Miércoles, 01 Enero 2020 00:00

“El mundo está loco, loco, loco, loco…”

Hace muchos años, en mi época escolar, pusieron en los cines una película titulada “El mundo está loco, loco, loco, loco…”, una suerte de comedia épica producida y dirigida por Stanley Kramer en su primera incursión en este género, ya que era mucho más conocido por dramas de contenido social como “Heredarás el viento”, “Juicio en Nuremberg” o “Adivina quién viene a cenar”.

La verdad es que la película fue un gran éxito de taquilla porque, entre otras cosas, contaba con un reparto multiestelar, escenificando una multitud de situaciones absurdas en la búsqueda de un botín robado, y grupos de lo más variopintos a los que se van agregando personajes a medida que avanza la trama, lo que daba lugar a una infinidad de cameos o apariciones breves de actores famosos de la época.

Algunas películas retornaban a la cartelera unos años después de su estreno si habían tenido éxito en taquilla. La película tuvo su estreno en 1963, pero creo recordar que la vi unos años después de nuevo en cartel, o no, eso se me escapa, aunque es lo de menos.

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La razón por la que la menciono es que su éxito fue fenomenal, y todo el mundo hablaba de ella, de lo buena que era, de lo que se habían reído al verla. Si te preguntaban si la habías visto y decías que no, te conminaban a verla cuanto antes porque no se hablaba de otra cosa, al menos en los círculos de mi edad por entonces.

Esto generó en mí una expectativa extraordinaria por verla y recuerdo con claridad que el día en que finalmente fui al cine había tres pases. Yo iba en el segundo o tercero, no estoy seguro, pero lo que no olvido es que mientras estábamos en la fila esperando para entrar, nos llegaban las risotadas de los espectadores que salían desde dentro del cine como verdaderas olas que nos envolvían y nos hacían sonreír también, cuando no reír directamente, lo que contribuía a agrandar nuestra expectación.

Entonces sucedió algo que no me había pasado nunca y no me ha vuelto a pasar. Mi expectativa era tal, que una vez en la sala viendo la película nada me convencía y todo me parecía una tontería, al punto que no me reí ni una sola vez durante la proyección, mientras todo el mundo a mi alrededor se desternillaba a más no poder. Fue una muy mala experiencia. Sin embargo, cuando la volví a ver unos cinco años después la disfruté como un niño, y me reí de principio a fin. Como no esperaba nada, disfruté de todo.

Con esta experiencia aprendí una gran lección que me ha servido desde entonces, la vida hay que disfrutarla como es, sin esperar una versión edulcorada por nuestra propia fantasía. A lo que agregaría citando a Quevedo: “El que quiere en esta vida todas las cosas a su gusto, tendrá muchos disgustos”.

 

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Martes, 01 Noviembre 2016 00:00

Cine y filosofía, ¿compatibles?

A primera vista, parece lógico pensar que cine y filosofía son dos cuestiones incompatibles. Solemos asociar la idea de ir al cine con divertirnos, pasarlo bien, comer palomitas, beber un refresco de cola, amigos, etc. En cambio, si hablamos de filosofía, solemos asociarlo a aburrirnos, rollo de colegio, profesor insoportable, etc. Y la verdad es muy distinta.

Pero, para ello, debemos plantearnos qué es la filosofía. Si nos vamos a la Wikipedia, encontramos la siguiente definición de filosofía: «La filosofía (del latín philosophĭa, y este del griego antiguo φιλοσοφία, «amor por la sabiduría») es el estudio de una variedad de problemas fundamentales acerca de cuestiones como la existencia, el conocimiento, la verdad, la moral, la belleza, la mente y el lenguaje. Al abordar estos problemas, la filosofía se distingue del misticismo, el esoterismo, la mitología y la religión por su énfasis en los argumentos racionales sobre los argumentos de autoridad y de la ciencia porque, generalmente, realiza sus investigaciones de una manera no empírica, sea mediante el análisis conceptual, los experimentos mentales, la especulación u otros métodos a priori, aunque sin desconocer la importancia de los datos empíricos. La filosofía occidental ha tenido una profunda influencia y se ha visto profundamente influida por la ciencia, la religión y la política occidentales. Muchos filósofos importantes fueron a la vez grandes científicos, teólogos o políticos, y algunas nociones fundamentales de estas disciplinas todavía son objeto de estudio filosófico. Esta superposición entre disciplinas se debe a que la filosofía es una disciplina muy amplia» .

