Frecuentemente, asumimos la visión que predomina sobre el mundo que nos rodea sin espíritu crítico, aceptando el paradigma imperante sin mayor cuestionamiento. En cambio, cualquier posición que se separa de esta concepción nos produce extrañeza, tanto en el terreno científico o externo como en el aspecto ético o interno.

¿Aceptamos lo que nos cuentan sin más?

El tierraplanismo es un concepto que se sale del paradigma dominante, y, sin embargo, está siendo valorado en la actualidad por una cantidad significativa de personas que, a priori, no pueden ser tildadas de ignorantes.

Por Internet circulan muchas noticias, vídeos y personas que piensan que la Tierra es plana y que la redondez de nuestro planeta es mentira, una teoría de la conspiración en la que estarían implicados agencias espaciales, científicos, políticos, empresas y medios de comunicación.

El tierraplanismo emerge en un momento en el que se presupone que el método científico es infalible y en el que aparecen conceptos como sociedad líquida, posverdad, teorías de las conspiraciones mundiales a gran escala, etc. Las realidades sólidas de hace dos generaciones ya no lo son en este mundo, más provisional y ansioso de novedades.

Ante esta teoría tierraplanista o cualquier otra que choque con el modelo imperante, lo primero que hacen muchos es reírse o insultar.

Sin embargo, reírse de lo que otro ser humano piensa no es ningún argumento. Esta risa oculta algo inconsciente: resentimiento, que les lleva a criticar lo que no entienden, el mismo que inspira a los nuevos inquisidores contra las medicinas naturales o energéticas; y miedo a lo desconocido, temerosos de encontrarse con que el universo no sea tan material ni tan racional como creen.

Secretamente hay angustia a pesar de la aparente seguridad científica. Los contrarios que se atacan e insultan se retroalimentan mutuamente. Cuanta más violencia expresa el agresor, más dudas inconscientes alberga sobre su bien construido mundo de creencias.

El tierraplanismo pone de manifiesto la capacidad que tiene cada uno de cuestionarse la visión del universo que predomina en su época. ¿Qué sucedería si miles de individuos se salieran del paradigma mental dominante en una sociedad moderna?

Es muy fácil dejarse llevar por las ideas aceptadas socialmente, y también es fácil dejarse arrastrar por las percepciones que muestran los sentidos. Nos dejamos mover por «corrientes de opinión» y todos, en cierta forma, aceptamos la visión común del mundo, pero también sabemos que hay modas y fake news que azotan en la red.

Quizá por esto, no sabemos hasta qué punto estamos todos contagiados o alienados por una determinada visión del mundo. Las actitudes que adoptamos ante lo que sucede dependen de nosotros.

La pregunta que sí podemos intentar responder es: ¿qué está evidenciando el hecho de que miles de personas de todas las condiciones sociales, europeos y americanos, estén convencidos de que la Tierra es plana? ¿Qué significa este movimiento colectivo?

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Terraplanistas y extraterrestres

Jung afirmaba que el hombre actual no se ha desprendido en lo más mínimo del hombre arcaico que vive en su interior. A lo sumo, se ha dado una capa de barniz intelectual, eurocéntrico y moralista.

Quizá el fenómeno de la Tierra plana tiene connotaciones análogas a lo que sucedió con el fenómeno ovni en los años 50.

Jung se aventuró a exponer que la aparición de un círculo en el cielo, o un ovni, podía explicarse simbólicamente como una expresión colectiva de la necesidad de centralización psíquica. Se percibía colectivamente una necesidad imperiosa de volver al centro, al equilibrio. La mente colectiva se estaba desestabilizando con tanta tecnología, guerras y miedo. Y los ovnis, como mandalas en el cielo (como si fueran instrumentos de observación para comprender), traían, aunque de una manera distorsionada, la cordura a la sociedad loca.

Jung estudió la realidad psicológica de lo que afirmaban ver miles de personas «normales». No podían estar todos alucinando, sino que este hecho tenía que responder a algún tipo de fenómeno del inconsciente colectivo.

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Lo moral y lo material: Tierra plana y mundo chato

Quizá el caso de hoy es análogo, pues parece que los tierraplanistas están diciendo al mundo de una manera inconsciente: «Este mundo está loco. Dejemos de ser tan planos a la hora de concebir la existencia o la Tierra se volverá plana para nuestro entendimiento».

En muchos sentidos seguimos en un mundo chato. Los descubrimientos científicos no se han traducido en logros morales. No ha mejorado la sociedad en cuanto a bondad o justicia.

Descubrir que la Tierra es esférica no cambió el paradigma interior humano, no se cambió el egocentrismo por una hipótesis más amplia y «redonda» de la sociedad y del mundo. Moralmente, seguimos actuando como si aún creyéramos que el Sol gira a nuestro alrededor.

Giordano Bruno, en realidad, fue asesinado no porque dijera que el Sol era el centro o que existían otros mundos habitados, sino porque concebía que el descubrimiento físico del sistema heliocéntrico podía dar lugar a una civilización completamente nueva al provocar un cambio de perspectiva, y eso convenía destruirlo a tiempo…

Más allá de los descubrimientos, seguimos psicológicamente planos, cuadriculados. No hemos sabido crear una sociedad mundial «redonda», equilibrada. No hay paz, sino más muros y fronteras.

La teoría de los tierraplanistas parece esconder un reproche: «el mundo sigue plano porque vuestra conciencia y vuestra ciencia son planas, no tienen altura ni profundidad moral.

Estos contestatarios descreen de todo, ponen en cuestión nuestro mundo económico, político, educativo, etc.

Jung apunta que nosotros, los hombres modernos lógicos, hemos aprendido a separar lo subjetivo-psíquico de lo objetivo-natural.

En cambio, el hombre primitivo vive en su paisaje psíquico, no en uno geográfico o político. Este humano primitivo es inconsciente de ello. Su miedo se localiza en determinados lugares: bosques tenebrosos, rocas habitadas por gnomos, árboles poseídos por espíritus, etc.

Los que creen que la Tierra es plana son tan humanos como nosotros, pero se diferencian en dónde ponen la cualidad de «plano». Están volviendo al psiquismo del hombre primitivo porque no están de acuerdo con lo que vislumbran para el futuro.

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El progreso científico ¿va acompañado de un progreso moral?

Según Ken Wilber, el hombre moderno se ha convertido en un ciudadano de un «mundo chato», en donde el único conocimiento válido se basa en la realidad física percibida por los sentidos, mientras que el mundo interior ha sido descartado.

El tierraplanismo es quizá una fuerza psíquica colectiva que compensa o expresa este descarte. Nos avisa de que este mundo chato domina la conciencia y el paradigma actual.

Se avanza en astrofísica y cosmología, pero no se concede a la realidad más que un solo plano: la materia-energía... ¿Y los otros planos?

¿Existen otros niveles mentales, causales o espirituales? No existen si cerramos la puerta: ahí detrás no hay nada porque nuestra conciencia nunca se acerca. ¿Es quizá este dogmatismo el que provoca posturas infantiles como el tierraplanismo?

Dicen las tradiciones de sabiduría (cábala, hinduismo, platonismo, gnosticismo, teosofía…) que existen, como mínimo, siete planos o dimensiones, que van desde lo físico a lo espiritual.

El tierraplanista está poniendo de manifiesto una parte inquietante pero necesaria de la mente colectiva. Es una propuesta inconsciente de equilibrio psíquico (por absurdidad y contraposición al pensamiento aceptado dominante).

El prepotente hombre moderno y la civilización materialista y plana que ha creado no quieren ver su propia «planitud» y no la soportan en otra gente.

A pesar de que el tierraplanista tiene una vida normal en la sociedad moderna, algo en su psique se rebela: es su propio hombre arcaico interior, al que le han arrebatado la magia, la profundidad o la trascendencia. Proyecta en la geografía de la Tierra su propia geografía interior. Su percepción de este mundo chato sin futuro, sin amabilidad, sin redondez, se compensa con esta creencia y así se equilibra, y nos equilibra en alguna medida a todos nosotros.

¿El fenómeno de la Tierra plana, y otros que irán surgiendo en esta sociedad que sufre una profunda crisis de sentido, es síntoma y premonición de lo que vendrá? Tal vez, como decía Jung, «lo que se combate en el otro suele ser nuestra propia inferioridad».

 

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El estudio y la entrega rigurosa de científicos y los más diversos especialistas en este campo han arrojado mucha luz a ese jeroglífico que representa la creación y el desarrollo del universo, así como del ser humano. Sin embargo, aún quedan muchas incógnitas, dudas que los parámetros de lo comprobable, en los que se basa la ciencia oficialista, no han podido despejar, y que, sumados a la búsqueda de un entendimiento espiritual sobre estas cuestiones vitales, han fortalecido la creencia de que nuestra existencia tiene un sentido más sustancial que lo que la ciencia, por sí misma, puede desvelar.

La limitación de los cinco sentidos

Las respuestas a todas esas preguntas que la ciencia materialista sigue dejando en blanco han sido los desencadenantes de una búsqueda que en realidad no es reciente. A lo largo de la historia, las convicciones de los místicos de todas las civilizaciones han buscado mostrar la existencia de una realidad que se manifiesta más allá de la materia. Sin embargo, esta certeza de que la realidad que percibimos a través de los cinco sentidos es limitante sigue sin encontrar consenso en el campo científico.

La revelación de la física cuántica a principios del siglo XIX comenzó a vulnerar este hermetismo del materialismo. Si bien los fenómenos descubiertos por esta modalidad científica propiciaron el desconcierto de la ciencia oficialista, también abrieron un canal para alcanzar respuestas que hasta ese momento no abandonaban el calificativo de ser meras suposiciones.

Las creencias orientales, hasta no hace mucho valoradas como simples hipótesis con una absoluta carencia de fundamento, han comenzado a ser vistas con otros ojos por el mundo occidental. Los hallazgos en el campo de la neurociencia avalan la existencia de una dimensión que se manifiesta con independencia del espacio biológico y que, en definitiva, apoyan lo que religiones ancestrales ya habían manifestado. El estricto, inamovible y hermético razonamiento de que la mente no es más que el resultado de impulsos físicos del cerebro y que no tiene ningún efecto sobre nuestro cuerpo y el mundo físico que nos rodea ha comenzado a tener fisuras.

