Febrero 2017

La educación prohibida, una educación necesaria

Escrito por  Tati Jurado
La educación prohibida La educación prohibida

La educación es un tema que nos concierne a todos. No cabe duda de que los valores y los conocimientos son ingredientes imprescindibles para el desarrollo de cada niño, de cada adolescente, de cada futuro adulto que formará parte activa de cualquier sociedad. Por eso es vital que padres, profesores, alumnos y todos los integrantes de la sociedad busquemos formar equipo para proveerlos de las herramientas necesarias que garanticen su crecimiento personal. Pero antes tal vez sea de vital importancia cuestionarse cuáles son las bases necesarias para que todo individuo desarrolle sus posibilidades, su potencial, para un bienestar personal que indefectiblemente va a repercutir en el ámbito social, en el bienestar colectivo.

El sistema educativo actual busca promover la calidad de una educación que garantice no solo la enseñanza de conocimientos, sino también la transmisión de valores que favorezcan la equidad y la igualdad de oportunidades para el desarrollo de los estudiantes. La libertad, la responsabilidad, la solidaridad, la tolerancia y el respeto forman parte de ese gran conjunto de cualidades que el sistema y, por supuesto, toda la sociedad buscan inculcar en los jóvenes.

Sin embargo, los indicadores relacionados con la educación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico señalan que aún estamos lejos de alcanzar dichos propósitos. El bajo rendimiento académico, el fracaso escolar y muchas veces el posterior abandono de los estudios obligan a cuestionar la metodología que se está ejerciendo en la mayoría de los países a ambas orillas del Atlántico.

Los países de habla hispana: en la columna del debe

Pruebas como las de PISA, realizadas por la OCDE, siguen indicando que gran parte de los países hispanohablantes ocupan, en general, los últimos lugares.

España sigue estando en la cola de Europa. Una vez finalizada la educación obligatoria hay un importante abandono escolar. La desmotivación de los profesores parece ir en aumento, y la educación, según las estadísticas, dista mucho de ser competitiva en relación con conocimientos de idiomas, tecnología y comunicación.

Con respecto a Latinoamérica, el estudio revela que los niños reciben el equivalente a dos o tres años menos de educación que en los países con los niveles más altos. La escasez de recursos, la falta de infraestructura y la poca relevancia que se le da al profesor, principalmente en la enseñanza pública, forman parte importante de la problemática que aqueja a la mayoría de los países de la región. Sin embargo, no hay que olvidar las acentuadas diferencias sociales que aún hoy, lamentablemente, siguen existiendo.

La vulnerabilidad económica de un sector importante de la población latinoamericana conduce a la deserción escolar de los estudiantes. La necesidad de contribuir económicamente en el núcleo familiar los obliga a ingresar a una edad temprana en el ámbito laboral, algo que irremediablemente los condena a un estancamiento y que los aleja del anhelado desarrollo y bienestar personal. Y si bien la Unesco ha manifestado en innumerables ocasiones que los altos índices de inequidad y pobreza se revertirían con una educación de calidad, los Gobiernos siguen procurando dar con la tecla que sintonice la melodía de un cambio que beneficie a toda la población y no solo a un sector.

Un cambio necesario

Que el clima de convivencia en los centros educativos es cada vez más hostil es de conocimiento público. La competitividad, el individualismo y muchas veces la discriminación están latentes en las aulas. Además, la desmotivación y la falta de interés no solo afecta al alumnado. También los profesores se sienten víctimas de un sistema educativo del que no se consideran partícipes.
La pobreza en las políticas de actualización de la profesión, los bajos salarios, los ratios de alumnos elevados y la incomprensión de las finalidades de un sistema que vive en constantes reformas son algunas de las causas que van fortaleciendo la desmotivación de estos profesionales.

Indicios más que suficientes para buscar un cambio. Tal vez un primer paso sería reconocer que el modelo educativo actual, aplicado en la mayoría de los países, no debería seguir teniendo sus bases en uno creado en el siglo XVIII. El modelo prusiano fue uno de los primeros en introducir el carácter obligatorio y público de la educación con el fin de garantizar, afirmaban ya entonces, la adaptación e incorporación de los niños en el mundo moderno para así formar trabajadores útiles para el sistema.

Este modelo regula con test estandarizados un sistema de calificaciones que establece quién sabe y quién no. El que sabe es premiado; el que no, castigado. Una fórmula que, en definitiva, además de generar un espíritu competitivo e individualista en el alumnado, centra el desarrollo curricular en el resultado. Pero si la importancia del resultado prima sobre el aprendizaje, ¿se puede garantizar entonces que los valores que tanto buscamos inculcar en los jóvenes están incluidos en este sistema educativo?

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Otra educación, ¿es posible?