Y si nos vamos al Diccionario de la Real Academia de la Legua, nos encontramos con seis definiciones: «Conjunto de saberes que busca establecer, de manera racional, los principios más generales que organizan y orientan el conocimiento de la realidad, así como el sentido del obrar humano; Doctrina filosófica; Conjunto de doctrinas que con el nombre de filosofía se aprenden en los institutos, colegios y seminarios; Facultad dedicada en las universidades a la ampliación de los conocimientos de filosofía; Fortaleza o serenidad de ánimo para soportar las vicisitudes de la vida; Manera de pensar o de ver las cosas».

Sinceramente; solo con leer las definiciones, ya me he aburrido. Aún más, diría yo; solo con intentar entender lo que quieren decir, solo con intentar saber a qué se refieren, ya me he perdido. Y si me pierdo y me aburro, simplemente, intentando entender qué es lo que debe ser la filosofía, ¿cómo puedo conocerla?

Cine y Filosofía (5)

 

Sí, tal vez uno de nuestros problemas más importantes es que nos hemos olvidado de lo que es la filosofía y la hemos enlatado en una especie de conocimiento al que solo alcanzan unos pocos y es más fruto de una disquisición doctrinal y teórica que cualquier otra cosa. Hay varias definiciones de lo que es la filosofía y yo quiero referirme a la definición que nos dejó H.P. Blavatsky en su gran obra, La Doctrina Secreta , Tomo V, Sección XXVIII; «El origen de los Misterios», en una nota a pie de página, cuando se refiere a que los Misterios de la Antigüedad, constituyeron la primera filosofía, y la define como sigue a continuación:

«Los filósofos eran científicos, y la filosofía, una verdadera ciencia, no simple especulación verbalista, como hoy día es. La palabra filosofía se compone de otras dos griegas, de significado conveniente a su oculto sentido y que debe interpretarse como “sabiduría del amor”.

Esta última palabra, “amor”, encubre su significado esotérico; porque “amor” no es aquí nombre sustantivo, ni quiere decir “afecto” o “inclinación”, sino que es el término con que se designa a Eros, el primordial principio de la creación divina, (...) o el abstracto anhelo de la Naturaleza para la procreación, resultante en continua serie de fenómenos. Significa “amor divino”, el universal elemento de la divina omnipresencia difundida por todos los senos de la Naturaleza y que a un tiempo mismo es la principal causa y efecto.

La “sabiduría del amor”, o “filosofía”, significa atracción y amor a cuanto está oculto bajo los fenómenos objetivos y el conocimiento de todo ello. Filosofía significa el adeptado supremo, el amor a la Divinidad y la asimilación a ella. Por modestia, repugnaba Pitágoras llamarse filósofo (o sea, el que conoce las cosas ocultas en las cosas visibles; es decir, la causa y el efecto, la verdad absoluta), y se llamaba simplemente sabio, esto es, aspirante a la filosofía; Sabiduría amorosa o Sabiduría del Amor. En su sentido exotérico, el amor estaba entonces tan degradado por los hombres como lo está ahora en su aplicación puramente terrena».

Filosofía en el cine

Por lo tanto, filósofo es el que busca el significado oculto en las cosas visibles y aspira a conocer el porqué de las cosas. Y, si nos miramos a nosotros, deberemos reconocer que el ser humano, en sí, es un verdadero enigma. Como se ha dicho en la película Contact , del director Robert Zemeckis, de 1997, que cuenta, en su reparto, con una oscarizada Jodie Foster: « Sois una especie interesante. Una mezcla interesante. Capaces de los sueños más hermosos y de las más horribles pesadillas. Os sentís tan perdidos, aislados, tan solos. Pero no lo estáis ».

Y aquí es dónde quería llegar. Por un lado, parece que la filosofía debe ser una cosa muy aburrida; pero si conseguimos buscar y conocer su verdadero sentido, la filosofía es lo más interesante que puede hacer el ser humano; es buscar el oculto significado de las cosas visibles. Y, para escenificarlo, nada mejor que contar con una buena película; una de esas que te hacen pensar, darle vueltas a lo que has visto en la pantalla para buscar lo que quiere transmitir el director.

