Viernes, 01 Noviembre 2019 00:00

Inteligencia estética: un factor de equilibrio

Cuando hablamos de equilibrio o de armonía, ¿de qué estamos hablando? Cuando hablamos de estética, ¿a qué nos referimos? Estética, belleza, armonía, equilibrio, arte. Son todas palabras que de alguna forma están concatenadas, enlazadas, guardadas una dentro de otra como en una muñeca rusa (matrioshka) que guarda dentro de sí otra más pequeña, y así hasta llegar a la de menor tamaño, pero la más importante, pues crea el modelo o molde para todas las demás.

«Nunca en la ya larga historia cultural de Occidente se ha escrito tanto sobre arte como en nuestros días, ni existieron jamás tal cantidad de artistas; paradójicamente, nunca el entorno físico diseñado por el hombre había sido tan antiestético. El arte occidental, como otros aspectos de nuestra cultura, ha caído en el mecanicismo del sistema económico materialista, donde la eficacia y el funcionamiento prevalecen sobre la belleza y la calidad. El arte de hoy no puede desempeñar la función social que siempre ha tenido: hacer consciente el subconsciente, abrir las puertas de la percepción y dar forma expresiva a los grandes temas que preocupan a cada generación en cada momento».

Sirvan estas palabras de Luis Racionero como inicio reflexivo acerca del tema que ocupa este artículo.

Cuando expresamos nuestra admiración por algo bello, sea una persona, un gesto, un poema, un atardecer, una música, una rosa, etc., solemos señalar que nos llena de un cierto hálito de complacencia, de satisfacción o placer; algo agradable que nos produce cierta atracción e incluso necesidad de posesión.

Este es un buen punto de partida: la armonía, la belleza nos atrae, en general nos gusta, produce ensoñación, arrobamiento. De alguna manera estamos señalados a estar influidos por la belleza. Y este es un factor muy importante porque no hay ningún ser vivo en la tierra que necesite de forma imperiosa tener contacto con la belleza.

Si, ya sé que para cada cual la belleza resulta subjetiva, es decir, que a mí me atraen cosas que a ti no te atraen y viceversa. Pero lo cierto es que, más allá de ese subjetivismo parcial, a todos nos atraen algunas cosas bellas, ya sea la música, la pintura japonesa, un paisaje árido o de mil verdes, el gesto inocente de un niño, la delicadeza de una flor, el estallido de las olas contra las rocas, dos versos maravillosos, etc. Y también lo es que a cada uno nos permite contemplar algo que no está en la vida cotidiana, que no se da normalmente en el día a día y que, además, nos conmueve, nos sacude, nos vuelve visible algo que normalmente nos resulta invisible.

Ahora bien, como hemos dicho antes, este es un punto de partida: la subjetividad; el placer, el gusto, que para cada cual es diferente.

Pero ¿es suficiente, es definitivo, se puede desarrollar?

He de reconocer que este tema me interesa especialmente. Soy músico y pedagogo y siempre me ha fascinado la capacidad que tiene la música de transformar al ser humano, de socializarle, de llevarle a estados de interiorización, de calmar sus tensiones y angustias. Incluso en algunos momentos especiales, tiene la capacidad de llevar a percibir algo inexplicable que solo es posible compartir a través de miradas de complicidad con quienes lo han vivido.

Y naturalmente he buscado lo mismo en las demás artes, en la escultura, en la pintura, en la fotografía, en las extraordinarias construcciones de la Antigüedad (amo el antiguo Egipto y la antigua Grecia), en la poesía y en la literatura, en la danza e incluso en el folclore, con sus canciones y bailes tradicionales, que guardan la esencia del alma de cada pueblo.

Belleza en todas las artes

Reconozco también que conocía poco de alguna de ellas. La poesía la descubrí durante una larga enfermedad. Ahí me di cuenta de cuánta paz pueden proporcionar esas imágenes maravillosas expresadas con tan pocas y precisas palabras.

