Septiembre 2015

La constitución septenaria del ser humano

Escrito por  Toni Font
La constitución septenaria del ser humano

El ser humano es mucho más que un cuerpo físico, como se demuestra en situaciones en las que interactúan emociones, actitudes y salud, por ejemplo. Sus sentimientos, pensamientos y espiritualidad tienen un papel específico dentro de su constitución. Desde hace miles de años, las tradiciones orientales ya lo describen detalladamente.

Los cuerpos del ser

La constitución septenaria, que enseñó la filósofa rusa H. P. Blavatsky, se nutre del conocimiento de tradiciones como la hindú y del conocimiento de la naturaleza humana para convertirse en una herramienta que nos ayuda a comprender las distintas dimensiones de nuestro ser. Aunque con el ánimo de facilitar su conocimiento establezca una división entre los distintos cuerpos que conforman nuestra existencia, todos los planos desarrollan su función y se interrelacionan. El estudio de la constitución septenaria es un claro ejemplo de lo que la metafísica oriental nos puede aportar.

La metafísica de la India considera al ser humano como una globalidad integrada en el universo, sin que ello haya supuesto un impedimento a la hora de esquematizar y diferenciar diversas dimensiones de nuestro ser, desde la más espiritual y sutil a la más material y densa, unas divisiones que lejos de establecer una separación lo que persiguen es facilitar la comprensión de nuestra naturaleza.

La teosofía, en su búsqueda espiritual, en su voluntad de acercarse al conocimiento de esa realidad trascendente que está más allá de nuestra existencia corpórea y contingente, se ha nutrido de diversas tradiciones, entre las que se encuentra la metafísica hindú. La llamada constitución septenaria, establecida por Helena Petrovna Blavatsky, es un ejemplo de integración de los conocimientos de la metafísica de Oriente y de su capacidad de relacionar los planos físico, energético, emocional, mental y espiritual del ser humano.

Cierto es que todos los planos de nuestra existencia están estrechamente interconectados y lo que sucede en uno de los planos afecta a los otros, pero la división tiene un carácter práctico que quiere hacer más accesible el conocimiento. Igual que un automóvil conforma una unidad en la que cada una de sus partes contribuye al funcionamiento global, esa unidad no nos impide que distingamos sus piezas por separado.

Fuentes de la tradición hindú

En la tradición vedántica hindú se establece una división en tres cuerpos (Śariratraya): el Sthūlaśarīra (cuerpo denso o físico), el Sūkṣmaśarīra (cuerpo sutil, compuesto por el energético, el emocional y el mental) y el Karaṇaśarira (cuerpo causal o extremadamente sutil, el espiritual). Asimismo, en la Taittirīya Upaniṣad aparece otra división, en kośas, palabra que a menudo se suele traducir como «envoltura». Se distinguen el Annamayakośa (hecho de alimento), que corresponde al cuerpo físico; el Prāṇamayakosa (hecho de prana), referido al cuerpo energético; el Manomayakośa (hecho de mente), equivalente al cuerpo emocional y a la parte mental centrada en el ego; el Vijñānamayakośa (hecho de sabiduría), que se refiere a la mente que razona y discierne, y el Ānandamayakosa (hecho de gozo), que concierne a Buddhi, la mente más elevada, intuitiva y luminosa, la que está más cercana al espíritu (Ātman).

La constitución septenaria de H. P. Blavatsky se inspira, entre otras, en la tradición filosófica hindú para exponer qué cuerpos componen nuestra realidad como seres humanos encarnados. Estableció siete principios y los dividió en dos grupos: un cuaternario inferior y una tríada superior. Iniciaremos su explicación desde lo más material a lo más espiritual, siguiendo, por tanto, el camino ascendente.