El manifiesto postmaterialista

«El dominio casi absoluto del materialismo en el mundo académico ha restringido seriamente las ciencias y obstaculizado el desarrollo del estudio científico de la mente y la espiritualidad. La fe en esta ideología, como un marco explicativo exclusivo para la realidad, ha obligado a los científicos a descuidar la dimensión subjetiva de la experiencia humana. Esto ha llevado a una comprensión severamente distorsionada y empobrecida de nosotros mismos y de nuestro lugar en la naturaleza» (fragmento del manifiesto).

En febrero de 2014, más de un centenar de científicos, reconocidos a nivel internacional, decidieron respaldar con su firma la existencia de una realidad más allá de la materia. Con el Dr. Gary Swartz, el Dr. Mario Beauregard, ambos de la Universidad de Arizona, y la Dra. Lisa Miller, de la Universidad de Columbia, a la cabeza, se llevó a cabo un encuentro con el fin de reconocer la importancia de ir más allá de la materia para lograr evolucionar como humanidad. Las investigaciones de este sector científico instan a vincular los aportes de la neurociencia con la tradición mística milenaria.

La falta de respuesta ante los fenómenos no físicos ha abierto un diálogo entre este campo de la ciencia y los testimonios místicos. Estos últimos establecen que nuestra realidad se expande más allá del cerebro humano y que solo basta dar un paso hacia la espiritualidad para rebasar los límites físicos condicionados por los cinco sentidos. Es necesario superar estas fronteras para comprender nuestra naturaleza y alcanzar ese estado de realización permanente que no se puede alcanzar a través de comprensiones racionales.

conciencia

La necesidad de profundizar en la consciencia así como en las experiencias espirituales, de dar respuesta a los fenómenos no físicos, ha sido el motor para superar las barreras de la ciencia materialista. Diversos estudios psicológicos y psiconeuroinmunológicos han desafiado la certidumbre de que la mente no es más que el resultado de impulsos eléctricos y de que los pensamientos no tienen ninguna repercusión sobre el cuerpo o el entorno físico. Dichas investigaciones han revelado que los pensamientos y las emociones repercuten en el sistema fisiológico. La mente, aseguran, tiene una profunda interconexión con el mundo físico. Y dada su aparente ilimitación, además de influir en el estado físico, puede intervenir sin regirse por ese valor espacio-tiempo tan relacionado con la materia.

Asimismo, mediante el estudio de la actividad cerebral durante experiencias místicas se demostró que la consciencia y el cerebro son dos cosas distintas. El neurólogo Baeudegard y Vincent Paquette presentaron una evidencia científica que asegura que la consciencia no es creada por el cerebro, experiencia que fue publicada en el libro The Spiritual Brain (El cerebro espiritual) y que desbarató la versión de que estas experiencias eran producidas por un área del cerebro.

El escepticismo de la ciencia oficialista

La premisa de que aquello que no se puede verificar no se puede afirmar es la base de la ciencia tradicional, una idea que respalda el escepticismo de la ciencia oficialista con todo lo relacionado con las experiencias místicas o con toda aquella interpretación que sostenga que la consciencia es independiente del cerebro.

Francis Crick, premio nobel de Fisiología y Medicina en 1962 y uno de los descubridores de la estructura del ADN, fue uno de los primeros en afirmar que el comportamiento de nuestro cerebro podía ser íntegramente explicado por la interacción de las células cerebrales. Las investigaciones del neurocientífico y otros físicos sustentaron la evidencia de que la consciencia nace de reacciones químicas del cerebro.

Para esta vertiente científica, nuestro cerebro tiene la capacidad de producir experiencias espirituales y místicas gracias a una hiperactividad en el sistema límbico, que se encuentra en las profundidades del lóbulo temporal. La espiritualidad –sostiene– es algo inherente al ser humano, condición que justifica esas experiencias, que no son más que producciones de la actividad cerebral.

La bruma de sobrenaturalidad con la que tratan de envolver estos sucesos no se pueden –manifiestan– someter a comprobaciones empíricas, motivo más que suficiente para descartar todas aquellas suposiciones que no se pueden comprobar, verificar y contrastar.

Las fronteras de la comprensión racional

Y sin embargo, más allá del enfrentamiento –si se quiere, ideológico– de estas dos vertientes, una realidad irrefutable es la de que sigue habiendo dudas por despejar. Si bien es cierto que el ser humano tiene una naturaleza espiritual y que la ciencia oficialista ha dado respuesta a muchas incógnitas, también lo es que sería absurdo establecer los límites del conocimiento en el materialismo empírico. Es decir, que permitir que prevalezca como única verdad que el mundo real es tan solo un mundo de percepciones llevaría a truncar ese desafío al sentido común que ha permitido la evolución de la humanidad.

Las revelaciones que han aportado las investigaciones de la ciencia postmaterialista, así como en su momento comenzó a hacerlo la física cuántica, tal vez aún no superen las fronteras de la comprensión racional, pero eso no significa que no sean verdaderas. Solo basta recordar el experimento de la doble rendija que aún hoy sigue asombrando.

La certeza de que la mente influye en el cuerpo ya no es solo una suposición. Una investigación profunda llevada a cabo durante años por parte del campo neurocientífico mostró (ya había sido demostrado por místicos ancestrales) el poder de la meditación para transformar la arquitectura del cerebro. Pero además de los efectos de la atención plena en el bienestar general, en la salud y en el rendimiento mental, estos resultados arrojan la certeza de que hay algo más allá de la materia.

El modelo postmaterialista ha abierto la posibilidad de llegar al conocimiento por otra vía. La reflexión de Niels Bohr, uno de los padres de la física cuántica, de que no somos meros observadores de lo que medimos sino también actores, cobra fuerza con las revelaciones de esta vertiente científica. Las experiencias en los diferentes estados de la consciencia, de que esta trasciende los límites materiales y que aporta asimismo experiencias espirituales, comienzan a ser demostrables.

Solo hay que aventurarse a cruzar determinados umbrales, a superar los paradigmas racionalistas y seguir investigando la espiritualidad, que es, como sostienen los científicos postmaterialistas, un aspecto central de la existencia humana. Y tener presente, por más que el miedo disfrace esa búsqueda del entendimiento espiritual de falsas creencias o dogmas, supersticiones e incluso reacciones químicas del cerebro, aquella frase del físico Nikola Tesla que decía que el día que la ciencia empiece a estudiar los fenómenos no físicos, hará más progresos en una década que en todos los siglos anteriores de su existencia.

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Viernes, 01 Febrero 2019 00:00

El Kybalión y la ciencia

Antes de mostrar algunas confluencias entre teorías y experimentos del nuevo paradigma científico y los principios herméticos declarados en el Kybalión, sería interesante hacer una primera aproximación a la misteriosa obra del Kybalión. Su nombre es ya un poco extraño, pues no tiene traducción, o tiene las más variadas etimologías.

Parece ser que la sabiduría o enseñanzas del Kybalión fueron transmitidas inicialmente de forma oral, y que se trasladaron de Egipto a Grecia, donde comenzaron a escribirse. No es extraño suponer, por tanto, que la palabra en sí fuese adaptada al griego. Y en esta lengua, Kybernêtes significa «piloto», el que dirige una nave, por lo que podríamos entender que Kybalión significa «guía» (en el camino de la iluminación, de la sabiduría).

El origen de este libro está envuelto en la leyenda, pues se atribuye tradicionalmente a Hermes Trimegisto (el tres veces grande), originariamente una simple transfiguración del dios egipcio Thot, pero que luego fue tenido como un sabio egipcio de hace muchos miles de años a quien se considera contemporáneo de Abraham.

De Hermes Trimegisto surgió el hermetismo, una tradición filosófica y religiosa de largo recorrido basada principalmente en textos atribuidos a este sabio, y que se ha caracterizado por ser una corriente de pensamiento muy secreta. El llamado Corpus Hermeticum es una colección de 24 textos escritos en lengua griega que contienen los principales axiomas y creencias de las tendencias herméticas.

El Kybalión presenta las siete leyes que, según la filosofía hermética, fundamentan la naturaleza. Este libro apareció en 1908 publicado por tres personajes anónimos que se autonombraron «Los tres iniciados», que no se sabe quiénes son, aunque se sospecha que fueron un personaje inglés llamado William Atkinson, un teósofo, que es más conocido por su pseudónimo cuando escribe como Yogui Ramacharaka, siendo los otros dos personajes, Paul Foster Case y Michael Whitty, afines a círculos masónicos.

¿Qué teorías dentro del mundo de la ciencia actual se aproximan a conclusiones enunciadas en el Kybalión?

Principio del mentalismo

En muchas religiones se ha hablado de Dios como el arquitecto divino, como la mente divina que está detrás de todo lo manifestado, y a nivel de filosofía este principio coincide con lo que decía Platón en su teoría de las ideas, ya que Platón va a decir que existe un mundo arquetípico en donde están las ideas principales. Un mundo real y eterno, mientras que este mundo sensible sería ilusorio, no sería real porque aquí las cosas cambian, tienen poco tiempo de vida, van pasando muy rápido.

¿Cómo conecta este principio mental con algunas teorías científicas actuales?

En psicologíapodemos mencionar la teoría del inconsciente colectivo de Jung, o el concepto de noosfera desarrollado por Teilhard de Chardin.

Jung plantea que el ser humano tiene una especie de experiencias de arquetipos, de símbolos, que hacen que nosotros actuemos de una manera inconsciente, no por nuestra propia experiencia individual sino por la experiencia de conjunto. Estos comportamientos vendrían del inconsciente colectivo, que sería algo compartido por la humanidad.

Teilhard de Chardin, con su concepto de noosfera, dice que además de la biosfera de la Tierra y de la atmósfera de la Tierra, existiría una noosfera donde el pensamiento y la inteligencia de los seres humanos sería como un espacio común.

En biologíaRupert Sheldrake propone su teoría de los campos morfogenéticos.

