Sociedad — 1 de abril de 2025 at 00:00

La importancia de la educación

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Si revisamos en nuestros recuerdos de infancia, no nos tomará mucho esfuerzo observar que están muy enraizadas en nuestra memoria muchas experiencias desarrolladas dentro de un aula de clases, con los nervios previos a un examen o una exposición, o simplemente esperando que el tiempo volara para que al fin llegara la hora de volver a casa. Quitando el hecho de que en la escuela también hicimos amistades entrañables y en algunos casos duraderas, coincidiremos en que, en la mayoría de esos recuerdos, parecería que el sentido de la educación era hacernos pasar malos momentos, y llegamos a pensar que nada de lo que vivimos ahí servirá en el presente y mucho menos en el futuro.

Pocas veces nos paramos a pensar qué sentido tiene pasar los primeros años de nuestras vidas en una escuela, acumulando conocimientos; sin embargo, somos conscientes de que, independientemente de si dedicamos más o menos años a formarnos, ha sido una etapa que abarcó varios años de nuestras vidas.

Con el presente trabajo se pretende tener un acercamiento al concepto de educación, su importancia a través de algunas civilizaciones y en qué punto nos encontramos con relación a ella en el presente, con el objetivo de que este acercamiento nos sirva para limpiar un poco el concepto y plantearnos un aprovechamiento de estos conocimientos desde una perspectiva humana, desde una posición en la que los utilicemos como trampolín para acercarnos a lo que realmente somos, en lugar de continuar siendo solo una parte más de una masa que se mueve sin ningún cuestionamiento ni conciencia hacia donde se lo indican.

Para establecer ideas en su definición y aplicación, presentaremos la educación en la Antigüedad, desde la perspectiva egipcia y griega, observaremos los cambios que ha tenido en el presente y la perspectiva que tenemos de ella hacia el futuro, tomando como base los argumentos planteados por Jorge Ángel Livraga en varias de las conferencias del tomo II del libro Magia religión y ciencia para el tercer milenio y, en concreto, la conferencia Educación permanente para una nueva formación.

La educación en el pasado

«La educación presenta una característica especialmente destacada: más que ningún otro proceso cultural, arrastra consigo toda la tradición de su pasado y la proyecta en el presente, aun cuando ese pasado se traduzca en presupuestos, prácticas, actitudes y creencias más latentes que manifiestas» (James Bowen).

La educación ha estado presente en la vida del ser humano desde siempre. Aunque su transmisión no haya sido siempre la misma y aún nos encontremos con limitaciones para descifrar los registros más antiguos que hemos encontrado, sabemos que ha sido un eslabón importante y presente en el desarrollo de las civilizaciones, y que ha sido transmitida, desarrollada e inculcada a través de los siglos, traspasando así las fronteras geográficas y el tiempo, transmitiendo conocimientos claves para el desarrollo de una generación a otra.

No tenemos certeza del momento en el que se comenzó, y quizá apenas sospechamos que la metodología en que se llegó a aplicar pudo haber sido a través de transmisión oral, al menos en algunos estratos de los grupos humanos. Pero lo que sí intuimos es que se educaba por razones diferentes a las que ahora conocemos y que los conocimientos que se transmitían no tenían como fin la mera memorización de datos que permitieran desenvolverse en el momento presente, sino que se trataba de algo más profundo, una sabiduría que permitía al hombre estar más cerca de su propia esencia, más cerca de todo aquello que imprimía vida y sentido a lo que hacía. También sabemos que no se trataba únicamente de aprender a leer y escribir, aunque por ejemplo en Egipto, la profesión de escriba gozaba de gran dignidad e importancia en la sociedad. Esta era una profesión para la que las herramientas «académicas» pudieron haber sido de mucha utilidad, pero la educación también abarcaba ámbitos científicos, artísticos y ceremoniales.

