Junio 2018

Soledad en compañía

Escrito por  Carlos A. Farraces
camino de santiago camino de santiago

He visto en el Camino de Santiago a familias con sus hijos, parejas de enamorados, grupos de peregrinos pequeños y grandes… Por supuesto, también está la modalidad individual, aunque en estos casos lo más usual es que se unan a otros durante un día o varios.

Cuando se viaja en grupo, según mi experiencia, es difícil trabar amistad con otros peregrinos, pues se crea un círculo cerrado y autosuficiente. Durante la etapa se forman parejas, tríos o cuartetos, y los temas de conversación surgen naturalmente. Si el asunto elegido no interesa, se acelera o se frena la marcha, y uno pasa a modalidad « single » hasta unirse a otros del grupo. Y así van pasando las horas…

Un día, el grupo del que formaba parte se separó antes de llegar a Belorado. Los primeros que llegamos al pueblo nos acercamos hasta una tienda. Al llegar el resto, teníamos preparados unos bocadillos. ¿Os podéis imaginar su alegría? Pero faltaba una chica. Se retrasó mucho. Al parecer, había caminado en solitario varias horas. Al verla llegar gritamos su nombre animándola. La sorpresa fue enorme cuando la tuvimos más cerca. ¡Estaba llorando! Preguntamos por su estado físico, pero ese no era el problema… Más tarde averigüé la razón del llanto.
Al principio, cuando se quedó sola, observaba el paisaje, sintió alguna molestia en el calzado y paró. Luego, según me contó, pensó en cosas de los últimos días, e incluso por qué estaba haciendo el Camino. Tras esto, brotaron de su mente ideas e imágenes, pero llegó un instante en que se quedó en blanco. Se sintió sola, muy sola, terriblemente sola…, y se asustó. Por eso lloraba.

En nuestra ocupada vida, a pesar de «no tener tiempo para nada», es necesario encontrar momentos para dialogar con nosotros mismos. La plenitud de nuestra vida es muchas veces aparente, pues se limita a oír y mirar sin escuchar ni ver. Llenamos las horas de rutinas confortables, de opiniones e imágenes prestadas, y no dejamos espacios y momentos para construir nuestro propio mundo interior, aunque sea con imperfecciones y carencias que disipar, sueños por cumplir, temores y dudas por resolver… No es perfecto ni maravilloso, pero es nuestro mundo.
No es agradable encontrarse «vacío», pero es el primer paso para reflexionar un poco y empezar a «llenarse».

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