La naturaleza de la educación va más allá de la asimilación y transmisión de costumbres, normas e ideas para incorporarse a la sociedad. Ya en la Antigua Grecia, grandes pensadores como Sócrates sostenían que la educación es el encendido de una llama, no el llenado de un recipiente. Es decir, que la función de la educación es despertar el conocimiento y la sabiduría que ya tenemos dentro, una concepción de la enseñanza que se puede apreciar en la película La educación prohibida . Este documental independiente argentino, dirigido por Germán Doin, brinda la oportunidad de entender la educación desde otra perspectiva. Promovida a través de las redes sociales con el fin de que cualquier persona interesada pueda descargarla o verla en línea de forma gratuita, https://www.youtube.com/watch?v=-1Y9OqSJKCc , La educación prohibida busca, además de poner en jaque un sistema educativo considerado por los entrevistados tan obsoleto como conveniente, establecer que existen otros modelos de educación.

Las noventa entrevistas realizadas a expertos más las casi cincuenta experiencias alternativas documentadas en diferentes países de América Latina y España, aseveran que la metodología aplicada en los centros educativos no van de la mano con los valores que esta asegura promover.

El sistema de calificaciones, la práctica de premios y castigos que, sin duda, genera competitividad, la imposición de reglas, las tensiones y el uso incisivo de la memorización como única forma de adquirir conocimientos, nos obliga a plantearnos si realmente los centros educativos están para impulsar la educación y así generar una buena calidad de vida o para establecer un sistema de exclusión. Uno cuyo único fin parece ser el de mantener la estructura social vigente.

Tras hacer un recorrido inicial por los orígenes de la educación, el documental busca centrarse en la posibilidad de crear nuevos paradigmas en un sistema que parece negarse al cambio.
Generar interés, según plantean los especialistas que intervienen, es la única manera para motivar el aprendizaje y desarrollar así el potencial del individuo. Centrarse en una educación estandarizada sin evaluar los intereses de cada niño es un error, sostienen. No somos números sino individuos con diferentes características, potenciales y necesidades. Todo aprendizaje nace de la práctica, de hacer, de explorar. El despertar de la curiosidad debe sustituir a la imposición a la hora de transmitir conocimientos. Además, recalcan, el fin del aprendizaje debe ser el intento de mejorar, de ser la mejor versión que uno puede ser, de superarse a uno mismo, no a otros.

Escuelas alternativas

Son varias las escuelas alternativas que sostienen que para que se produzca el aprendizaje es imprescindible que exista el deseo de aprender.

No quieren que el alumno se siente pasivamente en su silla a recibir información. Afirmadas en su postura de la importancia de fomentar la independencia y la autonomía de los alumnos, estas escuelas buscan ofrecerle al estudiante las herramientas que le permitan convertirse en autodidacta bajo la supervisión de un profesorado no solo cualificado, sino también personalizado.

La escuela Montessori, nacida en Italia a principios del siglo XX y más tarde extendida a casi todos los países del mundo, basa su método en la premisa de cultivar en los estudiantes su propio deseo de aprender. Para ello, además de aplicar una gran diversificación de trabajo, busca que el alumno descubra el mundo a través de sus propias experiencias. Cada niño, declara, tiene su propio ritmo de aprendizaje. Por ello es relevante que en las aulas haya libertad de movimiento bajo la orientación y observación del profesor. Uno que va a acompañar al estudiante a desarrollar confianza y disciplina interior.

La escuela Waldorf sustenta su currículo en la concepción del ser humano como un ser espiritual constituido por cuerpo, alma y espíritu. Su finalidad es el desarrollo de cada individualidad. Mediante la participación de la familia, la formación permanente del profesorado y el proceso personal de cada niño, busca que este se desarrolle en un medio libre y cooperativo. Para ello prescinde de los exámenes y brinda un fuerte apoyo en el arte y los trabajos manuales.

Otra alternativa es el método Kumon, desarrollado por el japonés Toru Kumon, cuyo principal objetivo es que el niño aprenda a estudiar de forma autodidacta. La comprensión lectora desde pequeños para desarrollar la capacidad de estudio es una pieza clave de su premisa. A través de un proceso planificado e individualizado buscan que el alumno se vuelva seguro y que sea capaz de enfrentar por sí mismo el desafío de la conquista del conocimiento.

Sin duda, son otros métodos de educación. Unos bastante distanciados de los paradigmas impuestos, por lo que es factible que generen dudas. Pero ¿acaso esa diferencia las hace menos eficaces?

Un propósito en común

Tal vez sería relevante tomar conciencia de que la educación no es solo memorizar contenidos y obtener buenos y mejores resultados curriculares que otros.

Si queremos lograr una sociedad donde la libertad, la tolerancia, la responsabilidad, la solidaridad, el respeto y también la felicidad sean los valores con los que cada persona se conduzca, deberíamos evitar cualquier fórmula que promueva la competitividad. Las comparaciones son el semillero de futuras frustraciones, y una persona frustrada está muy lejos de desarrollar su potencial para obtener un bienestar personal. Y aquel que no logra un bienestar personal difícilmente contribuirá a un bienestar colectivo.

Así pues, deberíamos entregarnos a la construcción de un propósito común y sin duda prioritario: cambiar los arquetipos del sistema educativo actual. Quizás si nos animamos a abrir la mente y tomamos un poco de distancia de los paradigmas impuestos y tan generalizados, logremos promover una educación que dé origen a esa sociedad que tantos anhelamos.

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