Febrero 2011

¿Podría ser la Ciencia de la Antigua India tan exacta como la de la NASA?

Escrito por  Ivan X. Eskildsen
¿Podría ser la Ciencia de la Antigua India tan exacta como la de la NASA?

Por Iván X. Eskildsen

Las corrientes de pensamiento que predominan alrededor de la llamada “ciencia oficial” suelen manejar el prejuicio de que el hombre de la Antigüedad era primitivo en sus costumbres y conocimientos, y, por lo tanto, inferior al hombre moderno en sus múltiples facetas. Lo mismo se asume implícitamente cuando se enseña la materia de historia universal en los colegios y universidades, al enseñar que la historia progresa linealmente, desde ese hombre ignorante y casi salvaje hasta esa cúspide de desarrollo intelectual y humano que sería el hombre de la actualidad.

Lo cierto es que cuando se analiza el legado de diversas civilizaciones antiguas como la egipcia, la grecorromana, la mesoamericana o la hindú, entre otras, la ciencia actual suele quedarse muda ante la creciente multitud de misterios en que se ven envueltas las magníficas construcciones y los profundos conocimientos que las caracterizan.
El presente artículo pretende esbozar apenas una muestra de estos antiguos conocimientos; en este caso, lo que ciertos escritos de la India nos enseñaban sobre los ciclos de la historia y su relación con la circulación de los planetas.

Los Yugas

Las numerosas obras que nos llegan de la antigua India indican que la historia se manifiesta en ciclos, los cuales llamaban Yugas, y se atreven a aportar medidas específicas de duración para estos ciclos. Estas medidas de tiempo son tan extensas que los investigadores muchas veces las descartan inmediatamente como imposibles.
Los textos indican que los Yugas se desarrollan con una proporcionalidad matemática, donde la duración de la última parte del ciclo (el Kali-Yuga) representa la cifra base de 432.000 años, y la duración de las edades que le anteceden se presentan como múltiplos de dos, tres y cuatro, y el total como un múltiplo de diez veces.

Krita-Yuga x 4 1.728.000
Treta-Yuga x 3 1.296.000
Dvapara-Yuga x 2 864.000
Kali-Yuga x 1 432.000
MAHA-YUGA x 10 4.320.000


Tabla 1. Duración de los Yugas según los diversos textos de la antigua India.

¿Qué significan los Yugas en los textos sagrados hindúes?

Los rishis de la India explicaban que la historia de la Humanidad repite un fenómeno de la naturaleza, y es que en el desenvolvimiento de todos los ciclos, como en el de las cuatro estaciones del año, se da una desintegración paulatina de todos los elementos, partiendo de una etapa de magnífica vitalidad y de completura, terminando con una de infertilidad o ausencia del elemento vital, que da paso al reinicio del ciclo.
Así, el ciclo completo de un Maya-Yuga se relaciona, en el caso de la humanidad, con sus posibilidades de vivencia del Dharma, que es un concepto de la tradición hindú que enmarca la vivencia de lo espiritual, del deber o de la verdad. En las Leyes de Manú (81-86) se narra simbólicamente que en la primera edad, el Krita-Yuga o la Edad de Oro, el Dharma se sostenía sobre sus cuatro pies, representando que se vivía el deber en su totalidad, y, por lo tanto, la verdad y la justicia reinaban. En las sucesivas edades, el Treta-Yuga, Dvapara-Yuga y el Kali-Yuga, el Dharma va perdiendo un pie en cada edad, hasta que arribamos al actual Kali-Yuga, donde el Dharma se sostiene apenas sobre un pie y, por lo tanto, se vive solo una cuarta parte del deber.
En El Mahabharata encontramos una descripción más específica de cada edad (Libro 3, sección CXLVIII); el personaje de Hanuman explica:

    • En el Krita-Yuga, todos tenían perfección religiosa, y, por lo tanto, no existía necesidad de actos religiosos. Las necesidades de la vida fueron obtenidas solo pensando en ellas; no existió la enfermedad, ni decadencia de los sentidos. Las características distintivas de las cuatro castas (brahmanes, kshatriyas, vaisyas y sudras) fueron naturales, y cada una se ajustaba a sus respectivos deberes. Una sola alma uniforme fue el objeto de su meditación, todos siguieron un solo Veda y sólo tuvieron una religión.

 

    • En el Treta-Yuga, la virtud decreció una cuarta parte. Los hombres se hicieron devotos a la religión e introdujeron ritos y sacrificios. Idearon medios para la consecución de sus objetivos, a través de actos y regalos, pero en esta edad nunca se desviaron de la virtud.

