Viernes, 01 Febrero 2019 00:00

Ciencia y Filosofía

Uno de los signos que nos hacen pensar que a pesar de todo vamos avanzando viene a ser la abundancia de debates sobre ciencia y filosofía, dos ámbitos del conocimiento que estuvieron unidos y relacionados hasta el siglo XIX. La necesidad de postulados éticos sólidos para que las ciencias avancen en sentido favorable a la evolución de la humanidad podría ser una de las causas de un cierto movimiento de regreso a la fructífera colaboración entre científicos y filósofos, conscientes de que tienen mucho que aprender los unos de los otros. Este regreso tiene un cierto aroma de vuelta a los inicios, cuando en las ciudades griegas de Jonia se pusieron las bases para hallar el método de conocimiento que era necesario en una nueva época que se iniciaba.

En Esfinge nos congratulamos de que tenga lugar ese diálogo tan necesario, al que nos gustaría pensar que estamos contribuyendo. Nuestros colaboradores habituales, que nos ofrecen sus trabajos con tanta generosidad, nos tienen acostumbrados a establecer relaciones y comparaciones entre diferentes disciplinas y, con frecuencia, presentan ejemplos de coincidencia de materias artificialmente opuestas.

Una de estas relaciones es la que se encuentra entre los paradigmas propios de civilizaciones antiguas, como la egipcia, por ejemplo, que nos siguen admirando por sus logros y su sentido de la justicia y los postulados científicos más innovadores, como es el caso de los postulados del Kybalion y los de las ciencias avanzadas. Un extraño nexo entre lo muy antiguo y lo muy nuevo parece existir, haciéndonos percibir el devenir cíclico del tiempo.

Publicado en Editorial

Ken Wilber nació en Oklahoma, Estados Unidos, en 1949. Como su padre trabajaba en el Ejército, vivió en varios lugares durante su infancia. Se interesó inicialmente por la medicina, pero, tras dos años de estudio, se dio cuenta de que le interesaba algo más creativo. Pasó a estudiar Bioquímica en la Universidad de Nebraska. Aun habiendo terminado con buenas notas la carrera, comprendió que ni la medicina, ni la bioquímica ni la ciencia respondían sus eternas preguntas: ¿quién soy yo?, ¿cuál es el sentido de la vida?, ¿por qué estoy aquí?

El Einstein de la conciencia

Ken Wilber comenzó a estudiar con entusiasmo las psicologías y filosofías de las grandes tradiciones de Oriente y Occidente. Dice: «Había estado dedicando mi vida al estudio de la ciencia para toparme con la lamentable conclusión de que, sin estar equivocada, la ciencia posee una perspectiva brutalmente limitada y estrecha». Wilber criticará luego en sus obras no a la ciencia en sí, sino al intento de la ciencia de acaparar toda la realidad, el cientifismo.

Dejó el doctorado y se puso a fregar platos para tener un sustento material que le posibilitara cumplir su sueño: dedicarse a la investigación de la conciencia y a publicar libros. Sus profesores de la facultad quedaron horrorizados. A los veintitrés años escribió su primer libro, El espectro de la conciencia, que tuvo una gran acogida: «Durante los cinco años siguientes seguí lavando platos, sirviendo mesas, trabajando en una tienda y escribí cinco libros más».

Eso de que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer no deja de cumplirse en el caso de nuestro autor. En Gracia y coraje, su trabajo más personal, narra el hecho más importante de su vida: el encuentro con la mujer que sería su esposa, Treya, y el periplo vital de los siguientes años, cuando ella padeció cáncer y finalmente murió.

Lo llamaron el Einstein de la conciencia, por su intento de sintetizar e integrar todas las ramas del saber en una fórmula simple. Y se puede decir que lo ha conseguido. Wilber es considerado como el gran teórico de la psicología transpersonal e integral, que se caracteriza por contemplar las amplias experiencias espirituales, negadas o ignoradas por la psicología convencional. Pero su obra no se limita a la psicología, sino que, como un auténtico filósofo, integra muy diversas ramas del saber práctico y teórico.

En sus investigaciones encontramos referencias a los grandes filósofos y místicos de Oriente y Occidente, como Platón, Buda, Plotino, Shankara, Ibn Arabi, Eckart, así como a los grandes pensadores de la modernidad, como Kant, Hegel, Freud, Jung, Piaget, Habermas, etc.

Wilber no se ha dedicado a los estados transpersonales desde un punto de vista solo teórico, sino también experimental, practicando durante décadas diversas disciplinas del budismo zen, tibetano, psicología, etc. No se considera a sí mismo un maestro espiritual, un gurú , sino más bien un pandit, un estudioso, a la vez que practicante, de disciplinas espirituales.

Filosofía perenne e integral

La obra de Wilber se construye a partir de lo que él llama generalizaciones orientadoras, que son verdades amplias de los diferentes campos del saber. Busca una realidad que tenga en cuenta las verdades de la ciencia, pero también las de la philosophia perennis.

En sus obras encontramos un bello despliegue de ecuanimidad; una exposición sencilla, metódica y asequible al lector. Trata de construir un modelo de la realidad que sea realmente comprensivo, que incluya las diversas teorías sobre el hombre y universo que han aparecido en la historia, las limpie de sus limitaciones e integre sus verdades en un modelo mucho mayor.

ken wiber mapa integral

Siguiendo a Leibniz , Kumaraswami, Huxley, Huston Smith, etc., busca la filosofía común y eterna que subyace tras todas las religiones y místicas . Y además, su integración con todas las otras ciencias humanas o exactas desarrolladas por la humanidad. Como ya defendiera H. P. Blavatsky en el siglo XIX, cree que la mística es otro tipo de conocimiento científico, aunque se desarrolle en el interior del ser humano. Y que todas las religiones, simbolismos e incluso ciencias físicas y biológicas se complementan perfectamente entre sí, si las colocamos correctamente cada una en su lugar y altura de la realidad.

Por eso se desmarca del movimiento transpersonal, para realizar el esfuerzo del enfoque integral. Busca una «teoría de todo» que englobe las verdades de todas las grandes tradiciones psicológicas, científicas, filosóficas y espirituales. Lo plasma en libros comoBreve historia de todas las cosas,La conciencia sin fronteras, Un Dios sociable o Los tres ojos del conocimiento.

La teoría integral busca una comprensión lo más abarcante posible del ser humano y del universo ; y que lleve a una transformación y mejoramiento del cuerpo, la mente y el alma. En este sentido, Wilber coincide con otros filósofos contemporáneos como Aurobindo , Jean Gebser , Don Beck o Chris Cowan .

La tradición teosófica ya trató de recuperar la filosofía perenne dándole un lenguaje moderno, recuperando enseñanzas del platonismo y de Oriente, e intentaron integrarlo con la evolución científica, sin renunciar a ninguna de las dos vertientes. No era fácil conciliar el creacionismo, el budismo, la idea de Dios o los dioses con el evolucionismo y la ciencia. Eran dos posiciones tremendas autoexcluyentes y, a menudo, enemigas. Wilber, con valentía y estudio, asume ese reto y lo resuelve con bastante éxito, enfrentándose a complicadísimos temas, presentes en la filosofía perenne, como:

- La constitución interna del individuo.

- Los niveles y estructuras de existencia, en lo individual y colectivo.

- La involución y evolución como grandes procesos cósmicos.

Holones, jerarquía y Gran Cadena del Ser

El universo es holónico. ¿Qué significa esto? Que está constituido por totalidades-partes. Un holón es algo que constituye una unidad en sí mismo y, al mismo tiempo, es una parte de un conjunto mayor. Por ejemplo, una letra. Es una unidad en sí misma, pero al mismo tiempo es una parte de una palabra, que es una unidad en sí misma y una parte de una frase, totalidad en sí y parte de un párrafo.

Otra serie holónica sería la formada por átomo-molécula-célula-órgano-cuerpo…, donde cada elemento es una unidad en sí misma, a la vez que una parte del siguiente sistema que las trasciende, al mismo tiempo que las conserva. Un ser humano es también un holón, pues es una unidad en sí mismo (compuesto de muchas partes) y al mismo tiempo es una parte de una realidad mayor.

Los holones tienen cuatro movimientos o capacidades: dos verticales y dos horizontales. El primero de los impulsos horizontales es la individualidad, que es la tendencia del holón a conservar su totalidad, su unidad, su actividad propia frente a las presiones del medio. La otra tendencia horizontal es la comunión, que es la tendencia a conservar la parcialidad, el impulso a seguir siendo parte de una unidad mayor.

Las capacidades verticales son la autodisolución, que ocurre cuando un holón fracasa en conservar su individualidad o las relaciones que mantiene con otras individualidades y se disgrega en los subholones que lo componen (las células se descomponen en moléculas, que a su vez se disgregan en átomos).

Por el contrario, la autotrascendencia es el impulso a crecer, a evolucionar, un proceso que incorpora lo que ya existía y le agrega componentes nuevos (por ejemplo, el cerebro humano consta del tallo reptiliano, al que se le añade el sistema límbico, al que se le añade el neocórtex).

ken wiber Pirámide de Maslow 1

Los holones no están dispuestos al azar, como producto de una mera casualidad. Wilber recupera la idea de jerarquía (hieros: sagrado; archos: gobierno), como la forma en la que el cosmos se ordena de forma natural. El hombre no puede sustraerse, por mucho que quiera, a este principio ordenador.

Frente al terror que produce hablar de jerarquías hoy día, Wilber distingue entre jerarquías naturales y jerarquías patológicas. Una jerarquía natural es simplemente el orden evolutivo, que va del átomo a la molécula y de esta a la célula; un proceso de crecimiento hacia sistemas cada vez más holísticos e integradores. Una jerarquía patológica o de dominio tiene lugar cuando un holón no ocupa el puesto que le corresponde y trata de tiranizar a la totalidad (por ejemplo, una célula cancerosa en el cuerpo o un tirano en la sociedad).

Así, llegamos a la Gran Cadena del Ser, legado de las grandes tradiciones espirituales y de la filosofía perenne: el cosmos se compone de diversos estratos de realidad que van de lo más burdo a lo más sutil, llegando finalmente a Dios (el espíritu), fundamento de todo (aspecto inmanente) y cumbre de la evolución (aspecto trascendente).

Cada nivel superior trasciende, a la vez que incluye, al inferior. Entonces, podemos decir que esta Cadena se compone de materia, cuerpo, mente, alma y espíritu. O fisiosfera, biosfera, noosfera, teosfera y espíritu. Estos niveles del ser son holones y se ordenan jerárquicamente. El mundo de la materia es trascendido por el mundo biológico. Así, un vegetal trasciende, pero incluye, a la piedra; un animal trasciende e incluye al vegetal y al mineral.

