¿Qué cinéfilo no ha visto alguna película de Woody Allen? El genial actor y director neoyorquino ha dirigido más de cuarenta películas a lo largo de toda su carrera artística, muchas de ellas como protagonista. Nacido como Allan Stewart Konigsberg en 1935, cambió su nombre artístico al actual y, siendo adolescente, comenzó su carrera como humorista. Con el tiempo ha conseguido fama mundial y multitud de premios.

Una película y una realidad

La rosa púrpura de El Cairo es una película suya del año 1985. Ganadora del premio BAFTA y del César de la Academia Francesa de Cine, está protagonizada por Mia Farrow (Cecilia) y Jeff Daniels (Tom Baxter). Ambientada durante los años de la Gran Depresión estadounidense, cuenta la historia de Cecilia, una camarera explotada por su jefe y maltratada por su marido. Para escapar de la cruda realidad acude al cine a ver La rosa púrpura de El Cairo y se enamora de uno de los actores que aparecen en el film (Tom Baxter). Cecilia ve la película varias veces más y nota que Tom la mira varias veces de reojo. Finalmente, en un genial giro del guion (escrito por Woody Allen), Tom entabla un diálogo desde la pantalla con Cecilia, sale al mundo real (el de Cecilia) y se va con ella, deseoso de tener una vida real y cansado de interpretar el mismo papel en el celuloide miles de veces.

Cecilia desea tener una vida de película, mientras que Tom desea escapar de su rutina de personaje repitiendo las mismas escenas una y otra vez. En suma, anhela una vida real con sensaciones y emociones reales. Ambos se enamoran, pero al final del film Cecilia debe escoger entre el actor real que interpreta a Tom Baxter y el personaje Tom Baxter. No quisiera estropear la historia, así que espero que el lector la vea y juzgue por sí mismo.

De entre las varias escenas planteadas por Woody Allen, merecen citarse dos; en el interior de una iglesia, Tom Baxter le pregunta a Cecilia quién es él (aparece una imagen de Cristo). Cecilia le responde que es Dios. Tom pregunta quién es Dios, Cecilia contesta que es el Creador de Todo. Entonces Tom lo compara con los guionistas de su película, La rosa púrpura de El Cairo . Cecilia le responde que no es así, que es mucho más grande, que sin él la vida no tendría sentido. Tom insiste en su idea de guionista.

El personaje se escapa

La otra escena sucede cuando Tom sale de la pantalla y deja a los personajes de la película sin su interpretación ni guion que seguir. Empiezan a improvisar dialogando entre ellos y con el público. El público está cansado de ver la discusión y los reproches que los personajes dirigen a Tom. Uno de los personajes insulta al público, y entonces piden que se apague el proyector. Entonces otro de los personajes pide que por favor no lo hagan, pues eso supondría su inmediata desaparición.

Como vemos hay un juego constante entre la vida de película y la vida real. Cecilia le reprocha varias veces a Tom que su relación no puede seguir porque no es real, y este contesta que él puede aprender a ser real. Sorprende la ingenuidad de Tom al vivir en el mundo real. No conoce el valor del dinero, su candor es sorprendente. Por otra parte, los avatares de la vida no le causan daño. Apenas se ve afectado por los motivos por los que sufre Cecilia, su imagen no cambia, tampoco sufre heridas... En suma, es un personaje de película pero que anhela profundamente «volverse humano». Cecilia, empujada por sus duras circunstancias vitales, desea tener una vida diferente y huye con Tom.
Merece la pena destacarse el rol de los personajes secundarios dentro de la película proyectada y cómo se sienten perdidos una vez que Tom se va y se rompe el guion. La crítica ha destacado la influencia de tres obras de Luigi Pirandello, Seis personajes en busca de autor, Cada cual a su manera y Esta noche se improvisa. Muy posiblemente Woody Allen, que es un gran lector, conociera las obras del escritor italiano y sobre ellas improvisase esta situación.
woody allen 1¿Qué diferencia hay, entonces, entre los dos protagonistas? Ambos desean tener una vida diferente, tienen sueños e ilusiones para salir de su dura realidad. Me gustaría traer a la memoria del lector el mito del Golem; cuenta la tradición judía que el Golem fue creado por el rabino y cabalista Loew de Praga. Es un autómata de barro que defendía el gueto de Praga de los pogromos y atendía al cuidado y mantenimiento de la sinagoga. Sobre este personaje escribió una novela de gran éxito Gustav Meyrinck. En la novela, el Golem se escapa y produce catástrofes. El Golem es mudo y carece de alma. Para comunicarse con él hace falta escribir en un papel e introducírselo por la boca, o bien grabar en su frente (es una criatura formada originalmente de barro) las cuatro letras sagradas del tetragrammaton .

