Septiembre 2014

Ponte las gafas de la felicidad: entrevista a Rafael Santandreu

Escrito por  Bibiana Ripol y Héctor Gil
Ponte las gafas de la felicidad: entrevista a Rafael Santandreu

Rafael Santandreu es uno de los psicólogos más importantes de España, referente en nuestro país y en el extranjero. Tras el éxito de su libro El arte de no amargarse la vida, que fue el libro de no ficción más vendido en España en los dos últimos años, publica ahora Las gafas de la felicidad, un verdadero manual para realizar autoterapia psicológica en casa. En México le llaman "el Dr. House de la psicología" por su modo de expresarse directo y su uso apabullante de la lógica.

¿Es posible hacer autoterapia, prescindir del psicólogo?

¡Por supuesto! De la misma forma que uno puede arreglarse el coche, si se sabe cómo. Yo he recibido correos de personas de todo el mundo que, con mis libros, han educado su mente y se han transformado de una forma espectacular: incluso en casos de trastornos serios como el bipolar. Sus psiquiatras no se lo creen, pero ahí están los resultados.

Los psicólogos españoles deben de estar enfadados con usted. ¡Les quita el trabajo!

Quizás algunos lo estén, pero ¿sabe?, eso no me preocupa en absoluto. Es imposible gustarle a todo el mundo. Ni siquiera Teresa de Calcuta tenía la aprobación de todos.

Usted advierte de que tenemos una verdadera epidemia de enfermedad emocional. ¿Cómo es de grave?

Ante todo, por favor, evite el uso de la palabra “grave”. No hay nada “grave” en esta vida. Hoy estamos vivos y mañana muertos. No olvidemos jamás que quizás caiga un meteorito esta tarde y reviente el planeta: ¡es lo que hay! Dicho esto, le confirmo que nunca antes ha habido tanta enfermedad emocional. En estos momentos, un 30% de la gente está fatal. Casi no pueden ni ir a trabajar. Ese 30% toman todo tipo de psicofármacos: tranquilizantes, pastillas para dormir, antidepresivos… Y esa cifra aumentará con toda seguridad hasta llegar al 50% dentro de veinticinco años. ¿Qué le parece?

Rafael-Santandreu-(1)Me parece que tenemos un problema, aunque usted diga que no hay nada “grave”.

Sí, un problema sí hay, aunque ya le digo que es inevitable, irresoluble. Los medios de comunicación ya no hablan de ello: ya no es noticia que la anorexia se haya duplicado en los últimos diez años en España. Como sociedad esta debacle es inevitable, pero individualmente podemos salvarnos: ese es el objetivo de este libro.

¿Por qué como sociedad no podemos curarnos de la enfermedad emocional?

Porque es la misma sociedad, con sus valores equivocados, la que produce el malestar emocional. La gente no se da cuenta, pero la superpresión que nos imponemos todos es bestial. Tenemos que ser guapos, inteligentes, cultos, viajados, delgados, ordenados, eficientes, extrovertidos, tener muchos amigos, tener una bonita casa, un trabajo donde realizarte, vacaciones divertidas, hijos, una pareja que me ame… y si no cumples una sola de esas cosas: ¡ponte a temblar! Eres un gusano de la peor especie que no debería sacar la cabeza de la tierra.

En ese sentido, usted dice en su libro que la clave de la fortaleza emocional es “la bastantidad”.

Sí. La bastantidad es el secreto de los más fuertes y felices. La bastantidad consiste en decirse a uno mismo: “Con muy poco tengo bastante”. Yo no soy católico, pero me encanta san Francisco de Asís, que decía: “Cada día necesito menos cosas y las pocas que necesito, las necesito muy poco”. Pero ¡cuidado!, hay que tener bastantidad no solo de cosas materiales sino de cosas inmateriales, como tener bastante con la mínima inteligencia, con tener un amigo y basta, alegre de ser tímido, contento aunque no tenga pareja…

Usted dice que ni siquiera el “respeto” es tan importante.

Efectivamente. Un poco de “respeto” está bien, pero “mucho respeto” es de locos. Si tú te dices a ti mismo: “Necesito que todo el mundo me respete todo el tiempo”… te vas a volver majara porque eso no va a pasar y, por otro lado, la mayor parte de las faltas de respeto son chorradas, cosas sin importancia.