La intuición (alma) supera a la razón (mente), pero la incluye en una totalidad de orden superior. Podemos hablar de niveles de ser o de niveles de consciencia. Todos los niveles de la Gran Cadena son importantes, pero obviamente cada nivel más elevado es más real, más verdadero, más trascendente, pues es como un recipiente cada vez más grande y más pleno del espíritu. Los niveles superiores van emergiendo a través de los inferiores, pero esto no quiere decir que los inferiores sean la causa de los superiores, al contrario: lo inferior viene de lo superior, pero su despliegue se hace a través de lo inferior. Por ejemplo, la mente se actualizará en el hombre después del cuerpo, lo que no quiere decir que el cuerpo sea la causa de la mente.

Los cuatro cuadrantes

Los cuatro cuadrantes son las cuatro esquinas del cosmos, las cuatro caras de los holones. Se basan en dos premisas: la primera, que podemos ver todo holón desde dentro y desde fuera, pues todo holón tiene un aspecto exterior y otro interior. La segunda, que a los holones podemos verlos de forma individual o en colectividad. Si combinamos estas cuatro facetas, obtendremos los cuatro cuadrantes.

Superior-derecho

Es el aspecto individual y exterior de los holones, es decir, todo aquello que puede ser estudiado y medido empíricamente. La ciencia puede estudiar el cerebro humano, por ejemplo, y constatar que se compone de determinadas partes; que tienen determinadas funciones y que producen determinadas reacciones bioquímicas. Wilber llama a este cuadrante conductual.

Si se conecta a un yogui un electroencefalógrafo mientras medita, se podrán observar (cuadrante superior-derecho) los cambios fisiológicos que acontecen en su cerebro (ondas alfa, beta, delta). Pero lo que el investigador no podrá conocer serán las iluminaciones sutiles que el yogui experimentará en su interior (será en el cuadrante superior-izquierdo). Si desea conocer algo de esa experiencia, deberá hablar con él; aun así, todo lo que podrá obtener será una descripción mental de la experiencia y no la experiencia misma.

Superior-izquierdo

Es el aspecto individual e interior de los holones, la conciencia, el mundo de los significados internos, de la estética, de los pensamientos de cada ser humano, su historia personal. Este cuadrante no puede ser visto ni oído ni sentido de forma sensible. Las ideas, los sentimientos, no se pueden tocar con las manos. Para conocer a una persona hay que hablar con ella e interpretar lo que dice, no se la puede conocer científicamente. Wilber llama a este cuadrante intencional.

Inferior-izquierdo

Es el aspecto colectivo e interior de los holones. Son los significados internos compartidos, las culturas, las ideas compartidas por los grupos. Cada hombre nace en una familia con una determinada visión del mundo. La familia está a su vez integrada en una comunidad, en una nación, en una gran cultura, y la persona se va configurando en un mundo lleno de significados internos (no tocables ni medibles). Este cuadrante es llamado de lo cultural.

Inferior-derecho

Es el aspecto colectivo y exterior de los holones. Son todos aquellos aspectos de un grupo de holones que pueden ser verificados desde fuera, de manera empírica, objetiva, medible y cuantificable. Son, por ejemplo, los sistemas de producción, el tamaño de la población, la estructura de las edades de dicha población, el nivel tecnológico, los sistemas arquitectónicos, jurídicos, etc. Es llamado el cuadrante de lo social.

Los cuadrantes de la mano izquierda son los del mundo de la cualidad, del valor, mientras que los de la mano derecha son los de la cantidad. La ciencia, que se encarga de la mano derecha (todo lo empírico, medible, cuantificable) no puede ofrecernos criterios de valor. El mal de nuestro tiempo es la colonización de los dominios de la mano izquierda por los de la mano derecha, la usurpación por la ciencia y la técnica de todas las esferas de cualidad, que da como resultado un mundo chato, unidimensional, incoloro, insípido, muerto. La Gran Cadena del Ser reducida a su más baja expresión, la materia.

Todos los cuadrantes son igualmente importantes y no pueden ser reducidos a uno en particular. Todos se influyen mutuamente. Ha habido grandes teóricos de un determinado cuadrante, pero generalmente no han reconocido la importancia de los otros y sus teorías perdieron finalmente notoriedad ante los huecos que dejaban sin explicar. Por ejemplo, Marx se ocupó de lo colectivo-externo, por lo que no reconoció la existencia de los cuadrantes de la izquierda (lo interior) y convirtió el arte, las leyes, la moral y la religión en meras proyecciones de la organización económica. Wilber intenta rescatar en su obra lo más interesante de las teorías de grandes pensadores como Marx, Freud, Jung y muchos otros. Y nos sugiere, al mismo tiempo, cuáles son las partes de sus teorías que debemos rechazar por incompletas o insostenibles.

El desarrollo humano

El Hombre Real (Self, Atman, Testigo), es básicamente uno con el espíritu, pero antes de alcanzar esa consciencia de la unidad, encarna en sucesivas vidas en las que va perfeccionándose sucesivamente. Así, va pasando por los distintos niveles de la Cadena, identificándose y des-identificándose sucesivamente, a medida que progresa con la materia, la vida, la mente y, en algunos individuos, el alma y el espíritu. El espectro del desarrollo de un ser humano pasa por tres grandes etapas: pre-personal, personal y transpersonal; o pre-egoica, egoica y trans-egoica o pre-mental, mental y trans-mental.

Lo pre-egoico comprende el nacimiento y la infancia, hasta que va surgiendo una cierta conciencia mental de la propia identidad. Ahí nace lo egoico, que en la adolescencia se manifiesta plenamente y que, con el paso de los años, va madurando hasta llegar a una etapa existencial, en que la persona se pregunta por su existencia y por el porqué de la vida. Esa sería más o menos la frontera entre lo egoico y lo trans-egoico, la etapa final de lo personal y la antesala de lo transpersonal.

Lo que se llama transpersonal o trans-egoico constaría a su vez de varios niveles más: psíquico (o nivel del yogui o del chamán), sutil (nivel del santo), causal y no dual (niveles del sabio). Todo esto, por supuesto, es un resumen.

Las sociedades actuales ayudan a llegar hasta lo mental, pues ahí está su centro de gravedad, su nivel evolutivo medio. Pero no conducen, e incluso obstaculizan en gran medida, el acceso a lo transpersonal, el mundo del alma y del espíritu.

Ken Wilber se muestra explícito sobre los problemas que aquejan actualmente a la humanidad: la crisis ecológica, el principal problema de Gaia, no es la polución, los desechos tóxicos, el agujero de ozono ni nada por el estilo. El principal problema es que no existen suficientes seres humanos que se hayan desarrollado hasta los niveles posconvencionales, mundicéntricos y globales de conciencia, que son los únicos que pueden llevarle a ocuparse de las cuestiones globales.

Bibliografía

Visser, Frank. Ken Wilber o la pasión del pensamiento. Kairós.

Wilber, Ken. Breve historia de todas las cosas. Kairós.

Wilber, Ken. Una visión integral de la psicología. Alamah.

Wilber, Ken. Después del Edén. Kairós.

Wilber, Ken. Los tres ojos del conocimiento. Kairós.

Publicado en Ciencia
Sábado, 01 Diciembre 2018 00:00

Concepción del ser humano en Egipto

La pregunta que el ser humano siempre ha formulado está vinculada a su propio misterio: ¿quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy? Cuando los sofistas griegos decían que «el hombre es la medida de todas las cosas», decían una verdad «para el ser humano», que es quien hace la pregunta.

Los filósofos han querido encontrar en el ser humano un rasgo definitivo que le identifique: el pensamiento, la razón, la contrariedad en que vive sumergido, la conciencia de eternidad, su identificación con el misterio que llamó Dios, el lenguaje, su libertad de elegir, su discernimiento, sus risas y lágrimas, su voluntad de ser, su imaginación, el dominio del fuego, su capacidad de hacer historia, su creatividad artística, etc. Cada filósofo eligió un rasgo característico y lo creyó determinante.

La perspectiva de las antiguas civilizaciones fue distinta. Ellos no especulan sobre la naturaleza del ser humano, exponen lo que sobre ella conocen a través de símbolos: geométricos, como la cruz; naturales, como el fuego; enigmas, como la pregunta de la esfinge. La ventaja de los símbolos es que presentan el conocimiento de forma sintética, no discursiva. Hablan a la intuición y cada uno obtiene un mensaje. Su enseñanza se fija en la memoria, vive en la imaginación con vida propia y se convierte, desde su propio mundo, en semilla de futuros conocimientos.

H. P. Blavatsky habla de la diferencia entre misterios mayores y menores, explicando que en los menores el discípulo percibe la realidad a través de un «velo». Este velo es el ser humano como símbolo, como medida de todas las cosas. En los mayores, nos encontramos con los epoptai, los que contemplan la realidad sin velos.

Los egipcios expresaron en símbolos sus conocimientos. Siguiendo las claves de los misterios, patrimonio común de los iniciados de todas las épocas, un mismo símbolo puede ser usado para referirse a una verdad metafísica, teogónica, astronómica, matemática, moral, espiritual o fisiológica. Siete son las puertas para acceder a lo real, los velos que encubren y a la vez difunden su esplendor. Vamos a referirnos a símbolos del ser humano, entendiendo que estos símbolos, utilizados en otras claves, nos aportan otros significados.

Diversos filósofos, como Nilakantha Sri Ram, afirman que el ser humano es una intersección de distintas líneas evolutivas. Su unidad devendría del impacto de distintos seres de naturalezas diversas. Está hecho de lo uno y de lo otro, como diría Platón, sin que pueda prescindir de nada mientras sea humano.

Pero también se afirma que el ser humano es un punto que irradia su propia realidad, como una estrella que irradia su luz, una individualidad independiente de los vehículos que utiliza para expresarse.

Se dice que existen dos caminos para acceder a este misterio del ser humano; uno está relacionado con el ser humano como punto central, como luz emanada directamente del espíritu. Está representado geométricamente como una pirámide, con el ascenso vertical e ininterrumpido desde el centro de la base al vértice. En este ascenso, iniciático, el ser humano se identifica con el dios que en él mora y prescinde de toda identificación con su entorno.

El otro camino está representado por el ascenso a través de las caras de la pirámide, la búsqueda de lo Uno a través de sus proyecciones en los arquetipos que rigen toda actividad: ciencia, arte, religión y sociopolítica. Es en este camino en el que entendemos al ser humano como símbolo y donde está relacionado con sus semejantes y con la Naturaleza. El hombre se conquista a sí mismo conquistando el entorno que lo aprisiona y limita, se encuentra a sí mismo amando a su prójimo, y se conoce a sí mismo trabajando con su circunstancia.

