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Febrero 2014

La revolución de la fraternidad

Escrito por  Francisco Capacete
La revolución de la fraternidad

Vivimos un momento histórico en ebullición, y nuestro papel dentro de él, como protagonistas o como víctimas pasivas, depende en parte del concepto que tengamos de la Historia y de quiénes fueron los artífices de los grandes cambios que impulsaron a la Humanidad a sus mejores momentos de esplendor.

Las ideas, como tantas otras cosas, se degradan por falta de uso o uso inadecuado. Así como la tinta de una impresora se seca cuando no se hacen impresiones durante un cierto tiempo, las ideas se olvidan cuando no se llevan a la práctica. Las escuelas de filosofía que se han fundado a lo largo de la historia han tenido como función revitalizar las ideas para evitar que se degraden o desaparezcan.

Una de las ideas que está en vías de degradación e incluso de desaparición es la de “revolución”. Hoy por “revolución” se entiende manifestaciones callejeras, violencia gratuita o cambiar a unos políticos por otros. Hoy ser revolucionario es llevar una camiseta estampada con la frase “soy revolucionario”. Vivimos en la época de las camisetas chulas y originales. Pero la idea de revolución es otra cosa muy diferente. Revolución es cambiar lo que no funciona por algo que sí funciona, luchando contra el conservadurismo de la oficialidad imperante. Para sustituir lo que no funciona por algo mejor es necesario poseer ese algo mejor. Y también es necesaria una actitud activa y perseverante.

La escuela de filosofía de Confucio provocó una revolución en su tiempo, al difundir ideas morales en la política. El gobernante debe ser un ejemplo de conducta intachable, altos valores morales y gran sentido de la justicia. Así el pueblo queda protegido en un doble sentido, por un lado al no sufrir abusos de los Gobiernos y, por otro lado, al justificarse el derrocamiento de los gobernantes que se desvían de aquella ética. Confucio y sus discípulos practicaban tales ideas y las transmitían frescas, vivas, originales. Durante más de dos milenios, la influencia de su doctrina se ha reflejado en la vida política y cultural de China.

La revolucion de la fraternidad: ConfucioLa revolución auspiciada por las ideas confucianas fue la de ordenar la sociedad no en categorías sociales, sino en capacidades individuales al servicio del pueblo.

La ética, inspiradora necesaria de la política

La escuela de filosofía de Pitágoras produjo en Crotona una verdadera revolución, cautivó a jóvenes y mujeres, admirados al escucharle hablar sobre la virtud y la verdad. El Senado de Crotona, o Consejo de los Mil, también aceptó sus ideas adoptando el proyecto del Instituto. Este llegó a ser un colegio de educación, una academia de ciencias y una ciudad modelo, bajo la dirección de ese gran maestro. Sus discípulos gobernaban las democracias del sur de la Magna Grecia, siendo elegidos año tras año. Y es que tras el fracaso de las instituciones políticas, el pitagorismo demostró que un gobernante filósofo, ético, humilde y comprometido, era la única manera de hacer verdadera política.

La revolución surgida a raíz del pitagorismo fue la de la armonía matemática de la realidad y la vida.

La escuela de filosofía de Platón, de la cual se acaba de cumplir el pasado año el 2400 aniversario de su creación, ha sido la lanzadera de las ideas del genial ateniense. Su influencia ha sido enorme y podemos aseverar que ha causado durante todo este tiempo una gran conmoción en todos los ámbitos de la ciencia y la política. Si con posterioridad se han producido revoluciones en el mundo, se deben en gran parte al mito de la caverna de Platón. Hay quien dijo que toda la filosofía occidental es una anotación a pie de página de la obra de Platón.

La revolución platónica fue la de la filosofía como forma de vida.

Estas tres escuelas de filosofía provocaron un profundo cambio en las mentalidades de sus contemporáneos y en las generaciones sucesivas. Estos cambios no fueron revoluciones sangrientas, sino evoluciones lentas y reales. Hoy gran parte de China es confuciana; hoy gran parte del mundo es platónico o aristotélico, que es casi lo mismo.

Por eso, cuando comparamos aquellos cambios con las revoluciones de los siglos XIX y XX, las revoluciones liberales americana y francesa y la revolución marxista rusa, en las que tanta sangre se derramó, constatamos una diferencia fundamental: con las ideas se puede cambiar el mundo sin exterminarnos los unos a los otros.

