Sábado, 01 Diciembre 2018 00:00

Osiris, señor de Egipto

El antiguo Egipto era llamado con diversos nombres por sus habitantes, siendo uno de ellos el de Ta Meri, «La tierra amada»: una civilización milenaria que fue la más avanzada de su tiempo y cuyos logros, en campos como el de la arquitectura, política o derechos de la mujer, por citar algunos, aún no han sido igualados por la mayoría de los países de nuestro s. XXI.

Egipto ES Osiris, Osiris ES Egipto.

Osiris, dios nacional de Ta Meri

El origen de las civilizaciones es Dios y no la economía.

Este «milagro» que dio nacimiento a Ta Meri, los propios sacerdotes y regentes del país lo atribuían al dios Osiris, el dios nacional del antiguo Egipto.

En todas las civilizaciones hay una deidad que es su impulsora y protectora. Los seres humanos, a través de esas «raíces mágicas», pueden conectarse con el mundo celeste y descubrir su destino aquí, en la tierra. Es la historia sagrada la que dará el carácter e identidad a cada pueblo; por eso todos los pueblos han bendecido sus alimentos antes de comer.

Osiris, el Gran Dios Desconocido

En su aspecto más misterioso y secreto se lo relaciona con el Dios Desconocido del cual proviene todo. Aparece entonces como la luz misma. Todos los demás dioses y diosas serían formas de expresión suyas, la luz en sus aspectos masculinos y femeninos, yang y yin, activo y receptivo.

Osiris es TODO a la vez: Dios del Universo y el dios interior en cada ser humano y en cada criatura.

Osiris Señor de Egipto 2

Osiris, el Nacido por Sí mismo, el Primer Dios, se relaciona con la fuerza de la voluntad y la vivencia de lo real y trascendente, con el triunfo de la luz o del espíritu sobre la materia, de nuestra alma inmortal sobre nuestros apetitos y deseos animales.

Osiris, el Sol y Sirio (el Nilo terrestre y el Nilo celeste)

Los sacerdotes egipcios tenían una concepción del tiempo, y por lo tanto de la vida, que integraba las necesidades materiales, las morales y la espiritual o realización plena como seres humanos. Esto se reflejaba en A) el Nilo terrestre y las cosechas; B) el viaje del sol por la bóveda celeste y su renacer cada mañana; y C) el viaje final por el Nilo celeste o iniciación.

A) En el pensamiento egipcio el río Nilo, que corre de sur a norte, representa la vida material con sus tres estaciones, cada una de cuatro meses: inundación o crecida de las aguas del Nilo, la tierra se fertiliza con el limo rojo que arrastra desde el centro de África; siembra o retirada de las aguas, se plantan las semillas en la tierra fértil; y recogida de la cosecha y posterior sequía.

B) El ciclo de la vida moral se asocia al viaje del sol, de este a oeste, para renacer cada día como una persona mejor. El día y la noche se dividían cada uno en doce horas, que no son las nuestras de sesenta minutos.

C) Y a su vez el Nilo terrestre era el reflejo del Nilo celeste, el gran viaje evolutivo del ser humano y del universo, reflejado en la Vía Láctea con su sol central en la estrella Sothis, Sirio. Dicha estrella es quien realmente establecía el ciclo zodiacal religioso de 1460 años solares.

Osiris es la Fuerza que impulsó todo.

El Sol es la parte visible de Osiris.

¿Cómo se conectan estos tres factores espacio-tiempo?

Dice Fernando Schwarz, antropólogo y especialista en el Egipto antiguo: « Sirio, durante 70 días desaparece, y entre el 15 y el 18 de julio vuelve a aparecer anunciando la salida del Sol. Hay un momento en que el Sol y Sirio se juntan y hacen nacer la crecida del Nilo, y para los egipcios, el inicio del año; porque el año es la relación entre Sirio y el Sol; por lo tanto, la fecha teórica del nacimiento de los tiempos es esa, el primer d ía del mes de Toth ».

Osiris, reflejo de la tierra de Ta Meri

Destrozado su cuerpo por su hermano Set, sus trozos serán repartidos por el Alto y el Bajo Egipto.

Osiris Señor de Egipto 4

Los fragmentos del cuerpo de Osiris son el propio país de Egipto y el camino de la sabiduría.

La reunificación de cada parte del cuerpo del dios es un reflejo de: a) el trabajo del faraón y de cada egipcio para mantener la unidad del país, respetando las sanas diferencias entre las partes; b) el proceso de reunificación de uno mismo, evitando la dispersión de la conciencia por el tumulto de las pasiones y egoísmos; c) la geografía sagrada de Egipto; y d) el camino de la sabiduría o iniciación, pues cada lugar es un centro mágico y ceremonial.