Cada símbolo egipcio que se refiere al ser humano presenta una faceta de lo que es; todos juntos darían una visión completa y evidente para la intuición.

El ser humano como nave celeste

Para el conocimiento egipcio todo está vivo, todo navega en las celestiales aguas formadas por la luz de Nut. Las estrellas son las naves de los grandes dioses que bogan en los pliegues del espacio y el tiempo.

El ser humano es también un dios que boga en el Nilo celeste, mientras que su sombra lo hace en las aguas de la existencia. Es a la vez la nave, el barquero y el constructor de la nave. Ante la vida, somos un bloque de madera inerte, abandonado a sus corrientes; si despertamos los poderes latentes y nos modelamos desde el interior, somos una nave que surca esas aguas hasta la fuente de la que todo mana.

Los egipcios representan frecuentemente las proas y popas de dichas naves floreciendo en un loto. También suele aparecer un ojo de Horus en la proa, símbolo de la visión interior que permite al ser humano hallar su rumbo y evitar los escollos de la existencia.

En el Libro de la salida del alma hacia la luz del día (o Libro de los Muertos) encontramos: «asimismo (como una nave que eficaz y ligera surca las aguas) es modelado mi ataúd durante la travesía».

Los nombres de las partes de la barca nos dan velados mensajes sobre lo que es el ser humano y cómo debe trabajar su cuerpo y su psique:

Concepción del hombre en Egipto 4

«Alma que se concentra» es el nombre de mi barca.

«Navega-derecho-delante-de-ti» es el nombre de mi timón.

Adivina mi nombre, dice la vela. La diosa Nut, este es tu nombre.

Es decir, las velas de nuestra alma están tejidas con la luz de Nut. El alma es de origen celeste.

El timón es, en este simbólico barco, la facultad que tiene el ser humano de enderezar el rumbo.

El nombre de la barca se refiere a la necesidad de armonizar las distintas «almas» que en nosotros viven, los distintos vehículos de la personalidad. El nombre del timón se refiere a un enderezar incesante del rumbo: «Está mal», «está mal», «está mal», son los golpes de timón de nuestra alma en su ascenso, pues siempre hay algo que perfeccionar.

Lo importante en este símbolo es no olvidar que el cuerpo, la psique y la mente son vehículos del alma, y que deben ser conformados como nave eficaz que bogue en el mar de la existencia.

El hombre como estrella

Para los egipcios, el ser humano es hijo de una estrella, cuya luz ha sido proyectada sobre el barro del mundo. Es la estrella como centro de todos los caminos, relacionada con las demás estrellas por una malla de luz. Es el hombre como perfecta individualidad.

Platón, formado en los templos de Heliópolis, explica que la etimología de estrellas (en griego) significa «aquello que atrae nuestras miradas». «Atraer las miradas» significa atraer nuestras almas y llevarlas hacia su divino origen. El hombre como estrella es también la imagen del ser humano sin mancha que boga en la eternidad del espacio sin límites.

Las estrellas están vinculadas con el concepto egipcio de inmortalidad, puesto que no solo eran habitantes del cielo, sino también del reino subterráneo de la muerte a través del cual pasaba el sol cada noche.

Existe un jeroglífico que es la estrella de cinco puntas inscrita en un círculo. En su clave humana, simboliza al hombre como una emanación de una estrella envuelto en su escudo áurico, el huevo donde su conciencia desarrolla la transmutación.

Quizás no exista un texto egipcio que mejor exprese la condición del hombre como estrella, inmóvil y radiante en el cielo de su conciencia, que el Libro de la salida del alma hacia la luz del día:

Solo recorro las soledades cósmicas. Una irradiación de luz fluye de todo mi ser.

Si existe una identificación del ser humano con una estrella determinada, esa es Sirio, llamada Sothis o Sept.

Concepción del hombre en Egipto 1

Sothis es representada como una estrella de cinco puntas y Sept por un triángulo isósceles. Su jeroglífico significa «estar provisto», es decir, que rige las posesiones del alma, las armas mágicas, las virtudes celestes en el ser humano.

El ser humano, como ser consciente, sería hijo de Sirio y de Sekhmet (la Necesidad). O en otra clave, hijo de su conciencia (Sirio) y de sus obras (Sekhmet).

El hombre como Horus (como guerrero interior)

Horus representa al hombre interior y a la Humanidad. Combatiente en nombre de Osiris, extermina a sus enemigos y lucha contra Seth, su maestro-enemigo. En clave psicológica, es el símbolo por excelencia del ser humano como guerrero interior. Los textos jeroglíficos y las escenas pintadas en los templos se refieren incesantemente a la lucha que mantiene contra Seth. Seth es el dios de la luz devoradora de la vida. Horus es la conciencia, y Seth, la circunstancia árida y dolorosa que la rodea.

El combate interior dará lugar a una reconciliación armónica entre lo que nos rodea y nuestra personalidad. Tras la victoria, la «paz en alerta perpetua», la Gran Síntesis. Thot, la inteligencia, actúa de juez entre estos dos combatientes.

El ser humano que, despierto por fin, resurge y se yergue sobre sí mismo, es Horus. Ya es consciente y porta en sí la semilla poderosa de las divinidades. No es ya una momia, no es horizontal, se ha erguido formando una cruz que habla del hombre como encrucijada.

Horus es la clave de la victoria en el hombre. Es venciéndose a sí mismo como el hombre recupera su verdadera dignidad, su verdadera naturaleza. Y las victorias auténticas son semillas de nuevas victorias.

El hombre como mago

Es el hombre-síntesis, que domina las fuerzas de la Naturaleza. El jeroglífico para referirse a la magia es «heka», la fuerza espiritual que todo lo impregna.

El mago también sería el preservador de los ritos, aquel que actúa en los ritmos sagrados en el tiempo, aquel que permite mantener el sagrado vínculo entre los dioses y los hombres. El hombre como mago recupera su olvidada condición de dios. Es la corona de su condición humana en la Tierra. Ha recuperado su conciencia de inmortalidad.

Según la cosmovisión egipcia, el ser humano aparece como:

– En los jeroglíficos, piedra cúbica de la estructura del cosmos.

– Ra, impulso creador de voluntad en incesante marcha, vivificador de los mundos.

– Unidad, fraccionada al caer en la materia.

– Ju, espíritu puro, rayo de luz inmaculada que atraviesa la eternidad.

– Ciudad celeste donde habitan los dioses, Montaña de Fuego, Isla Seca donde se posó el Ave de la Resurrección, el Bennu.

– Peregrino ofrendante, recogiendo las experiencias espirituales.

– Lo que no es, y por lo tanto de lo que debe precaverse.

– Lo que es, es decir, lo que debe lograr.

– Esfinge, los distintos animales que aglutinó mediante su conciencia espiritual.

– Loto, expansión de las propias potencialidades.

– Señor de las Transformaciones, Kepher, el Escarabajo.

– Lira impulsada por vientos divinos.

– Viento divino, eternamente joven.

– Corazón, sede de la conciencia.

– Nefer, suma excelencia, bondad y belleza.

– Pez que debe evitar el karma, la red de Thot.

– Escriba, aquel que escribe su propio destino y debe responder ante él.

– Diseñador del templo de fuego, aquel que forja su propia mente.

– Huevo, en transformación.

– Momia.

– Serpiente.

– Rana.

– Ankh, llave y luz de vida.

– Encrucijada.

– Templo.

– Trigo o divino sembrador.

– Juramento vivo, es decir, como Nombre.

– Columna de la estabilidad.

Todas estas formas señalan la excelencia de los egipcios a la hora de señalar qué es el ser humano y cuál es el arquetipo que lo rige, conformando una verdadera Pirámide de Ideas, símbolo perfecto del Hombre, símbolo perfecto de Egipto.

 

Publicado en Antropología
Sábado, 01 Septiembre 2018 00:00

Ciencia y verdad, paradigmas enfrentados

En los planteamientos actuales para acceder al conocimiento, se abre paso una cuestión que fue resuelta de modos distintos según las épocas: ¿debe la ciencia prescindir de todo lo que no sea estrictamente racional para obtener resultados? Tal vez algunas respuestas se hallen analizando algunos ejemplos que nos antecedieron.

Hemos hablado mucho de ciencia, hemos hablado mucho de filosofía, pero me gustaría concentrarme sobre el «y», porque vivimos en una cultura del «o».

Hoy estamos hablando de ciencia y filosofía, una visión en la que la ciencia pueda ser parte de la filosofía. La filosofía debe aportar a la ciencia criterios de validez de sus conocimientos: ¿Qué pasos debo yo seguir? ¿Qué supuestos puedo o no tomar para que los conocimientos a los que llegue puedan considerarse válidos o no? Y la respuesta es: «depende».

Es un planteamiento un poco distinto. En las obras de Platón no es absolutamente imprescindible llegar a una definición exacta, por ejemplo, de las virtudes que explora en sus distintos libros. Y uno dice: ¿dónde está la conclusión? Pero es que, tal vez, el camino mismo nos está presentando nuevos horizontes y hay cosas de las que quizás no sea tan importante el definirlas sino el vivirlas.

En Occidente se dice que, hasta Descartes, impera el realismo. Es decir, el mundo existe, independientemente de que lo conozcamos o no. A partir de Descartes se dice que lo único de lo que tengo una evidencia es de que existe una actividad cognitiva psíquica, cogito, por lo cual soy. Hay un sujeto que tiene esta actividad, lo cual no significa que lo que estoy pensando sea correcto.

Pero como todavía estamos en un mundo muy impregnado por la religión, Descartes sigue diciendo: «Bueno, yo tengo la idea de perfección en mi mente, yo soy imperfecto; por lo tanto, alguien perfecto tiene que haberla insertado en mi cabeza; ese alguien es Dios». Ya estamos yo y Dios, y a partir de ahí voy a reconstruir el mundo.

Pero, concentrémonos en este «y». Hay una vieja parábola de cinco ciegos y un elefante. Los cinco ciegos van a describir un elefante. Un ciego se pone debajo y dice: «es como un enorme barril». Otro, que le toma la cola dice: «no, no, estás muy equivocado, es como una soga». Otro, que coge la pata dice: «no, no, están equivocados, es como el tronco de un árbol». El cuarto, le toma la oreja y dice: «señores están equivocados, es como la hoja de una palmera». Y el quinto, dice: «no, todos ustedes están equivocados, porque en realidad es como una manguera» porque le está tocando la trompa.

¿No nos pasa mucho esto? Cada cual tiene un punto de vista, pero considera que ese punto de vista es «el punto de vista». Si simplemente cambiamos la partícula del «o» por la posibilidad del «y», tal vez cambien las cosas.