Con estos antecedentes estamos en condiciones de proponer una hipótesis de trabajo e investigación. Las escuelas de filosofía han sido fundamentales en los cambios evolutivos de la sociedad humana porque han inspirado transformaciones en las que nadie quedaba excluido, en las que los protagonistas no eran un sector de la sociedad, sino todos los seres humanos. Aquellas ideas universales fueron el fundamento de grandes avances. Por el contrario, cuando las revoluciones o cambios sociopolíticos drásticos no han contado con la inspiración de las ideas promovidas por una escuela de filosofía, han degenerado en procesos de persecución, imposición del terror y la aniquilación de los disidentes. Siendo estos medios inhumanos, es natural que tales revoluciones no hayan conseguido los resultados propuestos por sus ideólogos.

Los nuevos disfraces de la tiranía

¿En qué ha quedado el ideal de la libertad de las revoluciones americana y francesa? Es verdad que se derrocó al Antiguo Régimen y que se consolidó un parlamento que representaba al pueblo. Pero han pasado doscientos años y la libertad ha degenerado en libertinaje, abusos y desorientación, incluso en los países con “buenos” sistemas educativos. Las grandes multinacionales gobiernan el mundo de manera absolutista y nadie elige a sus directores. El Antiguo Régimen estamental pervive en las actuales sociedades que se visten de democracias y siguen siendo esclavizadas por tiranías mercantilistas.

¿En qué ha quedado la revolución rusa y la ansiada igualdad? En nada, ni siquiera en los países de la antigua Unión Soviética. Una vez abatido el Muro de Berlín, las ansias hiperbólicas de consumir han generado en gran parte de Rusia más desigualdades que en tiempos de los zares. Las mafias fagocitan a la sociedad repartiendo sus favores o ejecuciones en función del dinero o el interés familiar.

Y es de notar que ni en las colonias británicas de Norteamérica, ni en Francia ni en Rusia, en los tiempos precedentes a sus respectivas revoluciones hubo escuelas de filosofía activas. La Sociedad Teosófica impulsada por una rusa (H.P.B.) no tuvo implantación en Rusia, país que quedó fuera de la influencia de aquella institución filosófica. El caso de Norteamérica y Francia es diferente. En los tiempos pre-revolucionarios, hubo movimientos ideológicos como la masonería, en el caso de las colonias inglesas, y la Ilustración y el enciclopedismo, en el caso de Francia. Estos movimientos no constituyeron una escuela de filosofía, y si bien impulsaron la carrera hacia la revolución, no fueron lo suficientemente profundas como para generar una transformación real.

La Ilustración elevó a la categoría de diosa a la razón, con la que se pretendía conquistar un progreso relacionado con las ciencias. Se buscaba cambiar la manera común de pensar, como un instrumento para transformar al hombre y a la sociedad. Esta ideología postergaba todo el mundo de las emociones y la mística a algo totalmente secundario, e incluso, era visto como un error: el ser humano debía guiarse exclusivamente por la razón hinchada de cultura. Lógicamente, esta ideología falló, porque el ser humano es un ser en el que confluyen de manera constituyente lo psicológico, lo mental y lo espiritual.

Estamos inmersos en un tiempo de cambios rápidos y, a veces, drásticos. Nos hallamos en medio de un proceso pre-revolucionario. Se necesitan ideas vivas y las escuelas de filosofía pueden y deben aportar ese elemento espiritual que evite la violencia y consiga una transformación real y efectiva para lograr otra re-evolución.

Proponemos la revolución de la fraternidad. No es una propuesta arbitraria sino necesaria. Es hora de que todos los ámbitos de la sociedad se inspiren en esta idea que es corroborada por las ciencias y las místicas de todo tiempo: la humanidad conforma una fraternidad natural. Llega la hora de organizarnos como fraternidad, de trabajar como fraternidad, de hacer un nuevo arte y una nueva política que promuevan la fraternidad. La libertad y la igualdad sin fraternidad no han funcionado. Llega la oportunidad histórica de demostrar que con fraternidad son posibles esos otros ideales revolucionarios de la libertad y la igualdad.

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