Articulo Inteligencia estética 2

He ido descubriendo el arte en sus distintas facetas poco a poco, paulatinamente.

Esto me ha llevado a luchar y empeñarme por lograr que más y más personas puedan descubrir lo que el arte guarda como un tesoro. Porque al igual que yo estaba centrado en mi música y poco más, y he necesitado un tiempo para descubrir otras artes, se puede enseñar a otros a descubrir otras artes. Pero para ello se necesita un tiempo y una formación que permita ir descubriendo esas expresiones artísticas y lo que albergan.

Todo esto me lleva a destacar que, aun partiendo de un gusto inicial, este se puede desarrollar. Como todas las cosas de esta vida, necesita ampliarse, ensancharse desde el punto inicial, hasta otras percepciones que incluyan no solo lo que nos deleita, sino también las ideas, las imágenes e incluso lo inexplicable…

Y eso se logra no solo conociendo y experimentando otras artes, visitando lugares, viendo vídeos o asistiendo a charlas, sino siendo guiado y acompañado; dejándose educar.

Es curioso, existe la idea de que, en cuestión de música, danza, teatro, poesía, fotografía, cine, etc., lo que vale ante todo es la opinión del espectador (yo diría más bien consumidor) aunque este no haya tenido jamás contacto con esa expresión artística. Es una idea por la cual toda opinión, en ese sentido, es válida, hay que tenerla en cuenta; es más que válida, es indiscutible, es ciencia.

Es curioso porque, sobre otras cuestiones vitales, como por ejemplo un dolor físico, jamás nos atreveríamos a dar nuestra opinión o un diagnóstico categórico sin antes estar preparados, y dejaríamos al médico hacer su trabajo. No opinaríamos salvo que la experiencia nos diera algunas pistas de qué enfermedad es y cómo tratarla.

Sin embargo, en el ámbito artístico, esto no solo es posible, sino incluso plausible; es un rasgo de modernidad el tener una opinión y además argumentarla.

¿Es esto malo?

Opinión y conocimiento

Tener una opinión no es malo, pero es solo una opinión. Salvo que tengas conocimiento, formación, el gusto, la opinión es tan solo un punto de salida. Hay que estar dispuestos a aprender, a ensanchar, ya que el gusto es solo una apreciación subjetiva que muchas veces no tiene más soporte que el placer que nos produce.

Recuerdo una anécdota en que el director de orquesta Leonard Bernstein acompañaba al pianista Glenn Gould. Antes del concierto, salió al escenario para explicar que no estaba de acuerdo con el tempo que Gould daba a la interpretación, pero que como era la orquesta la que acompañaba, se ceñiría a la versión del pianista. Interesante. Estaba dispuesto a aprender, tenía criterio para elegir y aun así, dejando su gusto al lado, se amoldó a la versión para aprender.

En síntesis, el gusto existe, pero si no lo desarrollamos, nos limita, nos coacciona. Es necesario ampliar ese ámbito a través de la formación, y la educación es siempre acompañada.

Recapitulemos.

Hemos dicho que poseemos la capacidad de percibir la belleza y que somos vulnerables ante ella, que nos conmueve.

Que además vamos generando un gusto estético inicial, que es un punto de partida que surge de la propia experiencia e inclinación personal, algo absolutamente subjetivo.

Y hemos convenido en que es necesario desarrollarlo y ampliarlo.

Y ¿cómo?

En realidad, es sencillo… En contacto con la belleza.

Articulo Inteligencia estética 3

¿Y qué es bello?

Si hemos dicho que cada cual tiene una percepción subjetiva de la belleza, tenemos que preguntarnos si existen puntos de contacto entre tu percepción y la mía. Si lo que tú consideras bello tiene algo en común con lo que yo considero bello.

¿Y si buscamos estos factores? ¿Y si buscamos cualidades de la belleza comunes a diversos ámbitos, características que se repitan?

Por ejemplo, hemos dicho que todos los seres humanos tenemos la capacidad de percibirla en distintos niveles y sensibilidades. Ta vez diréis: ¿todos? Sí, todos. Es lo que se conoce como rango estético. Quienes poseen una gama estética más amplia, pueden experimentar la belleza en más situaciones.

