Septiembre 2016

Cuando la literatura se convierte en arte: entrevista a Ramón Sanchis

Escrito por  Patricia Martí-Fleury, Mariángeles Salas, Esmeralda Merino
Cuando la literatura se convierte en arte: entrevista a Ramón Sanchis

El escritor alicantino Ramón Sanchis (Raysan) es ingeniero civil y técnico superior urbanista. Sin embargo, su vocación literaria le llevó a formarse en técnicas de escritura creativa, primero en el Taller Literario Entrelíneas, y después en el Taller de Escritura de Madrid. Desde hace cuatro años es el profesor titular del Taller de Escritura Creativa «El Libro Durmiente», de Alicante. Sus artículos han sido publicados en revistas de divulgación científica y de antropología, colaborando en el Instituto Internacional Hermes de Antropología y Ciencias del Hombre, radicado en París. Acaba de publicar El arte de ser escritor.

Su vida profesional no tiene mucho que ver con la literatura. ¿Es la suya una vocación  tardía?

En realidad, ya escribía cuentos desde jovencito, aunque eran pequeñas historias que quedaban incompletas por la inconstancia de la edad; también escribía las páginas de mi diario y algunos poemas que se plasmaban en servilletas si no había otro papel a mano. Por lo tanto, no puedo decir que sea una vocación tardía.

¿Cree que la capacidad literaria se tiene o se adquiere?

Hay una inquietud y una capacidad para imaginar historias que viene con nosotros, tal vez desde la cuna, pero dicha disposición también se desarrolla y asienta con el transcurso del tiempo. Si no creyera que dicha capacidad puede ser modelada o adquirirse, no me dedicaría a impartir talleres de escritura creativa. Si nos resulta fácil de hacer, es una cualidad ya adquirida; si es difícil aquello que estamos aprendiendo, el aprenderlo nos obliga a evolucionar, y por tanto, a adquirir en mayor grado lo que ya teníamos.

¿Cree usted que para ser un buen escritor es preciso haber recibido una formación humanística?

Yo creo que las humanidades predisponen más favorablemente a la persona para seguir los caminos que llevan a entender la propia realidad humana. La introspección que ha de llevarnos a encontrar la belleza interior, el porqué de la vida y la naturaleza, puede verse favorecida por esa formación humanística y facilita el acceso a ese ingrediente artístico que tiene la creación literaria.

¿Se puede aprender, entonces, esa faceta artística de la literatura?

Se puede aprender el oficio, se puede mejorar mucho la técnica, pero, claro está, hay personas que no llegarán a experimentar ese sentido artístico. Todo el mundo puede mejorar su nivel de escritura y aprender a expresarse mejor, y es muy deseable que así sea. Pero una cosa es lograr escritos de cierta calidad, y otra distinta llegar a tener ese mérito artístico añadido que hace a un escritor.

¿Qué papel cree que tiene, si es que tiene alguno, el hábito de leer a la hora de mejorar la capacidad de escribir?

Ramon Sanchis 2Es evidente que para escribir bien hay que leer. Por mi parte, siempre tuve la inspiración de los libros, los cuales me acompañaron desde la infancia. La lectura despierta nuestra imaginación, nos presenta diferentes escenarios, nos muestra personajes diversos, nos ofrece múltiples formas de combinar las palabras que ya conocemos; en definitiva, construye nuestra estructura mental. No importa qué tipo de lectura sea; la imaginación se fomenta con cualquier relato de ficción, sea una fábula, un cuento, una novela o un cómic. Tal vez por ello, los libros que no contienen imágenes permiten un vuelo más libre y espontáneo de la imaginación.

La lectura siempre aporta un beneficio, pero hay que tener en cuenta que quien anhela escribir lee de un modo diferente. El aprendiz de escritor observa cada palabra, se detiene en el modo en que están construidos los personajes, observa cómo se diseñan las escenas y los diálogos, toma notas, disecciona el simbolismo que encierra cada frase, etc.

¿Qué conocimientos previos considera que hay que tener a la hora de escribir en lo que se refiere al propio idioma o lenguaje en que uno escribe?

Cuanto mejor se conozca el propio lenguaje más fácilmente surgirá la capacidad de crear atmósferas creíbles para los personajes, diálogos convincentes, escenas cargadas de acción. La utilización de imágenes figuradas o simbólicas y el uso de la palabra adecuada, permitirá completar los matices que posibilitarán al lector vivir lo escrito. No hay que olvidar tampoco que el significado profundo que encierra una lengua es el de ser vehículo a través del cual se mueven las ideas que sustenta un pueblo, sus concepciones sobre la vida y la muerte, los valores dignos de ser salvaguardados, su sentido de la sociedad, la cultura, el progreso, el impulso civilizatorio, etc. Todo idioma encierra un modo de ser de las personas que lo utilizan, una manera de relacionarse con la tierra, con los demás, con el mundo, con la naturaleza, con lo sagrado y con lo profano.

¿Qué le ha aportado a usted el arte de escribir?