Ahora imagine el lector que un guionista se inventa un personaje, le escribe diálogos y le planifica todas sus acciones. Este personaje es representado por un actor, se graba su actuación y se monta una película. En el rollo de película el personaje ideado por el guionista representa su papel millones de veces, cada vez que la película es proyectada en algún cine, emitida por televisión o reproducida en el hogar. Si todas las emociones que despierta el personaje en los espectadores se pudieran encarnar y dar vida al personaje, este cobraría sentimientos e ideas propias, querría tener su propia vida y no la escrita por el guionista. En este caso el personaje de cine saldría de la pantalla para tener una vida real, como Tom Baxter en la película de Woody Allen. El Golem y Tom Baxter buscan pasar del plano de los sueños de sus creadores al plano de la realidad, tener su propia alma.

Cómo combinar ilusión y realidad

Los sentimientos de Cecilia despiertan en Tom ese anhelo de vivir y le permiten dejar de ser un autómata en la pantalla y tomar cuerpo en el mundo de Cecilia. Esta proyecta sus anhelos y sueños en Tom y consigue darle vida. Hacia el final del film, Tom lleva a Cecilia «dentro» de la pantalla y le muestra el mundo glamuroso en el que vive y actúa. Mas la cruda realidad la reclama. Hay un diálogo entre Tom y el actor que lo representa. El actor le recuerda que ha sido creado por él y que debe volver a la pantalla para continuar la representación. Tom le contesta que sus verdaderos creadores son los guionistas y que él es un simple intermediario. Ambos declaran a Cecilia su verdadero amor y le piden que elija. Cecilia opta por fin... y se topa con la vida real, que poco tiene que ver con lo que ella soñaba.

Así pues, Tom y Cecilia, ambos, son ilusos. Uno es la obra de un actor sobre el rol de un guionista, la otra huye de sí misma y de su circunstancia hacia un mundo ilusorio donde todo es maravilloso. Rehúsa trabajar sobre el mundo y la circunstancia que la rodea.

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Podemos terminar con palabras de un maravilloso libro escrito por la filósofa Delia Steinberg Guzmán, Los juegos de Maya , y con ellas cerrar estas breves líneas animando al lector a ver la película de Woody Allen con otra perspectiva que la simplemente humorística.

«Maya es una vieja deidad oriental, cuyo significado es Ilusión. Se trata del velo con que la Naturaleza cubre todas las cosas para que los humanos no podamos descubrir fácilmente sus ocultas leyes, y así, la belleza de Maya y sus múltiples juegos engañan, seducen y ayudan a pasar los años de vida que nos corresponden sobre la tierra.

La ilusión juega con nuestros sentidos. Y nosotros participamos, más o menos conscientemente, del juego. Ilusión no es exactamente algo que no existe, aunque nosotros percibamos. Los juegos de la ilusión se basan en cosas ciertas, pero no duraderas; son verdades que alcanzan a vivir lo que una burbuja... lo que una ilusión. Sin embargo, en nuestra ignorancia, suponemos que esas verdades momentáneas lo son todo.

Poniendo nuestros esfuerzos y nuestras máximas esperanzas en los juegos de Maya, es como llegamos a conocer el dolor. Todo aquello que queremos se nos escapa de entre los dedos, y nos volvemos ciegos a la posibilidad de ver aquellas otras cosas que son más duraderas, menos falibles, más cercanas a la inmortalidad.

¿Por qué jugamos? ¿Por qué aceptamos la ilusión de Maya sin advertirla? Contestar esta pregunta equivaldría a saber con precisión por qué juega un niño. El niño juega, aunque sepa que es mentira el juego que realiza; pero necesita ensayar, necesita probar sus fuerzas y prepararse para el otro juego mayor que es la misma vida. Los humanos somos siempre un poco niños. Inseguros ante el destino final que nos aguarda, jugamos durante la vida, tratando de probarnos a nosotros mismos que somos capaces de realizar actos acertados.

Todos nosotros participamos en los “juegos de Maya”... ( Los juegos de Maya , Delia Steinberg Guzmán. Ed. NA, 2002).

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Hay películas –lo mismo que libros y otras obras de arte– que pasan casi inadvertidas en su época, a pesar de que quienes las ven y tienen la suficiente sensibilidad, nunca las olvidarán. Y hay directores de cine cuya producción no es abundante, pero de cuyas manos –las de su genio– solo nacen joyas sublimes. Este filme, El maestro de música , y este director y guionista, Gerard Corbiau, son un ejemplo de ello. Fue nominada a la mejor película de habla no inglesa de 1989. En ese mismo año, la comedia absurda El jovencito Einstein recaudó diez veces más. Signos de los tiempos.

