Filosofía — 1 de abril de 2025 at 00:00

El barco de Teseo o la paradoja del reemplazo

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barco de Teseo

A través de los siglos, los grandes pensadores se hacen una pregunta que todavía no ha tenido respuesta, ya que no se ponen de acuerdo, convirtiéndose así en un debate que ha llegado hasta hoy en día.

Dice la leyenda que los atenienses, emocionados por el regreso de Teseo después de matar al minotauro en Creta, decidieron guardar el barco de teseo como trofeo. Con el tiempo, las piezas del barco fueron envejeciendo, y se cambiaron las piezas viejas por otras nuevas, hasta el punto de que llegó un momento en que el barco quedó renovado en su totalidad. Plutarco[1] escribió, en su obra Vidas paralelas, esta leyenda, puntualizando «que hasta a los filósofos les servía de ejemplo la nave para el discutido tema del crecimiento, ya que unos decían que seguía siendo la misma y otros que no es la misma».

La pregunta va más allá de la reconstrucción del barco, o de las casas, o de puentes, o de coches… También puede servir para las personas, haciéndonos pensar en la existencia. Unos decían que, mientras la forma y la función de los objetos —para lo que han sido creados— persiste, la identidad seguía siendo la misma. Otros pensaban que, al cambiar las piezas se alteraba su esencia, se había transformado en algo nuevo, diferente.

Esta paradoja tiene varias respuestas que han dado los pensadores a través del tiempo; reflejan sus ideas, según sus creencias. Varios coinciden en la identidad, pero también, cada uno tiene una idea particular de ella. Desde Platón y Aristóteles hasta Descartes y Locke, cada filósofo ha ofrecido su propia idea de la identidad.

Algunos filósofos opinan que la identidad está en el alma o esencia inmaterial, insinuando que lo que nos define está más allá de lo físico. Esta idea ha sido adoptada por algunas religiones y movimientos espirituales, que ven en el alma la verdadera esencia de una persona. Otros piensan que la identidad es la continuidad de la conciencia en la memoria de hechos vividos. De esta forma, la identidad está intrínsecamente unida a las experiencias y recuerdos propios, dando un efecto de continuidad a través del tiempo, contribuyendo a la construcción del Yo.

Cuando las personas se preguntan «¿quién soy?», están buscando su identidad. Es el conocido precepto de Delfos que aconsejaba «Conócete a ti mismo», y que Sócrates repetía a menudo. Para Platón, transitar por el camino que va desde la ignorancia hacia la sabiduría se realiza por medio del recuerdo[2]. Por lo tanto, conocerse a sí mismo consiste en recordar quién soy, de dónde vengo y a dónde voy.

El ser humano también es como un «barco de Teseo», pues al pasar los años, las células cambian, nacen y mueren. Físicamente no es la misma persona alguien a sus cuarenta años que cuando tenía veinte.

Hay un diálogo en el libro El banquete, de Platón, en el que un personaje llamado Diotima de Mantinea, que es una sabia sacerdotisa y conoce los misterios del amor, le habla a Sócrates acerca de estos secretos.

Diotima relaciona el amor, entre otras cosas, con la búsqueda de la inmortalidad. Y expone esta frase: «la naturaleza mortal busca, en la medida de lo posible, existir siempre y ser inmortal». Y solamente puede conseguirlo con la procreación, porque siempre deja un ser nuevo en el lugar del viejo. Y para explicarlo cuenta el siguiente ejemplo:

…aunque se dice que es el mismo, ese individuo nunca tiene en sí las mismas cosas, sino que continuamente se renueva y pierde otros elementos, en su pelo, en su carne, en sus huesos, en su sangre y en todo su cuerpo.

Diotima continúa explicando:

Y no solo en el cuerpo, sino también en el alma: los hábitos, costumbres, opiniones, deseos, placeres, tristezas, temores, ninguna de estas cosas jamás permanece la misma en cada individuo, sino que unas nacen y otras mueren.

Y añade:

Pero todavía mucho más extraño que esto es el hecho de que los conocimientos no solo nacen unos y perecen otros en nosotros, de suerte que no somos idénticos a nosotros ni siquiera en los conocimientos, sino que también le sucede a cada uno de ellos lo mismo. En efecto, lo que se llama practicar[3] tiene lugar porque el conocimiento puede abandonarnos, pues el olvido es el escape de un conocimiento, y la práctica, al crear en nosotros un nuevo recuerdo a cambio del que se ha marchado, conserva el conocimiento de suerte que parezca que es el mismo de antes.

De este modo, se conserva todo lo mortal, no por ser completamente y siempre idéntico a sí mismo como lo divino, sino por el hecho de que el ser que se va o ha envejecido, deja otro ser nuevo, similar a como él era.

Por este procedimiento, Sócrates —dijo—, lo mortal participa de inmortalidad, tanto el cuerpo como todo lo demás. En cuanto al ser inmortal, es por otra razón. No te extrañes, pues, si todo ser estima por naturaleza a lo que es retoño de sí mismo, porque es la inmortalidad la razón de que todo ser acompañe esa solicitud y ese amor.

Platón habló en sus Diálogos de los arquetipos, y definió las «Formas principales» que se encuentran en el mundo de las Ideas, dando origen a las cosas manifestadas.

Al igual que un carpintero primero concibe en su mente la idea de la silla que quiere crear y luego la fábrica, esta silla no podría ser realizada sin la idea previa del carpintero. Las ideas nos acompañan constantemente. Los objetos (un coche, un ordenador, una rueda, una farola, una casa) son grandes ideas materializadas en objetos prácticos. Las formas de las cosas son entidades inmutables, que existen en el plano metafísico. Están en un plano diferente al de la materia, pero ambos se complementan. Es decir, en suma, la forma es lo que distingue a una persona de otra, o lo que distingue un objeto de otro. El barco de Teseo, como objeto, fue pensado y creado por una mente humana. Dicha mente fue inspirada por la idea del arquetipo Barco y, desde este punto de vista, el barco reparado sigue siendo el mismo.

 

 

Bibliografía

De Marina Khiyami Di Carlo: «¡Descubre el misterio detrás del barco de Teseo, te sorprenderás!», You tube.

Plutarco (1985). Vidas paralelas: Teseo, Rómulo Licurgo, Numa. ed. Gredos.

Platón (2008). El banquete. Ed. Gredos.

Fátima Gordillo Santiago (2021) «¿Qué es la verdad? Arquetipos de Platón (1.ª parte)» https://www.revistaesfinge.com › 2021/03 ›

María Kokolaki (2020). Los arquetipos en Platón y Carl Jung. https://revistaacropolis.org › 2020/09/30 ›

[1] Vivió del 46 o 50 d. C. hasta el 120 d. C.

[2] Reminiscencia.

[3] En el sentido de reflexionar, o meditar.

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