Cuando la psicología del marketing utiliza música en sus anuncios, es porque sabe que todos estamos indefensos ante las capacidades de la música de fijar imágenes. Cuando las bandas sonoras de las películas son tan relevantes, es que esa banda sonora prefija unas emociones.

John Blacking, en su libro ¿Hay música en el hombre?, señala que el componente estético, la música, la danza, las representaciones, etc., están presentes en todas las culturas, por muy tribales o aisladas que estén. Sabemos que cuando se conforma un grupo humano, naturalmente aparecen trazos de arte, ceremonia, ciertas reglas sociales que favorezcan la convivencia, etc. Es innato al ser humano el contacto con lo estético.

Unidad e integración

La belleza se conoce por un proceso de integración, no de fragmentación. La mente racional no puede abarcarla. Sí puede manejar las partes, los elementos, las porciones, pero la síntesis, eso que surge del conjunto, solo se puede intuir. Porque la gran cualidad de la belleza es que produce una completa integración de elementos. Expresa algo que no está en una u otra parte, sino que emana del conjunto, que surge de la relación armónica de los diferentes elementos. Como la misma vida, lo integra todo y produce un algo que es la unión de todo ello.

apolo

Tal vez por eso, en la antigua Grecia, Apolo era el señor de la armonía, de la belleza y la justa proporción. Él era el sin polos, lo Uno.

Otra cualidad de la belleza es que no puede explicarse. Como todas las cosas importantes de la vida, es indefinible salvo por los efectos que nos produce.

Diréis: ¿cómo puede ser eso? Yo os preguntaría: ¿podéis definir el amor o el dolor? No. Podemos hablar de las características que toma, pero no de su naturaleza. Para ello se necesita de la intuición.

En la cultura hindú, esa facultad de la intuición era llamada Budhi. Una captación que no necesita instrucción externa, que no es conjetura ni corazonada, ni tampoco un persistente deseo. Es, según Sri Ram, «una facultad que solo habla el lenguaje de la verdad. Es decir, esta facultad está despierta a la verdad, no puede percibir más que la verdad».

Todos hemos tenido la experiencia de salir de un evento profundamente emocionados y en la salida notar el silencio, que se rompe poco a poco con comentarios tímidos y adornado con miradas de complicidad que vienen a decir: sí, lo hemos vivido pero no podemos comentarlo; sin embargo, ha sido verdad.

Y aquí tenemos una característica muy filosófica. La belleza es la expresión, la vestidura que toma una verdad. La belleza habla de cosas ciertas y verdaderas, expresa elegantemente una verdad.

Escuchad, por ejemplo, estos versos:

La rosa no tiene porqué, florece porque florece;

sin preocuparse de ella misma, sin desear ser vista.

Y, por último, una característica esencial de la belleza es la armonía, el equilibrio, que tiene mucho que ver con la proporción, el movimiento eurítmico y los estados de equilibrio emocional.

Expresa una relación precisa entre aspectos diferentes e incluso opuestos; eso que denominamos armonía. Y que podemos concretizar en una relación matemática, en una ley, por ejemplo: Phi a+b/a = a/b. O en una relación matemática: 1/2 = octava musical. Pero también en la poesía.

Recapitulando, hemos tomado estas características:

· La belleza nos afecta. Estamos indefensos frente a su poder de pulsar nuestras emociones. Es algo irracional, pero a todos nos produce un mayor o menor efecto en función del rango estético.

· Tiende a la unidad, a la integración proporcionada de diferentes elementos. Tal vez por eso en la antigua Grecia era Apolo el señor de la belleza.

· Entramos en contacto con ella no por lo racional, sino por la intuición. Eso que los grandes artistas llaman inspiración.

· Toda verdad se expresa a través de la belleza.

· La vivimos por la armonía y equilibrio que nos provoca.

· Sus dos grandes campos de expresión son la naturaleza y el arte.