Gerard Corbiau, nacido en Bruselas en 1941, es especialmente conocido por sus dramas musicales, como Farinelli , sobre el famoso cantante castrato, y Le Roi danse (en español, La pasión del rey ), biografía espectacular del Rey Sol, Luis XIV de Francia.

En esta película, Joaquim Dallayrac, famoso barítono de principios del siglo XX, después de una última y excelsa actuación, anuncia que nunca más va a actuar en escena; deducimos que aquejado de una enfermedad del corazón. Se retira a su mansión (el filme es rodado en su mayor parte en el Castillo de la Hulpe, entre paisajes idílicos) para formar a una única discípula en el canto lírico, Sophie (interpretada por Anne Roussel) y a un joven vagabundo que oye cantar en el mercado, Jean (el actor es Philippe Volter). Es notable y simpáticamente expuesta la excelencia de su arte pedagógico, severo y exigente, pero queriendo siempre revelar lo mejor que hay en sus discípulos, liberar a la perla de la costra de barro que la encubre, como diría el filósofo Plotino. Pasan varios años (no sabemos cuántos) y sus discípulos no aparecen en público, pues tal es el rigor de Dallayrac que no deben hacerlo hasta que su canto sea perfecto. La belleza de sus almas poco a poco irradia su luz al mundo, el fuego de su genio arde cada vez más poderoso, y la forja de su carácter los va temperando, siempre en armonía con la bella Naturaleza.

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Veinte años antes, el príncipe Scotti, melómano y acaudalado «mecenas de arte que encuentra placer en crear y destruir reputaciones», había retado a un duelo a Dallayrac. Pero no un duelo de espadas o pistolas. Más semejante quizás a un duelo intelectual de la India antigua, donde el que perdía el debate era obligado a convertirse en discípulo de la escuela contraria. En este duelo musical, quien perdiese –no se dice, pero se insinúa– sería obligado a dejar de cantar. O por lo menos, perdería el prestigio de mejor artista lírico, de mejor voz. En el duelo de antaño, Scotti había perdido frente a Joachim Dallayrac.

Los dos discípulos de Dallayrac reciben un convite para cantar en el concurso anual que celebra el príncipe, un concurso en el que «se forjan y extinguen carreras musicales». Por vicisitudes de la Fortuna, la voz de Jean, el discípulo de Joaquim, es idéntica en tono y timbre a la de Arcas, discípulo del príncipe. El príncipe, que en todo actúa como un sofista y como un tirano cruelísimo vestido de todas las cortesías, intenta humillar a Jean, intimidándole primero, minimizándole después y luego tendiéndole una trampa para que cante después del otro. El público identificaría así la segunda voz como una copia de la primera. Pero Jean, que ha forjado su astucia e instinto de supervivencia en la vida callejera, no cae en la trampa y da la vuelta a la situación. El príncipe fuerza un duelo de voces, dispuesto simplemente a quedarse con la mejor para su placer y negocios, arrojando a la otra al desprecio de la nada. Es toda la carrera, la vida, por tanto, las que están en juego y…

Bien, no voy a contar el final, pues seguro que los lectores sentirán interés y no es lícito arruinarles su disfrute estético.

El arte y la belleza

Pero sí quiero adentrarme en la comparación entre la vía del egoísmo sensual y del verdadero servicio a lo bello, lo bueno y lo justo. Es la elección figurada tantas veces en el arte clásico, por ejemplo, en la Casa de los Misterios de Pompeya, en el famoso fresco de Dionisos; o la elección de Hércules de la literatura griega y romana, también presente en cuadros como el de Veronés en El joven entre la Verdad y el Vicio , en el Museo del Prado. Esta elección era representada por la letra Y entre los pitagóricos. Se puede resumir en «¿Sirves a lo bello, lo justo y lo bueno?», «¿O te sirves, para tu propio poderío y placer, de lo justo, lo bueno y lo bello?». «¿Haces arder la llama de Prometeo en el altar de la personalidad, para que devuelva su luz al infinito, y como una ofrenda a lo Eterno?», «¿O la introduces dentro de la personalidad, para que esta se torne poderosa, magnética y atraiga a los incautos que se convierten así en esclavos?». El triunfo irradiando tu propia luz, o el triunfo pisando las cabezas de los otros, que se convierten en instrumentos de tus fines. En definitiva, esta película permite ver la diferencia entre el camino del filósofo y el del sofista, tantas veces descrito por Platón, como en el Gorgias o el Protágoras .