La escritura me ha enseñado a ver el mundo con otros ojos, a reflexionar, a expresar mis propias ideas y cuestionarlas. En cierta medida, por tanto, me ayuda a conocerme a mí mismo. A veces me limito a ejercitarme o a jugar con las palabras, como cualquier escritor, pero en realidad, yo solo concibo un tipo de escritor comprometido con el mundo que le rodea, con sus gentes y con la humanidad, sin distinción de razas, credos, colores ni condición social, pues el camino hacia lo estético va siempre de la mano de la ética y los valores humanos. Mis escritos tienen como finalidad transmitir ideas y sentimientos que puedan mejorar el mundo que nos rodea.

Si tuviera que elegir o recomendar tres libros, ¿cuáles escogería?

Dado que hablamos de libros en general y no expresamente de narrativa, me atrevo a señalar tres libros magistrales, de gran calidad por su escritura y por la sabiduría atemporal que contienen: el I Ching, que compendia el saber de la antigua China; Pensamientos, de Marco Aurelio, un libro con reflexiones personales del emperador filósofo que siempre elevan la conciencia; y La Doctrina Secreta, de H. P. Blavatsky, que condensa y analiza los arcanos de toda la sabiduría de la Antigüedad.

¿Cree que la literatura tiene alguna función social más allá de la atención popular que pueda despertar un best seller o un afamado escritor? ¿Es necesaria la literatura?

Más que la literatura, yo diría que es necesaria la buena literatura. La buena literatura educa la imaginación, que es la herramienta que nos permite diseñar el futuro; nos alimenta con cuidadas emociones y pensamientos, aporta nuevos conceptos y nos ofrece otros puntos de vista; nos enseña a razonar y a construir nuestros propios argumentos y, en suma, potencia nuestra mente, desarrolla la atención y la memoria.

En manos de un escritor comprometido con su tiempo, consigo mismo y con el mundo en el que vive, la buena literatura es un instrumento pleno de contenido, que señala las fisuras de la sociedad, propone soluciones y educa a los lectores. Quienes saben leer entre líneas, encuentran en ella verdaderos tesoros del pensamiento. Desde el punto de vista del escritor, escribir es una tarea abnegada y solitaria que exige esfuerzo y dedicación; un quehacer que no siempre se verá recompensado con la publicación de la obra. Pero siempre será necesaria la buena literatura. Porque la buena literatura es un arma cargada de futuro: con ella se despiertan conciencias, se alimentan ideales y se aviva el alma.

¿Piensa que es importante formarse antes de escribir?

En general, todos sabemos escribir de un modo aceptable, pero eso no es suficiente. Escribir con soltura, con buena dicción, con frases elegantes y con un tono determinado no es tan fácil como parece. Expresar nuestras ideas de un modo comprensible, saber estructurar aquello que escribimos y ser convincentes, es algo que requiere unas determinadas técnicas. Por este motivo, la escritura creativa, entendida como el arte de expresarnos de la manera más efectiva y bella posible, exige de nosotros un aprendizaje.

¿Qué le impulsó a ofrecer un taller de escritura?

Ramon Sanchis 2 el arte de ser escritorEstudié durante cuatro años con el escritor Jorge Eduardo Benavides las técnicas de narrativa, y un buen día, en El Libro Durmiente me pidieron dar clase de aquello que había aprendido. Añadí a la preparación sobre narrativa unas técnicas básicas de escritura para completar un espectro que pudiera abarcar tanto la forma como el fondo literario. En la actualidad, he descubierto que dicha tarea va bien con mi carácter, pues aúna la faceta didáctica con la creativa. Me parece importante que cada alumno encuentre un estilo propio, sin plagios, con palabras certeras y cargadas de contenido. No se pueden transmitir ideas cuando se habla a medias, de un modo ambiguo o poco claro. Hay que aprender a llegar al lector, a sabiendas de que nuestro mayor deseo es que no permanezca indiferente.

Sin duda, puedo afirmar que en la enseñanza siempre se recibe mucho más de cuanto se entrega. Mis alumnos me transmiten su afán de aprender, sus inquietudes e ilusiones por comprender la vida y mostrarla en sus relatos, lo cual me obliga a ser responsable, dado que su aprendizaje depende de mi capacidad de enseñar y tiene su techo en aquello que yo mismo pueda comprender.

¿Cómo definiría su libro, El arte de ser escritor?

En principio, pretende ser un manual ameno y didáctico, que sirva de guía a aquellos que quieren conocer las técnicas de escritura que se enseñan en los talleres literarios. Incluye muchos ejemplos, prácticas y ejercicios de redacción que muestran las habilidades y técnicas de los escritores de vanguardia y de los grandes clásicos.

¿Cuáles son los errores más frecuentes de los escritores que empiezan?

En primer lugar, confiarlo todo a la inspiración, sin comprender que hay que dedicarle su tiempo y ejercitarse a diario. Y también, escribir sin contenido, sin tener una historia o un mensaje claro que transmitir. En otras ocasiones, llevados por la impaciencia, los escritores noveles tienen una buena historia, pero se dejan arrastrar por el impulso de escribir y lo hacen atropelladamente, sin planificar sus escritos. Esto da lugar a textos caóticos, carentes de estructura, espesos o desorganizados, sin la adecuada ilación en sus ideas.

¿Cuáles son sus proyectos más cercanos?

Por ahora, me dedico, sobre todo, a enseñar a escribir. También estoy recopilando una serie de relatos dispersos que duermen en los baúles, y poco a poco, voy adentrándome en una novela.

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