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Febrero 2017

La vida no es tan difícil de entender: entrevista a Fidel Delgado, titiripeuta

Escrito por  Fátima Gordillo, Roberto Díaz y David Ríos
Fidel Delgado Fidel Delgado

Fidel Delgado es psicólogo clínico, pero se autodefine como «titiripeuta». Imparte cursos como «Déjate en paz» o «Los juegos del ego» valiéndose de recursos y utensilios comprados en «tiendas de chinos» pero con una gran sabiduría, lucidez y sencillez. Su sentido del humor es extraordinario. Dice que «el humor es algo muy serio» y que estamos en la vida «de servicio»; defiende el cultivo del silencio y el desapego. Ha estudiado chamanismo, filosofías, yoga y zen. Tras renunciar a su plaza como psicólogo en el Departamento de Psiquiatría de Ciudad de la Paz, Madrid, empezó a dar cursos de formación por los hospitales, mientras vivía en una caravana. Desde entonces «la vida se ha ocupado de él» y le ha empujado a explicar a los demás que solo somos parte de algo que nos supera, y que no tenemos nada que temer.

¿Quién es Fidel Delgado?

Soy indefinido, ilimitado, fiel a Fidel, pero Fidel se va viendo, según cada día transcurre. Alguien que estrena la vida cada día.

En esta revista nos gusta valorizar la filosofía. La mejor definición de filosofía es lo que su etimología indica, amor a la sabiduría, pero la palabra se ha desvirtuado. ¿Sería posible volver a darle el sentido original que tenía, de búsqueda, de algo práctico y útil?

A lo mejor se puede utilizar un activo eterno, como «descubrir» o «verificar». Verificar es comprobar si es verdadero algo. Descubrir algo que está vivo pero que le han caído encima cascotes, intereses, tontunas, pero que está cubierto. Lo que no se puede matar, pero sí se puede tapar.

A mí me gusta más la idea del templo de la sabiduría, de un espacio con muchas puertas. Dentro ocurre algo muy especial, se ilumina. Se entra buscando algo para vivir, pero el acceso puede ser el sufrimiento, el maravillarse, etc. ¡Cuánto muchacho hoy día se ha encontrado con la filosofía en una urgencia! Y, según con quién se tropieza, lo convierte en filósofo o en «gilipollas». Lo insulta, lo maltrata, le dice: ¡tú eres tonto! O le dice: ibas buscando algo… y te lo han dado en una pastilla. Lo que has ido buscando, vale; lo que te han dado, no vale. Cuando un muchacho se tropieza con alguien, ¿estás al loro de convertirlo en filósofo? ¿O lo estás convirtiendo en un «pringado»?

El filósofo descubre en el motor del muchacho lo que hay debajo, qué está queriendo hacer. Y si no miras más profundo, no eres filósofo, eres un juzgador que pone etiquetas. Estoy hablando de cómo esa función de descubrir el filósofo nuestro y en los demás se puede volver a potenciar.

fidel delgado

¿Qué es un «titiripeuta»?

Una denominación que me cayó encima, una inspiración divina camuflada: me sugiere indagar en el camino de la terapia, sin pagar los impuestos tradicionales de tener que sentirte mal y considerarte enfermo para buscar ayuda en el «-peuta» o en el «-cólogo». La titiripéutica la describo como una ciencia elástica que procura la mejora continuada del ser humano utilizando como recurso básico la lucidez lúdica.

Tus vídeos, por un lado, son divertidísimos y, por otro, profundos y filosóficos. ¿De dónde salen esos conocimientos espirituales?

La lista que hasta hace muy poco he hecho de las fuentes de mi vida ha quedado obsoleta. Porque me han regalado mucho conocimiento del que voy disponiendo sin que pueda decir que es mío, ni fruto de mi duro trabajo, sino un espléndido regalo.

De mucho conocimiento no soy consciente de dónde me ha llegado. Y me humilla bastante, porque me he gastado mucho dinero y mucho esfuerzo en mucho conocimiento que ahora no uso. Cosas que me compré como joya de la corona, que ahora no uso ni lo recomiendo (ni me parece que sirva). Lo que antes lucías como propio, ahora ni lo mencionas…

¿Y cómo empezó en esto?

La titiripéutica hace unos años me habría dado vergüenza. ¡Un psicólogo clínico de mi nivel! Que salgas en los papeles como titiripeuta es degradante... Y resulta que me ha abierto puertas en sitios en los que antes nunca habría entrado de psicólogo clínico.

Me resultó precioso andar por ahí, porque de algunas cosas ellos no te hablaban, pero yo las sabía. Y desde ahí me he traído y he puesto en marcha un juego que se llama «veo, veo, y yo también». Es el juego de este mundo, que te obligó a ti a ver como yo veo, que soy el del poder. Se juega a ver cómo ve cada uno. «Ver nos une, mi verdad me separa», es el resumen.