La siguiente cita me parece muy pertinente al respecto. «Y así como la misma ciudad vista por distintas partes parece otra, y resulta como multiplicada por la perspectiva, así también sucede que por la multitud infinita de sustancias simples, hay como otros tantos universos diferentes, los cuales no son, sin embargo, sino perspectivas de uno solo, según los diferentes puntos de vista de cada uno» Elogio de la duda).

Bien... ¿cómo podemos pensar en el «y»?

Quiero que nos concentremos en la imagen de La escuela de Atenas, de Rafael, en la que hay un espacio de encuentro, donde aparecen reunidas, ordenadas según unos criterios platónicos de las cuatro virtudes, el arte, la política, la mística o religión y la filosofía y ciencia.

Fijémonos en algunos detalles. Tenemos a dos personajes en el centro: Platón, mostrando un dedo hacia arriba, probablemente tomando la cara de Leonardo da Vinci, y llevando un texto bajo el brazo que es el Timeo, el libro sobre la naturaleza, y observamos que tanto el gesto de Platón como el libro están en vertical.

En cambio, Aristóteles lleva su Ética trazando una línea horizontal, la misma dirección que muestra la palma de su mano, con lo cual ya tenemos una cruz de una visión vertical, que mira hacia los orígenes, hacia las causas, mira hacia el mundo de las ideas, y el otro ámbito del mundo de causalidades horizontales, que es el de la ciencia de la tradición aristotélica.

A los teóricos les interesa descubrir las causas últimas. A los físicos les interesa más este mundo. Pero, para Rafael, estas son realidades complementarias. Y yo me atrevería a decir incluso más. Aparecen otros elementos, hay una complementareidad y es un tiempo imaginario que permite los encuentros del «y», Porque en este cuadro se unifica a personajes que no vivían en el mismo lugar y, especialmente, no vivían en el mismo momento. ¿Esto es mito o es logos? Ellos no se encontraron físicamente, pero tal vez, los grandes espíritus no necesitan encontrarse.

Tenemos a Pitágoras, con una numerología simbólica que habla de los orígenes últimos de las cosas, y que muy probablemente Platón explicitó, en parte, en su Timeo, donde habla de las series numéricas en relación con las proporciones del alma del mundo. La geometría a nivel arquetípico. Los modelos del mundo en relación con los cuatro elementos, en relación con los cinco cuepos poliédricos regulares que después dibuja Leonardo da Vinci durante el Renacimiento, ilustrando un libro sobre la proporción áurea. Y destacamos la palabra armonía.

La palabra griega cosmos manifiesta belleza y orden. Es bello porque está ordenado, está ordenado porque es bello. Con lo cual, además, integramos el arte. Hoy nos cuesta mucho integrar la ciencia y el arte. Ya nos cuesta integrar la filosofía y la ciencia. Sin embargo, en Leonardo da Vinci encontramos a un científico y a un artista.

Un artista ha interiorizado las proporciones áureas y las refleja en sus obras de forma natural: hace sabiendo. Tenemos que descubrir esa armonía, y podemos hacerlo porque esa misma armonía está en nosotros, como vamos a ver en la imagen de Leonardo da Vinci, el hombre de Vitruvio, donde encontramos la proporción áurea.

Con los Médici vuelve el mundo clásico, apoyan el Renacimiento. Se buscan viejos textos, reaparece Platón, se vuelve a traducir la República y otras obras...

El elemento «y» tal vez pertenezca a otro nivel de la filosofía. Porque lo básico es el nivel analítico-lógico. Antes de empezar a leer hay que aprender el abecedario. Pero en otra escala, uno llega a escribir poesía después de aprender ciertos cánones. Es el ser interior, esa conciencia, que se va a expresar. Es otro lenguaje.

Como elemento a destacar, encontramos a Leonardo da Vinci, el gran arquetipo que integra la ciencia y el arte. Es un científico totalmente racional, pero no desconectado de la armonía del universo.

En nuestro cerebro tenemos dos áreas: el hemisferio cerebral izquierdo y el hemisferio cerebral derecho. Hoy sabemos que el habla, el logos, se halla en el hemisferio cerebral izquierdo; la palabra y el análisis están en la izquierda. Pero la percepción de un todo está en la derecha. Es muy interesante; la música se relaciona más con el tiempo que con el espacio. Todo lo que es gráfico se relaciona más con el espacio que con el tiempo.

Si se destruyen o afectan ciertos centros, a veces hay dispersión del habla, de la comprensión... Esa otra parte, que yo relacionaría con el mito, con la comprensión del símbolo, está en el lado derecho. En cambio, el lenguaje discursivo, que sirve más para explicar que para comprender, está al lado izquierdo.

Entonces, tal vez, uno de los problemas de algunos planteamientos científicos muy generalizados sea el trabajar solo con medio cerebro. ¿Y si integrásemos el otro lado?... Tendríamos, entre otras cosas, la creatividad.

Esto lo va descubriendo Einstein. Y se le plantea el gran problema porque no quiere terminar de darle realidad a los entes matemáticos, pero se da cuenta de que son lo más importante, y que a partir de la experiencia de los casos particulares, que podríamos llamar método analógico, es imposible llegar a las ideas generales. Él mismo va a decir que para ello son imprescindibles la intuición y la imaginación. De manera autobiográfica, nos va explicar cómo se usa la imaginación como método. Porque los principios de la teoría de la relatividad ya están en experimentos mentales imaginarios que él hacía cuando era joven.

Por eso es el tema del «y». Porque hoy aceptamos en ciencias la observación, la experimentación y la razón. Pero ¿qué pasa con la imaginación y la intuición? Vamos a tener un método muchísimo más completo y complejo integrando de manera sistemática la imaginación y la intuición.

Lo mismo pasa con nosotros, utilizamos mucho la inducción y la deducción, pero ¿qué pasa con la analogía? Es uno de los métodos fundamentales que utiliza Leonardo da Vinci.

En el árbol cabalístico, con los diez principios constructores del universo, encontramos un concepto muy interesante: los tres principios superiores, Keter, Hokhmah y Binah, corresponden a la cabeza, y se diferencia, en la cábala, entre la sabiduría, Hokhmah, y la inteligencia, Binah. Y nosotros, en la ciencia contemporánea, trabajamos poco con la sabiduría. La inteligencia es la que sigue explicitando, pero no tiene la comprensión profunda de las cosas. Para alcanzar las causas últimas hay que seguir subiendo. Lo otro es simplemente echar la barca al río e irse con la corriente.

Kepler toma los poliedros regulares que aparecen en el Timeo de Platón y los encaja unos dentro de los otros para ubicar y tratar de descubrir la relación entre las órbitas planetarias. Con este sistema, relacionándolo con las órbitas planetarias tomadas como circulares, llega a un modelo que está errado solo un 5%, y sigue investigando hasta llegar a la famosa formulación de las órbitas elípticas, que es más perfecto.

Cuando un profesor trata de enseñar griego, seguro que hace malabarismos, y se siente con un enorme sentido de frustración porque, de diez cosas que quería enseñar, ha enseñado una o dos. Sin embargo, sus alumnos están contentos porque han entendido. Dicho de otra manera, tenemos una partitura de un coro a cuatro voces, pero terminamos todos cantando solo la melodía porque las aptitudes musicales son limitadas.

¿Qué es más completo y qué es más verdadero? En la mecánica clásica, si yo conozco dónde está el coche en cualquier momento en carretera, puedo calcular, si tengo esa fórmula, en función de la posición y del tiempo a través de la primera y segunda derivada, puedo calcular la velocidad y la duración. Pero hay mundo en el que eso no es posible, y ahí es donde se resquebraja el tema y para Einstein esto es muy desconcertante.

«En el templo de la ciencia hay muchos tabernáculos, y muy distintos entre sí son, por cierto, quienes a ellos acuden acuciados por motivos muy diversos. Muchos obtienen de la ciencia gozoso sentimiento de poderío y superioridad intelectual, la ciencia es su deporte favorito y en ella buscan experiencias vividas y la satisfacción de sus ambiciones. En ese mismo templo habrá otros que ofrecerán los productos de sus cerebros para sacrificarlos con propósitos utilitarios.

Si un ángel del señor llegara para arrojar del templo a todos los que pertenecen a esas dos categorías, quedarían solo unos pocos hombres, tanto del tiempo presente como del pasado. Nuestro homenajeado Max Planc sería uno de ellos y por tal motivo le estimamos profundamente.

Soy consciente de que con esta imagen he expulsado a la ligera a muchos hombres excelentes que han sido responsables importantes y hasta casi totales de la construcción del templo de la ciencia. Y en muchos casos, el ángel se encontraría con que le resultaría muy difícil decidirse. Pero, de algo estoy seguro: si los tipos de científicos a los que hemos arrojado fueran los únicos existentes, el templo jamás habría llegado a existir. Tal cual como no podría haber un bosque donde solo crecen enredaderas » (Einstein).

Y para terminar, el hombre de Vitruvio. Tenemos un cuadrado, tenemos un círculo y un pentágono. En el centro del cuadrado están los órganos sexuales, ese es el centro de la materia. Pero el ónfalos, el ombligo, divide al hombre de acuerdo a la proporción áurea, imprimiéndole al todo una dinámica espiritual.

Publicado en Ciencia
Domingo, 01 Julio 2018 00:00

La Filosofía es útil

No lo hemos escrito en ningún código, ni nos hemos puesto de acuerdo, pero es evidente que a quienes hacemos Esfinge y a nuestros colaboradores nos parece que la filosofía es útil y, por lo tanto, recomendable. Nos referimos a esa filosofía que es capaz de salir a la calle y mostrar que puede proporcionar los métodos que estamos necesitando para ser más libres y encontrar respuestas a nuestras preguntas y soluciones para los problemas de nuestra sociedad. Es útil, pero no como lo es una herramienta, sino porque sirve a lo más valioso que tenemos, que es nuestra capacidad para pensar.

Cuando nos miramos a nosotros mismos y a nuestro alrededor, cuando sentimos la necesidad de abrir caminos en nuestra vida, orientarnos mejor y entender lo que sucede en el mundo, si tenemos a mano algún texto filosófico inspirador, escrito por alguno de los grandes sabios que dejaron huellas profundas, es probable que encontremos lo que buscamos: una orientación, un consejo, una recomendación, que nos saquen de nuestro atolladero.

Para ello es indispensable tener la mente abierta, saber que nos queda mucho por aprender y no dejar de practicar el arte de hacer preguntas, previo al de responderlas. Este número de Esfinge nos ofrece sustancia para esas reflexiones tan necesarias, esos diálogos tan indispensables. Para ello, como sugiere nuestro entrevistado José Antonio Marina, es importante ser conscientes de nuestras palabras, cuidar nuestros lenguajes, pues a través de ellos pensamos y sentimos.