Estos lugares son:

ALTO EGIPTO

BAJO EGIPTO

Elefantina

Los pies

Letópolis

El cetro del triple nacimiento

Edfu

El pecho

Nomo 3

Los muslos

Nekhen

Nuca y mandíbula

Busiris

La columna vertebral

Tebas

El cetro del poder

Athribis

El corazón

Dandara

Las piernas

Nomo 11

Los dedos

Abydos

La cabeza

Heliópolis

Su sarcófago

Ipu

Las orejas

Isla de Amón

Los puños

Payet

Los ojos

Bubastis

Su mortaja

Heracleópolis

Los brazos

 

Cocodrilópolis

La sangre

Osiris, el primer faraón

Una vez creados el cielo y la tierra, Osiris fue el primer gobernante de la Humanidad junto a su hermana y esposa Isis, la primera reina. De él procede la primera dinastía de dioses que gobernó por miles de años, hasta que fue asesinado por su hermano Set.

Nacido Horus y recompuesto Osiris, la realeza pasará a Horus, fundador de la segunda dinastía divina. Después de Horus vendrán las dinastías de faraones, las dinastías humanas.

Osiris fue el primero que gobernó, cuando dioses y hombres convivían y no se conocía la guerra.

El faraón se dice hijo de Horus, que es quien alienta e impulsa el Ka o espíritu de la realeza. Se dice hijo de Horus, y no de Osiris, pero su modelo es Osiris, el ideal del buen gobernante.

La osirificación o despertar del Osiris interior

Helena P. Blavatsky, la gran simbolista del s. XIX, dice que Osiris aparece como cuatro aspectos, que también se relacionan con el propio ser humano. Estos son:

Osiris-Ptah como Luz o Ra

Espíritu, Ego superior, Yo Divino

Osiris-Horus

Mente inferior o mente concreta. El yo personal egoísta

Osiris-Lunus

Emociones superiores o mundo lunar. Sentimientos elevados

Osiris-Tifón

Emociones inferiores o mundo material o físico. Pasiones inferiores e instintos

Dice Blavatsky: « De los numerosos dioses supremos, este concepto egipcio (Osiris) es el más grande y el más significativo, por cuanto abarca todo el campo del pensamiento físico y metafísico. (…) Así el dios está fundido en el hombre, y el hombre es deificado o convertido en un dios ».

Este sería el proceso de la osirificación. ¡Convertirse en un Osiris!

Si el sol, Ra, es quien viaja por el día por la piel de la diosa del cielo, Nut, nuestro cielo, durante la noche Ra hace el viaje de retorno por el interior de Nut, por el Mundo de la Duat, donde reina Osiris, para renacer en cada amanecer.

Ra, el sol, rige el día y lo visible.

Osiris gobierna la muerte y lo invisible y permite la renovación.

A la muerte del faraón, o de cualquier egipcio, antes de embalsamarlo se esperaba al menos setenta días, repitiendo el ciclo de la desaparición de Sirio antes de la crecida del Nilo. Transcurrido ese tiempo se iniciaban los rituales de momificación u «osirificación».

Se puede uno convertir en Osiris tras la muerte o en vida, esto último reservado solo para los pocos que vencen sus pasiones, porque Osiris es la imagen del bien y del esfuerzo para vencer el mal y vencerse a uno mismo.

Su ejemplo levantó una civilización que aún nos asombra. ¿Será porque hay algo de Osiris en cada persona?

Bibliografía

Blavatsky, Helena Petrovna. Glosario Teosófico. Editorial Kier.

Blavatsky, Helena Petrovna. Doctrina Secreta, tomos 2, 3 y 4. Editorial Kier, 1987.

Cristian Jacq. Los misterios de Osiris, cuarto tomo: El gran secreto. Editorial Planeta, 2005.

Schwarz, Fernando. Geografía sagrada de Egipto. Editorial Longseller, 2008.

Schwarz, Fernando. Egipto revelado. Editorial Kier, 2005.

Plutarco. Los misterios de Isis y Osiris. Editorial Glosa, 1976.

Livraga Rizzi, Jorge Ángel. Tebas. Editorial NA, 1986.

Osiris ante la Montaña de Occidente donde está la Duat

Sarcófago con el Árbol de Osiris como resurrección del alma.

 

Publicado en Mitologías

En el año 35 de Amenofis III, siglo XIV a. C., la gran esposa real Tiyi dio a luz al último de sus vástagos, Tutanjatón. Un nombre de la herejía atoniana. Poderosa es la vida de Atón, significa. Luego, Tutankamón, cambio de dios. Y desde el día de su consagración, Neb Jeperu Ra: El Señor de las Transformaciones es Ra.

Tebas estaba en su apogeo, y Ajet Atón, la ciudad herética, era su joya. Todo florecía: las artes, las letras, la moda.