Dentro de la sociedad egipcia, los estudios sobre matemáticas tenían una gran importancia, pues los utilizaban para enfrentarse a la vida cotidiana, la administración pública y a sus grandes proyectos. Se han encontrado algunos documentos en los que es posible identificar tablas, cálculos y problemas geométricos en los que se aprecia el nivel de complejidad que los egipcios pudieron haber desarrollado en su momento, comparado con operaciones matemáticas conocidas en la actualidad.

Sin embargo, aunque esa formación les facultaba para desempeñar un cargo en la administración pública, dedicarse a estudios en ciencias como matemáticas, astronomía, etc., limitarnos y creer que todo lo que desarrollaron se limitaba a lo anterior nos haría ser, como poco, ingenuos. Convendría pensar que la formación de las personas iba más allá del conocimiento teórico y racional de lo que les rodeaba y que probablemente se tratara de conocimientos que imprimían un cierto grado de moralidad en cada individuo de la sociedad que les permitía dedicarse, en el nivel sociopolítico que estuvieran, de manera comprometida a las tareas que les correspondía llevar a cabo, motivados no por una obligación sino por la acción en sí.

Su comprensión de la naturaleza y del ser humano como parte de ella les permitió trascender generaciones y llevar a cabo sus obras de manera tal que perduran hasta nuestros días, transmitiendo vida a través de muros erosionados por el paso del tiempo y del hombre mismo. Y es que se dice que «quienes levantaron [las pirámides] no merecen nuestra compasión sino admiración y un respeto emocionado, pues ellos vivieron en una de esas raras épocas de certidumbre en las que el hombre sabe lo que hace y a dónde va, porque cree, porque tiene fe. El hombre, aquí, creyó vencer a la muerte»[1].

Más adelante en el tiempo, nos remontamos a Grecia, y podemos encontrar una definición de educación que, gracias a la filosofía, nos puede ser más fácil de entender. La educación en el mundo clásico «es aquella ciencia que trata de la capacidad que tiene el ser humano de educir una serie de elementos que le permiten ponerse en relación con la cultura y transmitirla» (Livraga, J., 1996).

En este sentido, la palabra hace referencia a sacar de dentro conocimientos que ya tenemos en nosotros mismos. ¿Y qué tipo de conocimientos eran estos que se sacaban o se sacan de dentro? Volvemos a lo anterior y reafirmamos el hecho de que no se refiere a conocimientos teóricos o de lógica superficial que se podían haber acumulado a base de lecciones recibidas por un maestro, sino más bien hace referencia a recuerdos que el alma ya poseía, que de alguna manera ya estaban instalados en el interior del individuo.

Tenemos que tener en consideración que en el mundo clásico se afirmaba que el hombre poseía un alma inmortal, en concordancia con la idea de reencarnación. Esto explicaría por qué a algunos les es más fácil que a otros aprender determinadas cosas u oficios y nos facilitaría entender a qué se refiere el fundador de Nueva Acrópolis cuando define la educación como educir, como sacar de dentro.

En este ámbito, la educación estaba relacionada con algo ético y con la identidad del individuo más que con su parte inmediata y mortal. Así, Platón, al hablar de una formación física y otra espiritual, a lo que hacía referencia era al mantenimiento de un cuerpo sano, una aptitud física que sirviera como el mejor medio para un espíritu virtuoso, un espíritu cultivado en humanidades.

«Donde quiera que se instalen los griegos, desde Alejandría o el Pérgamo hasta Bactria, les vemos asentar sus instituciones, gimnasios y escuelas. La educación se convierte en una iniciación a la vida griega que preserva así al hombre del “entorno bárbaro”» (Bowen, M. J., 1972).

El mundo griego, por tanto, tuvo mucha relación con una cultura marcial, en la que se daba gran importancia a la formación del espíritu guerrero sin diferencias de edad o género, pues tanto servía un soldado como la firme voluntad y desapego de una madre al enviar a su hijo a la batalla e instarle a volver con su escudo o sobre él. Tales aptitudes permitieron a los griegos primitivos sobrevivir en un mundo de constantes conflictos, guerras y ocupaciones.