constitucion septenaria esquema

El cuaternario inferior

En el cuaternario inferior encontramos el Sthūlaśarīra, o cuerpo etero-físico, la parte material de nuestro cuerpo. Está compuesto de materia y forma. Es el cuerpo que mantenemos gracias al alimento físico y sus nutrientes. En la división en kośas equivale al Annamayakośa. A continuación se encuentra el Prāṇaśarīra, o cuerpo energético, el principio vital. Se alimenta con la respiración y con la energía del universo. La energía del sol incide especialmente en este cuerpo, así como el mar, con su carga de iones negativos que contribuyen a nuestro bienestar. También se nutre a través de la práctica de ejercicio físico. Equivale al Prāṇamayakosa. El Liṅgaśarīra, también denominado cuerpo astral, es el cuerpo que alberga nuestras emociones y sentimientos, como el amor, el odio, la alegría, la tristeza, el miedo, etc. El siguiente es Kāma-manas, que podemos traducir como la mente de deseos. Es la mente focalizada en el ego, la que piensa y elucubra con el fin de obtener el beneficio propio. Estos dos últimos cuerpos se incluyen dentro de Manomayakośa. Con ellos se cierra el cuaternario inferior, que es lo que conforma aquello que denominamos comúnmente «personalidad».

La tríada superior

La tríada superior es la parte de nuestro ser que sobrevive a nuestra muerte como seres encarnados. Se conecta con la parte inferior a través del llamado Antaḥkaraṇa, literalmente «órgano interno», al que en ocasiones se denomina con el poético nombre de «hilo de plata». Está formada por Manas, la mente racional, que a diferencia de Kāma-manas, apunta más allá de nuestra existencia personal. Es la mente que se fundamenta en los valores éticos, en virtudes como la solidaridad, es la que se cuestiona sobre nuestra naturaleza trascendente y el sentido de nuestra existencia. Equivale a Vijñānamayakośa, la mente discernidora. Buddhi es la mente de la sabiduría, el intelecto, el conocimiento intuitivo, directo, sin razonamiento. Es la mente más sutil y su conocimiento es difícil de expresar y de evocar, ya que se adquiere a partir de un elevado desarrollo espiritual y a través de la gracia. Equivale a Ānandamayakosa y tiene una naturaleza cercana al Ātman, el último estado de la tríada superior y de la constitución septenaria, el espíritu, el principio inefable, la voluntad en estado puro, el yo supremo. Está, por tanto, más allá de la división en kośas.

Constitución septenaria-Elementos

División kośas

Śarīratraya

 

Tríada superior

Ātman

 

Karaṇaśarīra

Buddhi

Ānandamayakośa

 

Sūkṣmaśarīra

Manas

Vijñanamayakośa

 

Cuaternario inferior

Kāma-manas

Manomayakośa

Liṅgaśarīra

Prāṇaśarīra

Prāṇamayakośa

Sthūlaśarīra

Annamayakośa

Sthūlaśarīra

 

La multidimensionalidad del ser

Cuanto mayor desarrollo espiritual posea el individuo, mayor preeminencia tendrán los elementos superiores. El carácter materialista se focaliza en exceso en los elementos del cuaternario inferior e impide la percepción trascendente de los elementos superiores. Debido a la interconexión entre los planos, el mal cuidado de uno de ellos repercutirá en el superior y así sucesivamente. Por ejemplo, una mala alimentación provocará que los órganos físicos enfermen y ello afectará a nuestra energía vital, el nivel pránico. Si nuestra energía es baja, nuestras emociones y pensamientos tenderán a la negatividad. La conexión también se produce de modo descendente, como en el caso de un mal pensamiento, que mina nuestra energía y acaba somatizándose a nivel físico. Reconocer la primacía de la tríada superior como regente no significa que debamos descuidar el cuaternario inferior. Solo de esta manera garantizaremos la óptima expansión de nuestro ser.

Si entendemos la constitución septenaria como una exposición de la interrelación entre los diversos planos o cuerpos más que como una división, es una herramienta privilegiada que nos ayudará a la comprensión de la multidimensionalidad del ser humano y, por extensión, del universo.

Para saber más:

  • Manual teosófico. Constitución septenaria del hombre. Reencarnación. La muerte, ¿y después? Annie Besant. Biblioteca Orientalista. R. Maynadé.  Barcelona,  1920 .
  • La sabiduría del bosque. Taittirīya Upaniṣad. Félix G. Illárraz y Óscar Pujol. Pliegos de Oriente. Editorial Trotta. Madrid, 2003.
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