 

    • En el Dvapara-Yuga, la religión había decrecido por la mitad. De la incapacidad de estudiar el Veda entero, los Vedas se dividieron en cuatro partes. La inteligencia decreció, cosa que llevó a que pocos pudieran participar de la verdad; y cuando las personas caen de la verdad, explica Hanuman, estas quedan expuestas a la enfermedad y luego a la lujuria, a lo que suceden naturalmente calamidades. En el Dvapara-Yuga, algunos celebraban sacrificios deseando gozar de las buenas cosas de la vida o deseando alcanzar el cielo. Al finalizar esta era, las personas se convirtieron en degeneradas, como resultado de su impiedad.

 

    • En el Kali-Yuga, apenas permanece una cuarta parte de la virtud. Los Vedas, los institutos, la virtud, los sacrificios y las observancias religiosas han caído en desuso; y reinan la enfermedad, la lasitud, el enojo y otras deformidades.



Este esquema de los Yugas resulta interesante de por sí, permitiendo colocar un orden en la vivencia de la humanidad. Pero la pregunta que permanece para el investigador riguroso es: ¿de dónde sacaron estas cifras exorbitantes los brahmanes y escritores de las obras sagradas de la India?

Fundamento científico de los Yugas

En La doctrina secreta[1], H.P. Blavatsky indica que los brahmanes iniciados de la India manejaban ciertas cifras secretas sobre la duración de los ciclos históricos que nunca habían sido hechas públicas, así como también en Isis sin velo[2] señala que Jesús de Nazaret y san Juan el Bautista eran conocedores de dichas computaciones secretas, junto con los jefes de las comunidades de esenios y los sacerdotes y cabalistas de su tiempo.
Pero también señala que existían cifras más exotéricas o conocidas por la población en general, que son las que señalamos más arriba, extraídas de sus textos sagrados.
Todas las cifras y conceptos relacionados con los ciclos históricos que manejaban los brahmanes, dice Blavatsky, provienen de los antiguos registros zodiacales y de las obras de un gran mago y astrónomo que la tradición refiere bajo el nombre de Asuramaya.
El Surya Siddhanta, en su capítulo 1, sloka 2, dice que a Asuramaya le fueron revelados sus conocimientos astronómicos cuando estaba por terminar el Krita-Yuga, lo que implica que dicho personaje habría existido hace por lo menos 2.165.000 años (si consideramos la referencia de la tradición hindú de que actualmente estamos en el Kali-Yuga, que se inició el 18 de febrero del 3102 a.C.).
Ya sea que tomemos este dato como ficticio o real, el Surya Siddhanta data por lo menos del siglo VI d.C., ya que Aryabhata, un gran matemático y astrónomo hindú del siglo V y VI de nuestra era, menciona el Surya Siddhanta en sus trabajos. Esto resulta impresionante cuando consideramos los conocimientos que esa obra nos muestra.
Es en el Surya Siddhanta donde encontramos una relación astronómica de la duración de un Maha-Yuga:

“En una era (Yuga), las revoluciones del Sol, Mercurio y Venus, y de las conjunciones de Marte, Saturno y Júpiter, moviéndose hacia el este, son 4.320.000. De la Luna, 57.753.336; de Marte, 2.296.832; de la conjunción de Mercurio, 17.937.000; de Júpiter, 364.220; de la conjunción de Venus, 7.022.376; de Saturno, 146.568”.[3]


Lo que extraemos de este texto es que existe una relación entre la duración de un Maha-Yuga, de 4.320.000 años, y el tiempo que toman los llamados siete planetas astrológicos (la Luna, Mercurio, Venus, el Sol, Marte, Júpiter y Saturno en regresar a las mismas posiciones relativas en sus órbitas que tuvieron al principio del ciclo.
Dicho de otro modo, en el tiempo que lleva al planeta Tierra realizar 4.320.000 revoluciones en su órbita alrededor del Sol (astrológicamente, o desde el punto de vista del observador en la Tierra, es el Sol quien da las revoluciones alrededor de nuestro planeta), o en 4.320.000 años terrestres, los demás planetas han realizado las siguientes revoluciones alrededor de su propia órbita:

    • La Luna: 57.753.336

 

    • Mercurio: 17.937.000

 

    • Venus: 7.022.376

 

    • Marte: 2.296.832

 

    • Júpiter: 364.220

 

    • Saturno: 146.568



¿Son exactas estas mediciones que nos refiere el Surya Siddhanta? El primer impulso del investigador escéptico es el de negar siquiera la posibilidad de que un texto tan antiguo pudiera indicar mediciones de los ciclos de los planetas que se puedan acercar a las mediciones obtenidas con los complejos instrumentos de nuestros días.
Para verificar esto, tomemos primero los datos que nos aporta la NASA en su página de exploración del sistema solar[4] en cuanto a la cantidad de años terrestres que dura el período orbital de cada cuerpo celeste:

    • Mercurio toma 0,2408 años terrestres (88,0 días terrestres) en girar alrededor de su órbita.