Por ejemplo, a mi nieto todavía no le han enseñado a «ver como yo». Y le notas que está escaneando el universo sin subtítulos, es el lujo. Los subtítulos se los van a enseñar los adultos, pero ya le están limitando. Entonces luego hay gente que ya no ve lo que hay, ya no ven la película, solo leen los subtítulos. La realidad no la ves, ves el recorte que te han dado empaquetado.

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¿Es la enfermedad mental un mecanismo de defensa?

Ante cada persona hay que dar una respuesta actualizada.

¿En esta sociedad de consumo estamos locos o neuróticos? ¿Dónde ha fallado la educación y la medicina convencional para que ahora aparezcan tantas terapias?

La conciencia única se destroza en trozos. Cada trozo produce una forma de ver y de reaccionar. Y cada una da una ciencia... Los que tienen más medios declaran a su trozo el más importante y consiguen legalmente que la suya sea la oficial. Declaran a las otras «alternativas, secundarias, baratas, impresentables». Pero corresponde cada una a una forma de conciencia, que se convierte en formas de resolver lo que ven.

Sales de ahí cuando te das cuenta de que todas las formas, por ser de conciencia, son buenas. Y por ser parcelas, trozos, formas, son limitadas. Así que volvemos a la «i» de integrar. A no ser que tengas que defender tu parcela, estás libre de ir integrando lo que te pone la vida. Por eso, en el juego de «veo, veo, y yo también», desaparece la discusión.

¿Crees en la posibilidad de construir alternativas a la educación sistemática actual? ¿Qué nos detiene?

Sí. Nos detiene que cada individuo está dividido en sí mismo, y todavía no estamos unificados cada individuo en su intimidad. Ese destroce interno lo proyectamos fuera.

Existe un concepto platónico de «individuo», como esa unidad interna, ese esfuerzo de la conciencia por reencontrarse y proyectarse unida hacia afuera. ¿Qué nos impide vivir eso?

Si has mirado un poco despacio tu intimidad, lo de «yo» no es único ni de lejos: hay un yo modorro, un yo escéptico, un yo perezoso, un yo lúcido… Depende del que se levanta primero por la mañana, puedes tener un día fantástico a las órdenes del escéptico. El yo desde el que se suele operar hacia fuera, en cuanto lo amplíes, aparecen bastantes… Pero uno no suele hacer esta indagación porque uno no tiene ganas de verse como algo complejo. El filósofo no es nada envidiable, porque es complejo.

Además de conferencias y pedagogía, hace otros trabajos de investigación…

Acompañar a gente que se va de este mundo es como empezó a romperse en el hospital el perfil de trabajo de psicólogo clínico que me habían atribuido. Acompañar a pasar de este mundo fue una ampliación para mí. Los propios transeúntes de este mundo al más allá me fueron enseñando sus apuros, sus recursos y el interés estupendo de facilitar. Igual que se facilita la entrada en este mundo, se facilita la salida, porque en los tránsitos hay una densificación tan fuerte de conciencia que marca mucho. La entrada y la salida, si son afortunadas, abren nuevas facetas estupendamente a la nueva vida. Si se sufre un atasco, trauma, etc., hay que dedicar un trabajo, un esfuerzo, a corregirlo.

En su práctica clínica, o facilitando el paso al otro lado, habrá tenido grandes experiencias estos años, algunas dulces y otras más agrias. Quizá estas últimas tienen que ver con cómo el sistema hospitalario es incapaz de ayudar emocionalmente en ese trance a las personas. ¿Recuerda alguna en especial?

No tengo en los archivos tristezas y alegrías. Tengo intensidades crecientes, y la intensidad a veces tiene un punto de dificultad. Pero lo vivo más como intensidad, regalando cada vez una intensidad más variante y actualizada al día a día. Cada día es una sorpresa. Y tengo que estar atento a ver, incluso, por dónde cada día oscila, según la inspiración. Los cambios se van haciendo al día.

¿Qué propondría para ser feliz?

No proponérselo. Es un efecto secundario. Estar conectado, estar armónico, disponible, fluido. La felicidad es ese modelo, como el de salud, que no se nota. No sabes que lo eres, pero estás bien. Es un regalo increíble que todo tu sistema operativo no absorba atención y esté disponible a lo que tengas que hacer. Yo lo llamo un EcoEgo de bajo consumo. No gasta.

¿Qué proyectos vienen en camino?

Se me ha ampliado la vida del mundillo del acompañar a morir, que sigue activo. Tengo en perspectiva eso de «Morir no es lo que parece», que es un título que hemos encontrado bastante majo para poner delante de la realidad compleja del morir.

www.fideldelgado.com.es
http://fideldelgadotitiripeuta.blogspot.com.es

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