Usted dice cosas chocantes como que “la vida es un chollo”… Muchos no estarán de acuerdo…

Lo sé. Existe la creencia irracional de que “la vida es dura”, pero Charles Darwin escribió: “Después de estudiar a muchas especies animales a lo largo del mundo, he llegado a la conclusión de que el destino del ser humano es ser feliz porque todos los animales lo son”. Darwin también se preguntaba por qué no lo somos nosotros… Y él mismo se daba la respuesta: “Porque vivimos de forma antinatural”. Es decir, nunca tenemos bastante de nada. Pero podemos revertir eso con autoterapia y dominar nuestra mente del mono loco.

Rafael-Santandreu-(3)Usted dice que hemos de cambiar a nuestros héroes cotidianos, hemos de abandonar a Rafa Nadal para adoptar a otros como Jean Dominic Bouby.

Sí. Con todos mis respetos, Rafa Nadal es un autista en lo que se refiere al tenis. No es nada sano pasarse ocho horas haciendo lo mismo, aunque a eso le llamen entrenarse. Pero nuestra sociedad endiosa a autistas. Sin embargo, podríamos fijarnos más en gente como Jean Dominic Bouby, del que yo hablo en mi libro. Este hombre se quedó supertetrapléjico, solo podía mover la pupila de un ojo. Pero decidió aprovechar su vida y ser feliz. Escribió un libro llamado La escafandra y la mariposa, que fue un éxito de ventas en Francia.

¿Cómo lo escribió si no podía ni moverse ni hablar?

Dictándolo a una asistente a través de un código de parpadeo de ese único ojo que le funcionaba. Jean Dominic es mi héroe: ¡ese sí!

Usted da a sus pacientes un ejercicio muy raro: le llama “ricas dosis de incomodidad”. Me lo explique.

Ya sé que parece raro recomendarle a alguien que cada semana escoja meterse en dos situaciones incómodas, como hacer ayuno todo un día o no dormir. Pero a muchos de mis pacientes les va genial: dejan de ser cascarrabias, de deprimirse, de quejarse de todo. Nosotros tenemos endiosado el concepto de “comodidad” y eso es muy malo. Hay que dejar de darle tanta importancia a la comodidad porque si no, nos volvemos hipersensibles: no soportamos el ruido, las colas, los fallos y pequeñas adversidades.

Parecen ejercicios de penitencia de monjes benedictinos.

Es que la tradición católica tiene grandes enseñanzas a nivel mental o emocional. Los monjes desarrollaron a lo largo de los siglos unas herramientas de meditación y crecimiento personal muy buenas que no habría que dejar perder, seamos creyentes o no.

Usted se mete mucho en su libro con el sistema educativo. Pero no con el del PP, sino con todos. Se mete usted con los profesores: no le comprarán ni un libro.

Allá ellos, aunque yo les recomiendo que cambien el chip ya, porque la profesión de profesor podría ser maravillosa y, por culpa de su irracionalidad, es una pena. La escuela –en todo el mundo– es la pérdida de tiempo y recursos más importante de la historia de la humanidad. Nos pasamos seis horas al día durante once años memorizando cosas que se olvidan. Yo solo aprendí a leer y a escribir con faltas y las cuentas mínimas. Todo lo demás que sé lo he aprendido fuera de ahí. ¿No se dan cuenta los profesores de que su trabajo no vale casi nada?

¿Y cómo deberían ser las escuelas?

Sin ninguna duda, lugares con las puertas abiertas. Si quieres, te metes en clase, y si no, te vas al patio a jugar al fútbol o lo que sea. Es decir, el aprendizaje tiene que ser totalmente voluntario. Eso sí, los profesores deben atraer a los alumnos porque si no, se van a encontrar sus aulas vacías y, en nada, a la calle.

Los profesores tendrían así una evaluación diaria...

Sí, pero se divertirían el doble con alumnos maravillados por el saber. Pero los profesores tienen miedo porque este sistema del que hablo les pone en la picota: si eres un tocho, ya no puedes ejercer de profe. Prefieren eternizar el sistema matraca, examinador, de memoriza y olvida, antes que arriesgarse a algo más bonito y efectivo.

La homosexualidad es otro de los tabúes que rompe usted.

Es que todos somos homosexuales en potencia; así que basta de hacer el tonto con la homofobia. ¿Matrimonios gays? Por supuesto: ¡si todos somos gays! Está demostrado que los seres humanos son animales capaces de gozar con el propio género, de forma natural, aunque tengamos una preferencia sexual principal. Yo, como todos los heterosexuales, prefiero las mujeres (me apasionan), pero podría tener una aventura homosexual divina. Esto es así para todos, si abrimos la mente y dejamos de hacer el troglodita de una vez.

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