Jueves, 01 Agosto 2019 00:00

La carpa en el carril seco

Zhuang Zhou no tenía dinero. Un día fue a ver al Marqués Guardador del Río para pedirle prestado un poco de grano.

–Está muy bien –dijo el marqués–. Pronto habré recogido los impuestos de mi feudo; entonces le prestaré trescientas monedas de oro. ¿Qué le parece?

Zhuang Zhou, muy indignado, le contó esta historia: cuando ayer venía hacia acá, oí una voz que me llamaba; mirando en torno vi una carpa tendida en un carril seco del camino.

–¿Qué le pasa, carpa? – le pregunté.

–Soy oriunda del Mar del Este –contestó–. ¿No tiene Ud. un cubo de agua para salvar mi vida?

–Muy bien –le dije–. Muy pronto visitaré a los príncipes Wu y Yue, en el sur, y le haré llegar el agua del Río del Oeste. ¿Qué le parece?

La carpa se indignó muchísimo.

–Estoy fuera de mi elemento habitual –dijo–, y no tengo donde residir. Un cubo de agua me salvaría, pero Ud. no me da sino promesas inútiles. Pronto tendrá que buscarme en la pescadería.

 

Publicado en Cuentos con sabiduría
Jueves, 01 Febrero 2018 00:00

La Rana en el pozo

En un pozo poco profundo vivía una rana.

–¡Mira qué bien estoy aquí! –le decía a una gran tortuga del Mar del Este–. Cuando salgo, puedo saltar alrededor, sobre el brocal, y cuando regreso, puedo descansar en las hendiduras de los ladrillos. Puedo chapotear, sacando solo la cabeza fuera del agua, hasta llenar mi corazón de gozo; o andar sobre el lado suave con los pies sumergidos hasta los tobillos. Ni los cangrejos, ni los renacuajos pueden compararse conmigo. Soy amo del agua y señor de este pozo. ¿Qué más puede ambicionar un ser? ¿Por qué no vienes aquí, más a menudo, a pasar un rato?

Antes de que la tortuga del Mar del Este pudiera meter su pie izquierdo en el pozo, sin saber cómo, ya su pie derecho se había enganchado con algo. Se detuvo y retrocedió; entonces comenzó a describir a la rana el océano.

–Tiene más de mil li de ancho y más de mil ren de profundidad. En otros tiempos había inundaciones nueve años de cada diez; sin embargo, el agua del océano no aumentaba. Después hubo sequía siete años de cada ocho; sin embargo, el agua del océano no disminuía. Se ha mantenido igual a través de los años. Por eso me gusta vivir en el Mar del Este.

La rana, en el pozo insignificante, se quedó atolondrada y sintió algo de vergüenza.

Zhuang Zi

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