Así como existe un campo energético, un campo magnético, habría otros campos dentro del aprendizaje de las especies que haría que, cuando se llega a una masa crítica, a un número determinado de individuos que aprenden una técnica, eso pasa a formar parte de la colectividad y se convierte en un conocimiento integrado por la especie.

En medicina, respecto a que todo es mental, la ciencia ha descubierto y demostrado el tema de las enfermedades psicosomáticas, en donde la mente es capaz de afectar al cuerpo y se puede enfermar según lo que pensamos.

En mecánica cuántica, con la llegada del siglo XX apareció Einstein y la física cuántica, que introdujeron con experimentos y teorías la idea de indeterminación, así como una realidad que es modificada por la intervención del investigador al observar los fenómenos.

La paradoja del gato de Schrödinger

paradoja gato shrodinger

Esta paradoja supone que, si nosotros tenemos un átomo radioactivo, este tiene un 50% de posibilidades de desintegrarse. Si se desintegra, activa una palanca que hace bajar un martillo y rompe un frasco de veneno, de manera que el gato que está dentro de la caja muere. Si no se desintegra el átomo, entonces el gato vive y el martillo no rompe el frasco de veneno.

Shrödinger decía que el comportamiento en el mundo de lo muy pequeño es paradójico porque en este micromundo, el gato está vivo y muerto a la vez. Hasta que nosotros no destapamos la caja el gato no se decanta entre lo vivo y lo muerto.

Al observar el fenómeno, el investigador está provocando que se decante una de las soluciones.

2 Principio de correspondencia

En biología, la hipótesis Gaia, de James Lovelock y Lynn Margulis (1970-1980), considera a la Tierra como un ser vivo. Observaron que la Tierra tiene sistemas de homeostasis, es decir, es capaz de autorregularse, como lo hace un ser vivo. Un sistema que mantenga condiciones de temperatura, de salinidad, de gases en la atmósfera, indica que tiene que haber una cierta homeostasis, y eso evidencia que la Tierra es un ser vivo.

En matemáticas, la geometría fractal. Hasta hace poco se pensaba que una forma irregular no respondía a un criterio armónico, hasta que se descubrió la geometría fractal. Fractal significa trozo. Las formas de la naturaleza, las flores, los árboles, los copos de nieve, las montañas, funcionan sobre la base de fractales, pequeños fragmentos que se van repitiendo innúmeras veces.

En medicina, esta idea de correspondencia de la parte con el todo es la base de terapias como la reflexología podal, la auriculoterapia o la iridología, donde el pie, el oído o el iris del ojo se relacionan con los distintos órganos del cuerpo.

Principio de vibración

Este principio de vibración lo ha ido descubriendo la ciencia física progresivamente. Cuando empezaron los primeros modelos de átomos con Rutherford, estos eran algo compacto, como una tarta hecha de bolitas de protones, neutrones y electrones. Pero luego empezó a descubrirse que los electrones están en movimiento, no están pegados al núcleo, el cual tampoco está estático.

En cosmología, más allá de que nosotros no percibamos el movimiento, la Tierra se mueve a 1600 Km/h en su movimiento de rotación, y a 108.000 km/h en su movimiento de traslación. El Sol se mueve y nosotros nos movemos con él a 800.000 km/h, y la Vía Láctea se mueve alrededor de otras galaxias a 300 km/s. El movimiento al que está sujeto el universo es increíble.

Y según la teoría de la radiación de fondo, el universo continúa moviéndoseUna de las cosas que se dijo es que si el big bang se ha producido, tendría que haber todavía como un eco de esa explosión, una vibración que nos hiciese notar que el universo está expansionándose. Esa radiación cósmica de fondo se descubrió, y es otra prueba de que el universo está en movimiento.

En mecánica cuántica se habla de la teoría de cuerdas. Esta teoría todavía no está constatada. Están las leyes matemáticas, las ecuaciones que demuestran la posibilidad, pero no se puede demostrar directamente. Para la teoría de cuerdas existe solo un tipo de materia, una cuerda, y en función de la velocidad a la que vibra la cuerda puede parecer un quark, un electrón, un positrón, pero sería una única forma de materia.

En medicina, la musicoterapia o la cromoterapia se basan en que las ondas sonoras o los colores tienen distintas frecuencias y producen una vibración que nos pone en consonancia con esa música o esos colores.

En psicología, la ley de resonancia haría que, según el nivel en el que está vibrando una persona, atraería pensamientos o sentimientos afines.

Principio de polaridad

En física, todos los opuestos dados en el plano físico, luz/oscuridad, alto/bajo, rápido/lento, lleno/vacío… son semejantes en naturaleza y difieren en grado. Esta ley de polaridad permite transmutar uno en otro siguiendo las líneas de polarización. Se puede pasar de frío a caliente pero no de frío a lleno.

el kybalión y la ciencia sin desarrollo enunciados 2

En psicología, este principio también es aplicable. Así, se puede pasar del odio al amor, del miedo al valor… La clave está en desarrollar la virtud opuesta al defecto con el que se quiere trabajar.

En mecánica cuántica, la ecuación formulada por Einstein, E = m.c 2, expresa que la energía y la materia son intercambiables. Según la velocidad que lleve esa masa, será energía o materia.

La teoría del caos plantea que detrás del aparente caos de la naturaleza hay un orden estricto, pero se trata de un orden tan complejo, con tantas variables que escapan a nuestro control, que nos parece caos.

La teoría de la relatividad. Einstein nos da otras contradicciones a nivel de los opuestos, espacio/tiempo, inmovilidad/movimiento, que parecen cosas completamente irreconciliables. Y nos muestra que es imposible conocer el movimiento y la inmovilidad.

En su ejemplo del ascensor en caída libre, nos describe lo que ocurre en el espacio. Si estuviéramos dentro de un ascensor y ese ascensor entra en caída libre, estaríamos ingrávidos, como si estuviésemos en una nave espacial. La nave espacial está en un sistema sin gravedad, pero está siendo acelerada. De la misma manera, nosotros en la Tierra nos sentimos inmóviles, pero estamos viajando.

En medicina, la homeopatía se hace eco de este principio de que los extremos se tocan. Aquello que te enferma también te puede curar. Y entonces utiliza los venenos, los diluye en dosis; en pequeñas cantidades curan, en grandes cantidades matan.

5 Principio del ritmo

En cosmología, la teoría del bing bounce, «el gran rebote», nos diría que no estamos en un universo que tiene nacimiento, sino en un universo de muchos universos, donde los universos son cíclicos y también aparecen y desaparecen.

En medicina, los biorritmos son otra expresión de la ley cíclica.

En biología, hay una teoría llamada «el equilibrio puntuado», de Gould. A diferencia de lo planteado por Darwin, para el que la evolución de las especies sería continuada y constante, esta teoría expone que la evolución tiene marchas y contramarchas. Hay un momento en que todo cambia muy rápido y hay un momento donde se estabiliza, siguiendo como ciclos.

6 Principio de causa y efecto

En física, la 3.ª ley de Newton de la termodinámica, llamada también ley de acción y reacción, establece que, cuando se ejerce una fuerza en un sentido sobre un objeto, se produce una reacción, una fuerza de igual intensidad, pero en sentido contrario.

A modo de inciso, esta misma idea se ha explicado a través del concepto de karma en las filosofías orientales, ampliando la ley de acción y reacción a planos psicológicos, mentales y espirituales.

En biología, la teoría de la epigenética nos diría que lo que hacemos y el resultado de nuestras acciones tienen un efecto sobre nuestros genes y puede modificarlos.

En mecánica cuántica, en la teoría del «orden implicado», de David Bohm, se descubrió que hay electrones que están emparejados. De manera que un electrón a gran distancia del otro sufre las mismas modificaciones que el electrón emparejado, y lo hace aparentemente a la velocidad de la luz.

Para entender esta idea, podemos imaginar que si tuviéramos una pecera con un pez y a su lado pusiéramos dos cámaras, al proyectar las imágenes de las cámaras tomadas desde distintos ángulos en una pantalla, parecería que hay dos peces, pero solo hay uno.

Bohm diría que habría un orden implicado, un orden explicado, que es lo que vemos en nuestro mundo, y un orden implicado. Y ese orden implicado haría que todas las partes estuviesen conectadas entre ellas. Eso explicaría lo que aparentemente no tiene explicación.

7 Principio de generación

En cosmología, además de los agujeros negros de los que habló Stephen Hawking, se han descubierto las llamadas fontanas blancas. Así, un agujero negro es un lugar donde la materia se ha condensado en un espacio tan reducido que la gravedad que emite es tan fuerte que ni la luz puede salir de ahí. Los agujeros negros serían como los «comedores de materia», destructores del universo, mientras que las fontanas blancas son lugares donde la luz es repelida y toda la materia es sacada hacia afuera como si fuese una fuente de luz, son los lugares de creación del universo. Estos agujeros negros y fontanas blancas se cree que están conectados por agujeros de gusano, pero esto todavía no ha sido evidenciado.

En psicología, se habla de los dos hemisferios cerebrales. El hemisferio izquierdo es el racional y potencia las matemáticas, la lógica, el habla, mientras que el hemisferio derecho es creativo, se desarrolla con el arte, la música, con las actividades intuitivas.

En química, la formación de los enlaces químicos se produce porque los átomos no son estables. Tienen más electrones que protones, o más protones que electrones, lo que hace que busquen emparejarse con otros átomos formando moléculas.

¿Cómo llegaron a formularse estas leyes del Kybalión? ¿Qué métodos utilizaron para descubrirlas? No lo sabemos, es un enigma. Y un enigma es una pregunta sin respuesta o con una respuesta controvertida. Sea como fuere, parece que estos axiomas, si los demuestran los científicos actuales, fueran más verdad que si los exponen los filósofos místicos y herméticos de la Antigüedad.

 

Viernes, 01 Febrero 2019 00:00

El alma es una realidad

Kami es una palabra japonesa que puede traducirse como «tener duende». Cuando una cosa o una persona rozan la perfección, cuando su alma se expresa en todo su esplendor, se dice que tiene kami. Así, cuando el maestro forjador consigue la catana perfecta y esta adquiere personalidad propia, la catana posee kami. Todo en la naturaleza tiene su kami, su alma o espíritu, su duende.