Desde estas perspectivas, la educación griega tuvo un valor tanto de preservar la tradición del pasado como de dar paso a nuevas concepciones de la realidad, dando pie a una amplia pluralidad de formas de entender la vida; en fin, de crear.

La educación en el presente

Hoy día, la educación tiene un enfoque muy alejado de lo que en la Antigüedad se procuraba. La educación, grosso modo, se relaciona más con horas de clases con muy poco sentido, enseñanzas transmitidas de mala manera, evaluaciones de memoria y un sinfín de características que poco tienen que ver con esta idea de conocernos a nosotros mismos y al universo.

Los niños dedican cada vez más horas a este tipo de enseñanzas, sumado a la cada vez mayor cantidad de actividades extracurriculares que tienen como principal objetivo mantenerlos ocupados. Los profesores rara vez experimentan la alegría de trabajar conforme a una vocación, y los padres cada vez tienen menos tiempo para pasar con sus hijos y servirles como ejemplo en su formación.

Como en muchos países, en España, la educación universitaria ha pasado de ser una institución restringida a una que permite el acceso a la matrícula de la mayoría de los postulantes, justificando esta flexibilidad no precisamente en la importancia de una educación superior de calidad para formar buenos ciudadanos y profesionales, sino en la firme creencia de que el acceso a la universidad representa un pasaporte a un trabajo de mejor calidad y, por tanto, es un motor poderoso hacia la movilidad social (M. Gomendio, Estudios sobre la economía española, 2023).

Hemos sido testigos de cómo los diferentes sistemas educativos han ido adaptándose a las necesidades de cada época. El sistema educativo está diseñado para formar personas que ocupen determinados puestos de trabajo, en lugar de personas realizadas que se sientan felices desempeñando la profesión en la que decidieron formarse.

Se han implementado múltiples cambios con el paso de los años; sin embargo, generalmente se trata de ajustes que reflejan sobre todo la evolución y el desarrollo de la mentalidad de la población con respecto a la industrialización y las necesidades del mercado.

En su artículo Pedagogía, Kant dice que «un principio del arte de la educación, que en particular deberían tener presente los hombres que hacen sus planes, es que no se debe educar a los niños conforme al presente, sino conforme a un estado mejor, posible en lo futuro, de la especie humana; es decir, conforme a la idea de humanidad y de su completo destino. Este principio es de la mayor importancia».

Sin embargo, el enfoque actual de la educación formal es más bien de estilo cortoplacista, que se enfoca en preparar medianamente a los estudiantes para enfrentarse a un mundo que no tiene claro hacia dónde se dirige. Nos encontramos con cursos enteros en carreras universitarias como Estudios sobre David Beckham, en la Universidad de Staffordshire o Los Simpsons y la filosofía en la universidad de California, en los que se ofrece estudiar la vida de un futbolista, sus cambios de apariencia, ascenso a la fama o su vida en pareja en el primer caso y, en el segundo, estudiar la influencia de diferentes filósofos en una famosa serie televisiva, tema que ha sido criticado por intentar relacionar contenidos filosóficos con temáticas populares con el único fin de atraer consumidores.

Estos son claros ejemplos de que el pénsum educativo en los últimos años no está dirigido a instruir en algo verdadero, válido o trascendente, sino que se adapta a las modas del momento, y se eliminan o agregan las asignaturas con base en lo llamativo que puedan resultar para mantener un determinado nivel de matrícula o evaluando solo la expectativa de ingresos futuros.

Donde sea que vayamos alrededor del mundo, podemos ver que hay una jerarquía en cuanto a las materias que se enseñan en las escuelas. En primer lugar, tenemos matemáticas, ciencias, etc., y en último lugar, las artes. Si el enfoque de las materias que estudiamos en las escuelas fuera el desarrollo del individuo en todos sus aspectos, en dirección a formarlo para que se acerque a su parte indivisa, las artes y las ciencias deberían estar en el mismo nivel de importancia. Más aún dado el hecho de que los estudios no deberían ser superficiales, sino que deberían reflejar una verdadera búsqueda de sabiduría a través de la investigación y la práctica. En ese sentido, en una clase de música, más allá de la armonía y el placer de desarrollar un gusto por las artes, podríamos aprender tanto de matemáticas como en una clase de operaciones aritméticas.