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Los sofistas haciendo de la dignidad humana una pasta amorfa; los otros, entronizándola y junto a ella, la honestidad, reina de las virtudes, según Cicerón.
Dallayrac sirve a la Música, como un deber sagrado, como una forma de ennoblecer la vida y llenar de luz y belleza la de los otros. Scotti se sirve de ella para sus fines, como quien saborea un buen vino. Al final, desesperado por la perfección del arte de su contrario, Scotti pregunta a Sophie cómo su Dallayrac consigue que la Música le sea sumisa. Y la respuesta es que él la ama de verdad, por ella misma. Es la enseñanza que hallamos en La voz del silencio , tratado místico del Tíbet entregado a Occidente por H.P.Blavatsky: «Ayuda a la Naturaleza y trabaja con ella, y ella te considerará como uno de sus creadores y te prestará obediencia». Si la seduces Ella se ocultará de ti, o peor, te responderá seduciéndote y haciéndote un esclavo, como en la sociedad de este infausto siglo XXI. Le extraemos hasta el tuétano de sus huesos, y al final nos idiotiza y animaliza.

Dallayrac considera al público como un cáliz sagrado en que verter su inspiración, su voz arrebatada. Scotti, como una amante de la que necesita su aplauso, en lo que ahora llamamos «baño de multitudes». Como un vampiro más, necesita esa oleada psíquica que le hace sentirse vivo, mientras que Dallayrac, cuando sabe que, enfermo, no puede servirle con suficiente dignidad, se retira sin por ello sentirse desgarrado.

Enseñar es educir lo mejor

Dallayrac enseña con la máscara de la severidad, pero tras ella se adivina una fuente infinita de amor por el alma de sus discípulos, y está dispuesto a todo sacrificio para que esta se revele en toda su plenitud, al mismo tiempo que forja su personalidad, como forja un artesano el duro metal de la espada, haciéndola pasar del fuego al hielo y viceversa.

Scotti halaga, promete, seduce, subyuga, hace psíquicamente dependiente a su discípulo, le manipula, engaña y maltrata su alma, su dignidad, la mengua, la minimiza, la desprecia, pues piensa únicamente en él. Él está, como los sofistas desnudados por la luz filosófica de Platón, en el centro de su tela de araña, esperando la sangre fresca de sus víctimas, a las que, quizás, les inyectará el veneno para que se tornen vivos y frescos, pero inútiles, amodorrados, inmóviles.

Dallayrac no se compara a nadie, es libre e independiente de la opinión de los otros, hace lo que considera justo y necesario. No se compara porque sabe que cada uno tiene su natural dádiva al mundo, más o menos luminosa quizás, pero todas importantes: como la Red de Brahma, la sociedad y la misma naturaleza es un tejido de voluntades en que todos debemos unirnos y cooperar.

Scotti desafía a un duelo musical a Dallayrac precisamente por creer y querer ser mejor que él, y está dispuesto a hacer cualquier sacrificio para conseguirlo. Fuerza, como en el famoso lecho mitológico de Procusto, naturalezas, para adaptarlas, quebradas, a sus fines. No es Dallayrac quien desafía; él simplemente acepta lo inevitable: no empuja al abismo, pero tampoco retrocede cuando es a él empujado. Es el mismo caso del Sócrates griego desafiado por los sofistas con intención de ridiculizarle y aplastarle.

Dallayrac quiere hacer de sus discípulos sacerdotes del Arte y la Belleza, fortalecerlos, «pues se está siempre solo ante el auditorio», y deben llegar a amar esta soledad interior que los hace reencontrarse consigo mismos. Scotti, noble y rico, se mueve siempre con delicadeza y cortesía, pero es en el fondo un bufón que quiere satisfacer a unos y otros para que así caigan en sus redes. Intenta humillar a Dallayrac, pero este se adelanta siempre a sus tentativas, ya que, si bien Scotti es muy astuto, Dallayrac es inteligente, y si la astucia tiende la trampa, la inteligencia simplemente no se acerca a ella, o si ya está en ella, sale como Teseo del laberinto, venciendo al Minotauro.

Música y fotografía al servicio de la belleza

El filme es, hasta en sus detalles, una obra de arte, por los diálogos, la música y la fotografía. El barítono bajo Jose Van Dam, en su momento una de las mejores voces de la lírica, hace de Joachim Dallayrac, y nos sorprende  por lo buen actor que es. En un artículo de Internet, en el que por desgracia no figura el nombre del autor, dice que «cada plano de esta película resulta ser un cuadro lleno de poesía, color y belleza, un cuadro donde habita la melancolía, en el que la sabiduría del silencio habla con los acordes de Bellini, Verdi, Schubert o de Mahler».

Los Lieder Ruckert de Gustav Mahler tejen con sus arpegios de melancolía varias de las escenas más tristes, como el funeral de Dallayrac, y la letra armoniza con el más puro sentido de este:

«Estoy perdido en el mundo, el que durante tanto tiempo saboreé. Nada ha sido oído de mí en tanto tiempo que es fácil que piensen que he muerto. Pero no me importa si piensan que he muerto. No puedo negarlo, ya que realmente he muerto para el mundo. Estoy muerto para el tumulto del mundo y descanso en mi reino calmo. ¡Vivo solo, en mi cielo, en mi amor y en mi canción!».