Es por todos estos elementos y muchos otros por los que la belleza es un factor de equilibrio imprescindible para el ser humano.

 

Publicado en Arte
Jueves, 01 Junio 2017 00:00

A la Belleza

¿Qué dices cuando un día la Belleza
se acerca hasta tu puerta despacito?
¿Acaso fuiste digno de atraerla,
o al cabo estaba escrito en tu destino?
 
Las joyas que nos dan en la contienda
señales son de sed de eternidades.
Y vemos que se mezcla con la esencia
el fruto jubiloso del paisaje.
 
¿No sabes, al final, de qué te hablo?
¡Sin duda pongo un velo a lo vivido!
Quizá le eché una mano a algún hermano
y solo por el alma es conocido.
 
¿Tú quieres penetrar en la Belleza?
¡Pues une el corazón a tus sentidos!

Publicado en Rincón de poesía
Jueves, 01 Junio 2017 00:00

La Belleza

Hablar de la belleza es fácil y difícil a la vez, porque todo el mundo puede ver la belleza, pero muy poca gente sabe lo que realmente es. Es paradójico: está en todo y no está en nada, pues toda la creación es bella, la vida es bella, pero esa belleza que vemos no es realmente la Belleza, sino reflejos o manifestaciones de la verdadera Belleza.
 
La belleza está en todo, pero es necesario aprender a verla. Cuando despertamos interiormente, podremos ver también la belleza interior, y estaremos en mejores condiciones para vivir en armonía con nosotros mismos, con los demás y con todo lo que nos rodea.

¿Quién no se ha quedado extasiado alguna vez ante una puesta de sol, o un amanecer?, ¿quién no ha sentido un profundo deleite escuchando esa música especial que nos ha tocado el corazón?, o ¿quién no ha admirado la belleza de un rostro?, y así podríamos seguir citando formas de belleza; en realidad, infinitas, pues hay belleza en todo.

Hablar de la belleza es fácil y difícil a la vez, porque todo el mundo puede ver la belleza, pero muy poca gente sabe lo que realmente es. Es paradójico: está en todo y no está en nada, pues toda la creación es bella, la vida es bella, pero esa belleza que vemos no es realmente la Belleza, sino reflejos o manifestaciones de la verdadera Belleza.

A pesar de que el tema ha sido tratado por muchísimos pensadores y filósofos a lo largo de la historia, tampoco hay un acuerdo unánime sobre en qué consiste la belleza, ni siquiera en Wikipedia. Partimos de una dificultad, y es que cada persona percibe la belleza de una manera diferente; más aún, hay maneras diferentes de percibir la belleza según la época histórica, el tipo de cultura o el lugar del planeta de que se trate. Por ejemplo, el concepto de belleza durante el románico medieval era muy distinto al concepto de belleza en la Florencia de los Medici, en el Renacimiento.

Esto quiere decir que algo bello causará diferente impresión, o incluso ninguna impresión, a diferentes personas, pudiendo abrirse el debate de si algo es realmente bello o no lo es. Por tanto, podemos plantearnos dos cuestiones clave respecto a la belleza: cómo percibe el ser humano la belleza, y qué es realmente la belleza.

¿Cómo percibimos la belleza?

Nuestro nivel cultural y educativo determinarán nuestro acceso a la belleza, desde la belleza física o formal hasta la belleza más intangible o sutil.
Depende de cómo nos encontremos, depende de nuestra educación o nuestra cultura y de nuestra sensibilidad; nuestro gusto estético se va configurando poco a poco en nuestra vida, con nuestras lecturas, nuestras conversaciones, nuestros intereses cotidianos, etc.

El desarrollo de nuestro potencial humano, y nuestro desarrollo interior, necesariamente nos hará reconocer la belleza; primero, una belleza física o formal, que podemos percibir con nuestros cinco sentidos, y luego, una belleza intangible, una esencia, que es la que percibe el alma.