¿Qué hay de realidad en todo esto? Toda esa realidad inapresable que escapa a los sentidos. Vivimos en un universo del que apenas podemos percibir una ínfima parte. Los astrofísicos nos dicen que el 96% de la materia que compone el universo es materia oscura y el restante 4% está conformado por la materia ordinaria que podemos tocar, ver y medir. Podemos tocar, ver y medir nuestros cuerpos y todos los órganos que en él trabajan a diario, pero no podemos tocar, ver ni medir nuestras experiencias más íntimas, el porqué de las decisiones que tomamos, el origen de las preguntas que nos hacemos sobre quiénes somos, etc.

Cada vez se levantan más voces de científicos, pensadores, educadores y artistas a favor de la concepción del universo como un ser vivo, dejando atrás la visión mecanicista. «Ha llegado el momento de darse cuenta de que toda interpretación, incluso positivista, del universo debe, para ser satisfactoria, abarcar tanto el interior como el exterior de las cosas –lo mismo el espíritu que la materia– [...]; coextensiva a su Exterior, existe un Interior de las cosas»1 .

EL ALMA ES UNA REALIDAD 3

Existen varias realidades que no son perceptibles por medio de los sentidos. Pero si no las podemos percibir, ¿cómo sabemos que existen? Por sus efectos. Como la ley de la gravedad, la constatamos por sus efectos, porque la ley en sí misma es invisible. Aprendimos en el colegio que la ciencia no inventa la realidad, sino que la descubre. La medicina descubrió las bacterias miles de millones de años después de que se formaran en la Tierra. Antes de su descubrimiento ya existían, pero los médicos no lo sabían. Por lo tanto, que la ciencia no haya descubierto el alma no es argumento que permita negar su existencia. Es parte de esas realidades que existen y que no podemos percibir con los medios ordinarios como el tacto, la vista, el olfato, el oído y el gusto. El alma es intangible para las manos físicas, inodora para las narices físicas, inaudible para las orejas físicas e insípida para las papilas gustativas. Pero es tangible para el artista, visible es para el profeta, la olfatea el filósofo, la oye el místico y la saborea el amante. Así como sabemos que la materia oscura existe por las «distorsiones» que causa en las dimensiones perceptibles, sabemos que el alma existe por la enorme cantidad de fenómenos que detectamos en el cuerpo y sobre los que no tenemos explicación. El origen de esos fenómenos se halla en otras dimensiones a las que no podemos llegar si no es con los atributos propios del alma.

Muchos investigadores están llamando la atención sobre la caducidad del paradigma sostenido hasta el momento. Por ejemplo, el bioquímico y filósofo Rupert Sheldrake, en su libro El espejismo de la ciencia, enumera las diez creencias principales que la mayoría de científicos dan por supuestas y que, sin embargo, no están debidamente demostradas:

«1. Todo es esencialmente mecánico.

2. Toda la materia es inconsciente.

3. La cantidad total de materia y energía es siempre la misma.

4. Las leyes de la naturaleza son fijas.

5. La naturaleza carece de propósito, y la evolución no tiene objetivo o dirección.

6. Toda la herencia biológica es material y se transmite en el material genético, ADN y otras estructuras materiales.

7. Las mentes están dentro de los cráneos y no son más que actividades de los cerebros.

8. Los recuerdos se almacenan como huellas materiales en el cerebro y se borran con la muerte.

9. Los fenómenos no explicados, como la telepatía, son ilusorios.

10. La medicina mecanicista es la única que funciona»2

El campo cuántico de Laszlo, el universo implicado de David Bohm o los campos morfogenéticos de Sheldrake son algunas de las propuestas mejor fundamentadas para explicar la naturaleza, el universo y el hombre, integrando todos los hechos no explicados por el materialismo. Realidades como la mente y la conciencia, la memoria, la causalidad no local, las experiencias cercanas a la muerte, la génesis de la forma, la materia y la energía oscuras, etc., están desvelando un universo y una naturaleza con materia y algo más que no es materia ni energía.

EL ALMA ES UNA REALIDAD 2

La existencia del alma y su redescubrimiento puede conducir a la humanidad a una revalorización de lo individual y ayudar a que los seres humanos logremos respetar a todo ser vivo en cuanto que individuo que posee un destino y un camino evolutivo por hacer. El alma tiene una cualidad que ya destacaron los neoplatónicos como Plotino. Posee individualidad y, a la vez, sin que ello le produzca ninguna merma o minoración de sí misma, forma parte de un ser mayor.

 

Viernes, 01 Febrero 2019 00:00

Ciencia y Filosofía

Uno de los signos que nos hacen pensar que a pesar de todo vamos avanzando viene a ser la abundancia de debates sobre ciencia y filosofía, dos ámbitos del conocimiento que estuvieron unidos y relacionados hasta el siglo XIX. La necesidad de postulados éticos sólidos para que las ciencias avancen en sentido favorable a la evolución de la humanidad podría ser una de las causas de un cierto movimiento de regreso a la fructífera colaboración entre científicos y filósofos, conscientes de que tienen mucho que aprender los unos de los otros. Este regreso tiene un cierto aroma de vuelta a los inicios, cuando en las ciudades griegas de Jonia se pusieron las bases para hallar el método de conocimiento que era necesario en una nueva época que se iniciaba.

En Esfinge nos congratulamos de que tenga lugar ese diálogo tan necesario, al que nos gustaría pensar que estamos contribuyendo. Nuestros colaboradores habituales, que nos ofrecen sus trabajos con tanta generosidad, nos tienen acostumbrados a establecer relaciones y comparaciones entre diferentes disciplinas y, con frecuencia, presentan ejemplos de coincidencia de materias artificialmente opuestas.

Una de estas relaciones es la que se encuentra entre los paradigmas propios de civilizaciones antiguas, como la egipcia, por ejemplo, que nos siguen admirando por sus logros y su sentido de la justicia y los postulados científicos más innovadores, como es el caso de los postulados del Kybalion y los de las ciencias avanzadas. Un extraño nexo entre lo muy antiguo y lo muy nuevo parece existir, haciéndonos percibir el devenir cíclico del tiempo.

Publicado en Editorial

Es un hecho conocido el atribuir a Caldea y Mesopotamia los orígenes de la astrología occidental. A Egipto se le ha pretendido quitar el privilegio de ocupar un papel tan importante o incluso mayor que el que tuvo Caldea en la génesis de los modelos astrológicos y, posteriormente, astronómicos. Es evidente que en Caldea ya aparecen los primeros horóscopos personalizados, pero si se estudia con detalle la propia lengua egipcia y sus representaciones simbólicas, como por ejemplo los techos astronómico-astrológicos, se puede observar que en ellos están las bases de la astrología occidental.

Este trabajo de ir desmenuzando los jeroglíficos egipcios y su simbología requiere algunos conocimientos de lengua jeroglífica egipcia, así como conocimientos de la astrología ptolemaica occidental. No se sabe si los caldeos conocían el sistema de 12 Casas o Mansiones astrológicas actual. Pero lo que sí está bastante claro es que para los antiguos egipcios el número 12 y su simbología es fundamental.

Los grupos de 12 elementos simbólicos, por ejemplo, en la tumba de Tutmosis III, aparecen decenas de veces. Los antiguos egipcios ya situaron el mes de Thoth en el actual signo zodiacal de Virgo, por eso Thoth>Hermes>Mercurio es el planeta regente de Virgo.

La relación entre los 12 meses egipcios, los 12 signos del Zodíaco y los 12 meses actuales aparece en el disco de Chevroches, una especie de piedra de Rosetta para la astrología occidental. En la actualidad, el disco de Chevroches ofrece muchas incógnitas a los astrónomos o astrofísicos que lo han estudiado, aunque no se puede descubrir mucho más sobre este disco si no se conoce de forma directa el sistema astrológico y su modo de operar.

Los egipcios utilizaron desde la más remota Antigüedad el sistema de 36 decanos que dio lugar al sistema sexagesimal, aunque los caldeos, al utilizar la división del año en 12 constelaciones, también conocían el sistema sexagesimal, pues 12 constelaciones multiplicado por 30º da como resultado 360 días o 360º, ya que el Sol recorre la eclíptica un grado por día.

Signos del Zodíaco y constelaciones zodiacales

Pero algo que pasa desapercibido a muchos investigadores es la diferencia absoluta entre signos del Zodíaco y constelaciones zodiacales. Y en ello está la clave para darle a la astrología tradicional la importancia que se merece. Los astrónomos y astrólogos antiguos –y no tan antiguos, como Kepler o el mismo Newton– conocían perfectamente esta diferencia. Los 12 meses del año estaban basados en los solsticios y los equinoccios, dando lugar a los 12 signos del Zodíaco. Las cuatro estaciones están formadas por tres signos del Zodíaco cada una; por lo tanto, 4 x 3 = 12 signos.

LA ASTROLOGÍA EN EL ANTIGUO EGIPTO 2

Del 20 de marzo al 22 de abril, aproximadamente, es el período del año que corresponde al signo zodiacal de Aries. En la Antigüedad probablemente se dieron cuenta de que podían saber dónde estaba el signo de Aries tomando como referencia las estrellas que aparecen detrás en ese espacio de tiempo, y le denominaron el Carnero. Pero, debido a la precesión de los equinoccios, las estrellas del Carnero se desplazaron lentamente y, por lo tanto, ya no coinciden exactamente con los signos del Zodíaco.

Hay que resaltar que en la astrología occidental esto no afecta en absoluto a la hora de establecer el Zodíaco anual, ya que esté en la constelación que esté el punto equinoccial de primavera, todos los años el Zodíaco comienza a partir de dicho punto equinoccial y no de donde se quiera situar (cosa muy difícil, por cierto) el principio de la constelación del Carnero. Por lo tanto, las críticas que se le hacen a la astrología en cuanto a que la astrología ya no funciona porque ya no coinciden las constelaciones con los signos del Zodíaco, son absolutamente absurdas y demuestran el desconocimiento total y absoluto de los principios astrológicos por parte de quienes las hacen.

