El novelista Gabriel Castelló, gran conocedor de la historia de la civilización romana, ha hecho de Roma la protagonista de sus novelas de más éxito. Luces y sombras aparecen ante el lector a través de Valentia , Devotio , Princeps y Archienemigos de Roma , títulos que nos hacen revivir esa parte de nuestra propia historia.

¿Qué significa Roma para usted?
Roma es el principio de nuestra civilización, porque aunque aquí, en España, ya hubo una civilización previa con los íberos, nuestra gran capa social y lo que somos se lo debemos principalmente a la República romana y su Imperio. Desde el 200 a. C. hasta el 400 d. C., que es cuando entran los godos –aunque ellos junto con los musulmanes asimilan muchas cosas de los romanos y son continuadores en cierta forma de la labor romana–, esos novecientos años pesan mucho en nuestras costumbres, carreteras, el nombre de las ciudades, e incluso en nuestros nombres.

¿Han cambiado mucho las cosas desde entonces hasta ahora?
Si pusiéramos a Cicerón con un móvil, estaríamos igual como seres humanos. El cambio solo está en la tecnología y sus avances, además de ciertas cosas sociales que han cambiado, como por ejemplo la esclavitud, que existía entonces y que los romanos lo veían como normal. Pero el planteamiento de la vida, sus cosas, sus ambiciones, las filias y las fobias, estamos muy parecidos ahora a como eran ellos. Aunque me hubiese gustado ver a César con whatsapp...

En la larga historia de Roma, ¿cuál es la época que más le apasiona?
Hay dos épocas que particularmente a mí me apasionan. Son las épocas crepusculares: por un lado, el crepúsculo de la República y el advenimiento del Imperio, desde Sertorio hasta Augusto. Y luego, la otra crisis, desde el siglo III en adelante y cómo se va desmontando todo ese Imperio que se ha construido, y cómo va siendo incapaz de autocontrolarse y autogestionarse, y se autodinamita por dentro.
Yo soy más novelista que historiador y en esos momentos es cuando surgen las historias más interesantes y trepidantes. Cuando todo va bien, poco se puede escribir en este sentido. Crisis en griego significa cambio, oportunidad y eso es lo que sucede.
El fin de la República fue un momento de crisis brutal, donde murieron millones de personas, al igual que en las Guerras Púnicas. Esos momentos fueron cruciales en la historia de Roma y, por supuesto, el colapso final, donde ese Imperio se parte en dos, y cada uno corre destinos diferentes.

¿Ve similitud entre sus crisis y las nuestras actuales?
Eso depende mucho de la calidad de los gobernantes. El clientelismo es una forma de vida romana y lo hemos sufrido aquí y en otros sitios, donde un señor poderoso concede favores a cambio de otros favores, tanto económicos como sociales, y se convierte en un cacique, el que dispone y gestiona la vida de las personas.
Nosotros vivimos en el mal menor con nuestra democracia. No existe el sistema fantástico mientras exista el factor humano falible, ambicioso, ruin y canalla. Las buenas personas se demuestran cuando tienen poder y no lo ejercen con abuso.

¿Cómo empezó a escribir novelas sobre Roma?
Antes de escribir leí muchísimo, visité museos y ciudades y me fui enriqueciendo, hasta que llegó el día en que me dije: estoy preparado para producir y no solo consumir. Mi germen fue el escribir una novela protesta, que fue Valentia , que es la crónica de ficción de un valentino, Cayo Antonio Naso, que vive codo con codo la rebelión de Sertorio y el levantamiento de Valentia y otras ciudades contra la República romana.

Tenía ganas de rescatar el pasado de nuestra tierra valenciana, porque me resulta vergonzoso que ni siquiera en la universidad se estudia este momento histórico, y pareciera que todo empezó el 9 de octubre de 1238 con el rey don Jaime. Hay intereses creados de que cuanto menos se mueva ese pasado, mejor. Mi amor a mi tierra me llevó a conocer historias tan importantes relatadas por Plutarco como la rebelión de Sertorio, que fue la primera gran campaña militar entre romanos, la primera guerra civil, con más de 30.000 soldados por cada bando. Se enfrentaron por primera vez en Albalá de la Ribera; la segunda guerra es a las puertas de Lliria; la tercera, a las puertas de Valencia; y la cuarta es a las puertas de Sagunto. Y eso no se estudia ni siquiera en humanidades de esta santa tierra valenciana.
El telón de fondo de la novela es verídico, donde se conjuga la macrohistoria y la microhistoria. La macrohistoria es cuando llega Pompeyo el Grande a Valentia en el 75 a. C. por la rebelión de Sertorio y la arrasa, por ser una ciudad díscola con la República. Y quiénes son los que lo sufrieron es lo que relato en ficción para hacerlo verosímil.

