Diciembre 2012

24º Festival Internacional de Fotoperiodismo: Visa pour l´Image

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24º Festival Internacional  de Fotoperiodismo: Visa pour l´Image

El Visa pour l’image es el festival de fotoperiodismo internacional más importante del mundo y desde hace 24 años se viene celebrando con un gran éxito de público, que en muchos casos son fieles seguidores que repiten año tras año. Y es que el Visa no te deja indiferente.

Como cada año en la ciudad de Perpignan, se han dado cita fotorreporteros de todo el mundo. Sus fotorreportajes han llenado las paredes de salas de edificios singulares como un antiguo convento, una antigua iglesia, una caserna militar, un palacete…
Para esta ciudad es todo un acontecimiento. Durante tres semanas, en el mes de septiembre, la ciudad ha alterado su ritmo normal para acoger a profesionales y aficionados al mundo de la fotografía o simplemente a interesados en descubrir otras realidades. A parte de las exposiciones, gratuitas todas ellas, hay toda una serie de actos paralelos: charlas, coloquios, homenajes, proyecciones retrospectivas…. Y como no, el Festival también es un punto de encuentro y contacto para los profesionales.

La voluntad del Visa es enaltecer y divulgar de forma gratuita el trabajo de fotorreporteros, hombres y mujeres  comprometidos, que en muchas ocasiones se juegan la vida para mostrarnos otras caras de la realidad muy distintas de nuestra comodidad cotidiana. En muchos casos realidades duras y estremecedoras como las guerras, las catástrofes naturales, la lucha por la supervivencia en muchos rincones del mundo, el odio racial y étnico, injusticias sociales…; o por otro lado mostrarnos formas de vivir y anhelos de distintos pueblos del planeta olvidados y en algunos casos despreciados por los intereses de la geopolítica.

Las diferentes sedes de los fotorreportajes te permiten descubrir esta agradable ciudad del sur de Francia: las estrechas callejuelas del centro, sus plazas con abundantes terrazas para tomar un café o un refresco donde hacer un descanso y poder así digerir las sobrecogedoras imágenes, algunas por su gran belleza y otras por la tragedia que encierran.
El ambiente en la ciudad es muy agradable y tranquilo, gente con sus cámaras fotográficas colgadas del hombro y el plano de las sedes entre las manos recorriendo las calles comentando en voz más bien baja lo que han visto. Y es que el Visa obliga a reflexionar.

En las exposiciones el silencio y el respeto que se respiran son abrumadores, el impacto de las imágenes en algunos casos te hiela el alma: ¿cómo puede el ser humano ser capaz de semejantes atrocidades y de tanta crueldad?, ¿somos realmente humanos o somos simplemente bestias? Pero por otro lado podemos encontrar esperanza y entusiasmo que te hacen soñar en que un mundo mejor es posible.

Esta edición del Visa nos ha recordado de nuevo las espantosas imágenes de los desastres de las guerras que hay en el mundo, donde los países árabes tienen un triste y gran protagonismo: Afganistán, Irak, Siria, la Primavera árabe, con la caída de los regímenes dictatoriales de Túnez, Egipto y Libia y su incierto pero esperanzador futuro.

África también ha tenido un triste protagonismo con el escalofriante reportaje de la situación de los enfermos mentales. Enfermedades causadas por los traumas de las atrocidades de las guerras a las que han estado sometidos los pueblos africanos y que han dejado huellas imborrables en muchos habitantes a los que el resto de familiares y vecinos consideran endemoniados.
La crueldad del odio étnico-religioso en Nigeria.

La vulnerabilidad de las mujeres en Zwazilandia, país que encabeza la lista mundial por su enorme porcentaje de seropositivos donde la población femenina esta muy castigada.

O el reportaje sobre el Kommandokorps, en Sudáfrica; un grupo de extrema derecha liderado por un antiguo comandante del apartheid que todavía hoy adiestra militarmente a adolescentes afrikaners, nacidos después del apartheid, en campamentos de verano donde se les inculca el odio hacia los sudafricanos negros.