El « A tanto duol » en Bianca e Fernando , del músico italiano Vincenzo Bellini, la canción del duelo entre ambos discípulos, el del sofista y el del sabio, Scotti y Dallayrac, nos conmueve profundamente por su belleza, como también de esta misma obra el Sorgi o Padre , una de las canciones más hermosas de la historia de la música. El filme llega a su clímax en el «Sempre Libera» de La Traviata , con su locura de amor: «el amor que es inspiración del universo, del universo entero, misterioso, misterioso y noble, cruz, cruz y delicia para el corazón».

Y no podía faltar la ofrenda musical de Schubert a la música, y con estos acordes y palabras se despide de la vida Dallayrac, paradigma de sabio y educador, de cultor y sacerdote de una belleza que, no siendo de esta tierra, alivia nuestros dolores en ella, y nos devuelve la esperanza de lo real. Con ella queremos también terminar este artículo y homenaje al filme El Maestro de música , de Gerard Corbiau:


«¡Oh, arte benévolo, en cuántas horas sombrías,
cuando me atenaza el círculo feroz de la vida,
has inflamado mi corazón con un cálido amor,
me has conducido hacia un mundo mejor!
 
Con frecuencia se ha escapado un suspiro de tu arpa,
un dulce y sagrado acorde tuyo
me ha abierto el cielo de tiempos mejores.
¡Oh arte benévolo, te doy las gracias por ello!».

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Okuribito es una película japonesa del director Yojiro Takita del año 2008. Traducida en inglés como Departures y en español como Despedidas , el guión es de Koyama Kundo y está interpretada principal y magistralmente por Masahiro Motoki, Tsutomo Yamazaki, Ryoko Hirosue y Kimiko Yo. En Japón se la podría clasificar dentro del género Shomin-geki , o drama moderno. Este tipo de películas están enfocadas a los problemas de las familias de clase media.

Okuribito fue galardonada con el Óscar a la mejor película extranjera de habla no inglesa en 2009 y con el premio de la Academia Japonesa como mejor película del año. El filme está basado en la novela Nôkanfû Nikki ( Diario de un agente funerario, de Shinmon Aoki).

Okuribito significa «aquellos que ayudan a ir más allá», en el sentido de que facilitan el paso entre la vida y la muerte. Por lo tanto, es algo más profundo que «Salidas» ( Departures ), título internacional por la que se la conoce.

En esta ocasión, el director Yojiro Takita ha hecho un acercamiento al trabajo del agente funerario «nokanshi», amortajador profesional. El objetivo principal de este trabajo es permitir que el difunto pueda partir en paz. 

La historia empieza cuando Kobayashi Daigo (Masahiro Motoki), que toca el violonchelo en una orquesta de Tokio, se queda sin trabajo y decide volver a su ciudad natal en Yamagata para vivir en la casa familiar y buscar un nuevo empleo. El destino le lleva a ver un anuncio de trabajo poco explícito y algo misterioso en el que ofrecen unas buenas condiciones salariales para un trabajo en el que lo más importante es «ayudar en las despedidas».

Sin saber nada más acerca del trabajo, Kobayashi se acerca a las oficinas para mostrar su interés en empezar a trabajar. Entonces descubre que la agencia se dedica a preparar los cadáveres para las funerarias.
El sueldo y la relación que tendrá con su superior y su compañera de trabajo harán que poco a poco supere su rechazo a una ocupación relacionada con la muerte y vaya aprendiendo con gran respeto la educación que supone tratar con la muerte, y con los familiares de los fallecidos, además de ver cómo la muerte afecta a su propia familia, sus relaciones con su mujer y sus allegados y a su propia historia personal.

En la película vemos reflejado cómo la sociedad japonesa contempla hoy la muerte como un tema tabú. La labor de los amortajadores se considera un trabajo sucio e indigno para muchos japoneses, debido a la concepción sintoísta de que los cuerpos de los difuntos son impuros. Igualmente el protagonista de este filme vive en carne propia el rechazo que despierta este oficio en el País del Sol Naciente. Los demás (incluso su esposa, que lo abandona porque no quiere dejar ese oficio, aunque luego regresa y lo apoya) miran a Daigo con vergüenza y embarazo, lo que conlleva su aislamiento social. En esta cinta, la entrega y la profesionalidad de Daigo son capaces de superar estas barreras sociales tan enraizadas. Tras el éxito de este filme, el número de jóvenes decididos a convertirse en especialistas de esta disciplina ha aumentado en Japón y este ritual ha despertado el interés del gran público por su particular estética.