Percibimos la belleza exterior con nuestros ojos físicos, con nuestros sentidos, pero también podemos ir aprendiendo a mirar con los ojos del alma, para ir reconociendo también la belleza interior, que a veces no es tan evidente.

La belleza interior la encontramos en los pensamientos, en los sentimientos y en la conducta del ser humano. Hay belleza en un acto heroico, o en un acto de generosidad, hay belleza cuando se obra conforme a la virtud. Y esto también es un arte, el arte de vivir, porque requiere aprendizaje, práctica, dedicación…

La búsqueda de satisfacción es natural en el ser humano, pero de la misma forma que hay placeres para los sentidos, hay también placeres para el alma. Y ¿qué produce placer al alma? Todo aquello que le recuerda su origen celeste: lo bueno, lo justo y lo bello, que van unidos.

Y cuando la belleza es percibida con el alma, en su esencia, el ser humano puede expresarla de diferentes maneras: en el aspecto físico y visible, se expresa como elegancia. En la conducta se expresa como cortesía. En las emociones y sentimientos, se expresa como bondad de corazón. Y en las ideas, se expresa como sabiduría.

En la medida en que se despierta esa sensibilidad hacia la bello, se desarrolla un criterio estético propio. Y es cierto que la mayoría de las personas no lo tienen, sino que sencillamente se dejan llevar por la moda, o por lo que se lleva en un momento y lugar determinados. Esto se ve no solo en el vestir, sino también en el tipo de música que escuchamos, el lenguaje, la decoración, etc. Tener criterio propio es tener libertad de elección, y esto requiere conocimiento y despertar interior.

Cuando se descubre la esencia de la belleza, esa belleza interior, entonces es más fácil comprender la unión de la ética y la estética. Fue Kant quien dijo que la belleza es un símbolo moral. Pero ya desde la Antigüedad clásica ambos conceptos van unidos. Lo bello tiene que ser bueno, y además justo y verdadero. Y por lo tanto, la maldad iría unida a lo feo, aunque esto se puede matizar, puesto que en el mundo manifestado no hay nada absoluto, se puede hablar de grados, es decir, entre lo bello y lo feo hay muchos grados, de la misma forma que entre el blanco y el negro hay muchos grises.

la belleza 1

¿Qué es la belleza?

Es una Idea o Arquetipo que busca el artista, despierta el amor y hace que vibre nuestra propia belleza interior.
Lo que cada uno percibe es belleza subjetiva, podríamos decir, pero la belleza está ahí, la percibamos o no la percibamos. ¿Cómo definirla o identificarla?
Quizá el punto de vista más aceptado sea el de Platón, siglo V a. C., considerado el techo o la cumbre del pensamiento occidental, que en varios de sus diálogos trata el tema: Hipias Mayor , Fedro , y El banquete .

Según Platón, la belleza es una Idea, un Arquetipo, y en su obra El banquete , la vincula al amor. El amor busca la belleza y lleva a ella. Por eso no es casualidad que muchas diosas en la mitología unan amor y belleza, por ejemplo Afrodita en Grecia, que es la diosa del amor y la belleza, o Venus en Roma.

Esa belleza, como Idea o como ideal, es una vía de acceso a la sabiduría a disposición del artista, que es quien busca la belleza y se esfuerza en plasmarla en obras de arte, constituyéndose así en un intermediario o puente entre el mundo inteligible y el mundo sensible, o en otras palabras, lo celestre y lo terrestre, lo divino y lo humano.

Esa belleza como Idea o arquetipo, es un principio armónico que forma parte de la creación del universo. Aquí entramos ya en el campo de la metafísica. Y esa belleza es eterna. No nació ni morirá, y es la causa que de que nosotros veamos belleza reflejada en cuerpos físicos, en objetos y en toda la Naturaleza.