Si queremos buscar el origen del cine (y no me refiero al invento de los hermanos Lumiere, que el 28 de diciembre de 1895 consiguieron proyectar imágenes en movimiento frente a una audiencia), podemos pensar en el teatro clásico de Grecia. Como dice Jesús Sordo Medina, en su ensayo «Nacimiento y evolución del teatro clásico en Grecia»: « El teatro adquiere tintes pedagógicos, buscando educar a la ciudadanía en el nuevo paradigma sociopolítico, además de enorgullecer al ciudadano griego por su modo de gobierno ante las críticas de fuerzas extranjeras, como los persas. Casi podríamos afirmar que el teatro significó para los griegos lo que un ministerio de cultura en nuestras sociedades modernas. Pero es en la época de la Grecia clásica, y en concreto en el tiempo del estadista Pericles, cuando el teatro cobra una gran importancia para difundir valores democráticos esenciales como la “isonomía”, igualdad ante la ley; y “parresia”, libertad de expresión ».

Así pues, el teatro, en su origen, sirve para educar a la ciudadanía, para trasmitir valores. Si estas ideas ya se trabajan con el teatro clásico de Grecia, con una película, capaz de transportarnos al espacio infinito, a las profundidades de nuestros océanos, de hacernos vivir dramas profundos, de vivir amores intensos y apasionados, ¿cómo no va a servir para hacer filosofía?

Así, pensemos en algunas de las más recientes (y no tan recientes) producciones para descubrir que el cine está lleno de filosofía:

  • Contact , que ya he citado; ¿hay vida más allá de la atmósfera?; « Y si solo estamos nosotros, cuánto espacio desaprovechado, ¿verdad ?».
  • Matrix (1999); ¿es verdad lo que nos enseñan nuestros ojos? « Matrix nos rodea. Está por todas partes. Incluso ahora, en esta misma habitación. Puedes verla si miras por la ventana o al encender la televisión. Puedes sentirla cuando vas a trabajar, cuando vas a la iglesia, cuando pagas tus impuestos. Es el mundo que ha sido puesto ante tus ojos para ocultarte la verdad ». Los viejos filósofos de la India, le llamaban Maya (ilusión).
  • El show de Truman (1998); ¿es verdad lo que vemos? « Si estuviera absolutamente determinado a saber la verdad, no habría modo de poder impedírselo ».
  • El séptimo sello (1957); ¿le tenemos miedo a la muerte? « Sécate las lágrimas y mira el fin con serenidad. Hubieras gozado más de la vida despreocupándote de la eternidad, pero es demasiado tarde. En este último instante goza al menos del prodigio de vivir en la verdad tangible antes de caer en la nada ».
  • ¿Conoces a Joe Black? (1998); ¿estamos preparados para afrontar la muerte? « ¿Debo tener miedo?, Un hombre como tú, no ».
  • La vida es bella (1997); hasta en las circunstancias más adversas, el ser humano puede ser un ejemplo. «¡ Buenos días, princesa! He soñado toda la noche contigo, íbamos al cine y tú llevabas aquel vestido rosa que me gusta tanto, solo pienso en ti, princesa, pienso siempre en ti. ( … ) ¿Todavía no has comprendido que para hacerme feliz hace falta muy poco? Un buen helado de chocolate, quizá dos, un paseo juntos y que pase lo que tenga que pasar. ( … ) Nosotros estamos en el equipo de los supermalos que gritan sin cesar, quien tenga miedo pierde puntos. En tres casos se pierden todos los puntos; los pierden: 1, los que empiezan a llorar; 2, los que quieren ver a su mamá; 3, los que tienen hambre y piden la merienda ».
  • Candilejas (1952); a veces vemos solo la parte mala de las cosas, cuando tiene, todo, su lado positivo: « Lo peor en usted es que se niega a luchar, se da por vencida, no hace más que pensar en la enfermedad y en la muerte. Pero existe algo tan inevitable como la muerte y es ¡la vida! ».
  • La misión (1986); la vida y la muerte, ¿qué es primero? « Así pues, vuestra Santidad, vuestros sacerdotes están muertos... y yo sigo vivo. Pero en verdad soy yo quien ha muerto, y ellos son los que viven. Porque como ocurre siempre, los espíritus de los muertos sobreviven en la memoria de los vivos ».
  • El tercer hombre (1949); a veces, el hombre, solo sabe crecer y crear en situaciones extremas; « En Italia, en treinta años de dominación de los Borgia, tuvieron guerra, terror... pero también produjeron a Miguel Ángel, Leonardo da Vinci... En Suiza tuvieron quinientos años de amor fraternal... ¿Y qué es lo que produjeron? ¡El reloj de cuco! ».
  • Interestellar (2015); la muerte, ¿es la vejez, o la pérdida de ideales? –se trata de un poema de Dylan Thomas-;  « No entres dócilmente en esa buena noche; la vejez debería delirar y arder cuando se acaba el día; rabia, rabia contra la luz que se esconde. Aunque el sabio, cerca del fin, a las tinieblas no haga reproches, dado que a su verbo ningún rayo ha confiado vigor, no entra dócilmente en esa buena noche. Rabia, rabia contra la luz que se esconde ».
  • Superman (1978); ¿qué les podemos transmitir a los hijos? « Jamás estarás solo. Viajarás muy lejos, mi pequeño Kal-el, pero no te abandonaré ni aun cuando la muerte nos lleve. La riqueza de nuestras vidas pasará a ti. Todo lo que tengo, lo que he aprendido, mis sentimientos, todo eso y más pasará a ti, hijo mío. Seré tu compañero todos los días de mi vida. Harás de mi fuerza la tuya. Verás mi vida a través de tus ojos y yo la tuya a través de los míos. El hijo se convertirá en padre y el padre, en hijo. Este es mi legado, todo lo que puedo darte, Kal-el ».