 

    • Venus toma 0,6152 años terrestres (224,7 días terrestres),

 

    • Marte toma 1,8808 años terrestres (686,7 días terrestres),

 

    • Júpiter toma 11,8626 años terrestres (4.331,8 días terrestres),

 

    • Saturno toma 29,4475 años terrestres (10.760,0 días terrestres) y

 

    • La Luna toma 0,0748 años terrestres (27,3 días terrestres).



Si a partir de los datos aportados por la NASA luego calculamos cuántas circulaciones realiza cada planeta alrededor de su órbita en un periodo de 4.320.000 años terrestres, observaremos que arrojan cifras muy aproximadas a las aportadas por el Surya Siddhanta (el mayor margen de diferencia es de 0,09%). Esto se logra realizando la siguiente operación aritmética:

    • Revoluciones que realiza el planeta alrededor de su órbita en 4.320.000 años terrestres = 4.320.000 / lapso de tiempo que toma el planeta alrededor de su órbita en año terrestres.

 

    • Ej. Revoluciones que realiza Mercurio alrededor de su órbita en 4.320.000 años terrestres = 4.320.000 / 0,2408 años terrestres

 

    • Revoluciones que realiza Mercurio alrededor de su órbita en 4.320.000 años terrestres = 17.936.721



Planeta Período de revolución alrededor de la órbita en años (datos de la NASA) Período de revolución en días (datos de la NASA) Revoluciones de cada planeta en 4.320.000 años terrestres (desde datos de la NASA) Revoluciones en un Maha-Yuga (según el Surya Siddhanta) Margen de diferencia
Mercurio 0,2408 87,9700 17.936.721 17.937.000 0,0016%
Venus 0,6152 224,7000 7.022.138 7.022.376 0,0034%
Tierra 1,0000 365,2564   4.320.000  
Marte 1,8808 686,6553 2.296.837 2.296.832 -0,0002%
Júpiter 11,8626 4331,7724 364.169 364.220 0,0139%
Saturno 29,4475 10760,0349 146.702 146.568 -0,0912%
Luna 0,0748 27,3216 57.753.153 57.753.336 0,0003%


Tabla 2. Comparación entre los datos aportados por el Surya Siddhanta y los datos aportados por la NASA en nuestros días.

Con estas operaciones podemos deducir que las cifras astronómicas que reflejaron los brahmanes o sabios de la antigua India en sus textos se aproximan tremendamente a las cifras que aporta hoy la NASA. La diferencia fundamental radica en que los antiguos sabios de la India no estaban interesados en conocer estos datos astronómicos como una finalidad en sí mismos, sino que buscaban conocer y enseñar cómo los planetas y demás elementos de la naturaleza nos afectan a los seres humanos.

Referencias de los ciclos históricos y la circulación de los planetas en otras tradiciones

La tradición hindú no es la única donde aparece la relación de los ciclos históricos con los movimientos de los planetas. Los filósofos estoicos llamaban el “Gran Año” a un ciclo completo medido por el tiempo en que tomaban los planetas en retornar a su posición relativa inicial. Nemesio, obispo de Emesa, del siglo V de nuestra era, refería sobre esto:

“Los estoicos afirman que cuando los planetas retornan, en ciertos periodos fijos de tiempo, a las mismas posiciones relativas, a lo largo y ancho, que tuvieron al principio, cuando el cosmos fue constituido, esto produce la conflagración y destrucción de todo lo que existe”.[5]


Al cabo de este “Gran Año”:

“devendría un gran incendio universal [ekpyrosis] que acabaría con las cosas existentes para, luego de un tiempo, volver a empezar el ciclo de diferenciación. Las etapas se [repetirían] sobre la base de leyes muy semejantes, pero nunca un ciclo de vida es exactamente igual al anterior, pues los sucesivos incendios que afectan los mundos, los va purificando moralmente”.