El horóscopo a partir de los 12 signos del Zodíaco de la eclíptica no tiene nada que ver con las constelaciones zodiacales; el horóscopo o carta natal está basado en la división del año en 12 signos zodiacales a partir de los equinoccios y solsticios. Por eso, decir que la astrología no funciona porque hay 13 o más constelaciones es ridículo.

Hay que matizar que cada estrella de cada constelación va recorriendo los 12 signos zodiacales, y eso sí que tiene un determinado significado. Todo esto los antiguos egipcios lo conocían a la perfección.

Los ciclos de actividad

El antiguo Egipto fue pionero en muchísimos descubrimientos que nos influyen incluso hoy en día. La idea de dividir el día de 24 horas en 12 horas diurnas y 12 horas nocturnas es un invento egipcio. Los 36 decanos egipcios los aplicaban por una parte a la división del año en 365 días, y por otra, a la división del día en 36 ciclos de 40 minutos. Y curiosamente hoy en día se sabe la gran importancia que tienen los ciclos de 40 minutos en relación con la activación de la sustancia reticular del bulbo durante las fases del sueño REM a lo largo de la noche y también durante el día.

LA ASTROLOGÍA EN EL ANTIGUO EGIPTO 3

Cada 40-45 minutos se produce una fase REM, y durante el día, cada 40-45 minutos se produce una onda de relajación a nivel cerebral que hace que necesitemos descansar unos minutos para reanudar la actividad. Por eso se recomienda que las conferencias no duren mucho más de 40-45 minutos. Y estas fases son las que son recomendables utilizar para relajarse, para inducir el sueño o para meditar. Seguramente las Casas zodiacales proceden mucho más de la astrología greco-egipcia que de la astrología caldea.

El gran interés por el número 12, tanto por parte de los caldeos como por parte de los antiguos egipcios, hizo que la cultura judeocristiana estuviera profundamente influida por dicho número mágico. Por ejemplo, las 12 tribus de Israel, las 12 piedras de la muralla de la Jerusalén celestial, las 12 piedras del pectoral del sumo sacerdote y, sobre todo, los 12 apóstoles. Los esenios, precursores del naciente cristianismo, ya tenían un consejo formado por 12 miembros y esperaban la inminente aparición del «Maestro de Justicia».

Hoy en día, como trato de demostrar en el primer volumen de Harmonices Mundi Restitutio: número y psique, el número 12 aparece incluso en la física de partículas, ya que, en lo más íntimo de la estructura de la materia, aparecen 12 partículas subatómicas. Por lo tanto, el sistema astrológico sigue vivo incluso en los modelos de la física de vanguardia, pese a quien le pese.

En cualquier caso, en mi segundo volumen de Harmonices Mundi Restitutio, trato de demostrar que las bases del pensamiento astrológico están, en un porcentaje altísimo, en la cultura del antiguo Egipto. Los sacerdotes egipcios y el sacerdote horóscopo especialmente, intentaron descubrir un sistema para tratar de demostrar que en el instante en que se nace y se comienza a respirar es cuando se introduce el alma en el recién nacido. Una idea que recogió Miguel Servet y que utilizó para tratar de explicar su genial descubrimiento de la circulación cardiopulmonar. Y ese sistema es el sistema astrológico, algo que se utilizó en medicina en Europa hasta el siglo XVIII y que conocían incluso los sacerdotes de la Iglesia católica.

 

Publicado en Astronomía
Sábado, 01 Septiembre 2018 00:00

Ciencia y verdad, paradigmas enfrentados

En los planteamientos actuales para acceder al conocimiento, se abre paso una cuestión que fue resuelta de modos distintos según las épocas: ¿debe la ciencia prescindir de todo lo que no sea estrictamente racional para obtener resultados? Tal vez algunas respuestas se hallen analizando algunos ejemplos que nos antecedieron.

Hemos hablado mucho de ciencia, hemos hablado mucho de filosofía, pero me gustaría concentrarme sobre el «y», porque vivimos en una cultura del «o».

Hoy estamos hablando de ciencia y filosofía, una visión en la que la ciencia pueda ser parte de la filosofía. La filosofía debe aportar a la ciencia criterios de validez de sus conocimientos: ¿Qué pasos debo yo seguir? ¿Qué supuestos puedo o no tomar para que los conocimientos a los que llegue puedan considerarse válidos o no? Y la respuesta es: «depende».

Es un planteamiento un poco distinto. En las obras de Platón no es absolutamente imprescindible llegar a una definición exacta, por ejemplo, de las virtudes que explora en sus distintos libros. Y uno dice: ¿dónde está la conclusión? Pero es que, tal vez, el camino mismo nos está presentando nuevos horizontes y hay cosas de las que quizás no sea tan importante el definirlas sino el vivirlas.

En Occidente se dice que, hasta Descartes, impera el realismo. Es decir, el mundo existe, independientemente de que lo conozcamos o no. A partir de Descartes se dice que lo único de lo que tengo una evidencia es de que existe una actividad cognitiva psíquica, cogito, por lo cual soy. Hay un sujeto que tiene esta actividad, lo cual no significa que lo que estoy pensando sea correcto.

Pero como todavía estamos en un mundo muy impregnado por la religión, Descartes sigue diciendo: «Bueno, yo tengo la idea de perfección en mi mente, yo soy imperfecto; por lo tanto, alguien perfecto tiene que haberla insertado en mi cabeza; ese alguien es Dios». Ya estamos yo y Dios, y a partir de ahí voy a reconstruir el mundo.

Pero, concentrémonos en este «y». Hay una vieja parábola de cinco ciegos y un elefante. Los cinco ciegos van a describir un elefante. Un ciego se pone debajo y dice: «es como un enorme barril». Otro, que le toma la cola dice: «no, no, estás muy equivocado, es como una soga». Otro, que coge la pata dice: «no, no, están equivocados, es como el tronco de un árbol». El cuarto, le toma la oreja y dice: «señores están equivocados, es como la hoja de una palmera». Y el quinto, dice: «no, todos ustedes están equivocados, porque en realidad es como una manguera» porque le está tocando la trompa.

¿No nos pasa mucho esto? Cada cual tiene un punto de vista, pero considera que ese punto de vista es «el punto de vista». Si simplemente cambiamos la partícula del «o» por la posibilidad del «y», tal vez cambien las cosas.

La siguiente cita me parece muy pertinente al respecto. «Y así como la misma ciudad vista por distintas partes parece otra, y resulta como multiplicada por la perspectiva, así también sucede que por la multitud infinita de sustancias simples, hay como otros tantos universos diferentes, los cuales no son, sin embargo, sino perspectivas de uno solo, según los diferentes puntos de vista de cada uno» Elogio de la duda).

Bien... ¿cómo podemos pensar en el «y»?

Quiero que nos concentremos en la imagen de La escuela de Atenas, de Rafael, en la que hay un espacio de encuentro, donde aparecen reunidas, ordenadas según unos criterios platónicos de las cuatro virtudes, el arte, la política, la mística o religión y la filosofía y ciencia.

Fijémonos en algunos detalles. Tenemos a dos personajes en el centro: Platón, mostrando un dedo hacia arriba, probablemente tomando la cara de Leonardo da Vinci, y llevando un texto bajo el brazo que es el Timeo, el libro sobre la naturaleza, y observamos que tanto el gesto de Platón como el libro están en vertical.

En cambio, Aristóteles lleva su Ética trazando una línea horizontal, la misma dirección que muestra la palma de su mano, con lo cual ya tenemos una cruz de una visión vertical, que mira hacia los orígenes, hacia las causas, mira hacia el mundo de las ideas, y el otro ámbito del mundo de causalidades horizontales, que es el de la ciencia de la tradición aristotélica.

A los teóricos les interesa descubrir las causas últimas. A los físicos les interesa más este mundo. Pero, para Rafael, estas son realidades complementarias. Y yo me atrevería a decir incluso más. Aparecen otros elementos, hay una complementareidad y es un tiempo imaginario que permite los encuentros del «y», Porque en este cuadro se unifica a personajes que no vivían en el mismo lugar y, especialmente, no vivían en el mismo momento. ¿Esto es mito o es logos? Ellos no se encontraron físicamente, pero tal vez, los grandes espíritus no necesitan encontrarse.

Tenemos a Pitágoras, con una numerología simbólica que habla de los orígenes últimos de las cosas, y que muy probablemente Platón explicitó, en parte, en su Timeo, donde habla de las series numéricas en relación con las proporciones del alma del mundo. La geometría a nivel arquetípico. Los modelos del mundo en relación con los cuatro elementos, en relación con los cinco cuepos poliédricos regulares que después dibuja Leonardo da Vinci durante el Renacimiento, ilustrando un libro sobre la proporción áurea. Y destacamos la palabra armonía.

La palabra griega cosmos manifiesta belleza y orden. Es bello porque está ordenado, está ordenado porque es bello. Con lo cual, además, integramos el arte. Hoy nos cuesta mucho integrar la ciencia y el arte. Ya nos cuesta integrar la filosofía y la ciencia. Sin embargo, en Leonardo da Vinci encontramos a un científico y a un artista.

Un artista ha interiorizado las proporciones áureas y las refleja en sus obras de forma natural: hace sabiendo. Tenemos que descubrir esa armonía, y podemos hacerlo porque esa misma armonía está en nosotros, como vamos a ver en la imagen de Leonardo da Vinci, el hombre de Vitruvio, donde encontramos la proporción áurea.

Con los Médici vuelve el mundo clásico, apoyan el Renacimiento. Se buscan viejos textos, reaparece Platón, se vuelve a traducir la República y otras obras...

El elemento «y» tal vez pertenezca a otro nivel de la filosofía. Porque lo básico es el nivel analítico-lógico. Antes de empezar a leer hay que aprender el abecedario. Pero en otra escala, uno llega a escribir poesía después de aprender ciertos cánones. Es el ser interior, esa conciencia, que se va a expresar. Es otro lenguaje.

Como elemento a destacar, encontramos a Leonardo da Vinci, el gran arquetipo que integra la ciencia y el arte. Es un científico totalmente racional, pero no desconectado de la armonía del universo.