Esto es solo un simple bosquejo de lo mucho que nos da el buen cine. Podríamos seguir la lista con Nivel 13 , Abre los ojos , 2001 Odisea del espacio , El hombre elefante , La guerra de las galaxias , etc. Y, la conclusión a la que llegamos es que el buen cine está lleno de filosofía; está lleno de momentos que nos hacen reflexionar sobre quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos, qué hacemos aquí, qué es lo mejor que podemos hacer ahora, qué es lo más importante de la vida, etc.

Nada más diremos, solo animaros a ir a ver una buena película (y si es con alguien con quien comentarla, mucho mejor) y recordaremos ese viejo teatro mistérico de Grecia, el cual tenía por objeto transformar al espectador, recordarle la finalidad de la vida, que solo estamos de paso por estas tierras y que el buen teatro, el buen cine, es aquel que conmueve. 

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2016 es el año en el que se conmemora el cuarto centenario de la muerte de Cervantes, el escritor que regaló al mundo una obra inmortal, creador de un personaje, Don Quijote. Don quijote, que personifica las más nobles aspiraciones del espíritu humano. Su influencia en las manifestaciones artísticas posteriores ha sido importantísima, reflejándose en la literatura, la música y el cine.

El hombre de la Mancha es una película de 1972, dirigida por Arthur Hiller, que recoge el espíritu quijotesco y lo plasma en una cinta inolvidable que incluye números musicales recordados por todos, como Un sueño imposibl , gracias al buen hacer del músico Mitch Leigh y el guion de Dale Wasseman. La interpretación de Peter O’Toole y Sophia Loren permite que la historia llegue con toda su fuerza al espectador.

Cervantes aparece como protagonista, y en él reconocemos algunos datos biográficos, como el haber estado preso durante mucho tiempo y el padecer una situación económica precaria. En el filme, Cervantes es un escritor cuya posesión más valiosa es un manuscrito en el que ha vertido los frutos de sus constantes preguntas acerca del sentido de la vida y de cómo deberíamos vivirla: « He estado muchas veces en la cárcel, y a menudo he pensado que el mundo también es una cárcel », oímos decir al Cervantes cinematográfico, entroncando así esta reflexión con la concepción filosófica del alma prisionera, que necesita avanzar en el conocimiento para liberarse de sus barrotes y descubrir su verdadera naturaleza.

Su presencia en una cárcel poblada por truhanes y rufianes, a la que ha sido arrojado por el brazo secular, hace destacar su condición de caballero, con un código de honor que intenta mantener en un juicio sumario al que es sometido por la bárbara concurrencia como único medio para defender su tesoro más valioso: un manuscrito que intenta proteger a toda costa. Cuando uno de los presos le confía que vive de la traición y que le gusta su oficio, Cervantes le increpa: «¿Y os gustáis vos mismo?».

El hombre de la Mancha 1

 

A partir de aquí todo el guion está salpicado de reflexiones de este tipo, preguntas acerca de lo que es verdaderamente importante en la vida.

La acusación contra Miguel de Cervantes es contundente: le acusan de ser un idealista, un poeta y un hombre honrado. Los poetas, según estos villanos, hacen mal, pues ocultan al ser humano la visión de la realidad cuando recitan sus necias historias.

Apasionadamente, Cervantes ratifica el lugar preferente que la literatura da a la imaginación, que es la única herramienta que permite al hombre dar vida a un sueño, en contraposición a lo que ellos llaman «realidad», calificada por el escritor como una cárcel de piedra que aplasta el espíritu humano.