El común de los mortales no podemos contemplar directamente esa Idea de belleza, pero sí podemos observar cómo se manifiesta en la Naturaleza, qué huellas deja en el mundo. Y esta observación ya la hicieron los antiguos. Se comprobó que siempre que vemos belleza se cumplen una serie de normas, como son: equilibrio, proporción, armonía y orden. Equilibrio, que es el adecuado balance entre puntos extremos. Proporción, la adecuada relación entre las partes y el todo. Armonía, el equilibrio entre las proporciones. Y orden, que es lo opuesto al caos, y supone sujeción a leyes y normas inteligentes.

Esos antiguos encontraron además leyes matemáticas sorprendentes que rigen los cánones estéticos. Es decir, que sobre gustos sí hay escrito, y la belleza no es algo relativo o arbitrario, sino que responde a unos cánones estéticos que no los ha inventado nadie, sino que se comprueba que están presentes en la Naturaleza. Una de esas leyes matemáticas descubiertas es la conocida como proporción áurea, divina proporción o número de oro.

la belleza 2

Estos cánones estéticos se aplican también al ser humano, como vemos en el famoso hombre de Vitrubio, dibujado por Leonardo da Vinci, que cumple las medidas del número de oro en su tamaño completo, en su rostro y en todas sus partes. Además, lo vemos en dos posiciones, una en forma de cruz, dentro de un cuadrado, y otra en forma de aspa, dentro de un círculo. Por tanto, esta imagen nos está queriendo decir que el ser humano participa de las dos naturalezas: la terrestre, simbolizada con el cuadrado, y la celeste, simbolizada con el círculo, y está en condiciones de armonizar ambas.

Comprendiendo cómo se manifiesta la belleza en el mundo estaremos en mejores condiciones de percibirla. Y en la medida en que vamos despertando interiormente, la percibimos más. Esa belleza resuena en nuestro interior, hace vibrar nuestra propia belleza interior, nos inspira, nos ilumina, nos eleva, y también nos hace sacar lo mejor de nosotros mismos, ennobleciéndonos, permitiéndonos ser mejores personas, para poder vivir en armonía con nosotros mismos, con los demás y con todo lo que nos rodea, de la manera más bella posible.

Sábado, 01 Octubre 2016 00:00

La belleza: ¿algo superficial o profundo?

Vivimos en una sociedad donde las prioridades están invertidas: lo espiritual ocupa un lugar receptivo, mientras lo físico/material tiene un rol dominante. El porcentaje de tiempo que ocupamos diariamente en producir y consumir es mucho mayor que la cantidad de tiempo que dedicamos a cultivar nuestras virtudes y nuestro espíritu.

No es difícil entender que, hoy en día, el concepto de belleza y el culto al cuerpo sean considerados inherentes el uno al otro.
Los ejemplos los vemos diariamente en medios de comunicación, arte y publicidad; rostros hermosos, cuerpos musculados en hombres y delgados en mujeres, nos transmiten el mensaje de que la belleza solo puede apreciarse en las formas. Luego, el objetivo es vendernos toda clase de productos y recetas que nos permitan acercarnos a ese «ideal» de belleza.
Por esto, es extraordinario cómo, en una entrevista en el canal de YouTube Suli Breaks, realizada a niños de 6 a 11 años, donde se les pregunta: «¿Qué es la belleza?», las respuestas vayan en una dirección completamente diferente.
La primera sorpresa se da cuando una niña expresa que la belleza es a lo que acudes cuando buscas inspiración; habla de un concepto donde «lo hermoso» no es un fin, sino un medio para conseguir algo más elevado.
Otras joyas son: «Nadie puede decirte que eres bello, eso debes descubrirlo tú mismo». Es decir, quita el poder de definirnos a los medios externos y lo devuelve a su verdadero dueño. «Cuando eres buena persona, eres hermoso»; hay un esbozo de un concepto mucho más profundo, donde la belleza va ligada a los valores con los que vive una persona.
Todas estas ideas vienen respaldadas desde hace mucho tiempo por la filosofía.
En las Enéadas, Plotino nos habla de la función iniciática de la belleza, que actúa a modo de guía, reconduciendo y orientando al alma en su camino de vuelta a la Unidad (el origen de todas las cosas). Es decir, aunque a primera vista se identifique lo bello de forma sensible (a través de los sentidos) y pareciera ser algo superficial, es un «intelecto divino superior» lo que nos permite realmente reconocerla, en otros y en nosotros mismos.