En nuestro cerebro tenemos dos áreas: el hemisferio cerebral izquierdo y el hemisferio cerebral derecho. Hoy sabemos que el habla, el logos, se halla en el hemisferio cerebral izquierdo; la palabra y el análisis están en la izquierda. Pero la percepción de un todo está en la derecha. Es muy interesante; la música se relaciona más con el tiempo que con el espacio. Todo lo que es gráfico se relaciona más con el espacio que con el tiempo.

Si se destruyen o afectan ciertos centros, a veces hay dispersión del habla, de la comprensión... Esa otra parte, que yo relacionaría con el mito, con la comprensión del símbolo, está en el lado derecho. En cambio, el lenguaje discursivo, que sirve más para explicar que para comprender, está al lado izquierdo.

Entonces, tal vez, uno de los problemas de algunos planteamientos científicos muy generalizados sea el trabajar solo con medio cerebro. ¿Y si integrásemos el otro lado?... Tendríamos, entre otras cosas, la creatividad.

Esto lo va descubriendo Einstein. Y se le plantea el gran problema porque no quiere terminar de darle realidad a los entes matemáticos, pero se da cuenta de que son lo más importante, y que a partir de la experiencia de los casos particulares, que podríamos llamar método analógico, es imposible llegar a las ideas generales. Él mismo va a decir que para ello son imprescindibles la intuición y la imaginación. De manera autobiográfica, nos va explicar cómo se usa la imaginación como método. Porque los principios de la teoría de la relatividad ya están en experimentos mentales imaginarios que él hacía cuando era joven.

Por eso es el tema del «y». Porque hoy aceptamos en ciencias la observación, la experimentación y la razón. Pero ¿qué pasa con la imaginación y la intuición? Vamos a tener un método muchísimo más completo y complejo integrando de manera sistemática la imaginación y la intuición.

Lo mismo pasa con nosotros, utilizamos mucho la inducción y la deducción, pero ¿qué pasa con la analogía? Es uno de los métodos fundamentales que utiliza Leonardo da Vinci.

En el árbol cabalístico, con los diez principios constructores del universo, encontramos un concepto muy interesante: los tres principios superiores, Keter, Hokhmah y Binah, corresponden a la cabeza, y se diferencia, en la cábala, entre la sabiduría, Hokhmah, y la inteligencia, Binah. Y nosotros, en la ciencia contemporánea, trabajamos poco con la sabiduría. La inteligencia es la que sigue explicitando, pero no tiene la comprensión profunda de las cosas. Para alcanzar las causas últimas hay que seguir subiendo. Lo otro es simplemente echar la barca al río e irse con la corriente.

Kepler toma los poliedros regulares que aparecen en el Timeo de Platón y los encaja unos dentro de los otros para ubicar y tratar de descubrir la relación entre las órbitas planetarias. Con este sistema, relacionándolo con las órbitas planetarias tomadas como circulares, llega a un modelo que está errado solo un 5%, y sigue investigando hasta llegar a la famosa formulación de las órbitas elípticas, que es más perfecto.

Cuando un profesor trata de enseñar griego, seguro que hace malabarismos, y se siente con un enorme sentido de frustración porque, de diez cosas que quería enseñar, ha enseñado una o dos. Sin embargo, sus alumnos están contentos porque han entendido. Dicho de otra manera, tenemos una partitura de un coro a cuatro voces, pero terminamos todos cantando solo la melodía porque las aptitudes musicales son limitadas.

¿Qué es más completo y qué es más verdadero? En la mecánica clásica, si yo conozco dónde está el coche en cualquier momento en carretera, puedo calcular, si tengo esa fórmula, en función de la posición y del tiempo a través de la primera y segunda derivada, puedo calcular la velocidad y la duración. Pero hay mundo en el que eso no es posible, y ahí es donde se resquebraja el tema y para Einstein esto es muy desconcertante.

«En el templo de la ciencia hay muchos tabernáculos, y muy distintos entre sí son, por cierto, quienes a ellos acuden acuciados por motivos muy diversos. Muchos obtienen de la ciencia gozoso sentimiento de poderío y superioridad intelectual, la ciencia es su deporte favorito y en ella buscan experiencias vividas y la satisfacción de sus ambiciones. En ese mismo templo habrá otros que ofrecerán los productos de sus cerebros para sacrificarlos con propósitos utilitarios.

Si un ángel del señor llegara para arrojar del templo a todos los que pertenecen a esas dos categorías, quedarían solo unos pocos hombres, tanto del tiempo presente como del pasado. Nuestro homenajeado Max Planc sería uno de ellos y por tal motivo le estimamos profundamente.

Soy consciente de que con esta imagen he expulsado a la ligera a muchos hombres excelentes que han sido responsables importantes y hasta casi totales de la construcción del templo de la ciencia. Y en muchos casos, el ángel se encontraría con que le resultaría muy difícil decidirse. Pero, de algo estoy seguro: si los tipos de científicos a los que hemos arrojado fueran los únicos existentes, el templo jamás habría llegado a existir. Tal cual como no podría haber un bosque donde solo crecen enredaderas » (Einstein).

Y para terminar, el hombre de Vitruvio. Tenemos un cuadrado, tenemos un círculo y un pentágono. En el centro del cuadrado están los órganos sexuales, ese es el centro de la materia. Pero el ónfalos, el ombligo, divide al hombre de acuerdo a la proporción áurea, imprimiéndole al todo una dinámica espiritual.

Publicado en Ciencia
Martes, 01 Mayo 2018 00:00

Ética y teoría cuántica

La ciencia se relaciona con la ética de varias maneras. Además de la ética deontológica que regula las profesiones en la ciencia, hay normas que legislan la actividad científica en lo que respecta a ensayos biomédicos, uso de la tecnología, polución o impacto ambiental. La ética, frecuentemente articulada por las leyes, interpenetra todos los campos de la acción humana.

« El sumo bien consiste en vivir de acuerdo con la naturaleza» (Zenón de Citio, 336-264 a. C.).

Los estoicos, como Zenón de Citio, veían en el ideal del hombre sabio algo semejante al modelo al que llegan las conclusiones de muchos científicos en sus experiencias, pues los principios éticos de nuestra vida pueden ser derivados de la comprensión de la naturaleza.
Los descubrimientos científicos del último siglo, tanto en mecánica cuántica como en biología y neurociencia, por ejemplo, han transformado la manera en que encaramos conceptos fundamentales de nuestra visión del mundo, entre ellos el de la materia, la mente, la información y la realidad.

Las experiencias en mecánica cuántica que hacen evidente la no-localidad, el entrelazamiento, la incertidumbre y la dualidad onda-partícula continúan siendo desafíos para científicos y filósofos en su búsqueda de una comprensión coherente y satisfactoria del mundo físico.
Históricamente, fueron los filósofos de la física los que reconocieron la importancia de dichos conceptos. Antes de los años 80, las discusiones acerca de los trabajos iniciales de John Bell sobre la no-localización fueron desarrolladas más por la actividad filosófica que por los físicos.

En los años 90 los físicos se fueron dando cuenta de que la no-localización y el entrelazamiento no eran solo propiedades de la mecánica cuántica, sino recursos físicos que podrían ser usados en tareas y tecnologías concretas. Se ha dado un gran desarrollo desde entonces a todo lo relacionado con la teoría de la información cuántica; aun así, solo un pequeño número de filósofos acompañó este desarrollo.

Las implicaciones éticas de la mecánica cuántica constituyen aún un área de estudios cuyo desarrollo está en fase embrionaria. Comparativamente, la fundamentación biológica de la ética lleva ya más de ciento cincuenta años de intensa producción intelectual.

Ética y teoría cuántica 2 Zenón

Fundamentos biológicos de la ética
Desde Darwin han sido planteadas innumerables cuestiones sobre cómo la evolución dio origen a los valores morales y cómo conciliar una concepción materialista de la vida con los principios éticos.

Hoy es común aceptar, fundamentándose en experiencias de genética, bioquímia y neurología, que las verdades morales extrasomáticas son creencias erróneas e innecesarias, que las premisas morales se relacionan solo con nuestra naturaleza física y que son el resultado de una historia genética, suficientemente poderosa y completa para generar códigos funcionales dentro de la especie humana.

Los científicos de la biología evolutiva conciben que todos los códigos morales fueron producidos íntegramente por los accidentes de la historia: De este modo, se han realizado muchas experiencias científicas con la intención de aclarar cuál es la naturaleza de nuestras acciones, intenciones y pensamientos morales. Según Ruse y Wilson, se ha empleado muy poco el conocimiento actual sobre el cerebro y su evolución; consideran insuficientes los estudios y experiencias que apuntan a las capacidades nuestras que consideramos más positivas, como el altruismo y la creatividad. Ellos sugieren que el conocimiento de la naturaleza biológica nos puede dar pistas sobre cómo mejorar nuestros códigos morales.

En su libro The Altruism Equation (2006), Lee Alan Dugatkin analiza el curso de la vida y la obra de siete científicos que se esforzaron por hallar respuesta a una cuestión: en un mundo supuestamente gobernado por la cruel supervivencia del más apto, ¿por qué observamos actos de bondad en hombres y animales? Dugatkin relata la historia de este debate desde Darwin hasta el presente a través de personalidades como Kropotkin, que quería fundamentar la base de la sociedad en el altruismo, o de William Hamilton, que redujo con una ecuación el altruismo al frío lenguaje de la selección natural. Dugatkin circunscribe su trabajo al cruce entre la biología y las ciencias sociales, dejando fuera las consideraciones que podrían derivarse de las teorías de la mecánica cuántica.

Neurociencias y filosofía
El cruce de las las neurociencias con la filosofía y la psicología ha sido llevado al encuentro de respuestas sobre la vida y los valores. Desmarcándose de ideas tradicionales como alma, libre arbitrio e inmortalidad, Paul Thagard muestra que los asuntos del cerebro son fundamentales en la comprensión de la realidad, la moralidad y el sentido de la vida. Sostiene que el cerebro es la mente y que la realidad es aquello que la ciencia puede descubrir. Nuestras capacidades cognitivas y emocionales nos permiten percibir la realidad, decidir eficazmente, actuar moralmente y atender las necesidades vitales. También defiende que el simple estudio de la realidad física es suficiente para que alteremos nuestra visión del mundo y, en consecuencia, nuestras creencias y los presupuestos en que nos basamos para actuar moralmente.