Por eso, queridos lectores, os ofrecemos este conjunto de palabras escritas para vuestro ejercicio frecuente de alimentar las ideas y ponerlas en práctica.

Publicado en Editorial
Domingo, 01 Julio 2018 00:00

Filosofía en la calle

El Museo de Almería acogió el pasado día 23 noviembre la inauguración del proyecto «Filosofía en la calle», en el que hubo una conferencia, representaciones escénicas y exposiciones de fotografía y escultura.

El pasado 23 de noviembre se impartió una conferencia del proyecto «Filosofía en la calle» en el Museo Provincial de Almería. Ese mismo día se inauguraron las exposiciones permanentes de fotografía y escultura, que junto con una actuación y un vídeo, formaban parte del mismo proyecto. Se trataba del tercer ciclo de esta actividad, que desde hace años se ha venido produciendo en lugares de Almería como la extinta librería Sintagma y el IES Fuente Nueva. En esta ocasión, se ha dado una diversificación del diseño original enlazándolo con otras disciplinas artísticas. Antonio Guerrero, creador y coordinador de este proyecto, ha incluido a personas como Francisco Escudero en la representación, Rubén García, comisariando la exposición fotográfica en la que intervinieron fotógrafos de toda España, Manolo Fernández Castilla, en la exposición de escultura, y a los ponentes Cayetano Aranda, Francisco J. Carbonell, Irene Gálvez y Jorge Cordi. Además, el acto contó con la presencia del delegado de Cultura Alfredo Valdivia.

Como arranque de la conferencia, el artista Francisco Escudero ofreció un espectáculo titulado Palabras al viento . Iniciada la conferencia, el tema de fondo, en palabras de Guerrero, consistió en abordar la problemática de la vigencia de la filosofía actual, desde el punto de vista de su salud. En términos generales, el proyecto denunciaba que si el objetivo de esta disciplina era crear personas con pensamiento autónomo y con la capacidad de emanciparse de su entorno, los resultados mostraban que no era así. La filosofía tenía, por tanto, una enfermedad. En sí misma esta idea acarreaba la crítica al sistema educativo, donde estaba insertada la filosofía. El proyecto también traía la crítica a la crisis de identidad de los filósofos españoles. Finalmente, la idea de enfermedad de la filosofía actual también conducía a la crítica del bloqueo conceptual. En términos generales, la posmodernidad había parido productos repetitivos que versionaban la modernidad sin aportar luz al conocimiento. Además existían otras críticas implícitas en el proyecto: en la segunda mitad del siglo XX se dieron ideologías que absorbieron las ideas de la filosofía y la dejaron vacía. También se dio otro proceso: la mercantilización de la cultura convertida en un producto de consumo.

A continuación, Cayetano Aranda habló de la necesidad de defender lo público en detrimento de lo privado, y con eso se refirió a la plaza pública. También aludió a la irresponsabilidad de la clase política respecto a ese ágora y a cómo en la antigua Grecia la relación entre el político y el ciudadano era más directa y responsable. Irene Gálvez efectuó una reflexión sobre el feminismo en la que surgió la figura de Carmen de Burgos. La filosofía servía, según dijo, para comprender las contradicciones y salvarnos de la caverna del patriarcado. Francisco G. Carbonell aludió a la crítica a la filosofía academicista y a la importante desvirtuación del lenguaje. Por otro lado, declaró que la filosofía servía para desenmascarar el poder y el lenguaje capitalista como fundamento del mundo. Finalmente Jorge Cordi, retomando la idea base, se refirió a la idea de dispositivo de este proyecto. A continuación habló de la diferencia entre sujeto y subjetividad y reflexionó sobre el goce autista de la cultura neoliberalista.

filosofia en la calle 1

Finalizada la conferencia el público asistente, que fue bastante amplio y estaba compuesto por personas de diferentes lugares de la geografía nacional, acompañó a los participantes del proyecto a la segunda planta del museo, donde la directora de dicha institución, María Isabel Pérez, y el delegado de cultura, Alfredo Valdivia, dijeron unas palabras e inauguraron las exposiciones de fotografía y escultura, comisariadas por Rubén García y Manolo Fernández Castilla respectivamente. En la exposición fotográfica también estuvo, como participante, Antonio J. García (Ché).

De este evento salieron iniciativas para su continuación en la Universidad de Murcia, donde ya se estaban realizando las gestiones, y en el Ayuntamiento de Huercal-Overa. Según Antonio Guerrero, allí se ampliarán el número de disciplinas.El objetivo del proyecto multidisciplinar «Filosofía en la calle», en palabras de su fundador, Antonio Guerrero, es deconstruir la filosofía academicista, anquilosada y sin interés por lo que sucede más allá del aula, y crear un nuevo vínculo de la filosofía con la realidad de la calle, de la vida social, para salvar así el desbloqueo del pensamiento posmoderno repetitivo y para generar librepensadores en nuestra sociedad de masas. Es un movimiento humanista que trata de reconstruir al ser humano y de darle las herramientas necesarias para que se emancipe del consumismo y del gregarismo. El proyecto está establecido en ciclos. En esta ocasión, en el Museo Provincial de Almería, se ha celebrado el tercer ciclo, que trata de conducir la filosofía desde el nivel de la argumentación de la conferencia al mundo del arte, representado en un espectáculo, una exposición de fotos y una de escultura. El proyecto buscará nuevos territorios, en nuevas ediciones, a través de talleres y de acciones sociales en la vía pública para así recuperar su lugar natural, el ágora, la plaza pública, etc. También está prevista una edición próxima en la Universidad de Murcia a la que se incorporarán nuevas acciones y disciplinas.

filosofia en la calle 3

El método del proyecto es la «filosofía práctica intervencionista». Por su nomenclatura tiene distintos significados. En primer lugar, el carácter práctico de la filosofía: ante el divorcio entre el academicismo y la realidad social, la filosofía práctica afirma su carácter práctico como única para luchar contra el bloqueo (patología) de la filosofía y su mercantilización dentro de la cultura de masas. Esto es una filosofía que enfatiza las relaciones entre pensamiento y acción humana, es decir, que lleva las ideas a la realidad mediante acciones concretas. Para ello estudia y analiza el entorno para describir unos objetivos y fines, fundamentados. Las relaciones del nuevo nexo entre filosofía y realidad se aproximan más a la política, la ética y la estética. Es importante decir que esta no es en absoluto la filosofía práctica de la consultoría filosófica de los 80 (asesoría complementaria de la psicoterapia), pues no es individualizada sino colectivista; y no aspira a tejer cursos ambiguos de formación sobre el autoconocimiento. Todo lo contrario, pretende transformar la sociedad desde el juicio ético y la acción en la vía pública. Tampoco guarda relación ninguna con la filosofía instrumental, tan extendida hoy en el marco de la empresa y el coach . En sí, la filosofía práctica de este proyecto aspira a deconstruir la misma filosofía práctica, tan empobrecida desde hace algunas décadas por la tergiversación, para así reconstruirla. Por otro lado, se trata de una filosofía práctica intervencionista: esto es así ya que este proyecto aspira a la regulación social como una apropiación de la realidad para mejorarla desde los criterios impuestos por la ciudadanía. Con esto decimos que existe la tendencia a inmiscuirse en los problemas de la sociedad y al mismo tiempo a participar en ellos. Con la filosofía práctica intervencionista el proyecto Filosofía en la Calle pretende llevar la filosofía a la ciudadanía y convertirla en una herramienta necesaria para el empoderamiento de las personas, a través del aprendizaje del pensamiento autónomo y crítico.

https://filosofialacalle.wixsite.com/fcalle/blog/
https://lamiradazurda.blogspot.com.es/
http://antonioguerreroruiz.blogspot.com.es/

 

Publicado en Buenas noticias

José Antonio Marina (Toledo, 1939) es filósofo y pedagogo. La editorial Anagrama, donde ha publicado buena parte de sus libros, lo define como «uno de los pensadores absolutamente imprescindibles de nuestro país». Sus decenas de ensayos de divulgación y sus cientos de artículos en prensa lo acreditan. Pero a lo largo de su vida ha cultivado tanto las letras como los jardines. De hecho, la principal faceta de la que presume es la de horticultor, dado su orgullo como inventor de una variedad de berza. Fruto de su pensamiento es una teoría de la inteligencia humana que pone el acento en sus posibilidades creadoras. Desde la Universidad de Padres que fundó en 2007, así como desde la cátedra en Inteligencia Ejecutiva y Educación que dirige en la Universidad de Nebrija, investiga las funciones ejecutivas de la inteligencia, un área prometedora para decidir cómo será la educación del futuro.

Dentro de la filosofía, usted se ha referido a Husserl, entre otros, como su gran maestro.

Sí, y precisamente porque estaba muy relacionado con Husserl, Sartre me interesó muchísimo. Además, me parece un escritor fantástico. Otro de los que influyó más en Husserl fue Alain, un filósofo muy importante en Francia; todo lo que escribió fueron artículos de prensa. Comte-Sponville es otro filósofo moderno muy brillante que ha sabido llegar muy bien al gran público. Su libro sobre las virtudes consiguió recuperar un tema que se había perdido de una manera absurda, después de aparecer con Platón y Aristóteles. Lo retomó después la teología católica como estructura moral básica. Cuando la teología católica pierde vigencia, arrasa la teoría de las virtudes. Entonces, quien volvió a descubrirla fue la psicología americana moderna, que ha estudiado las virtudes en todas las culturas. Ahora, en vez de cogerlas de su raíz verdadera, las estamos cogiendo de la psicología americana. La historia de las ideas es muy curiosa. Aparecen y desaparecen. Tienen en las tripas contenidos que no sabes que tienen. Por ejemplo, cuando estudié el ingenio, había una gran cantidad de cosas que manejábamos sin decirlas. Ahora lo que me interesa es lo que estoy publicando últimamente en El Confidencial .

¿Se refiere a sus artículos sobre emociones y conceptos políticos en referencia a la situación de Cataluña?

Claro, lo que pasa es que estamos manejando palabras sin saber exactamente lo que significan. Desde la palabra nación hasta la palabra pueblo , utilizadas como concepto político. Son conceptos que engloban muchísimas nociones que vienen de distintos sitios. Con los conceptos, es como si manejáramos una caja que no sabemos muy bien lo que lleva dentro. Nos fijamos únicamente en el título. Pero cuando aceptas una de esas nociones, no sabes la cantidad de cosas que estás aceptando. Ese tipo de historias me parecen fascinantes, porque descubres cosas que no sabías, que estaban de una manera implícita, y que al final te pasaban factura.

