Julio 2017

La importancia y el poder de la relajación

Escrito por  Escuela de Tai Chi Wu Hsin
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El estado natural del cuerpo es la relajación. Sin embargo, cuesta trabajo creer esta certera afirmación si nos atenemos a los problemas de salud física derivados de la tensión y la rigidez que padece una parte considerable de la población mundial, sobre todo en Occidente.

La pregunta que podríamos hacernos a continuación es: si lo que quiere el cuerpo es estar relajado, ¿qué es lo que hace que se tense y rompa su estado natural? No creemos que a muchos se les escape que la causa de esta desarmonía somos, en realidad, nosotros mismos.

Si sabemos por evidencias psicosomáticas que la mente y el cuerpo se influyen mutuamente, entenderemos que toda tensión y crispación mental o psicológica produce un efecto idéntico en el cuerpo y, si esta situación persiste en el tiempo, más pronto o más tarde acaba derivando en dolor serio o enfermedad.

Esto, que es bien conocido (pero por desgracia poco solucionado) por la mayor parte de la medicina oficial, no es algo nuevo, ya se conocía en la Antigüedad. La sabiduría egipcia nos habla de esta inmutable ley de la Naturaleza, en una de sus claves, con uno de sus aforismos más conocidos: «Así es abajo como es arriba», y el mismo Platón afirmaba que «el carácter no es independiente de la constitución física. Está condicionado por el estado de nuestro cuerpo, así como el cuerpo es influido por las enfermedades del alma». Todo ello, sin mencionar el acervo cultural que a este respecto nos ha dejado la tradición oriental, verdaderos especialistas en lo que al cultivo de la armonía mente-cuerpo se refiere.

No ha de extrañarnos, pues, que las actuales tendencias en el campo de la salud, el bienestar y aun los negocios y el deporte dirijan su mirada hacia estas fuentes de sabiduría ancestral.
Cada vez hay más personas que empiezan a darse cuenta de que tanto el problema como la solución están en la mente. Si logramos desarrollar una mente clara, serena y relajada, a la vez que firme y estable (a pesar de la actividad externa), podremos garantizar la salud.

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Como bien sabemos, relajar la mente no siempre es tarea fácil, pero, si vamos aprendiendo a relajar por lo menos el cuerpo, podremos comprobar que, por esa misma correspondencia que hay entre ambos, la mente se va serenando y, en un camino de ida y vuelta y ayuda mutua, esta potenciará aún más la armonía del cuerpo.

Está demostrado que el dolor producido por la rigidez en las articulaciones, síntoma este de enfermedades como la artritis y otras, está producido en la mayoría de los casos por la rigidez y la tensión mental, que, a través del sistema nervioso contrae los músculos y presiona las articulaciones.

Estudios científicos realizados por diversas instituciones de prestigio a nivel mundial demuestran de qué manera la práctica de disciplinas psicosomáticas, como por ejemplo el Tai Chi, entre otras, mejora considerablemente los síntomas de estas y muchas otras enfermedades.

Energía que se estanca
La milenaria medicina tradicional china, coincidiendo con la moderna ciencia, nos habla de la existencia de unos canales llamados meridianos, por los que circula la energía del cuerpo. De la misma manera que si apretamos fuertemente con nuestra mano una manguera comprobamos que el agua que circula no llega a su destino, cuando los canales energéticos del cuerpo son presionados por la contracción del sistema nervioso, la energía también se bloquea, produciendo efectos nefastos para la salud.

Es de todos conocido que si el agua no corre de manera natural y se detiene, estancándose, acaba por pudrirse y volverse insalubre. Si, como en el ejemplo de la manguera, dejamos de hacer fuerza, el agua-energía volverá a fluir libremente devolviendo las cosas a su estado natural.

De ahí la importancia de la relajación, que no es otra cosa que precisamente soltar, dejar de hacer fuerza.

Desde hace años las investigaciones han demostrado que enfermedades como el cáncer tienen, en la mayoría de los casos, su origen en emociones negativas que no han sido resueltas en el interior del ser humano. Estas quedan retenidas en la psiquis y, finalmente, se reflejan en el cuerpo. En esta línea, por citar dos referentes, se encuentran los trabajos del Dr. Hamer y las teorías de la biodescodificación.

Por increíble que parezca estamos apegados hasta a aquello que nos duele, a nuestros bloqueos y enfermedades, tratando, consciente o inconscientemente de «agarrarnos» a ellos. Según esta visión, si tuviésemos la capacidad de soltarlos, de dejarlos libres, seguirían su camino natural.

La mente racional tiene una gran tendencia a apegarse a las cosas, a apresarlas, poseerlas. Le horroriza el silencio, el vacío. Pero es ahí precisamente donde está la solución. Cuando los problemas de la mente caen en el vacío, se quedan sin asidero en nuestro interior. Es por lo que escuelas como la zen desarrollan la doctrina del vacío o la «no mente», no como una forma de abstracción estéril, sino como una manera de liberarse de todo pensamiento que nos bloquea y limita y permitir que ese vacío lo ocupe una sabiduría natural que también reside en nosotros.
En la cultura china, a la relajación la llaman liberación. Relajarse es, pues, liberarse de lo que sobra. La filosofía taoísta nos diría que, en realidad, el ser humano se cura de su enfermedad cuando se cansa de ella y la suelta.

En ese sentido podríamos decir que la salud y la armonía son una cuestión no tanto de hacer sino, más bien, de dejar de hacer. Dejar de hacer fuerza, dejar de contraerse. Una cuestión de no resistirse, en el peor sentido de la palabra, de no poner obstáculos e impedimentos a la libre circulación y natural fluir de la vida.

Pensadores actuales de gran renombre e influencia, como Eckhart Tolle, filósofo contemporáneo que recoge y actualiza enseñanzas tradicionales, nos hablan del concepto de la aceptación. El profesor Tolle aconseja que debemos elegir voluntaria y conscientemente aquello que nos está pasando, aceptarlo de manera serena sin resistirse o forcejear, como una estrategia que nos permite la absorción, reconducción y liberación, de manera natural, de esa fuerza negativa.

Esto no implica ni mucho menos conformismo, resignación o falta de coraje. En realidad, dejar de actuar y evitar que nuestro ego intervenga requiere, en muchas ocasiones, más valor y esfuerzo que aplicar nuestra intención personal.

Dentro de la cultura marcial, grandes maestros como Morihei Ueshiba, Jigoro Kano o Yang Lu Chang, demostraban el poder de la relajación y la suavidad en el combate, desarrollando conceptos como el de la «no lucha» o el arte de «ceder para vencer». Paradójicamente, han sido los artistas marciales más poderosos que hemos conocido en la historia reciente.

Dice un aforismo que «menos es más». La Naturaleza es sencilla, ecuánime, sin excesos ni artificialidades. Solo así puede ser eficaz, bella y armoniosa.

Para nosotros esto supone un paradigma totalmente diferente porque, por lo general, solemos hacer todo lo contrario. Nuestra cultura nos ha enseñado a usar más fuerza de la que necesitamos para hacer las cosas. Estamos más acostumbrados a «hacer», hablar, intervenir, que a callar, escuchar y percibir.

Aprendamos aquello que nos falta: aprendamos a soltar, aprendamos a vivir.

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