Según Einstein, lo más incomprensible del universo es que es comprensible. Con Planck y Einstein comenzó una revolución conceptual que puede conducir a un nuevo sistema de valores que rija nuestra vida. Esta revolución, al desestructurar algunos pilares del pensamiento de los siglos precedentes, abrió espacio para introducir características espirituales en los fenómenos aparentemente inexplicables para la normal racionalidad. Se pensó que habíamos así reencontrado la sabiduría perdida y descartada por el positivismo materialista, armonizando el pensamiento tradicional con la ciencia.

El universo físico de la teoría cuántica, universo de interconexión, de no-separatividad, implica una participación del sujeto. Esta participación indica que tal vez no podamos hablar de una objetividad absoluta o de una subjetividad absoluta de la ciencia. Podremos así llegar a la conclusión extrema de una construcción social de las leyes científicas, variable según la evolución de los sujetos. A través de la mecánica cuántica podemos ver un mundo interconectado , interdependiente , unificado en un Gran Todo del cual somos parte.

Esto dio pie a una aproximación entre la física contemporánea y la tradición, sobre todo de Extremo Oriente. De este modo, surgen algunas confusiones debido a la complejidad de las descripciones matemáticas de la teoría cuántica.

Reconociendo la convergencia posible entre ciencia y tradición, podemos al mismo tiempo señalar las diferencias fundamentales entre la aplicación de un pensamiento científico o de un pensamiento tradicional: el uno fundamentado en las evidencias, el otro vinculado a algunas concepciones previas que procuran apoyarse en resultados científicos.

Consecuencias filosóficas de una teoría física
Los trabajos de David Bohm, Hans-Peter Dürr y, más recientemente, Basarab Nicolescu e Lothar Schafer intentan tender un puente entre la mecánica cuántica y las consecuencias filosóficas de una teoría física. Pero ya desde Einstein, Heisenberg y Bohr las conclusiones acerca de la moral se relacionan, por lo menos por analogía, con los resultados de las experiencias en el mundo microfísico.

Max Jammer relata las influencias recíprocas entre las convicciones religiosas de Einstein y los resultados de las experiencias de su actividad científica. Un ejemplo paradigmático es el rechazo de las conclusiones iniciales del principio de incertidumbre de Heisenberg, pilar fundamental de la mecánica cuántica, con el argumento de que «Dios no juega a los dados».

El principio de complementariedad en física afirma que la naturaleza de la materia y de la energía es dual en sus aspectos de onda y partícula, y que estos aspectos no son contradictorios, sino complementarios. Cuando Niels Bohr presentó este principio en la mecánica cuántica, expuso conjuntamente el correspondiente en bioética. La complementariedad en bioética sucede cuando dos perspectivas diferentes explican propiedades igualmente importantes de una situación, pero son mutuamente exclusivas. Al contrario que en otros planteamientos, la complementariedad puede aceptar las dos perspectivas, resolviéndose en una tensión dinámica que abarca el todo.

Ética y teoría cuántica 4

Lothar Schafer sugiere que la ética surge de una vivencia de acuerdo con la naturaleza, de una cierta coherencia entre los estados cerebrales (mentales) y el campo subyacente a la realidad molecular de las neuronas –campo donde reside lo que él llama orden cósmico – por medio del cual la naturaleza está unificada, interconectada. La información es una propiedad activa de este campo, característica compartida por la mente. La hipótesis de Schafer es que la mente, respondiendo a la propiedad de unificación que subyace en la materia, lo hace a través de pensamientos morales, los cuales van en el sentido de unirnos y aproximarnos mutuamente, y no de entrar en conflicto y de separarnos los unos de los otros. El orden cósmico determina de esta manera el orden humano. Esto tiene semejanzas con la teoría de las ideas de Platón, el pensamiento social de Confucio o el culto a Maat en el antiguo Egipto.

La biología como medio evolutivo
Podríamos aventurar que la biología sería, entonces, un medio evolutivo intermediario para el acceso a tal campo.

Las evidencias de que existe tal campo unificado son extraídas de las experiencias de comunicación de información cuántica, a una velocidad mayor que la de la luz, o más precisamente, de forma instantánea. Si dos puntos del universo, por distantes que estén, pueden estar en interacción instantánea, esta acción a distancia es equivalente a la que existiría si los dos puntos estuviesen próximos, o incluso unidos. De ahí que las explicaciones para estos fenómenos recurran a una dimensión a través de la cual estas interacciones puedan suceder, dentro mismo del espacio-tiempo; un campo de interconectividad que está, en el límite, simultáneamente en contacto con todos los puntos del universo. Reflexiones de este tipo pueden ser comparadas con nociones como la omnipresencia, atributo tradicionalmente atribuido a un ser superior.

Por esta razón muchos autores afirman la necesidad de perfeccionar el rigor del lenguaje con el que se comunica la ciencia en este nivel.

Uno de los modelos de lenguaje científico es el lenguaje matemático, capaz de evitar las incoherencias y ambigüedades del lenguaje natural. Desde la Revolución Científica se ha confiado a la matemática la función de intermediaria entre la razón y el mundo natural para alcanzar una comprensión de las leyes del universo. Puede ser esta comprensión, intermediada por la mente y el cerebro, el origen de la coherencia que Lothar Schafer prescribe para una vida ética, llegándose así a una fundamentación científica de las costumbres.

 La finalidad de una revista como la nuestra está en saber satisfacer las inquietudes de la mayor variedad de receptores, con la única premisa de que coincidan con nosotros en el amor al conocimiento y no se encuentren lastrados por el fanatismo.

 Esto nos supone aceptar muchos retos, pues debemos ser valientes y atrevernos a explorar nuevas propuestas, nuevos caminos. Pero a la vez tenemos el compromiso de no aceptar cualquier proposición, por muy llamativa que sea, si no está sustentada sobre una base sólida. Y para nosotros la base más segura está en la orientación moral de tales sugerencias, si están en armonía con los principios de una ética, que nos vienen del legado común de la humanidad, gracias a los grandes maestros de filosofía que nos los han desvelado a través de la historia. Nos reconforta especialmente encontrar el eco de la sabiduría perenne en las nuevas ideas científicas y los paradigmas que sitúan al espíritu en la fuente primigenia de todo lo que es y de todo lo que vemos y demuestran que no solo estamos constituidos de materia física, sino que somos mucho más complejos, y el universo en el que vivimos también lo es. Admitir esto está haciendo avanzar a muchas disciplinas científicas, de todos los campos, que se habían quedado estancadas por culpa del empecinamiento.

 Junto a este afán está nuestro compromiso de proporcionar reflexiones sobre los valores, tan demandados en nuestra sociedad, que empieza a tomar conciencia de su pobreza en este campo. Nuestros colaboradores nos han presentado esta vez muy buenas opciones de armonía entre las ciencias, el espíritu y los valores humanos que pueden darnos la clave para ser más felices y más buenos.

Publicado en Editorial
Sábado, 01 Octubre 2016 00:00

Las matemáticas en la naturaleza

La ciencia actual nos ha permitido comprobar la maravillosa arquitectura íntima que tiene la materia. No existen estructuras al azar, sino acabados patrones de las matemáticas en la naturaleza que se repiten en lo grande y en lo pequeño. Las viejas escuelas de filosofía tenían buenas razones para recomendar desentrañar los secretos de las matemáticas a quienes pretendieran comprender el universo.

Principio de mínima acción

Nuestras máquinas y aparatos van cambiando con los tiempos, según las culturas y las épocas. Todo ello responde a una búsqueda de mayor eficacia y rendimiento. Mayor producción en menos tiempo y con el mínimo consumo de energía. Si nuestros sistemas de transporte han variado haciéndose más rápidos y con más comodidades para los pasajeros, si los ordenadores ocupan menos espacio que hace unas décadas y resuelven problemas con mucha más rapidez es porque, primeramente, existe una necesidad de mejoramiento de ese rendimiento y segundo, y mucho más importante, existe una inteligencia humana capaz de llevarlo a cabo. Del mismo modo, los diferentes seres de la naturaleza, incluido el hombre, por necesidades físicas y evolutivas, deben adaptarse a diferentes entornos en el transcurso de los tiempos, obedeciendo siempre a las leyes naturales.

En la naturaleza, los organismos minerales, vegetales, animales y el mismo ser humano cambian con el transcurrir de los siglos; especies enteras varían sus hábitos y formas para responder a los cambios ambientales o ante amenazas de otras especies. Todo esto responde a un orden, a una necesidad, a una Inteligencia y a una ley de evolución. Todos los organismos tienden hacia una posición de equilibrio estable, de manera que se evoluciona desde estados menos probables a estados más probables, tratando siempre de consumir el mínimo de energía.

La ciencia de los últimos tiempos ha hablado de una ley que rige los procesos de la materia y que se halla implícita en los diferentes postulados de química, física, astronomía y biología. Se trata de un principio de mínima acción que hace que la materia inerte se aglutine en un equilibrio estable, con máximo ahorro de energía. Leonardo da Vinci, entre muchas otras cosas, ya lo había intuido y reflejado en sus escritos: «La Naturaleza no infringe jamás su propia ley. ¡Oh, necesidad inexorable! Obligas a todos los efectos a ser los resultados directos de las causas, y por una ley suprema e irrevocable, cada acción natural te obedece de acuerdo al proceso más corto».

Según Matila Ghyka, las diferentes configuraciones de la materia cristalizada son estados de equilibrio estable, o relativamente estable, determinados por una causalidad rigurosa, y las propias reacciones químicas de los diferentes elementos simples se pueden explicar como una tendencia de los electrones a coordinarse según disposiciones cada vez más estables.

Uno de los principios más generales que gobiernan los estados de equilibrio de los sistemas físicos y químicos es el tomado de la mecánica racional: «Para que el equilibrio de un sistema cerrado sea estable, basta que su energía potencial pase por un mínimo». De ahí que el estudio de la cristalografía y de los minerales en los últimos tiempos surja como una ciencia donde se encuentran la geometría, la química molecular y la teoría general de simetría.