Algunos de sus libros contienen guiños a otras obras. Por ejemplo, además de su Por qué soy cristiano , está el Por qué no soy cristiano de Bertrand Rusell. Su Pequeño tratado de los grandes vicios es una respuesta o complemento al Pequeño tratado de las grandes virtudes de André Comte-Sponville, al que ya se ha referido. El bucle prodigioso también se asemeja en algunas ideas al libro de Douglas Hofstadter Gödel, Escher, Bach: un eterno y grácil bucle . ¿Le gusta tomar el testigo de otras obras y establecer un diálogo entre su trabajo y el de otros intelectuales?

Sí, muchísimo. Con los autores tengo una relación muy viva y muy poco académica. Por ejemplo, puedo citarles mal, o puedo citarles sin atribuírselo. Eso se ve, sobre todo, en algunos de mis libros, donde, en vez de hacer una bibliografía, hice una cosa llamada autobiobibliografía, es decir, mi trato con los autores: los que me han influido, los que me han irritado, las cosas que he copiado, las cosas que me han sugerido, a los que tengo simpatía, a los que tengo antipatía… Creo que esa es una relación muy importante de la vida intelectual. Yo soy muy poco sistemático con mis lecturas. Leo muchas cosas, muy diferentes, y es interesante cómo encuentras ideas en tipos de lecturas muy distintas. La política te puede dar ideas sobre la neurología; la neurología te puede dar ideas sobre la religión. Empiezas a ver conexiones que un mundo hiperespecializado como es el de la investigación no tiene. Esa es una de las características de la filosofía.

¿Se refiere a la visión global?

Efectivamente. La filosofía debe tener una visión global porque estamos perdiendo los hilos del entramado. Entonces, no acabamos de comprender el tapiz, porque cada uno está con su hilo. Es cierto que es muy complicado. Todo avanza con mucha rapidez. Pero la forma de comprender no es al final de las creaciones. En cambio, sí puedes entender si te retrotraes a la máquina que ha puesto eso en movimiento. Por ejemplo, ahora un matemático no entiende más del 10% de las matemáticas que se hacen. Por eso, buscar las genealogías ha sido una especie de método o de manía.

Entrevista Jose Antonio Marina editada 1

En uno de sus ensayos, El bucle prodigioso , afirma rotundamente que « la filosofía debe ocuparse de las nuevas tecnologías» . Los llamados « tecnoescépticos», como Nicholas Carr, Sherry Turkle, Jaron Lanier o Evgeny Morozov, cada uno en su ámbito, plantean el debate de que la convivencia con las nuevas tecnologías como smartphones está cambiando nuestras mentes, identidades y relaciones. ¿Nos adaptaremos a estos cambios?

Siempre que ha aparecido una nueva tecnología, se ha planteado un debate. En primer lugar, hay que tener en cuenta que las técnicas son de dos tipos: técnicas que nos permiten hacer algo y técnicas que me permiten organizar mis propias capacidades, que son las «tecnologías del yo». Las «tecnologías del yo» se han hecho para ampliar las capacidades de la inteligencia. ¿Cuáles son esas tecnologías? Además de la escritura, está el álgebra, sin el cual no se pueden determinar ciertas operaciones; la notación musical, que permitió a Beethoven componer una sinfonía que no podría haber compuesto en la Edad Media. Las «tecnologías del yo» actuales están dando un salto cualitativo distinto, no a partir de la informática, sino de la inteligencia artificial. Los sistemas de inteligencia artificial están expandiendo capacidades humanas de una manera desmesurada. Estamos hablando ya de superinteligencias.

¿También del avance de los robots?

Cuando hablamos de robots, estamos hablando de máquinas que realizan operaciones muy rutinarias, repetitivas y cerradas. En inteligencia artificial, ya hay sistemas que aprenden por sí mismos y que pueden hacer funciones que hasta ahora creíamos que estaban reservadas al ser humano. Estoy estudiando este tema a través del Proyecto Centauro. Lo que busco es cómo podemos utilizar esos mecanismos potentísimos de la inteligencia artificial para mejorar el rendimiento de la inteligencia humana. Eso es muy complicado, pero tenemos que decidirlo para ver qué tipo de educación vamos a hacer. El asunto está en qué competencias van a estar en formato neuronal, en la memoria de cada niño y niña, y qué competencias pueden estar en su ordenador, no en la nube. Esto es un cambio realmente serio. En último término, no estamos decidiendo quién va a manejar la información (eso lo va a hacer mejor un ordenador), sino quién va a tomar las decisiones. El problema está ahí. Qué tipo de decisiones va a tomar uno y otro. Hacia donde va la inteligencia artificial es a tomar decisiones. Eso deja el mundo de la libertad humana un poco marginado.

Hablemos de sus artículos. Uno de los rasgos genuinos de sus escritos en prensa es lo que ha llamado la « filosofía zoom» . Se trata de una búsqueda de verdades sistemáticas en los detalles y objetos cotidianos. ¿Considera que una de las funciones de sus artículos es hacer una pedagogía de la mirada?

Sí, entendiendo la mirada en un sentido amplio, tal y como se entiende en Occidente, equiparada a cualquier visión intelectual y no solo a la mirada física. Lo que busco en mis artículos es un tipo de educación de la mirada para descubrir las cosas interesantes que tenemos alrededor y pueden pasarnos desapercibidas. He comentado muchas veces el poema de Machado al olmo viejo. Antes se veían muchos troncos caídos, tirados por la carretera. Ahora, menos. Era un espectáculo vulgar. Pero pasa por ahí una persona como Machado y se fija en que, en ese tronco podrido, ha aparecido una rama verde. Ese hecho le parece absolutamente maravilloso: Al olmo viejo, hendido por el rayo / y en su mitad podrido / con las lluvias de abril y el sol de mayo / algunas hojas verdes le han salido . ¿Qué ha pasado aquí? Pues dice él que es un milagro de la primavera. Pero hay un momento importante en que dice: Olmo, quiero anotar en mi cartera / la gracia de tu rama verdecida . ¿Por qué? Porque no quiere olvidarlo. Ese enriquecimiento de la experiencia es, en último término, a lo que me refiero con la educación de la mirada. Es la gran tarea creadora. El hecho de que ante una noticia lo único que hagas sea indicar «me gusta» o «no me gusta» es de una simplicidad tan sumamente grave que evita toda posibilidad de análisis y pensamiento crítico. Ese es el problema que tenemos ahora. Sin pensamiento crítico, somos muy vulnerables a cualquier tipo de adoctrinamiento u eslogan.

En el libro Memecracia. Los virales que nos gobiernan , su autora hace un análisis atractivo de uno de esos fenómenos ligados al consumo de noticias a través de medios sociales como es la viralidad.

La viralidad significa literalmente una enfermedad, algo que se contagia. Ahora se dice como un elogio, pero no lo es. También el catarro se ha viralizado. Hay una especie de demagogia de la opinión muy compartida. Con el populismo a lo Trump, la gente a la que no le gusta se equivoca al pensar que este hombre es tonto. Trump es cualquier cosa menos tonto. Lo que ocurre es que dentro de su sistema de desprestigio, lo primero que tiene que desprestigiar son las instituciones de referencia crítica. Los periodistas son los primeros. Los científicos, lo mismo. ¿Qué van a decir ellos del cambio climático? Los jueces, lo mismo. Va desmontando esas instituciones críticas de referencia y se queda con que ni siquiera hay hechos, solo hay versiones de los hechos. Es todo un sistema el del populismo. El periodismo podría ser la aplicación a los sucesos de todos los días de un serio sistema de ideas, de un sistema filosófico. Eso es lo que yo he estado haciendo desde muchos puntos de vista.

¿Qué le queda por conocer a José Antonio Marina?

Me queda muchísimo por conocer. Me gustaría comprender mejor algo que he estudiado en varios libros con cierta insatisfacción. En concreto, la pregunta que quiero responder es: ¿quién habla cuando yo hablo? En esta conversación contigo, he estado hablando yo. Pero, en realidad, no he pensado mucho lo que estaba diciendo. Porque cuando hablamos, salvo en los momentos en los que hay que tomar una decisión, hay una especie de secuencia muy fácil que parece automática. Hay una cosa que decía Forster, el autor de Un viaje a la India : «¿Cómo voy a saber lo que pienso sobre algo si todavía no lo he dicho?». ¿Y quién lo dice entonces? Lo que yo respondo es: la inteligencia generadora, que tiene que ser muy lista para proporcionarme las palabras sintácticamente construidas y organizadas. Lo único que podemos hacer es organizar de la mejor manera esa fuente de ocurrencias porque así la tendremos entrenada para lo que queramos hacer.

Publicado en Entrevistas
Viernes, 01 Junio 2018 00:00

La filosofía es útil

Alguna vez alguien debería hacer un recuento de los innumerables bienes que ha proporcionado la filosofía a la humanidad. Veríamos que está presente en los mejores momentos de la historia y, más aún, que cuando la decadencia, la pérdida de los puntos de referencia oscurecen los tiempos, cuando parece que todos los valores se han perdido, encontramos las acciones heroicas de los filósofos que, sin derramar sangre, ni acentuar los conflictos, han ofrecido soluciones para los problemas de los seres humanos, deshaciendo los nudos que impedían el diálogo, suavizando las heridas, y ofreciendo ideas luminosas para alcanzar la felicidad.

Si hay una actividad humana que debería enorgullecernos como especie esa es la filosofía, en todas sus variables, en su maravillosa variedad. De tal manera que cuando nos preguntamos cómo podríamos hacer una sociedad mejor, más justa y más buena, la mejor respuesta es la que la señala como la mejor opción.

Así nos lo vuelven a demostrar nuestros colaboradores en este número, de manera coral, con diferentes voces y registros. De una manera o de otra de nuevo nos plantean sus respectivos llamamientos a fijarnos en las opciones filosóficas para alejar la lacra de la corrupción, que descompone a nuestras comunidades, o a indagar en nuestro propio interior, para buscar el sentido de la vida, en el silencio de la meditación, o a través del acercamiento a la mística. En sus propuestas late siempre ese amor a la sabiduría, que nos redime como seres humanos, peregrinos por un tiempo difícil que parece llevarnos en dirección contraria al de saber pensar, saber ser, saber actuar.