Los griegos y la belleza

Para los griegos, la belleza física jugaba un rol de suma importancia en la sociedad. Guardaban dos preceptos principales:
1. La belleza es una bendición (un regalo de los dioses); por lo tanto, es deber honrarla.
2. Un perfecto aspecto exterior guarda una perfección interna. Es decir, un cuerpo hermoso era considerado la evidencia de una mente hermosa. Incluso, tenían una palabra para esto: kaloskagathos, que significaba ser agradable a la vista y, por ende, ser una buena persona.

En el manual Espiritualidad griega, Evelyn Hay nos explica cómo la belleza que se observa en los cuerpos griegos obtiene fuerza y profundidad porque iba acompañada no solo de un arduo trabajo atlético, sino de la disciplina que se ejercía también sobre la mente. Había un equilibrio entre pensamientos, deseos y ambiciones, no era pura vanidad o arrogancia, como muchos pensaban.

Para los griegos, la belleza se trataba de armonía, de la ausencia de conflictos y del dominio tanto de lo corporal como de lo mental.


Otra característica de los griegos es que eran tan amantes de la belleza como de la perfección. Era la visión de esa perfección que luego se convertiría en el ideal: lo que «deberíamos» ser, nuestra guía a seguir. Así fue como Atenea fue el ideal de la sabiduría, Afrodita el ideal del poder y la dignidad femenina o Apolo el ideal de la fuerza y simpatía masculina. De esta forma, a través del arte griego, mujer y hombre fueron elevados a un ideal de perfección, a una verdad que ha trascendido el tiempo y el espacio.
Fue Sócrates, junto con su discípulo Platón, quienes cuestionaron el ideal de belleza superficial y exploraron cómo, independientemente de lo externo, una persona puede contener un interior luminoso. La belleza interior reflejada hacia el exterior, y no viceversa.
En El banquete, Platón nos habla de la belleza como algo más que los cánones estéticos de la época. La vincula con el bien y la verdad, como algo indivisible. Decía que la verdadera belleza no puede ir separada de estos dos conceptos y solo puede ser apreciada por un alma preparada, despojada de los límites de lo material.
Ya decía Plotino que la materia de la que está hecha nuestra realidad visible es una privación del verdadero ser, es decir, mientras más material y física sea nuestra «realidad», más alejados estaremos de nuestro verdadero origen. De la misma forma en que un artista crea una escultura, por más hermosa que parezca, nunca llegará a ser igual de perfecta que «la idea» que tenía en su mente, pues la plasmación de esta visión se ve limitada por el material del que está hecha, la habilidad del escultor, las herramientas que utiliza, etc.
Y si otro artista desea hacer una copia de esta escultura, será aún más imperfecta, pues estará más alejada de la idea original y así sucesivamente. De la misma forma, cuanto más alejados estemos de la idea que nos dio origen, seremos más imperfectos y menos bellos de lo que realmente podríamos ser.


Belleza y estética

Miguel Ángel Padilla, en su libro El arte y la belleza, nos dice que la estética, como ciencia del arte, es un término relativamente nuevo que se utiliza a partir de Kant y Hegel.
Diferenciamos entonces la estética como la ciencia de la sensibilidad (referente a los sentidos), y la belleza como la ciencia de la razón.
El mundo actual se ha enfocado tanto en la primera que pareciera ser la única fuente de belleza a nuestro alrededor. Además, busca de forma sistemática estandarizar patrones de lo que se considera bello, cuando la estética es, sin duda alguna, subjetiva, variable y temporal. Nosotros enfocaremos nuestra búsqueda de la segunda, aquella belleza universal y eterna.