Los objetivos también se han fijado en los desajustes de Occidente, con los disturbios en Grecia a raíz de la crisis económica, que nos recuerdan el difícil momento que estamos viviendo.

El resurgir de grupos racistas como el Kuklux klan, en Estados Unidos, que fomentan el odio y la ira en nombre de Dios.

O el reportaje sobre el final de la vida de nuestros ordenadores, móviles, smartphones… que se envían a vertederos en el Ártico, Pakistán, China, India o Nigeria donde se amontonan contaminado el agua, el suelo y a las personas que los recogen y desmontan para obtener algún beneficio económico a pesar de su gran toxicidad.

Otro reportaje retrata los rostros de detenidos y expresidiarios de Guantánamo sometidos a tortura en nombre de la lucha contra el terrorismo, que en muchos casos no se ha podido demostrar su culpabilidad.

Reportajes como el de las niñas a quienes obligan a casarse en muchos casos con apenas ocho años y muchas de ellas sin haber tenido la primera menstruación. Una auténtica y descalabrada perversión de antiguas tradiciones que hoy son un sinsentido.

La crisis alimentaria en Corea del norte. O el malvivir de un grupo de familias entre los escombros de una fábrica de chocolate abandonada en Salvador de Bahía, en Brasil nos abren los ojos a realidades que te remueven el estomago y te indignan por que son seres humanos deshumanizados por las circunstancias y en muchos casos sin la posibilidad de rebelarse y decir no. Una deshumanización instaurada en la corrupción, en la ignorancia y la falta de educación.

También descubrirnos distintas formas de vivir en remotos rincones del mundo, como la de los saami, los pastores de renos, en las regiones árticas de Escandinavia y Rusia, el anhelo de libertad del pueblo kurdo, la discriminación y marginalidad de los aborígenes australianos o la ancestral forma de vivir de los pobladores de los pantanos en el sur de Irak, en la desembocadura del Tigres y el Eufrates, que Sadam Hussein intentó aniquilar.

Y ante esto, piensas que al dios de la globalización, creado por los intereses económicos, no le va la diversidad. Nos quiere consumidores homogéneos, con una misma motivación como si fuéramos tomates transgénicos: grandes, con el mismo tamaño y brillantes pero sin gusto y sin olor a tomate.

También se muestran las impresionantes imágenes del prestigioso premio anual World Press Photo, impactantes y de gran belleza. Fotos que han captado el dolor, la rabia, la ira, el miedo, el horror, la desesperación, la frustración, el odio pero también la compasión, el amor, el coraje, la valentía, el esfuerzo y la humanidad.

El año 2011, y lo que llevamos del 2012, están siendo por un lado especialmente sangrientos y violentos, a causa de los conflictos bélicos y catástrofes naturales; y por otro lado movidos a nivel social debido el descontento y el empobrecimiento de la población a nivel mundial como consecuencia de la crisis económica. Y esto es lo que han reflejado la mayor parte de los fotorreportajes del Visa con imágenes a veces escalofriantes.

Pero la lectura no es de desánimo, sino de información y sobretodo de concienciación, para que cada uno pueda reflexionar y sacar sus propias conclusiones y en la medida de lo posible, actuar en consecuencia empezando por pequeñas acciones en nuestra vida cotidiana.
Algunos de los reportajes nos abren los ojos para tomar consciencia de determinados hábitos que para nosotros son intranscendentes, como pueda ser cambiar de móvil cada año, que tiene graves consecuencias para el planeta y para miles de seres humanos.

De nuestra visita al Visa pour l’image de Perpignan, nos quedamos con las imágenes de las miradas de cariño y afecto, los gestos  de generosidad y solidaridad, las sonrisas que miran hacia el futuro con esperanza a pesar de las injusticias y las extremas condiciones de vida.

Un año más nos quedamos con la humanidad inmortalizada en todos los fotorreportajes, que nos desvelan que un mundo mejor es posible.


Cinta Barreno Jardí

Para saber más:

www.visapourlimage.com
www.worldpressphoto.org

Agradecimientos: Las fotografías de este artículo pertenecen a la fotógrafa Montse Madurell Malapeira

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