En 2019 se cumplen 260 años del nacimiento de Friedrich Schiller, autor de la Oda a la alegría cuyo texto incluyó Beethoven en su colosal Novena sinfonía. A las puertas de la conmemoración del 250 aniversario del natalicio del músico alemán solo un año más tarde, centramos nuestra atención en el motivo inspirador de esta obra musical, inmortal para siempre en la historia de la música: la alegría.

Res severa verum gaudium Cosa seria es la verdadera alegría»).

Esta sentencia de Séneca está inscrita, con amplios caracteres, en el frente del gran órgano de la actual sala de conciertos de la Gewandhaus de Leipzig. El edificio, célebre por su acústica –se cuenta que Brahms descubrió detalles insospechados de su Cuarta sinfonía al escucharla allí–, es el tercero construido en el mismo lugar tras ser arrasados los dos anteriores por el fuego y las bombas.

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Gran auditorio de la actual Gewandhaus (arriba) y detalle de la frase de Séneca en el centro del órgano .

Leipzig fue la ciudad donde J. S. Bach trabajó durante años como cantor de la escuela de la iglesia de Santo Tomás, para la que compuso muchas de sus cantatas y su maravillosa Pasión según San Mateo. Allí nacieron Mendelssohn y Wagner, y la gran sala de la Gewandhaus es y ha sido siempre un lugar emblemático para todos los melómanos. Numerosos e importantes estrenos, como el Concierto Emperador, de Beethoven, laSinfonía Grande, de Schubert, losConciertos para violín, de Mendelssohn y Brahms, laSinfonía Primavera, de Schumann o la obertura de Los maestros cantores, de Wagner, tuvieron lugar en este gran auditorio. Leipzig fue también el escenario de las correrías universitarias de Goethe entre 1765 y 1768, por lo que la ciudad siempre ha ostentado un meritorio lugar como centro cultural de prestigio en Europa.

Los conciertos en Leipzig datan de inicios del siglo XVIII y la Gewandhausorchester es la agrupación musical nacida de la burguesía –no de la corte de un rey– más antigua de Alemania. Félix Mendelssohn fue su director desde 1835 hasta 1847, y entre sus principales sucesores se cuentan Wilhelm Furtwängler, Bruno Walter y Kurt Masur. A partir de la temporada 2017/18, el nuevo Kapellmeister es el letón Andris Nelsons, que ha sustituido a Ricardo Chailly, actual director musical del teatro de la Scala de Milán, su ciudad natal.

La Gewandhaus y su lema

La actual Gewandhaus, restaurada e inaugurada en 1981 gracias al entusiasta apoyo del director Kurt Masur, se alza hoy imponente y modernista en la Plaza de Augusto, frente al edificio de la ópera, y tuvo un protagonismo determinante en las manifestaciones pacíficas que condujeron a la reunificación alemana. Pero lo que más nos llama la atención es que, a pesar de sus grandes cambios, las tres sedes de la Gewandhaus siempre han contado con este curioso denominador común en forma de lema, que invita a la alegría en su más amplio y profundo sentido. La frase elegida es típicamente estoica y está tomada de las Cartas a Lucilio, de Séneca y, aunque hoy preside el escenario en el centro del órgano del gran auditorio, en el pasado el lema estaba inscrito en la puerta principal. Esta idea de la verdadera alegría como algo fundamental para vivir es una afirmación que siempre presidió la actitud entusiasta de los que allí trabajaban en otras épocas, los pañeros alemanes (Gewandhaussignifica «casa de los pañeros» y de ellos tomó su nombre el edificio). Hoy, como sede de la Gewandhausorchester, representa el propósito que tiene esta de conservar esa misma actitud de proporcionar felicidad –alegría interior al más alto nivel– a su público, manteniendo así la tradición a la vez que su compromiso con el futuro.

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Alegría y libertad

En 1785, en la mitad de una década con la fiebre de la Revolución francesa en el ambiente, Friedrich Schiller captó el espíritu de la época en un exaltado poema que tituló An die Freude. La esencia del poema es el culto ilustrado a la felicidad, en el convencimiento de que el triunfo de la libertad y la alegría llevarían a la Humanidad a una época de paz y fraternidad universal, el sueño de vivir un Elíseo sobre la tierra. La Oda a la alegría se cantó en todas las logias masónicas del momento, y los jóvenes revolucionarios la entonaban alegremente por las calles.

Schiller, como Beethoven y la mayoría de los artistas de su época, había recibido con los brazos abiertos la Revolución francesa y los ideales de la Ilustración, pero ante el fracaso de la revolución y la respuesta de la Época del Terror, fue grande su decepción, y tanto Schiller como Beethoven se refugiaron durante la década de 1790 en el estudio de la filosofía de Kant. La famosa cita que luego quedó grabada en la tumba de Kant, en Königsberg (*), subyugó a Beethoven de tal forma que dejó escrito en una de sus libretas de conversaciones: «La ley moral en nuestro interior, el cielo estrellado sobre nosotros... ¡¡¡Kant!!!», reflejando así su admiración por el filósofo.

La respuesta de Schiller al fracaso de la revolución para instaurar una sociedad más racional fueron sus Cartas sobre la educación estética del hombre. En esta obra, el poeta afirmaba que la sociedad ideal no se puede lograr si no es a través de una educación estética y moral que lleve a la apreciación del bien y la verdad: «El arte es hijo de la libertad, y es a través de la belleza como se llega a la libertad», afirmaba.

Beethoven, como era de esperar, respondió a esta llamada con su música, incluyendo la Oda a la alegría en el último movimiento de la Novena sinfonía para que fuera cantada por cuatro solistas y un gran coro, poniendo así un broche de oro a su monumental obra sinfónica. El poema de Schiller había encarnado con exaltados versos el espíritu de la época y los ideales de libertad y fraternidad que siempre había acariciado Beethoven, por lo que este no dudó en incluirlo como final apoteósico a su última sinfonía, expresando con su música el ideal de una gran fraternidad universal que bullía en su cabeza como un sueño desde que era niño. Las palabras de Schiller le sirvieron a Beethoven para dar mayor énfasis al mensaje que quería transmitir a toda la Humanidad a través de su música. No ha habido nunca un artista que hable tan directamente de la hermandad humana, de la alegría y la concordia que debe unirnos a todos, y que llegue a tantos millones de personas de toda clase y condición como lo hizo Beethoven. El gran director de orquesta y compositor norteamericano Leonard Bernstein dedicó estas palabras al músico de Bonn que tanto admiraba y a su Novena sinfonía:

«Para el hombre que pudo darle al mundo un regalo tan preciado como este, ningún honor puede ser lo suficientemente grande, ni ninguna celebración lo suficientemente alegre» (Palabras de L. Bernstein sobre Beethoven y su Novena sinfoníahttps://www.youtube.com/watch?v=U14iJzdPtWI ).

(*) «Dos cosas colman mi ánimo de admiración y respeto siempre renovados cuanto más tiempo y más intensamente reflexiono sobre ellas: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí».

Publicado en Música
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