Arte — 1 de abril de 2025 at 00:00

Marina Colasanti, filosofía silenciosa y belleza de una pluma inspirada

por

Marina Colasanti

Hace un par de meses nos ha dejado Marina Colasanti; ha partido hacia ese maravilloso mundo de imágenes que pintaba con sus palabras y sus trazos, y que tantos premios en Brasil reconocieron. Podemos, en el reino de la mente y la imaginación ―o sea, en el reino puramente humano―, conversar con ella en su dimensión de númenes y encantamientos, y en el ritmo y sentido de sus poemas. Podemos sentir las llamaradas de su alegría interior, conquistada día a día, esa que los griegos llamaron belleza del alma, juventud eterna, Afrodita de oro, y que la hacía ―a diferencia de nosotros, humildes mortales― caminar tan levemente sobre la tierra, dejando tras de sí una estela de sonrisas y comprensión, que tan bien percibimos en sus últimas entrevistas. Pero, como ella misma dice, ¡cuánta alquimia de almas fue necesaria antes!

 

Se apenas

Atravessei descalça

o ferro e o fogo

deixando atrás de mim

rastro de pranto

como se só o sofrer me fosse amigo.

Agora

quando o fim já se faz perto

e caminho na estrada sem espanto

sei que o antigo penar

foi-se no tempo

e me adoça a garganta

quando canto.

Si apenas

Atravesé descalza

hierro y fuego

dejando tras de mí

un rastro de llanto

como si solo el sufrir fuera mi amigo.

Ahora,

cuando el fin ya está cerca

y camino en la senda sin asombro,

sé que el antiguo penar

se disipó en el tiempo

y me endulza la garganta

cuando canto.

 

 

Gran vida adquirieron sus libros de cuentos, siendo ella misma quien hacía los dibujos, pues había sido diseñadora y grabadora de metal en su juventud. Con más de setenta libros, la mayor parte de cuentos de hadas, recibió ―la primera mujer en hacerlo― el premio Machado de Assis en el año 2023 y nueve veces el Premio Jabuti, los dos premios más importantes de la nación brasileña. Su relación con el mundo feérico, absorbiendo sus sutiles emanaciones, hizo que cada vez más ella misma pareciera un hada, y los estudiosos dicen que con ella los cuentos de hadas, ya un poco exhaustos, reciben nuevo vigor y entran en una nueva dimensión.

Por desgracia, solo he tenido la fortuna de conocer a esta escritora hace algunos meses, y de la mano de mi amiga Joaquina Caeiro, devota de su pluma.

La lectura de los cuentos en el volumen Los doce reyes y la moza en el laberinto del viento me han parecido deliciosos. De familia de artistas plásticos y ella misma pintora, sus historias son galerías de imágenes encantadas, que aprisionan al lector por su belleza y por todo lo que sugieren, por la filosofía silenciosa que murmura en ellas.

Los doce reyes y la moza en el laberinto del viento

Las estatuas de antiguos reyes convertidos en piedra corriendo tras la joven en el laberinto; el tiempo cansado de sí mismo en su largo peregrinar hasta que descubre que él no es el motor, sino simple escenario en que todo se esfuerza; el jardinero Pigmalión, enamorado y fundido con una escultura de rosas y flores; la joven a quien un riachuelo (¿el de la vida cotidiana misma?) roba su imagen y debe superar las pruebas iniciáticas hasta que de nuevo la recupera, venciendo a la gran hechicera de los espejos en su caverna; el príncipe, encantado con el murmullo del mar de una caracola mágica y las lágrimas en su interior de una pequeña sirena; la emulación infinita entre el cielo y el mar y cómo se entrelazan ambos en la vida y otras siete historias más conforman este bello tesoro, de uno solo de sus libros.

Quizás el cuento más asombroso de este volumen sea el primero, por sus alusiones cosmogónicas: el cuento de la tejedora. Gran madre, esta joven virgen es la tejedora de cuyas manos nace un tejido. Comienza todo con un rayo de luz horizontal, el de la aurora (como el diámetro horizontal del eterno femenino en las Estancias de Dzyan de la Doctrina Secreta), y a él vuelve, al finalizar todo, libre de los sueños, y también de las pesadillas que había creado, arrebatadas algunas por la fiebre de la codicia.

«Y tejiendo, ella misma sintió el tiempo en que su tristeza le pareció mayor que el palacio con todos sus tesoros. Y por primera vez pensó qué bien estaría vivir sola de nuevo». Después de destejer todo lo que había tejido, incluido al marido que, avaro, la obligaba a tejer más y más, retorna, como Prakriti ―la naturaleza, en la filosofía hindú―, al estado de pureza perfecta: «Entonces, como si oyera la llegada del sol, la moza escogió una línea clara. Y la fue pasando despacio entre los hilos, delicado trazo de luz, que la mañana repitió en la línea del horizonte».

¡Ah, el misterio de las heridas que sangran vida!…

 

Frutos e flores

Meu amado me diz

que sou como maçã

cortada ao meio.

As sementes eu tenho

é bem verdade.

E a simetria das curvas.

Tive um certo rubor

na pele lisa

que não sei

se ainda tenho.

Mas se em abril floresce

a macieira

eu maçã feita

e pra lá de madura

ainda me desdobro

em brancas flores

cada vez que sua faca

me traspassa.

 

Frutos y flores

Mi amado me dice

que soy como una manzana

cortada por la mitad.

Que tengo semillas,

es bien verdad.

Y la simetría de las curvas.

Tuve un cierto rubor

en la piel lisa

que no sé

si tengo aún.

Mas si en abril florece

el manzano,

yo manzana ya hecha,

además de madura,

aún me abro

en blancas flores

cada vez que su puñal

me traspasa.

 

Adiós y gracias, Marina Colasanti por una vida colmada de bendiciones del cielo para los otros, por traernos la llama de su azul infinito a nuestras mentes, débiles ya por las corrientes apestadas del siglo. Gracias, hada madrina del Niño de Oro que canta y danza en nuestras almas cuando le abrimos espacio en nuestra vida interior.

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