Una piedra para demostrar amor

despedidas okuribito 4En una escena, Daigo junto a su esposa se dirige a la orilla del río, al mismo lugar que marca sus recuerdos de la infancia, donde solía ir con sus progenitores. El protagonista busca un guijarro en el suelo, que él denomina «carta-piedra», escogida especialmente para ella, y le dice lo siguiente: « Los antiguos, antes de la invención de la escritura, buscaban una piedra que expresase sus sentimientos y se la daban a los seres queridos. Quien recibía la piedra podía leer los sentimientos del otro por el peso y la textura. Por ejemplo, una piedra lisa era señal de un corazón sereno. Una piedra áspera, de que la persona estaba en dificultades » . La «carta-piedra» se convierte en esta historia en un vehículo de comunicación que forma parte de un vínculo afectivo entre dos personas.

En este viaje hasta alcanzar la madurez, el protagonista se enfrenta con la imagen de su padre, principal fuente de sus carencias emocionales. Su progenitor abandonó a su familia siendo Daigo un niño, y fue criado con gran sacrificio por su madre. Los sentimientos de rencor hacia este, que han ido creciendo en su interior desde su niñez, afloran en distintos momentos de la película. El joven le dice a su esposa en una ocasión: « No quiero pensar en él. De hecho, es que no me acuerdo ni de su cara » . En diferentes flash-backs , Daigo rememora distintas imágenes de sus progenitores, como cuando salían a pasear por las calles, o cuando tocaba el violonchelo para ellos y, especialmente, una secuencia en la orilla del río, donde se ve una pequeña y lisa piedra blanca, una simbólica «carta-piedra», que pasa de la mano de Daigo a la de su padre.

La figura de su verdadero progenitor será reemplazada, a lo largo del filme, por su jefe, que se convierte en un segundo padre intentando llenar el vacío emocional que este dejó tras su partida.

La muerte y la reconciliación

Un día, Daigo recibe una carta que le informa que su padre, del que no tenía noticias desde hacía treinta años, ha muerto. Cuando el protagonista se encuentra ante el cuerpo de su progenitor, contempla sólo la figura sin vida de un extraño, y observa con desagrado la forma mecánica en que los empleados de la funeraria se ocupan de sus restos, sin ningún respeto ni ceremonial y los interrumpe bruscamente. Cuando Daigo empieza a acomodar las manos de su padre para colocarlas en la posición adecuada, encuentra la «carta-piedra» que él le había entregado cuando era niño, la cual se escurre de entre sus dedos agarrotados. En la última escena de la película, Daigo se vuelve hacia su mujer y acerca esa «carta-piedra» al vientre de su esposa, que espera la llegada de una nueva vida. En este emotivo reencuentro final, este objeto se convierte en un vínculo imperecedero que conecta las figuras del padre, la de su hijo y en último lugar la de su futuro nieto, dentro del curso perpetuo de la vida.

El amor que perdura más allá de la muerte está encarnado en este film en los personajes de Tsuyako, la señora que regenta el local de los baños públicos, y Shôkichi, el encargado del crematorio, cliente suyo desde hace más de cincuenta años y con el que esta mantiene una singular relación afectiva. Cuando muere, Shôkichi se despide de ella ante su féretro, le muestra su gratitud y su deseo de reencontrarse nuevamente en la próxima vida con estas palabras: « Gracias, nos veremos en breve. La muerte es el umbral, no representa el fin, se entra en otro lugar, es una puerta y, como guardián, ayudo a muchos a emprender su camino ».

En la película encontramos muchos referentes simbólicos cargados de significado, como los puentes, que simbolizan situaciones de tránsito que conectan entre sí distintos momentos de la existencia. La presencia del protagonista mirando al infinito, en medio de estos viaductos, representa alegóricamente su imagen de guardián entre dos mundos. Asimismo, la corriente que fluye ante él personifica el curso eterno de la vida. Además, los cisnes, en su continua migración, simbolizan la eternidad.

El director de este filme nos ha mostrado en esta sugerente producción el periplo existencial de un joven que se encuentra en busca de sí mismo. Durante este proceso, el protagonista descubrirá a través de la muerte el verdadero sentido de la vida, ya que entiende la interrelación existente entre la vida y la muerte como realidades naturales, que coexisten en perfecto equilibrio.

despedidas okuribito 2 yojiro takita

El tránsito al mundo de lo desconocido es un tema universal, presente en todas las sociedades y culturas, que se convierte en esta cinta en un vínculo que unifica a todos los seres humanos. Así, este personaje terminará convirtiéndose en un singular guardián, un particular centinela que conecta el mundo físico con los límites de lo desconocido, en el perpetuo fluir de la existencia humana. Y este es el gran logro de Okuribito ( Despedidas ), el hacer reflexionar al espectador sobre el sentido de la vida.

