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Septiembre 2010

El Alma en el antiguo Egipto

Escrito por 
El Alma en el antiguo Egipto

por Fernando Schwarz

El destino del Alma está en el Cielo; el destino del cuerpo está en la Tierra. Los ritos de momificación determinan la dirección del viaje. El Ego personal y el Alma ante la sala del Juicio El ego personal, simbolizado en la antigua cultura egipcia por el corazón, es de naturaleza doble. Posee un aspecto espiritual superior, que le otorga las facultades mentales de la memoria y la imaginación, pero este reflejo de la Inteligencia se encuentra sumergido en el mundo del deseo y de la dualidad, el “kama” de los hindúes. Por ello, se entiende como una suerte de Alma inferior humana o mente con deseo.

El corazón tiene dos nombres que en la vida hacen uno: Ab y Hati. El Hati es el corazón físico, el que se queda en la Tierra, el aspecto temporal, la sede de las pasiones que se deben dominar para trascender la naturaleza inferior. El Ab es el que va a ser juzgado, como el testigo que mira hacia el pasado y e futuro del Alma.

Helena Blavastky insiste en que el Alma que aspira a la osirificación, a la resurrección o renacimiento en un plano superior, es el yo personal (Ab). Este corazón, Ab, es a su vez el aspecto inferior de la mente. El Ba es el superior, y los dos constituyen una unidad. De hecho, deben integrarse como tal en la Sala del Juicio para demostrar estar en la Verdad, en la Justicia, en la Ley y en la Luz. Esto es lo que supone el alma osirificada, que permite al Ba recuperar el poder sobre su memoria y su imaginación. Hay varios capítulos del Libro de los Muertos en que el corazón hereditario, Geb-Ba o el principio que reencarna, solicita a su corazón Ab que no testimonie contra él. Oh corazón mío, mi corazón hereditario, (te) preciso para mis transformaciones (…) no te separes de mi ante el guardián de las balanzas. Tú eres mi personalidad detro de mi pecho, compañero divino que vela sobre mis carnes. (Libro de los Muertos, cap. LXIV, 34, 35). El corazón Ab debe dar testimonio de la inocencia del difunto, y de que en la Tierra se ha conducido como un discípulo en el Sendero espiritual. Este corazón es el centro de forma y de vida de toda la personalidad temporal, que tiene que demostrar haber sido el correcto canal de los principios superiores frente al Tribunal de Osiris. Cuando el corazón del difunto es juzgado puro, la sentencia de su liberación que pronuncia el juez es: Que el corazón sea puesto en su lugar en la persona de Osiris. El retorno del corazón al pecho del difunto es el signo de su renacimiento, y está asociado con el escarabajo. La osirificación del corazón va a permitir el renacimiento del alma en el plano de Atum, su divinización y su fusión en la luz de Re. El corazón, una vez osirificado, ya no se va a transformar más, pero el Ba continuará aún con sus transformaciones. El difunto dice: Yo veo las formas de mí mismo, como varios hombres transformándose eternamente. (…). Yo conozco este capítulo. Aquel que lo conoce asume toda clase de formas vivientes. (Libro de los Muertos, cap. LXIV, 29-30) El juicio del corazón determinará la dirección del viaje, ya sea para reencarnar en la Tierra o para continuar sus renacimientos en el Cielo. Si no logra pasar el juicio, el corazón es tragado por el monstruo Amhet, que lo excreta en los planos inferiores, transformándolo en el cuerpo causal de una futura vida o encarnación. El Ba se invierte, vuelve al Duat cabeza abajo, y volverá a tener una casa en la Tierra, lo que se representa con el Ba regresando a la tumba. Volver a la tumba significa reencarnar. Es por eso por lo que se ve al Ba llevarle a la momia funciones vitales y alimentos, lo que representa el proceso de una nueva encarnación en la Tierra. En realidad, la momia no renace en el más allá, sino que simboliza la futura personalidad o cuaternario que deberá encarnar, en estado de germen. La momia representa el cuerpo que se queda en la Tierra, y a su vez la figuración del destino último del alma, el Sahu, lo que puede crear muchos malentendidos porque es un concepto utilizado de manera alegórica. El cuerpo, después de la muerte, es el soporte en el mundo de lo terreno de la recomposición de los elementos del septenario que tienden a la disolución de la muerte. Los ritos funerarios propician la transfiguración del difunto en el cuerpo de luz o Akh. La momia, como prefiguración del cuerpo de luz, es también llamada Sahu, que hay que distinguir del cadáver o cuerpo putrescible, que es Khat, y del Djet, que es el cuerpo físico viviente. La momia puede también representar el contenedor o vehículo de lo que va a ser transformado o renacer en cualquier plano. Estar en estado vegetativo o latente. Pero esto puede prefigurar tanto la latencia del cuerpo físico como la del alma superior. No es la momia física la que resucita. Cuando en los textos se ve al Ba regresando a la momia, se está figurando el descenso del alma al plano terrestre, es decir, la reencarnación. El que va a revivir (…), el Alma debía reunirse con la momia (Libro de los Muertos, cap. XXXIX) y volver a darle vida. Después de haber pasado un tiempo en el más allá, en el Amenti, y haberse purificado en la vida pasada, el difunto era llamado a aportar nuevas existencias a la momia, el germen causal de su próxima encarnación. Oh, dioses de Heliópolis (…) concededme que mi Alma venga a mí en cualquier lugar donde esté. (…) Mi Alma y mi inteligencia me han sido arrancadas. Haced que mi Alma vea mi cuerpo, si la encontráis... Que se una a su momia (que se reencarne) (Libro de los Muertos, cap. LXXXIX). Cuando la momia llama al alma o Ba, representa al germen del futuro ego personal que se está reconstituyendo para una nueva encarnación. No hay resurrección de la carne en el mundo terrenal. El destino del alma está en el Cielo, el destino del cuerpo está en la Tierra. En el libro de las Respiraciones o Shai-N-Sin Sin, supuestamente redactado por Isis para su hermano Osiris, para hacer revivir su cuerpo, se dice: Tu individualidad es permanente; tu cuerpo es durable; tu momia germina. La germinación de la momia es el símbolo de la resurrección o reencarnación en la Tierra. Si el Alma es osirificada, esto quiere decir que si corazón es tan liviano como la pluma de Maat, y no es detenido por el monstruo Amhet. Entonces será el dios Horus quien presentará, no el corazón, sino el Alma viviente justificada Libro de los Muertos, cap. CCXXV) del difunto a Osiris, dios del más allá. El Alma viviente podrá continuar su itinerario hacia la luz del día. Se purificará en el lago de fuego (Libro de los Muertos, cap. CCVI) y avanzará en el camino que le conducirá a su verdadera naturaleza, que es ser luz junto a Re. El Libro de los Muertos ofrece una lista completa de las transformaciones del Alma que el difunto lleva a cabo mientras se despoja progresivamente de sus vestiduras más opacas y densas, en la medida en que se eleva, de la noche del Duat, a la Luz del horizonte de Re. La sombra (Kaibit), la forma astral, es aniquilada, devorada por el Oreus (Libro de los Muertos, cap. CIL, 51). Los Manes serán aniquilados; los dos Gemelos (los principios cuarto y quinto) serán disipados; pero, el Alma Pájaro (Ba), la golondrina divina y el Oreus de llama (Sahu, que reúne los tres componentes superiores en una unidad) vivirán en la eternidad, pues son los maridos de su madre.

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