Como artimaña para salvar su preciado legajo, propone escenificar lo que en él está escrito, implicando a todos los presos para que participen en su representación, interviniendo cada uno con el personaje más acorde con su condición, ante el argumento de que eso les ayudará a pasar el tiempo entretenidos mientras cumplen su penoso encierro. Es entonces cuando les inicia en la historia de un hidalgo rural entrado en años que se plantea el problema de cómo mejorar un mundo en el que las prácticas egoístas reportan beneficios y la virtud no obtiene ninguno. El fraude, el engaño y la maldad se mezclan y confunden con la verdad y la sinceridad.

Nace el caballero andante

A partir de ahora empezamos a conocer a Don Quijote, que abandona la melancólica carga de la cordura y concibe el estrafalario proyecto de convertirse en caballero andante  para enderezar entuertos y proteger al débil y al desvalido. El esforzado caballero Don Quijote de la Mancha ha dejado de ser el cuerdo Alonso Quijano.

El idealismo en estado puro, que no ve obstáculos más allá de su deber y su voluntad, es defendido sin decaer a través de los personajes de Cervantes y Don Quijote en toda la trama. El espectador se emociona con sus lances, y aunque se producen situaciones ridículas que a veces provoca el aguerrido héroe, hay algo que nos solidariza con su admirable misión, a pesar de que la película nos arranca una sonrisa de vez en cuando porque, sin perder la dignidad de los sucesos, se producen situaciones cómicas frecuentemente.

Así, ante el desafío que Don Quijote lanza al mundo, van cabalgando caballero y escudero buscando –y en no pocas ocasiones provocando– aventuras llenas de honor: « Escúchame, inhóspito e insoportable mundo, eres infame y libertino, pero un caballero que enarbola valerosamente su bandera, arroja su guante ante ti. Yo soy el señor de La Mancha, mi destino me llama y yo acudo. Sean cuales sean los vientos de la fortuna, yo camino hacia la gloria ».

Sancho es el compañero que le abruma con sus proverbios, de los que parece tener llena la panza, según le recrimina, y representa el más conmovedor ejemplo de fidelidad y espíritu de servicio. Él no alcanza a ver la grandeza de las hazañas que su señor intenta compartir, aunque le gustaría; es más, su voz sincera declara humildemente con frecuencia lo que sus ojos ven, aunque admira lo que solo su amo es capaz de vislumbrar: « Me gusta la aventura, pero resulta curioso que este camino que conduce a la gloria se parece mucho al que lleva a El Toboso, donde se compran gallinas muy baratas ». Sin embargo, jamás le abandona, ni siquiera con su pensamiento.

El Gran Encantador encarna al mayor de sus enemigos: sus pensamientos son fríos; su alma, negra y retorcida; sus ojos son puñales acerados y donde pone su planta no crece la hierba. Él es el que roba el honor de la victoria a Don Quijote transformando al peligroso gigante en un molino de viento; al menos, así lo ve el Caballero de la Triste Figura.

El Cervantes prisionero mueve continuamente a sus personajes dentro de la prisión, habiéndose ganado por el momento su atención y también su consentimiento, ya que los cautivos se identifican con los avatares que sufren los seres inventados que interpretan. Las dichas, burlas, angustias y tropelías que se relatan les resultan cercanas.

La lógica contra el idealismo

Otros personajes hacen su aparición, como el bachiller Sansón Carrasco, hombre de estudios, inteligente y lógico, « portador de su importancia como si temiera que se le fuera a romper ». Y, cómo no, Dulcinea, « porque un caballero sin dama es igual que un caballero sin alma. ¿A quién dedicaría, si no, sus hazañas? ».

La vigilia que Don Quijote realiza velando sus armas antes de ser armado caballero en la venta (o en el castillo, según su parecer) tiene como propósito serenar su espíritu. Ha declarado tener méritos para recibir tal distinción: « Noble señor, soy valiente y cortés, arrojado y generoso, afable y paciente », y bajo el cielo nocturno plagado de estrellas, se recuerda a sí mismo su deber de ver la vida como debería ser. « No debes amar nunca lo que eres, sino lo que puedes llegar a ser », se dice a sí mismo. « Yo voy caminando en un mundo de hierro para convertirlo en un mundo de oro », afirma en el silencio de la noche.

