero esta interpretación histórica de la visión universal del gran científico puede que esté incompleta y sea injusta, al no valorar su pensamiento desde una perspectiva más amplia. El voluminoso legado manuscrito que dejó reivindica una nueva imagen de Newton, donde coexisten tanto el científico como el teólogo y el alquimista, acercándose a una concepción de la realidad, hermética y neoplatónica, donde el mundo es un ente vivo y abierto y la Naturaleza está dotada de inteligencia. Al mismo tiempo otorga racionalidad propia a las ideas que configuran el “nuevo paradigma”, que podemos denominar también holístico.
Proyecto Newton: legado manuscrito
El Proyecto Newton surge como una iniciativa del Imperial College de Londres, donde científicos, historiadores y coleccionistas de los manuscritos de Newton trabajan coordinados en el estudio y análisis de sus textos, con el objeto de presentar al mundo una imagen del científico sería y objetiva. Algunos datos reveladores que se pueden citar son, por ejemplo, que de las cerca de tres millones de palabras que Newton escribió en sus manuscritos inéditos, más de la mitad tratan temas de teología; un tercio versan sobre matemáticas, filosofía natural y química, y por último, más de un sexto toca temas de alquimia. De los 1752 libros que integraban su biblioteca personal, 477 (27,2%) tratan temas de teología, 169 (9,6%) de alquimia, 126 (7,2%) de matemáticas, 52 (3%) están dedicados a la física y solo 33 (1,9%) versan sobre astronomía. No deja de sorprender el hecho de que el volumen de libros dedicados estrictamente a la ciencia no supera el 12% del total de su biblioteca. Estos datos revelan la preponderancia de la teología y la alquimia sobre las materias científicas en el pensamiento de Newton, pensamiento no puramente intelectual, sino fuertemente sustentado en una racionalidad trascendente con ideas superiores o metafísicas.
newton manuscript416Newton alquimista
Para formarnos una idea clara de la verdadera dimensión de la faceta alquímica de Newton, inevitablemente debemos recurrir a hacer una contextualización histórica de la posición de la alquimia, y lo que esta representaba en su época. La alquimia gozaba de gran interés y aceptación por la sociedad europea del siglo XVII. Así lo atestigua la producción editorial de libros de alquimia, que alcanzó su apogeo en la segunda década del siglo y fue decayendo progresivamente, hasta desaparecer prácticamente en el siglo XVIII (Newton muere en 1727). La irrupción de las ideas ilustradas en Europa provocó la asociación de la alquimia con todo tipo de conocimiento medieval inútil, relacionándola con superstición, brujería y hechicería.
El estudio de la obra alquímica de Newton revela su firme convicción en la existencia de la “piedra filosofal”, el agente transmutatorio universal fruto del proceso de transformación alquímica de la materia,  que los textos clásicos denominan la “Gran Obra”. A nivel físico, material, la piedra filosofal actuaría de manera similar a un potente catalizador químico que acelera la velocidad de las reacciones químicas entre los metales involucrados en el proceso de transmutación alquímica. Creía en la existencia de un “Espíritu Universal” que impregnaba toda la Naturaleza, responsable último de todas las transmutaciones, físicas y metafísicas. Así, el verdadero alquimista  para Newton se consagra como un sacerdote, que por su trabajo de perfección interior y su labor de servicio a la humanidad, convierte el plomo en oro, el hombre vulgar en un ser luminoso y lo humano en divino. Comenta en uno de sus textos: “Los que buscan la piedra filosofal siguiendo sus propias reglas están obligados a una vida estricta y religiosa”.
Newton teólogo
Ya hemos citado que más de la mitad de la obra manuscrita de Newton versaba sobre teología y religión. Era un apasionado teólogo y exégeta de los textos bíblicos, que contenían, según él, las leyes secretas de Dios sobre el universo. En sus textos teológicos también adquiere relevancia el concepto de “Prisca Sapientia” o sabiduría primordial y secreta que Dios habría revelado al hombre en la génesis de la historia, comunicándole los secretos de la filosofía natural y de la religión. Todo este conocimiento habría sido transmitido por hombres sabios a lo largo de la historia, y Newton estaba firmemente convencido de que constituía el elemento esencial para comprender el universo y sus leyes.