En el El Timeo de Platón también se nos cuenta algo similar, en donde se llama “Año Perfecto” al período que se genera cuando se da la conjunción de los planetas:

“[El Año Perfecto es el ciclo que se generó] cuando el Sol había deambulado completamente por su órbita… cuando las ocho circulaciones concurriendo en sus cursos entre sí se delimitaron por la misma extremidad; siendo al mismo tiempo medidos por el círculo, subsistiendo de acuerdo a lo mismo”[6].


A esto, Platón agrega otra explicación más esotérica aún, indicando que la razón de ser de la creación de los planetas por parte del demiurgo guarda relación con la naturaleza del tiempo:

“Para dar nacimiento a la subsistencia fluida [del Tiempo], [el demiurgo] generó el Sol y la Luna, y las otras cinco estrellas, que son denominadas planetas, con el propósito de distinguir y custodiar los números del Tiempo. Pero la Divinidad, apenas hubo producido los cuerpos de estas estrellas, las ubicó, siendo siete en número, en las siete circulaciones formadas por la revolución de la naturaleza distinguida por diferencia”[7]


Una ciencia al servicio del hombre

La investigación y el estudio de estos conocimientos de la Antigua India nos da a entender que para ellos la ciencia era una herramienta a través de la cual procuraban arrojar un poco de luz en la difícil tarea de comprender la vida y la naturaleza que nos rodea. En el caso de la astronomía, o la medición de los ciclos de los planetas, vemos que lo relacionaban con la vivencia de los ciclos que atraviesa el ser humano en su devenir, y le permitía encontrar un sentido y un orden a ciertos aspectos de su pasado y presente, así como buscaba prepararle mejor para enfrentar su futuro.
Si analizamos el papel que juega la ciencia de nuestros días, observamos que nos aporta grandes comodidades y nos facilita enormemente la vida con toda clase de herramientas. Sin embargo, pareciera que en este tiempo padecemos mayor sufrimiento que en pocas anteriores: la brecha en la distribución de la riqueza es cada vez mayor; cada día agoniza más la naturaleza por el daño que le hacemos; cada vez existe más violencia y delincuencia y un sinfín de problemas que nos aquejan.
¿Es que acaso vivimos mejor hoy en día? No hay duda de que la tecnología nos ha proporcionado importantes beneficios, pero, juzgando por el estado actual de males que padecemos, pareciera que hubiéramos olvidado enfocarnos en necesidades más básicas para el ser humano, como son el buscar su realización interior y vivir en armonía con su entorno.
La ciencia de la Antigua India tenía la virtud de estar al servicio del hombre, de buscar su desarrollo integral y de proporcionarle herramientas para desentrañar los misterios que le rodean.
Como el Prof. Jorge Ángel Livraga escribió, el hombre mejorará cuando se rescate ese viejo sentido que tenía la ciencia:

Hace falta renovar la ciencia… que busque honradamente la verdad de las leyes fundamentales que rigen el universo, antes que un nuevo color para motivar una de las tantas pastas dentífricas. Que no esté al servicio de quien mejor le pague, sino de quien más la necesite… Una ciencia nueva … que abarque la política, la economía, la ecología y todas las nuevas posibilidades de mejorar la vida humana y hacerla más digna.


[1]    H.P. Blavatsky. Doctrina secreta, tomo 2, p. 49 y 70.
[2]     H.P. Blavatsky. Isis sin velo, tomo 2, p. 144.
[3]     Surya Siddhanta, capítulo 1, slokas 29 al 32.
[4]     NASA: Exploración del sistema solar: http://solarsystem.nasa.gov/index.cfm.
[5]     Nemesio. De Natura Hominis. 111. 14-18
[6]     Platón. El Timeo, 39d.
[7]     Platón. El Timeo, 38c.

Bibliografía

    • Blavatsky, Helena Petrovna. La doctrina secreta. Wheaton, Illinois: The Theosophical Publishing House, 1993.
      El Mahabharata. Traducción de Kisari Mohan Ganguli, 1883-1896. Libro 3, Sección CXLVIII. http://www.sacred-texts.com/hin/maha/index.htm.
      Leyes de Manú. Libros Sagrados del Este, Volumen 25. Traducción de George Bühler, 1886. http://www.sacred-texts.com/hin/manu.htm.
      Nemesio. De Natura Hominis. Ed. M. Morani (1987). p. 309-311.
      Platón. El Timeo (Obras de Platón, volumen 2). Somerset: The Prometheus Trust (Thomas Taylor Series), 1996. p. 439-440.
      Surya Siddhanta. Calcutta: C.B. Lewis, 1861. p. 5-6.

 

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