 

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Martes, 01 Noviembre 2016 00:00

Cómo influye el cine en la sociedad

Es fácil ver como influey el cine en la soicedad, en todos los aspectos de nuestra vida. No solo influye en las modas y costumbres, sino que en algunos casos podemos detectar una tónica ante determinado tipo de acontecimientos políticos o económicos. Tal vez esto nos señale otras posibilidades, al considerar que el cine no es únicamente un medio de entretenimiento, sino que podría llegar a ser también un modo de hacernos mejores personas.

« Somos como los actores de una obra. La voluntad divina nos ha asignado papeles en la vida sin consultarnos nada. Aunque no podemos controlar el papel que se nos asigna, nuestro afán debe ser interpretar el papel asignado tan bien como sea posible y abstenernos de quejarnos del mismo. Sea donde fuere y en cualquier circunstancia, ofrece una actuación impecable » (Epicteto, Manual de vida).

« La vida no es más que una sombra en marcha; un mal actor que se pavonea y se agita una hora en el escenario y después no vuelve a saberse de él: es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada » (Shakespeare, Macbeth , Acto V, Escena V).

Es muy conocido el mito de la caverna de Platón. En este mito, los hombres encadenados aceptan como realidad las sombras que se les proyectan. Sin embargo, cuando un hombre se libera, ve la realidad e intenta avisar a los demás, estos prefieren la imagen de las sombras reflejadas. Cuando pensamos en el hundimiento del Titanic no pensamos en las 1300 personas que murieron, sino que pensamos en Kate Winslet con los brazos extendidos en la proa del barco, acompañada por Leonardo DiCaprio.

Tenemos que recordar que durante muchos años, desde 1895 hasta los años 50 del siglo XX, el cine era el gran medio de expresión, sin prácticamente competencia. El cine es seguramente el arte más influyente del siglo XX. Es fácil encontrar ejemplos que nos lo demuestran.

En 1942, Ana Frank escribía sus últimas anotaciones en el diario. Cuando la detuvieron, cogió la foto del actor Robert Stark, gran ídolo entre el público femenino de la época. ¿Por qué una niña que sabe que ha de morir se lleva una foto de alguien que no conoce?

En 1995, se estrena Fargo , famosa película de los hermanos Cohen en la que se oculta un maletín con dinero que queda sin descubrir en el pueblo que da título a la película. Pocos años más tarde, una chica japonesa cogió un avión y buscó durante tres días el maletín sin encontrarlo, cosa que no nos debe extrañar ya que la historia es inventada. ¿Cómo puede influenciar el cine tanto como para que alguien se comporte así?

A continuación citaremos una serie de ejemplos que nos permiten darnos cuenta cómo realmente el cine nos influencia mucho más de lo que creemos.

cine y sociedad 1 marlene dietrich

A principios del siglo XX, las grandes productoras de cine proyectaban una imagen idealizada de las estrellas mostrando tan solo las virtudes y escondiendo sus defectos. La influencia del cine llegó a la moda.

La actriz Marlene Dietrich fue la primera mujer que llevó pantalones en una pantalla. Jean Harlow puso de moda las cejas depiladas.

Veronica Lake puso de moda el peinado que tapaba media cara, hasta el extremo de que tuvo que prohibirse para evitar los accidentes que se producían en las fábricas al enredarse los cabellos.

En una escena de Sucedió una noche , Clark Gable aparece sin camiseta interior. La venta de camisetas bajó en picado.

El cine y el lenguaje

Es común encontrar la influencia del cine en el lenguaje popular.

El nombre de la prenda de vestir conocida como rebeca proviene de la película de Alfred Hitchcock del mismo nombre, en la que uno de los personajes viste esa prenda.

La palabra paparazzi proviene del nombre del periodista llamado Paparazzo que aparece en La dolce vita , de Federico Fellini.Y así podemos encontrar otros muchos casos.

El cine y la sociedad

En la segunda mitad del siglo XX ha tenido mucha influencia el ecologismo. Según algunos sociólogos, la película Bambi , de 1942, fue una especie de catalizador debido al efecto que tuvo en los niños de aquella época la muerte de la madre del protagonista.

El cine y las crisis

En tiempos de crisis, la industria del ocio crece ante la necesidad de evasión y, dentro de ella, el cine.

En los años 30, en el punto álgido de la Gran Depresión es cuando surgen los grandes géneros del cine: las películas de aventuras, los musicales, las películas de gánsteres, las comedias y, sobre todo, las películas de terror.

En las películas de terror los que sufren son los protagonistas. Entre 1930 y 1932 surgen los monstruos más famosos de la historia: Drácula, Frankenstein, el hombre lobo, el hombre invisible, la momia, King Kong, etc.