Dulcinea, interpretada magistralmente por Sophia Loren, es la patente muestra de la influencia positiva que supone esta actitud. A pesar de que repite fieramente al caballero que ella es Aldonza, la muchacha de la cocina a la que los hombres se rifan y reparten, Don Quijote manifiesta una y otra vez que él ve quién es realmente, una mujer con el alma noble por la que merece la pena desafiar al mal. Aldonza le suplica que no la torture así, pues es capaz de lidiar con los malos tratos, la pobreza y la violencia, pero algo se clava en su alma cuando recibe ternura. La transformación que sufre a lo largo de la película es la más evidente.

El hombre de la Mancha 2

Tanto insiste su abnegado admirador en defender lo que él llama su credo, que Aldonza le pide que le explique en qué consiste. « Es la misión de todo caballero andante. Es su deber. No, es su privilegio ». Es entonces cuando suenan las notas de «Un sueño imposible», el famoso tema que resume su ideario y en el que, entre otras cosas, se dice: « Soñar lo imposible, vencer al invicto enemigo, sufrir el dolor insufrible, morir por un noble ideal. Acudir adonde los más bravos no se atreven, defender lo que no tiene defensores, amar desde lejos con castidad y pureza, intentar, cuando ya el brazo se encuentra rendido, alcanzar la inalcanzable estrella. Mi misión es seguir esa estrella sin importar el esfuerzo, sin importar cuán lejos esté, pelear por lo justo, sin duda ni pausa, defender la virtud aunque deba pisar el infierno. Porque sé que si logro ser fiel a tan noble ideal, dormirá mi alma en paz al llegar el instante final. Y será este un mundo mejor, porque yo, sin rendirme jamás, busqué un sueño imposible ».

Entre suceso y suceso, en la prisión se nos muestra al Cervantes que se defiende, al bribón que le juzga y al perillán que ejerce de fiscal, que arremete contra él: «¿Por qué a los poetas os fascinan los locos de tal manera? Unos y otros volvéis la espalda a la vida ». « No » , enfatiza el escritor . « Seleccionamos lo mejor de la vida ».

« Pero es que el hombre debe aceptar la vida tal como es », insiste el dedo acusador.

Cervantes argumenta con desdén: « La vida tal como es... He sido soldado y he sido esclavo. He visto a mis compañeros sucumbir en combate o morir lentamente. Eran hombres que habían visto la vida tal como es. Y murieron desesperados, sin gloria, sin pronunciar heroicas palabras, con sus ojos llenos de atroz confusión, inquiriendo solo “por qué”. No creo que con ello estuvieran preguntando que por qué morían, sino por qué nunca habían vivido. Y es locura, sobre todo, ver esta vida como es y no como en justicia debería ser ».

La derrota de la cordura

Volvemos con Don Quijote y, por fin, la añagaza del Caballero de los Espejos consigue su objetivo: Don Quijote cae y regresa Alonso Quijano, aunque con la mente abatida. Postrado en su lecho y rodeado de su familia en sus últimos momentos, recibe la visita de Sancho y Aldonza. Sancho, tan natural como siempre: « Señor, tenéis que vivir muchos años. Morirse es malgastar la salud ». Aldonza, transformada, vestida recatadamente más al estilo de Dulcinea que al de la mujer que ha sido hasta ahora.

Su presencia revive por unos minutos al caballero andante, que dice sus últimas palabras, levantándose del lecho: «¿Qué es la enfermedad para el cuerpo de un caballero andante? ¿Qué importan las heridas? Por cada vez que caiga, otra vez volverá a alzarse con simpar fiereza, y ¡ay de los malvados! ».

Después, el silencio, el dolor, la pérdida.

El hombre de la Mancha 3

 

Sancho vuelve a ser los ojos de lo real: « Mi amo ha muerto ». Dulcinea (que no Aldonza) lo rescata de su visión: « No. Un hombre ha muerto. Tal vez un hombre bueno. Pero Don Quijote no está muerto ».

Dos significativos fotogramas aparecen al final de la escena.

Sancho y Dulcinea, abatidos en el exterior de la hacienda donde acaba de terminar la vida de Alonso Quijano, meditan en su dolor. A través de la puerta, en el patio, varios hombres avivan denodadamente una hoguera quemando todos los libros que encuentran. Todo un mensaje.

Dulcinea ha dejado de ser Aldonza. Vestida con recato, erguida y mirando al frente, comienza a recorrer un camino que se pierde delante, en el horizonte. Todo un desafío.

En la cárcel, Cervantes es llamado a enfrentarse con su destino. Camina con paso firme ascendiendo por las escaleras que dan salida a la prisión y sujetando con decisión el manuscrito bajo el brazo.

El hombre de La Mancha. Un clásico del cine musical.

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