Este panorama tan poco alentador probablemente se debe a que nuestros sistemas educativos están basados en la idea de habilidad académica. Según Ken Robinson, todos los sistemas educativos (refiriéndose a los contemporáneos) fueron inventados alrededor de lo académico para satisfacer las necesidades surgidas a partir de la Revolución Industrial, provocando que las materias estén organizadas en orden de prioridad por utilidad para el trabajo. Y así, crecemos con el argumento de que «tenemos que escoger sabiamente la carrera que nos dará mejores salidas al mundo laboral», porque de lo otro (principalmente si nuestro deseo es algo artístico) «no vamos a comer», acabando lejos de lo que naturalmente nos haría felices.

Por otra parte, también nos encontramos con otro tema, y es quién es el responsable de educar y en qué nos educa. Sabemos que idealmente deberán ser las personas mayores, ya que serían las mejor preparadas, no solo por su experiencia sino porque los padres también sirven como ejemplo conforme a los cuales se educan sus hijos desde sus más tempranas edades. En este sentido, la educación pasaría a ser una necesidad permanente, ya que, como hemos visto anteriormente, la transmisión de conocimientos o cultura y, principalmente, la integración de los mismos en la vida y cotidianidad de un pueblo no sucede de la noche a la mañana; más bien se requieren varias generaciones para lograrlo.

La educación hacia el futuro

Llegamos entonces a la reflexión del camino que debería seguir la educación de cara al futuro y, bajo este contexto, sería de vital importancia cualquier esfuerzo que se pueda hacer por recuperar el verdadero sentido de la educación, ese que se centraba en sacar de nosotros lo mejor, nuestra parte más noble y verdadera con el fin de que fuera útil a la sociedad.

La educación debe estar enfocada hacia la formación del carácter, como una actividad permanente del ser humano (Livraga, J., 1996), dado que no solo se refiere al traspaso de cualquier tipo datos entre generaciones, pues en ese sentido recibiríamos de quienes nos preceden tanto lo bueno como lo malo y compartiríamos con quienes vengan después de nosotros nuestra mejor y peor versión, con lo cual el progreso nos sería imposible.

Sabemos que la humanidad como tal tiene dentro de sí muchas potencialidades, aunque pareciera que nos esforzamos día a día por cubrirlas con numerosos velos, y es parte de nuestra labor como filósofos el desarrollarlas, sacarlas del olvido al que se ven encaminadas y trabajar nuevamente por conectarnos con nosotros mismos y con nuestra parte más elevada a través del estudio o la investigación. Nos corresponde a nosotros reconocer nuestras propias potencias, esas que por naturaleza tenemos dentro aunque lo olvidemos, y trabajar para que salgan a la luz.

Con el paso de los años y ante las diferentes revisiones de los datos históricos, es cada vez más frecuente que se tome en consideración la importancia de inculcar en los más jóvenes la necesidad de escucharse a sí mismos, de observar la naturaleza que les rodea y trabajar por la realización de ellos mismos colaborando con la realización de la sociedad.

Recordemos la definición que J. Á. Livraga hace sobre la educación, esta actitud ecléctica que nos pone en contacto con la realidad, pues nos permite tomar de cada cosa, de cada cultura, de cada enseñanza, sus mejores elementos, los más útiles para que podamos ponerlos al servicio de los demás.

La educación debería volver a estar presente en cada una de las etapas de vida del ser humano, al igual que en el mundo clásico, procurando la educación de los niños desde el amor, del joven a través del desarrollo de su espíritu de aventura, como algo que impregnará su madurez al menos con un poco de sentido de gloria y honor, y al anciano otorgándole la posibilidad de prepararse para afrontar sus últimos días y el paso a la muerte con dignidad.