Todos estos monstruos provenían de lugares lejanos (Transilvania, Egipto, Inglaterra, etc.). Parece que el mensaje subyacente es que, a pesar de los problemas que hay en nuestra tierra, fuera aún lo están pasando mucho peor.

También el cine ayuda a transmitir mensajes positivos. Una de las películas de más éxito de la época fue Los tres cerditos , de Walt Disney, que se proyectaba como un cortometraje entre largometrajes. La gente acudía especialmente para verla. El lobo no dejaba de ser una metáfora de la Gran Depresión, y los tres cerditos mostraban diferentes formas de encararla y vencerla.

El cine continúa reflejando las épocas de crisis. En 1970, coincidiendo con la crisis del petróleo, es popular el género de catástrofes: La aventura del Poseidón , Terremoto , El coloso en llamas , etc. Más recientemente, en 2007, coincidiendo con la crisis financiera provocada por la caída de Lehman Brothers, se produjo un repunte espectacular del cine de terror, con películas mucho más crudas que las antiguas.

El cine y la política

En 1933, Hitler llega al poder. La Alemania nazi convierte la industria cinematográfica en un poderoso medio de propaganda para el nazismo. Podemos recordar la frase del ministro nazi de propaganda Joseph Goebbels: «Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad». Lo que vemos en el cine es mentira, pero fácilmente nos lo acabamos creyendo.

El comunismo también utiliza el cine. Lenin dijo: «De todas las artes, el cine es para nosotros la más importante».

Cuando estalla la Segunda Guerra Mundial, los americanos invaden literalmente Hollywood. Una tercera parte de las 1500 películas que se producen entre 1941 y 1945 son películas de propaganda en las que se santifica a los americanos y se demoniza a japoneses y alemanes.

La película propagandística más conocida es Casablanca . La escena en que esto es más evidente es aquella en la que alemanes y franceses cantan sus himnos patrióticos y los nazis obligan a cerrar el local para evitar que se cante « la Marsellesa ».

Otro ejemplo, es El gran dictador , de Charles Chaplin. Al final de la película, Chaplin, una leyenda del cine mudo, realiza un discurso contra las dictaduras.

cine y sociedad 3 El Gran Dictador

El mundo se divide entre capitalismo y comunismo. En 1939 inició sus actividades el Tribunal de Actividades Antiamericanas, que perseguía a todos los que tenían ideologías izquierdistas. Empezó a tener influencia cuando empezaron a declarar personajes conocidos como Gary Cooper, Walt Disney o Samuel Goldwyn.

Algunos intentaron criticar al tribunal. En 1951, en Solo ante el peligro , de Fred Zinnemann, un sheriff debe enfrentarse solo ante los bandidos, ya que nadie le ayuda. Era una crítica de lo que pasaba frente ante el tribunal.

A veces, el cine se convierte en defensa de una actitud. Elia Kazan fue un delator en el tribunal. En 1954, en La ley del silencio parece hacer una apología de la delación justificándola cuando la causa es justa.

Esta situación también se reflejó en las populares películas de marcianos de los años 50. En La invasión de los ladrones de cuerpos aterriza en un pequeño pueblo una nave espacial de la que salen unas vainas que acaban cambiando el cerebro a las personas. No deja de ser una crítica contra el comunismo.

El cine y la espiritualidad

También se plasma en el cine la necesidad de explicaciones trascendentes a nuestra vida.

Después de la enorme masacre de la Segunda Guerra Mundial, se producen películas que reflejan una vida eterna amable: El espíritu burlón , ¡Qué bello es vivir!, La mujer del obispo , etc.

Mucho más recientemente, tras el estreno de la película Ghost , se incrementó muchísimo el interés en experiencias supraterrenales.

Frank Capra, en los años 30, se convirtió en uno de los directores de más prestigio de Hollywood. En 1934 consiguió el Óscar con Sucedió una noche . En la cima del éxito sufrió una depresión existencial que le duró meses.

Durante dicha crisis, recibió en su casa la visita de un desconocido. El hombre encendió la radio para sintonizar las arengas patrióticas de Adolf Hitler. El desconocido le hizo ver cómo se estaba influenciando a miles de personas y la gran responsabilidad que tenían los que hacían películas en convertir al público en mejores personas. Y se despidió. Capra nunca supo quién era.

Superada su crisis, Capra acabó realizando películas llenas de vitalidad y optimismo ( Vive como quieras, ¡Qué bello es vivir!, Caballero sin espada, El secreto de vivir ), que ayudaron a los americanos a superar la Gran Depresión y que nos demuestran cómo el cine puede ayudar a mejorar al hombre.

Publicado en Cine
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