Febrero 2019

La cabellera de Berenice

Escrito por  Sony Grau Carbonell
La cabellera de Berenice La cabellera de Berenice

¿Quién era Berenice II? Fue una princesa hija del rey Magas de Cirene, nacida en el 269 a. C. y consorte de Ptolomeo III Evergetes, de la dinastía ptolemaica del antiguo Egipto. Con este matrimonio de Estado se unieron los dos reinos. Ella fue la primera que tuvo acuñadas monedas con su efigie.

Berenice estaba muy enamorada de su esposo, con el que tuvo seis hijos. Al tener que acudir a Siria para luchar contra el rey Seleuco II, en venganza por el asesinato de su hermana y su sobrino, heredero de esta región, Berenice se acercó desesperada ante el altar de Venus para pedirle protección para su esposo y que este volviese sano y salvo. Como siempre que se pide algo a la Divinidad hay que ofrecer un sacrificio, algo querido por uno, Berenice ofreció cortar su hermosa cabellera y ponerla en el altar de la diosa.

El rey vuelve victorioso y Berenice cumple su promesa.

Y se dice, se rumorea, que el sacerdote del templo de Seraphis se indignó por que la reina hiciese una ofrenda a la divinidad extranjera… y retiró la cabellera del altar. Esto provocó un gran descontento de la pareja real, pero la sabia intervención del sacerdote astrónomo Conon de Samos tuvo la inteligencia de anunciar que una nueva constelación había aparecido en el cielo, seguramente llevada por la diosa benefactora agradecida por la ofrenda. Desde entonces, este grupo de estrellas tomó el nombre de «Cabellera de Berenice», que se puede observar al norte de Virgo y este de Leo.

Esta leyenda histórica fue conocida por un poema de Calímaco de Cirene, del que se hallaron veinte versos en un papiro egipcio:

Estaba yo recién cortada y mis hermanas me lloraban cuando, con un rápido batir de alas, el dulce soplo del céfiro me lleva a través de las nubes del éter y me deposita en el venerable seno de la divina noche Cipris. Y a fin de que yo, la hermosa melena de Berenice, apareciese fija en el cielo brillando para los humanos en medio de innumerables astros, Cipris me colocó, como nueve estrellas, en el antiguo coro de los astros.

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