Dentro de este contexto teológico no es de extrañar que el primer principio que preside su obra maestra, Principia Filosophiae, comience así: “el Ser de un Dios o Espíritu infinito, eterno, omnisciente, omnipresente...”. En tiempos de Newton, la filosofía natural (actual física) era, como su nombre indica, filosofía, y no solamente una física matemática sin fundamentos profundos arraigados en las leyes naturales. Pero aún más, vemos que su filosofía natural se basa y desarrolla en conceptos primordiales de naturaleza teológica. Newton concebía a Dios como un Ser inteligente que dirige con suma perfección todos los fenómenos naturales. Su omnipresencia es el principio de unidad de los mismos y, en consecuencia, es consciente de toda la realidad y puede actuar en los fenómenos en cualquier parte del cosmos. Defendía que el filósofo natural debe inducir leyes generales a partir del estudio de casos particulares obtenidos de la observación y experimentación (método inductivo) y que el seguimiento de un riguroso método inductivo nos conduciría a la creencia en la existencia de Dios; de manera que el descubrimiento de Dios en la Naturaleza se convierte en el fin esencial de la filosofía natural.
El pensamiento holístico de Newton
La faceta científica de Newton es sobradamente conocida por todos. La historia lo ha ensalzado como padre de la ciencia moderna y del pensamiento racionalista, y probablemente, Newton no estaría en desacuerdo con esta exigua concepción de su figura como científico, aunque la consideraría evidentemente incompleta. En el ámbito estrictamente científico, Newton no solamente fue un eminente físico, sino que desarrolló con éxito su trabajo intelectual en otras materias de la filosofía natural como las matemáticas, la óptica, la astronomía y la dinámica de fluidos, entre otras. Todas estas disciplinas formaban las ramas del gran árbol de la ciencia, cuyas raíces, tronco y savia, que le aporta vitalidad (a tenor de las argumentaciones ya expuestas) estaban constituidas por la filosofía y la teología. Esta era su verdadera visión de la ciencia y de la sabiduría del universo y del hombre, una percepción holística y transdisciplinar, donde todas las ramas se complementan y colaboran al unísono para conferir coherencia y belleza al conjunto. Ese gran árbol es la expresión de una filosofía natural que induce un espíritu universal dador de significado trascendente a toda la naturaleza.
Esta misma comprensión de la realidad la compartía el otro gran coloso de la ciencia contemporánea, Albert Einstein, a quien se atribuye ser uno de los impulsores de este “nuevo paradigma”, por su revolucionaria teoría de la relatividad, que ha trastocado los pilares de la ciencia racionalista-mecanicista y convulsionado las anticuadas mentes de la ortodoxia científica, además de sus contundentes e imparables consecuencias en muchas de las áreas del conocimiento humano, allanando el camino para construir una nueva era del pensamiento global.
Ya no se trata de fantasiosas elucubraciones metafísicas o trascendentales reflexiones místicas, sino de la implacable e innegable evidencia científica. Pero veamos cómo se expresan Newton y Einstein cuando intentan exponer su pensamiento más allá del lenguaje matemático con el que formulan sus teorías científicas.
Newton, cuando se refiere a la idea de Dios, dice: “reconocer el supremo Dios, un Dios infinito, eterno, omnipresente, omnisciente, omnipotente; el creador de todas las cosas, el más sabio, más justo, más bueno y más santo”. A su vez, Einstein, en una de sus reflexiones sobre la vida, expone: “los ideales que han iluminado mi camino y una y otra vez me han infundido valor para enfrentarme a la vida con ánimo, han sido la bondad, la belleza y la verdad”. ¿No podemos identificar el Dios sabio, justo, bueno y santo de Newton con los ideales de bondad, belleza y verdad que guiaron a Einstein en su existencia? Más aún: ¿no se corresponden el Dios de Newton y los ideales de Einstein con los arquetipos platónicos de las grandes Ideas, a saber, Belleza, Bondad, Justicia y Sabiduría? Es evidente que todos recurren al mismo lenguaje cuando alcanzan un nivel de percepción y comprensión de la realidad que trasciende lo puramente racional y se adentra en el ámbito de lo metafísico. Lenguaje a su vez necesario para explicar el motivo último de su conducta de vida y de su obra científica y filosófica.
Por esta razón, en Newton se funden el teólogo, el amante y buscador de la “Prisca Sapientia” o filósofo, el alquimista y el hombre de ciencia. Ninguno excluye a los demás, sino que se complementan armónicamente para configurar el pensamiento de uno de los mayores genios de la ciencia de todos los tiempos.
Luis Llera
Bilbliografia
Newton, profeta y alquimista. Varios autores. Editorial Esquilo, 2008.
Proyecto Newton: http://www.isaac-newton.org/

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