Publicado en Editorial

Mónica Cavallé es doctora en Filosofía y pionera del asesoramiento filosófico sapiencial. Desde hace casi veinte años es filósofa asesora y facilitadora de consultas individuales, talleres y cursos de formación en asesoramiento filosófico. Fue fundadora y presidenta de la Asociación Española para la Práctica y el Asesoramiento Filosóficos (ASEPRAF). Actualmente dirige la Escuela de Filosofía Sapiencial. Su labor se centra en una filosofía que evidencie su íntima unidad con nuestro ser total y nuestra vida cotidiana, así como su potencial transformador y liberador. Entre sus libros destacamos La sabiduría recobrada , Filosofía como terapia (Grupo Anaya, 2002; Grupo Planeta, 2006; Kairós, 2011), La Filosofía, maestra de vida (Aguilar, 2003), y su gran novedad, El arte de ser (Kairós, 2017).

¿Quién es Mónica Cavallé realmente?

Te puedo describir cómo soy, qué hago, cómo vivo, qué me gusta, qué me conmueve, qué pienso y siento, cuáles son mis circunstancias… pero no quién soy. La pregunta «¿quién soy?» nos conduce a un lugar que no puede ser pensado ni descrito, solo «sido». Se corresponde con la vivencia de ser sin adjetivos, de ser presencia despierta, vida en expresión, capacidad de conocer, crear y sentir. Es la vivencia más directa e íntima de nosotros mismos. No necesitamos definirnos para ser en plenitud.

¿Qué la llevó a estudiar y difundir la filosofía sapiencial?

Siempre he sentido una profunda inquietud filosófica y espiritual. Estudié filosofía como parte del proceso de dar forma a esa llamada, a ese anhelo. Me interesó la vertiente sapiencial porque experimenté de forma nítida que las respuestas a las grandes preguntas no se alcanzan en el plano del pensamiento, sino que equivalen siempre a ciertas experiencias, a ciertos estados de ser. Y esto es lo que proponen las enseñanzas sapienciales: no nos ofrecen respuestas teóricas; invitan a una transformación. Para estas filosofías, el discurso intelectual no tiene un valor autónomo; vale en la medida que posibilita que experimentemos la verdad viva de una enseñanza.
¿Qué me llevó a difundirla? Todos compartimos lo que nos llena, lo que nos inspira, lo que amamos. Lo compartimos queramos o no. Como afirma el Evangelio: «De la abundancia del corazón, habla la boca».

¿Qué diferencias o similitudes hay entre filosofía perenne, filosofía esotérica y filosofía sapiencial?

La expresión «filosofía perenne» (en su acepción más reciente, porque no todos los autores han utilizado esta expresión en un mismo sentido) alude a la constatación de que hay claras semejanzas estructurales entre las enseñanzas sapienciales de distintas culturas, intuiciones análogas que se sustentan en lo que hay de perenne en la condición humana.
La expresión «filosofía sapiencial» alude a la filosofía que no ha olvidado su significado etimológico: amor a la sabiduría, es decir, su conexión con los fines de la vida humana. Puesto que la orientación a la sabiduría nos concierne a todos, la filosofía sapiencial tiene una vocación claramente universal.
La expresión «filosofía esotérica» alude a las doctrinas (filosóficas y/o religiosas) que solo se trasmiten a un grupo de iniciados; abarca manifestaciones muy dispares: enseñanzas sapienciales genuinas y otras que no lo son.

Entrevista Revista ESFINGE Dra. Monica Cavallé 1

¿Qué es la «mayoría de edad del pensamiento»?

Aspirar a la plena autonomía en el plano del pensamiento. Ser luz y guía para uno mismo. Encontrar la fuente del criterio en nuestro propio interior. Asumir que nadie puede responder por nosotros a las grandes preguntas de la vida. No vivir de opiniones de segunda mano, sino descansar en nuestras propias comprensiones. No buscar tutores que nos suplan en la tarea de pensar por cuenta propia y de protagonizar nuestra propia vida. Esto último, por cierto, en ningún caso equivale a no inspirarnos en las personas que van por delante de nosotros en el camino, a no aprender de ellas.

Más allá de nuestro ego o yo superficial, ¿existe realmente en nuestro interior una fuente íntima de asesoramiento o de criterio de verdad?

Todos encontramos en nosotros el sentido de la verdad, de la belleza y del bien, por más que en ocasiones vivamos a espaldas de él. Aludo a ese sentir profundo que nos habla a través de un sentimiento de falta paz cuando no vivimos de forma congruente; que nos hace reconocer que ciertas palabras tienen autoridad; que nos impele a rechazar la destrucción de algo valioso, a corregir la injusticia, a conmovernos ante ella… Este fondo insobornable, este sentir profundo (pues surge de un lugar más profundo que el plano de nuestros deseos superficiales, de nuestras opiniones personales, de los códigos sociales asumidos…) es nuestra verdadera guía.

¿Qué es, de dónde viene ese misterioso espacio interior que es fuente última de creatividad y libertad, cuál es su naturaleza?

Cuando nos situamos en nuestro verdadero eje de gravedad, estamos despiertos y presentes en nuestras repuestas. Estas últimas ya no son ciegas, automáticas, reactivas… Se abre un paréntesis entre el estímulo y nuestra respuesta y tenemos la capacidad de ofrecer una respuesta originaria y propia. Este eje de gravedad es nuestro centro ontológico, una instancia más originaria que el plano en el que se desenvuelve el pensamiento condicionado y los impulsos asociados. Este centro, en efecto, es fuente de creatividad y de libertad.
¿Cuál es su naturaleza? Aristóteles decía, enigmáticamente, que el nous (el espíritu) es «algo divino» en el ser humano, aludiendo al hecho misterioso de que, en medio de esta realidad condicionada, tengamos la vivencia de un principio completamente incondicionado.

Entrevista Revista ESFINGE Dra. Monica Cavallé 2

¿En qué medida la filosofía es psicoterapia?

La filosofía sapiencial es profundamente transformadora y liberadora, pero eso no significa que sea una psicoterapia, por más que haya conexiones entre ambas y puedan enriquecerse mutuamente.
La filosofía nos invita a ejercitar nuestro discernimiento para poder vivir en verdad. Y la realidad y la verdad liberan. Siempre. El sufrimiento evitable encuentra su raíz última en nuestra ignorancia sobre nosotros mismos y sobre la realidad.
La psicoterapia busca mejorar la calidad de vida del paciente. La filosofía se dirige a todo ser humano en tanto que tal, y se orienta a la verdad. La progresiva liberación interior y la superación de mucho sufrimiento inútil son los subproductos de este compromiso incondicional con la verdad, con la toma de conciencia.

¿Y en qué medida la filosofía es o lleva a la espiritualidad?

La espiritualidad no es propiedad de las religiones oficiales. Es la dimensión profunda de la realidad y del ser humano. La filosofía sapiencial es una actividad espiritual en la medida en que tiene como sujeto y como objeto esa dimensión de lo real; en que nos orienta al conocimiento del ser; en que nos abre al reconocimiento vivencial de lo que en nosotros trasciende el nivel estrictamente psicofísico.
Esta dimensión, como decíamos antes, constituye nuestro centro de gravedad y, si bien tiene una vertiente individual, nos trasciende como meros individuos y tiene también una vertiente cósmica. Ahí se establece la conciencia de unidad con todo lo existente.

¿A qué se refiere en su libro con las «Sabidurías del Despertar»?

Aludo a las filosofías que consideran que no hay verdadero conocimiento filosófico sin una modificación de nuestro nivel de conciencia; una modificación que equivale a un despertar. A las filosofías que afirman que la purificación de nuestra mirada es la condición de posibilidad del conocimiento filosófico, porque si nuestro mundo interno es irreal, es decir, si estamos dormidos, cegados por nuestros condicionamientos, prejuicios y creencias, no podremos abrirnos a lo real.

¿Qué papel jugaron las escuelas de filosofía antiguas en la construcción de la civilización?

Las filosofías griega y romana establecieron importantes cimientos de lo mejor de nuestra civilización occidental. Pero frente a lo que muchos creen, no solo pusieron las bases del pensamiento racional, lógico, conceptual y argumentativo científico, sino también las del conocimiento contemplativo ( nous ) que nos conecta con nuestra dimensión espiritual. Algunos de los filósofos de la Antigüedad fueron, de hecho, grandes místicos.
Algunas escuelas filosóficas de la Antigüedad contribuyeron, muy en particular, a desarrollar la filosofía como arte de vida. Somos deudores de su sabiduría, que ha impregnado la historia de Occidente.

¿Existirán de nuevo escuelas de filosofía sapiencial en el futuro? ¿Qué pueden aportar?

La trasmisión de la filosofía, entendida como amor a la sabiduría, precisa de un clima de amistad filosófica, el que se da entre personas unidas por vínculos de afinidad, comprometidas con una determinada forma de encarnar la filosofía. Los entornos institucionalizados no son su elemento natural. A la filosofía-sabiduría le es indispensable esa atmósfera de libertad apasionada. Esta era la atmósfera que proporcionaban las primeras escuelas de sabiduría. En ellas, además, la autoridad del maestro no solo radicaba en los conocimientos que «poseía», sino, sobre todo, en que era un maestro de autogobierno, de autoconocimiento, de serenidad.
Decía Cioran que «Las cosas esenciales no deberían institucionalizarse», que «la filosofía debería enseñarse en el ágora, el parque o la casa». Creo que esos espacios y escuelas necesitan revitalizarse bajo nuevas formas, en marcos contemporáneos, para ser lugares de renacimiento y de desarrollo de la filosofía en su vertiente sapiencial.

¿Cómo distinguir los genuinos ideales de los falsos ideales que son fuente de división, exclusión y violencia?

Los ideales reales son ese sentido de la verdad, del bien y de la belleza al que antes aludíamos, el que nos impulsa a poner, a través de nuestras respuestas presentes, más verdad, bien y belleza en nuestra vida y en nuestro entorno.
Los falsos ideales son las ideas rígidas sobre cómo deberían ser las cosas que nos conducen, en nombre del ideal, a violentar la realidad presente, a despreciarla, y a sentirnos separados de quienes no comparten nuestro ideal. Son los ideales que despiertan sentimientos de impaciencia y hostilidad con nosotros mismos y con los demás; los que conducen a agredir de pensamiento, verbal o físicamente. El falso ideal siempre legitima la violencia, aunque esta se ejerza de forma sutil.

Como experta en filosofía sapiencial ¿es más alegre y feliz que hace años? ¿Es esta una medida o comprobación del buen camino filosófico sapiencial?

Hace quince años vivía con fuerza las intuiciones que ahora me alimentan y me inspiran. Me sostenían entonces, me trasmitían paz y contentamiento, y lo siguen haciendo en el presente.
Creo que el signo de la vida filosófica, en efecto, es la serenidad. Un tipo de serenidad que no excluye la alegría y el dolor, el estrés y las dificultades, los momentos mejores y peores, pues procede precisamente de la capacidad de integrar y asumir todas las dimensiones de la existencia.