Esta educación permanente es la que proponían los filósofos clásicos, esta que envolvía cada etapa de la vida del hombre desde sus primeras etapas hasta sus últimos años. No se trataba únicamente de una formación académica, que existió y tuvo su lugar de importancia en diferentes momentos, sino que iba más allá, estaba integrada como una forma de vida en la cual las enseñanzas eran transmitidas y aplicadas desde el ámbito más cotidiano al más complejo de la sociedad.

Ciertamente, dadas las circunstancias del mundo actual, este planteamiento parece difícil; sin embargo, como lo menciona Kant en su artículo sobre pedagogía, «basta que nuestra idea sea exacta para que salve los obstáculos que en su realización encuentre. ¿Sería la verdad una mera ilusión por el hecho de que todo el mundo mintiese? La idea de una educación que desenvuelva en los hombres todas sus disposiciones naturales, es, sin duda, verdadera».

Conclusión

Es probable que este breve repaso sobre el lugar que ha ocupado la educación en algunos puntos de la historia nos haga reflexionar con un cierto matiz de frustración por una formación aparentemente perdida, y con una cierta desesperanza por el futuro por venir. Sin embargo, tomando las palabras de J. Livraga, «las vueltas de la historia son cíclicas» y así como muchas prácticas educativas han decaído en profundidad, también somos conscientes de que se han hecho avances muy valiosos de los cuales podemos sacar provecho para nuestro desarrollo futuro como sociedad.

Livraga decía que existe la posibilidad de que a los hombres del futuro no les guste lo que les dejemos en herencia; sin embargo, así como nosotros no somos muy diferentes a aquellos hombres que hicieron cosas magníficas, es muy probable que tampoco los hombres del futuro estén tan alejados de nosotros. Es altamente posible que estos hombres y mujeres también amen, sufran y sientan como nosotros. Es probable que también sueñen como nosotros y que hagan grandes cosas por la humanidad. Pero sobre todo, podemos tener la esperanza de que sabrán sacar de lo que encuentren la mejor versión.

Nuestro trabajo entonces quizás consista en hacer bien lo que nos corresponde, en impregnar cada uno de nuestros actos con lo mejor de nuestras vidas, de modo que las semillas que sembremos puedan ser portadoras de todas las enseñanzas que tan generosamente nos legaron quienes nos precedieron.

«Si podemos extraer de la vida el sentido más eternal y más duradero, si podemos despojarnos un poco de lo inmediato circunstancial, nos daremos cuenta de que hay un sentido filosófico en todo lo que nos rodea; podremos interpretar este macrobios en el cual vivimos y dentro de nosotros toda la vida que también hay; podremos ver que, más que forzar a los niños o a las nuevas generaciones a seguir nuestras propias afirmaciones y alienaciones, hace falta permitirles educir su propia realidad, su propia vida, hace falta rodearlos de la belleza, del cariño, de la armonía, de la paz, del trabajo, de la concordia que les permita realizar un mundo que no solamente debe ser nuevo sino mejor» (Jorge Ángel Livraga).

Bibliografía

Livraga Rizzi, J. Á. (1996). Magia, religión y ciencia para el tercer milenio. Nueva Acrópolis.

Bowen, J. (1976). Historia de la educación occidental: Tomo 1: El mundo antiguo. 200 a.C.-1050 d. C. Oriente próximo y mediterráneo. Herder Editorial.

Dawson, W. R. (1925). EDUCATION IN ANCIENT EGYPT. Science Progress in the Twentieth Century, 20(Sage Publications, Ltd), 109-119. : https://www.jstor.org/stable/43428006

Díaz, J. M. (2001). «La educación en la antigua Grecia». Actas de las III Jornadas de Humanidades Clásicas.

Gomendio, M. (2023). The Level of Skills in Spain: How to Solve the Puzzle using International Surveys. Estudios sobre la economía española.

 

[1] Historia y arqueología. (2015, 27 de octubre). Pirámides Egipto – Luz y Sonido HD (Completo) [Vídeo]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=sP1KURBHPPI

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