Después de esta primera novela, ¿cómo surgió la segunda, Devotio ?
Ante el éxito de Valentia entre el público valenciano, me animé a escribir la segunda, Devotio , que es una doble trama. Por un lado, es una continuación de Valentia , la historia del hijo del protagonista de la primera novela, que se enrola en las huestes de Pompeyo cuando Julio César llega a Hispania pretendiendo eliminar los ejércitos de Pompeyo, acabando en la gran batalla de Munda en el 45 a. C. Es la batalla que decantó que la República se convertiría en una dictadura velada, ya que César acabó con todos sus enemigos definitivamente, hasta que, un año después, muere asesinado. Y la segunda trama tiene que ver con esta familia, ese es el vínculo, y la ambiento en los años 303 y 304 d. C., que es donde sucede la última gran persecución de los cristianos. Uno de los apresados en Caesar Augusta, la actual Zaragoza, san Vicente Mártir, fue ajusticiado en Valentia de una forma brutal en acto público para disuadir a los cristianos, pero él no se retractó. Vicente es el apodo de los cristianos de la época, que significa «el vencedor».

La sociedad romana estaba dejando de creer en sus gobernantes y en sus dioses, una situación de caos y apatía similar a la que estamos viviendo actualmente. Y que cualquier iluminado se puede convertir en tu mesías y esta religión nueva, el cristianismo, es un populismo. Cuando escribo esta parte de la novela, la planteo desde los dos puntos de vista, tanto el cristiano como el romano, y cuando te pones en la piel del gobernador romano, ves por qué tenía que atajar esta religión que estaba creando el caos y el colapso de la sociedad romana, la cual se había mantenida en orden durante siglos. Y también entiendes a los otros, porque en aquel momento la manera con la que gobernaban corruptamente y los impuestos creaban desosiego social, y la gente necesitaba esa vía de escape que era la nueva religión del cristianismo, era una alternativa. Lo que he pretendido exponiendo las dos vías es que se entiendan los planteamientos de unos y de otros.

La tercera novela que escribe de esta trilogía es Princeps . ¿Cómo surge una temática tan diferente a las anteriores y como la ensambla?
Esta novela está escrita en tercera persona, no como las anteriores. Así puedo ir saltando y presentar, como si fuera un collage , el Mediterráneo romano desde el 44 a. C. hasta el 30 d. C., que es desde la muerte de César hasta que Octavio entra en Alejandría. Es la historia de cómo un chaval de dieciocho años, enfermizo e inseguro, se convierte en Octavio Augusto. Esta novela es una carrera de ambiciones, donde solo uno alcanza la meta. Octavio partía a priori como el peor posicionado, pero les gana a todos y todos ellos mueren por el camino: Marco Antonio, Lépido, Sexto Pompeyo, Cleopatra…

Luego, Augusto engrandece Roma. Se dice que dijo: «Tomé una Roma de barro y la dejé de mármol». Hay que tener en cuenta que cuando él entra en Alejandría, se debió de quedar impresionado, por ser una de las ciudades más hermosas del mundo y capital del saber. Con Agripa, reconstruye Roma para convertirla en la capital del mundo que eclipsará a Alejandría, y Virgilio le ayuda a construir un mito.

entrevista Gabriel Castelló 4

El libro Archienemigos de Roma se sale de esta trilogía. ¿Qué pretende contar con este libro?
Es un ensayo que viene a consecuencia de investigar para las anteriores novelas y colaborando en páginas webs sobre Roma. Trata sobre los enemigos que tuvo Roma a lo largo de su historia y cómo los venció. Ahí describo los 44 personajes que combatieron a Roma.
Roma estuvo al borde del precipicio varias veces, no solo en las Guerras Púnicas, porque antes que Aníbal estuvo Pirro, que fue el primero que llevó elefantes a Italia. Se autoproclamaba heredero de Alejandro Magno y de Aquiles. Lo que le sucedió fue que en sus victorias perdió a muchos hombres, y los romanos los reponían enseguida. Incluso Aníbal, cuando le preguntaron: «¿cuáles son los mejores estrategas militares de la historia?», contestó: «Alejandro, Pirro y yo». Lo de las victorias pírricas viene de él, ya que consiguió muchas victorias, pero no consiguió nada, y murió cuando una madre de un soldado moribundo le tiró una teja desde la terraza de su casa a la cabeza y lo mató de la forma más tonta.

Roma tuvo muchos enemigos poderosos, como Espartaco, Viriato, Vercingetorix, Mitrídates del Ponto (el bendecido por Mitra), el cual lucha contra Sila y después del acuerdo de paz se alía con Sertorio, también enemigo de Sila. Mitrídates organizó las vísperas asiáticas, que consistió en el asesinato de todo ciudadano romano que residiera en Asia Menor. En una sola noche dicen que mataron a 80.000 personas. Además estaban a su cargo los temidos piratas del Mediterráneo, que tenían su base en Denia.
Luego, fue cuando Roma entró en contacto con Oriente, y de ahí, fue muy popular el culto a Mitra entre los soldados romanos en época tardía, ya que Pompeyo el Grande fue el que inició estas conquistas de Oriente. De todas estas guerras, Roma salió victoriosa. Como decía Virgilio: «La suerte acompaña a los audaces».

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