¿Qué es lo mejor y lo peor de su camino filosófico?

Lo mejor es que no hay separación entre mi vida, mi vocación y mi trabajo. Todo es uno. También que mi actividad de acompañamiento filosófico me permite interactuar con otras personas de un modo muy veraz, muy auténtico.
Lo más retador quizá haya sido encontrar el equilibrio entre la soledad (la reflexión y la escritura demandan grandes dosis de soledad) y la interacción constante con otras personas (mi vocación por las relaciones de ayuda). Son inclinaciones que necesitan atmósferas distintas y que precisan ser adecuadamente conjugadas.

Muchas gracias por su tiempo; ¿cuáles son sus próximos libros y proyectos?

Tengo varios libros en mente: un ensayo sobre espiritualidad, otro sobre filosofía oriental, un manual en el que explico mi método de acompañamiento filosófico... Esos son mis proyectos, además del de seguir haciendo lo que ya hago: crear espacios de intercambio y diálogo con las personas que forman parte de mi «familia» filosófica.

Más información: www.monicacavalle.com

Publicado en Entrevistas
Domingo, 01 Octubre 2017 00:00

La risa, mejor con filosofía

Dicen los expertos que teorizar sobre el sentido del humor puede indicar que no se tiene sentido del humor. La vida está llena de paradojas, y una de ellas es la risa y el sentido del humor, que constituyen un tema divertido y serio a la vez. A pesar de su aparente superficialidad o trivialidad, nos encontramos ante un asunto que nos atañe directamente como seres humanos.

Es evidente que el sentido del humor nos afecta cotidianamente. A todos nos gusta encontrarnos con personas agradables, con una sonrisa en el rostro; esto lo saben muy bien quienes trabajan como relaciones públicas o en puestos similares. Por otra parte, la mayoría de las personas creen tener un sentido del humor superior a la media. Más aún, uno de los insultos que menos soporta un ser humano es que le digan que no tiene sentido del humor.

El humor y la risa nos diferencian de los animales. El humor es una demostración de grandeza que pareciera decir que, en última instancia, todo es absurdo y que lo mejor es reír, como aquel condenado a muerte que llevan a la horca un lunes y exclama: «¡Bonita forma de comenzar la semana!». El humor es una afirmación de dignidad, una declaración de superioridad del ser humano sobre lo que acontece, porque reírse de algo es, en cierto modo, estar por encima de ello.

Por otra parte, una actitud filosófica posibilita una mirada que pueda superar dogmas, ir más allá de una evidencia, un prejuicio u otras inhibiciones. Filosofía o inteligencia sin humor es esterilidad, artificialidad, robótica pura. Humor sin inteligencia es mal gusto, zafiedad.

Pudiera argumentarse que la risa impide la necesaria seriedad que exige el tratamiento de las cosas importantes de la vida; pero esto no es cierto. Es más probable que sea superficial y trivial alguien que no tenga sentido del humor. Poseer sentido del humor es indicativo de inteligencia. En la medida en que alguien tiene más discernimiento, es más capaz de ver el aspecto insólito de la vida, el aspecto cómico. No podemos llegar a decir que alguien que posea sentido del humor sea un sabio, pero es indudable que no lo es quien no lo posee. Y en cualquier caso, sí podemos afirmar que la risa hace al hombre más humano.

La importancia de la risa y el humor es mayor aún en un mundo como este en el que vivimos, donde parece que cuesta mucho reír. Prueba de ello es que casi no hay estudios sobre la risa y el humor.

La risa

La risa puede definirse simplemente como una demostración de alegría. Pero no es fácil dar una explicación completa de su naturaleza y significado.

No se puede establecer una clasificación completa de las distintas clases de risa: hay risas amables, cordiales, ruidosas, estridentes, nerviosas, mezquinas, sarcásticas, tétricas, dulces, inoportunas, amargas, provocativas, etc. Podría decirse que nadie ríe igual, y que hay tantas formas de reír como maneras de reaccionar tiene cada uno respecto al entorno. Dime cómo ríes y te diré quién eres.

Al hablar de la risa se dice que es la manifestación externa de un sentimiento interno. En general, los rasgos fisonómicos característicos de toda risa puede decirse que están constituidos por líneas oblicuas del rostro que se extienden hacia afuera y hacia arriba, al contrario que en el llanto. Entrando en detalles, se distinguen básicamente cuatro maneras de reír: sonrisa, risa moderada, risa fuerte y risa convulsiva.

En la sonrisa solo se mueven ligeramente algunos músculos de la cara, y hay un brillo en la mirada pero no hay sonido.

En la risa moderada, se intensifican los movimientos de los músculos faciales y hay sonido.

En la risa fuerte entran en funcionamiento el tórax y el diafragma, de forma que los pulmones se comprimen y expulsan el aire con fuerza. Vaciados los pulmones, se produce una aspiración profunda, repitiéndose de nuevo.

En la risa inmoderada o convulsiva, además de todos los movimientos anteriores, intervienen también movimientos del tronco y de las extremidades. Los ojos, incluso, se llenan de lágrimas. La respiración se hace como a sacudidas. Es en estos casos cuando se habla de «troncharse de risa», «desternillarse de risa», «partirse de risa» o incluso de «morirse de risa».

El filósofo renacentista Francisco Suárez (1548-1617) afirmaba que la risa está motivada por una afección interior del alma que produce algún tipo de deleite acompañado de admiración o sorpresa.
Lo inesperado y repentino impresiona más y suscita mayor risa. Los procesos internos que dan lugar a la risa son innumerables y dependen fundamentalmente del estado de conciencia en que se halle una persona. Podemos analizar tres niveles o grados de conciencia diferentes, donde puede gestarse la risa.

la risa mejor con filosofía 3

En el nivel sensorial, se incluyen todas las risas que proceden de impresiones relacionadas con los sentidos, por ejemplo, las cosquillas. Unamuno, en este sentido, se fijaba en el bienestar que proporciona el ejercicio físico. La importancia del ejercicio físico consciente es grande, ya que podemos combatir el mal humor y recuperar las buenas y agradables emociones.

A nivel emocional, determinadas emociones y sentimientos producen risa. Nos referimos a estados de ánimo como la alegría, la euforia, el afecto, etc. Como contraparte, hay estados de ánimo que producen llanto, como por ejemplo la tristeza o la angustia.

En el nivel mental, hay una comprensión intelectual o un entendimiento de algo que es lo que produce la risa. Aquí se diferencian tres aspectos: lo gracioso, lo ridículo y lo cómico.
Lo gracioso es producido por la cualidad estética de los movimientos, de las formas y de las actitudes. Esa gracia o salero, podríamos decir, produce una especie de simpatía que suele expresarse de forma natural en una sonrisa.

(Un grupo de presidiarios llevaban tanto tiempo en la misma cárcel que en lugar de repetir los mismos chistes una y otra vez, los habían numerado y se limitaban a decir el número correspondiente cuando querían contar un chiste determinado. Un día, uno de los presos dijo: ¡nueve!, y todos estallaron en carcajadas. Otro preso replicó: ¡seis!, y toda la galería de celdas retumbó de risas.

Finalmente, un tercer presidiario gritó: ¡cuatro!, pero no ocurrió nada, se hizo un silencio sepulcral. Cuando su compañero de celda, que era recién llegado, le preguntó por qué nadie se había reído, este le respondió: «Para contar chistes hay que tener gracia».)

Lo ridículo es algo más complejo de definir. Aristóteles ( Poética , libro V) dice que lo ridículo supone siempre cierto defecto, deformidad o desproporción que no produce mal. Por ejemplo, ponerse una máscara de feo no causa daño; o un hombre pequeño que se agacha cuando pasa por debajo de una gran puerta, es algo ridículo; también sería causa de risa un hombre que, dando muestras de cobardía, pretendiese ser tenido por valiente. Pero la desproporción o deformidad no debe traer algún mal grave, pues de lo contrario ya no es causa de risa. Por ejemplo, ver caerse a un hombre es causa de risa, pero la risa se detiene o no llega a producirse si notamos que de la caída se produce una lesión grave.

Lo cómico incluye lo ridículo, pero comprende también la ingeniosidad. Dentro de lo cómico se hallan los chistes, los juegos de palabras, las ocurrencias agudas, las anécdotas graciosas, etc.

La risa y el proceso interno que la genera

Esta correspondencia es exacta cuando nos referimos a un hombre sano cuya risa es franca y sincera. Pero esta puede dejar de darse, principalmente por dos causas: por voluntad de alguien que quiere fingir y por causas patológicas. Así tenemos tres tipos de risa: la risa sincera, franca o abierta, la risa fingida o falsa y la risa patológica.

La risa sincera se convierte en un extraordinario medio de expresión de todo tipo de fenómenos internos: amor, benevolencia, celos, admiración, vanidad, cordialidad, etc. Por poco conocimiento que se tenga del corazón humano, se distinguirá perfectamente la risa sincera de la risa maliciosa, la risa forzada de la risa espontánea.

Hasta qué punto es posible simular la risa a voluntad propia lo vemos claramente en el caso de los buenos actores, que pueden dar la sensación de que están rebosando de alegría cuando tal vez su corazón se halla en la tristeza. En general, no es fácil esta simulación, y puede decirse que muchos actores pueden reproducir el fenómeno de la risa porque pueden evocar dentro de sí los sentimientos necesarios para ello. Un tipo de risa fingida sería el llamado «reír del diplomático», o el reír de algunas actitudes sociales más bien hipócritas.

La risa patológica no se produce por voluntad del sujeto, sino por causas patológicas. Aquí se incluyen los casos de determinados maníacos que no dejan de reír, algunos tipos de histerismo o la risa en casos de demencia. También se puede producir la risa mediante determinados productos químicos, como el óxido nitroso, también llamado «gas hilarante» o «gas de la risa», el cual, aspirado por el ser humano, produce explosiones de risa singulares. Asimismo es conocida desde antiguo la propiedad de una hierba de la isla de Cerdeña, llamada sardonia, cuyas hojas, parecidas a las del perejil, contienen un veneno que causa la muerte de una manera tan extraña que la víctima, al expirar, parece echarse a reír. De ahí proviene que se llame risa sardónica a la risa trágica.

Como vemos, la risa también puede llevarnos a algunas reflexiones filosóficas, y es que hasta para reír podemos elegir hacerlo con filosofía.

Publicado en Sociedad
Página 1 de 2
Utilizamos cookies para asegurar que damos la mejor experiencia al usuario en nuestra página web. Al utilizar nuestros servicios, aceptas el uso que hacemos de las cookies.
Más información Aceptar