¿Qué propósito tiene la belleza?

belleza 2

Plotino identifica la Unidad (aquello que está por encima de todo y de donde nace el universo y todo su contenido) como expresión de la perfección, el fundamento último del ser y lo que constituye su realidad verdadera, superior a toda forma. En el momento en que caemos y nos materializamos como humanos, nos olvidamos de nuestro origen; sin embargo, quedan pequeños esbozos de aquella realidad superior, y es a través de la belleza, la verdad, la justicia y el bien como se pueden llegar a reconocer rasgos de esta Unidad a la que todos pertenecemos.
Llegar a este grado de conciencia tendría un gran impacto en nuestro comportamiento: el egoísmo perdería sentido, pues veríamos a nuestros semejantes no como competencia, sino como compañeros de camino, o el separatismo disminuiría, pues reconoceríamos nuestras semejanzas y comprenderíamos mejor a nuestros vecinos.
El propósito de la belleza es crear un vínculo entre lo terrenal, lo más material, y lo más elevado, el origen de todas las cosas. Al inicio será apreciada por nuestros sentidos, pero si estamos educados y sensibilizados, podremos ir más allá de lo físico y comprender que la verdadera belleza conecta nuestros valores y nuestras ideas, permitiéndonos tener un pequeño esbozo del origen común de donde todos provenimos.


El origen de la belleza

La complejidad del tema ha seducido a filósofos de todos los tiempos. Muchos coinciden en que la belleza proviene del intelecto. Esto explicaría por qué para algunas personas algo puede ser hermoso y para otras no. Esta es la belleza de los sentidos: limitada y efímera. La verdadera belleza solo puede originarse de la verdadera sabiduría, de la esencia; aquello de donde nacen todas las ideas. Y así como el pintor expresa su visión en el lienzo en blanco, la naturaleza y todo lo que nos rodea es una obra que refleja la perfección de esa idea inicial.
Esta afirmación nos genera otras preguntas: ¿cuál fue el mecanismo por el que se creó todo este universo? ¿De donde sacó «el Pintor» el conocimiento de cómo debían funcionar las cosas que luego creó, si antes no existían? Podemos acudir a nuestra razón para entender que somos apenas un reflejo de aquella sabiduría que nos dio origen, que provenimos de una idea superior que se plasmó en formas y modelos de cosas, que aunque parezcamos distantes no somos opuestos a la creación universal, pues pertenecemos a la misma, y esa creación es un todo. Es ese Intelecto Divino, la belleza primera.


¿Cómo podemos reconocer este tipo de belleza?

Plotino nos dice que la verdadera belleza no puede ser apreciada con los sentidos, sino con el alma. Buscar la pureza de la belleza con lo más bajo de nosotros es trabajo en vano.
El momento en que podemos contemplar la sabiduría en una mente digna y nos sentimos deleitados de tal forma que nos quedamos prendados de su belleza, aunque se encuentre en un rostro corporal poco agraciado, hemos logrado apreciar la belleza interior. Pero si tal alma aún no nos incita a llamarla bella, no solamente demuestra nuestra incapacidad para observar la belleza interior en otros, sino que sucederá lo mismo con nuestra propia alma. «Solo si te contemplas a ti mismo como algo bello, tendrás una reminiscencia de lo que es la belleza misma». La belleza, pues, a diferencia de la connotación superficial y vacía que se le ha dado hoy en día, cumple un rol superior, que es necesario comprender, si queremos descubrir su verdadero potencial.


Bibliografía
Enlace Suli Breaks: https://www.youtube.com/watch?v=Kc0WiI1vkqU
Sobre la Belleza. Plotino. Traducción de Agustín López y María Tabuyo. Editorial El Barquero. Barcelona, 2007.
El banquete. Platón.
El arte y la belleza. Miguel Ángel Padilla. Editorial NA. Madrid, 2006.
Espiritualidad griega. Evelyn Hay. Edición interna HPB. Septiembre 2013. Barcelona
http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/01/150110_cultura_belleza_antigua_grecia_finde_msd
http://filosofia.laguia2000.com/filosofia-griega/la-belleza-para-platon

Publicado en Sociedad
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