Particiones en el plano

En lo que la ciencia denomina materia inorgánica (organismos no vivos), se observa una tendencia en las formas a organizarse de forma simétrica y estática, a una nivelación que conlleva una distribución uniforme de los elementos que componen determinado organismo.

Es una ley de acción y reacción que se aplica en todos los niveles, y que en el mundo físico lo podemos observar como una simetría que tiende a la equipartición de fuerzas. Predomina entonces la geometría del cuadrado, el triángulo equilátero y, principalmente, el hexágono, en lo que se refiere al plano, pues, como ya sabemos, estos son polígonos que cubren perfectamente una superficie llana sin dejar intersticios. Es como una trama de adoquines donde no quedan espacios libres.

Entre estas mallas homogéneas, predominan en la naturaleza los triángulos como estructuras mínimas y, especialmente, el hexágono regular, al suprimir algunas líneas de los triángulos equiláteros. Esto conlleva un ahorro de materia y energía, ya que en este polígono, cualquiera de sus lados es igual al radio del círculo que lo envuelve. Es lo que se denomina una red isótropa, lo que significa que todos los puntos son equidistantes, hay una distribución homogénea. Esto no ocurre con un grupo de cuadrados o de rombos, ya que en las diagonales hay mayor longitud y son figuras deformables.

Las redes hexagonales son frecuentes en la naturaleza. La tendencia a la economía de sustancia hará que las formas tiendan al círculo, en el que se abarca la mayor superficie posible. Si disponemos de partículas circulares, que están próximas unas de otras y son sometidas a una presión uniforme y constante en todos los sentidos, la forma que surge es la hexagonal. Un ejemplo de ello son las células vivas dispuestas en una extensión lateral. Y en el reino mineral se aprecia en los cristales de nieve, en los paneles de las abejas o en los adoquines que cubren las aceras, en los tejidos celulares, en los ojos de la mosca, etc.

La forma es producto de aglutinamiento, adición de elementos semejantes. Es una yuxtaposición debido a una fuerza exterior, donde cada partícula se ubica y toma la forma influenciada por las partículas más próximas, de un modo directo y con el mínimo gasto de energía. Esta se distribuye sin que quede una fuerza resultante que pueda causar un desplazamiento. Se producen, entonces, caras planas; de ahí que sea la estructura típica en los cristales.

Particiones en el espacio

matemáticas en la naturaleza

Sin embargo, el mundo físico se desarrolla en tres dimensiones. Se ha visto cómo en la superficie existe el predominio de algunos polígonos regulares que cubren perfectamente un plano, regido por el principio de mínima acción. En las dos dimensiones, el círculo abarca la máxima superficie con el mínimo perímetro. Al pasar al volumen, la figura que más espacio abarca con el mínimo de superficie es la esfera, y también es el cuerpo que da la tensión superficial mínima, lo cual explica en el aspecto físico que muchos organismos de la naturaleza, entre ellos las células, tiendan a formar figuras circulares.

Cuando se presenta una tensión uniforme por todos los lados, como cuando se presionan varias esferas entre sí, el cuerpo que se forma, y que es equivalente al hexágono en el plano, no es un sólido regular como podría pensarse, sino que son dos poliedros combinados. Surge, pues, un sólido semirregular compuesto por seis cuadrados y ocho triángulos equiláteros, que se origina al dividir las aristas de un cubo por la mitad y unir estos puntos; es llamado cuboctaedro. Sin embargo, este cuerpo solo no divide perfectamente el espacio, deja intersticios que pueden ser rellenados con octaedros. Es igual a cubrir un espacio con esferas iguales, tangentes entre sí, uniendo los centros y los puntos de contacto. Esta figura se puede ver si se observa con atención un grupo de burbujas. Y es que, una de las características del cuboctaedro es que la longitud de cualquiera de sus aristas es igual al radio de la esfera que lo envuelve.

También es posible la división isótropa con una combinación de tetraedros y octaedros, los primeros en número doble. El único sólido que puede llenar el espacio sin vacíos es el cubo, pero igual que sucede con el cuadrado en el plano, la red que forma no es isótropa. El prisma rectangular con dos caras hexagonales, sería el desarrollo en el espacio de las celdas de las abejas y, por lo tanto, también equiparte el espacio, así como un prisma de sección triangular o rómbica.

Lord Kelvin, buscando una equipartición que diera para las células el volumen máximo para una superficie dada, encontró como solución el octaedro truncado, llamado también tetrakaidecaedro o poliedro Kelvin. Este se origina al dividir las aristas de un octaedro en tres partes y luego unir los puntos, de lo cual resultan como caras ocho hexágonos y seis cuadrados. Con esta característica, hereda del hexágono la propiedad de ser célula óptima en el espacio, ya que el ángulo que conforman dos caras es igual a 120º, tal como el hexágono en el plano.

las matemáticas en la naturaleza 5

Un estudio en detalle de estas particiones homogéneas del espacio nos lleva a la teoría de redes de puntos, que de alguna manera se entronca con los números figurados de los pitagóricos y toda su serie de números poligonales y poliedrales. Además, ha dado fundamentos a la cristalografía y al estudio de los minerales, siendo también sustento de esa ley que se presenta en la naturaleza buscando un equilibrio y que, en el campo de la química, fue formulada por Curie: «Un cuerpo tiende a tomar la forma que presenta una energía superficial mínima compatible con las fuerzas de orientación». La presencia del número en la química es evidente, pues las moléculas varían en función del número de átomos, y estos, del número de electrones y protones. Por cuestiones de espacio, no se entrará en demasiados detalles en este campo de la ciencia, pero se recordarán algunos conceptos íntimamente ligados al número.

Investigando en la estructura interna del átomo, se encontró que estaba formada por un núcleo con protones y neutrones de carga positiva y neutra, respectivamente, y una o varias capas de electrones que lo rodean en forma concéntrica. Para cada una de las capas de electrones se observa que vuelven a aparecer los números en forma de secuencia 2, 8, 18, 32 (2n2), cuya tendencia es que se vayan completando hasta llegar a estos números. Las capas con número de electrones par son más estables que con número impar. Los átomos buscan el equilibrio a base de ceder o tomar electrones, formando los consiguientes iones. Por ejemplo, el cloro (Cl) tiene en su última capa siete electrones, le falta uno para completar y llegar a 8; el sodio (Na), por su parte, tiene en su última capa solo un electrón; al tomar el cloro un electrón queda cargado negativamente; en cambio, el sodio, al ceder su electrón queda cargado positivamente. Al combinarse forman el átomo de cloruro sódico (ClNa), o sal común, cuyo cristal de forma se observa en la figura. A este sistema de combinación se le conoce como electrón de valencia.

Los núcleos también tienen sus capas de rotación de protones y de neutrones de acuerdo a la mecánica cuántica y a la distribución de probabilidad. Sucede también que las pares son más estables. Hay determinados números que son más estables: 2, 8, 20, 50 y 82.

El número de electrones determina el llamado número atómico. Mendeleyev agrupó los elementos basándose en este número desde 1 hasta 92 (los que se encuentran en la naturaleza). Los elementos van variando sus características de acuerdo a estos números. Los que tienen la última capa completa, al ser estables, son los gases nobles, pero como el átomo en sí mismo es neutro, tiene igual número de electrones que de protones en su núcleo, solo hay alguna pequeña diferencia debido a que algunos núcleos tienen más número de neutrones, haciendo que varíe el peso de ese átomo específico; a esto se llama isótopo. El peso atómico se obtiene del promedio de todos los isótopos de ese elemento. Como valor de referencia se tomó el del oxígeno, que es de 16. El más sencillo es el hidrógeno, que vendría a ser como la unidad, lo más representativo. Con la «elasticidad» o capacidad de combinación del carbono, que es el único capaz de formar cadenas y anillos, con sus enlaces covalentes, tendríamos la química específica del carbono, que se traduce en la química orgánica e inorgánica, con sus cuatro electrones en su última capa, a la que le hacen falta otros cuatro para completarla.

El estudio de la química conduce a comprender la unidad de la materia a través de la concepción inicial y milenaria de la alquimia, heredada por los sabios medievales del antiguo país de Kem, presente en las ideas gnósticas, neopitagóricas y neoplatónicas, ya transmitidas por Hermes.

Un átomo es algo muy parecido a un sistema solar, donde el núcleo del átomo, conformado por neutrones y protones, sería el sol, con unos electrones que orbitan a su alrededor a modo de planetas. Si imaginamos el tamaño del átomo como si fuera una catedral, el núcleo en su centro tendría el tamaño de una mosca, y a su alrededor, en un espacio aparentemente vacío, orbitarían los electrones, que son miles de veces más pequeños que el núcleo. Estos electrones no son materia; se han definido como partículas eléctricas, torbellinos de energía que giran sobre sí mismos y se desplazan a gran velocidad dando apariencia de solidez a la materia.

Se sabe que la diferencia entre un átomo de carbono y uno de oxígeno, por ejemplo, depende del número de protones en el núcleo y del número de electrones. Pero además, en épocas recientes, se ha visto la imposibilidad de determinar la composición y al mismo tiempo la órbita que describe el electrón, por lo que se ha llegado a definirlo como una probabilidad, un lugar geométrico o un punto en el espacio, con unas coordenadas de posición y velocidad que lo definen, es decir, un ente matemático. Y así, vemos que la ciencia pasa de la aparente materia física, a la electricidad y, luego, a entidades numéricas, donde la sentencia de Pitágoras «Todo está dispuesto conforme al número» cobra vigencia.

Bibliografía

ALVARADO PLANAS, Jorge. La estética del caos. Revista N.A. n.º 207.

BLAVATSKY, Helena P. La Doctrina Secreta. Tomos II y IV. Ed. Kier. Buenos Aires, 1999.

GHYKA, Matila. Estética de las proporciones en la naturaleza y en las artes. Ed. Poseidón. Barcelona, 1983.

GHYKA, Matila. El número de oro: I. Los ritmos – II.Los ritos. Ed. Poseidón. Barcelona, 1978.

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