El faraón vive en Malgatta, un barrio real. Y su salud no es muy buena. Cuando en el año 36 el rey aliado Tushratta le envía en matrimonio a su hija Taduhipa, Amenofis está ya muy debilitado. No habrá más príncipes.

Tutankatón va a la escuela desde los cuatro años, como todos los niños de la corte. Hay que aprender la escritura hierática y luego la jeroglífica. Eso, por la mañana. Por la tarde toca educación física: lucha, arco, natación. El príncipe es feliz corriendo con sus perros, pero también jugando al senet con sus compañeros.

La reina Tiyi es una gran política, aunque sea en la sombra. Y ha urgido a la Señora de Egipto para que se sitúe cerca del corregente, porque Amenofis III se muere, hace ya tiempo que se desinteresa por lo que le rodea. Y los sumos sacerdotes de Karnak toman cada vez más poder. Y la situación de Asia es preocupante, y de los aliados de Egipto nadie hace ya cuenta, sus cartas no se responden. Los habiru palestinos y los hititas van penetrando cada vez más en el territorio, y las provincias sirias se van independizando. Es necesario que el rey hereje empiece a tomar cartas en el asunto.

Amenofis muere, y Ajnatón ocupa el trono. Con él, Nefertiti, La belleza ha llegado. Pero su autoridad es discutida. Y en Tebas, Tutankatón tiene partidarios. Ajnatón manda desfigurar las imágenes de los dioses y borrar sus nombres, algo que cae francamente mal, y es traicionado en diversos lugares.

Y, misteriosamente, Nefertiti deja de ser parte de la pareja real. O fue abandonada, repudiada, o se separó ella, consciente de que la dinastía estaba siendo aniquilada. Se vuelve hacia Tutanjatón como única esperanza de un renacer. El trono de Egipto puede ser salvado por el último hijo de Amenofis III, que es todavía un niño, y con él los sacerdotes de Amón pueden recobrar el poder. A su lado, el Padre Divino Ay y la Nodriza Real Ti.

NEB JEPERU RA 1

Tutanjatón tiene nueve años. Le casan con su prima Anjsenpaaton. Y sube al trono de Egipto. Es consagrado en el templo de Karnak. Y con él vuelve la supremacía de Amón. Ahora pacta los dos cetros ceremoniales de Osiris, el heka o cayado del sur y el nejej o látigo del norte: lo que atrae y lo que castiga.

Tanta ceremonia inacabable, tanta solemnidad, tantas coronas sobre su cabeza, tantos altos funcionarios… Solo tiene nueve años. Siempre pensamos en un faraón, no en un niño. Está, seguro, asustado y confuso. Sobre todo confuso: hace poco, todo era Atón. Ahora todo es Amón… es un dios vivo…y tiene esposa…

Le dicen que tiene que reconstruir y volver a la vida los templos abandonados. Reponer las estatuas rotas de los dioses. Rehacer las barcas sagradas. Refundar los santuarios. Él no sabe de eso, pero tiene una gran ayuda: Horemheb. Y los sacerdotes de Amón. No obstante, Atón no es suprimido, sino «rebajado» de su poder. Caben todos. Y su esposa, la pequeña Anjsenpaaton, ahora se llama Anjsenamón.

El pequeño rey, con quince años, empieza a interesarse por la política. Su madre Tiyi, extraordinariamente culta, le ha enseñado, en su enorme biblioteca, a estudiar las tácticas para dividir a sus adversarios y utilizar las alianzas, y lo lleva a efecto con los babilonios y los asirios. De ello tenemos evidencias por cartas de Burraburiash de Babilonia.

Tutankamón empieza a ser un verdadero faraón, cargo que va a ejercer por muy poco tiempo. Porque muere cuando tenía entre dieciocho y veinte años, según se desprende del análisis de su momia. Lo que no sabemos es si muere por enfermedad, accidente… o asesinato. Pero como sus dos hermanos también murieron jóvenes, es posible que fuese fragilidad familiar.

Sí sabemos que murió en enero, porque hacen falta dos meses para la momificación, y las flores de su tumba maduran en marzo y abril. Así que muere en enero o febrero.

Su nombre figura en las fundaciones de Karnak y Luxor, y en dos templos de Nubia. Pero ¿se habrá preparado ya su tumba? ¿No era demasiado joven para ello? Quizá sí. Si no él, quizá su camarilla había escogido el emplazamiento en el Valle de los Reyes. Quizá Maya, intendente del Tesoro, había empezado a preparar lo que debía acompañar al rey.

Rey que muere sin hijos. Por tanto, quien va a ocuparse de todo será el general Najtmin, junto con Ay, el Padre Divino. Porque es su nombre, Najtmin, el que aparece como «el servidor que hace revivir el nombre de su señor».

Egipto guarda riguroso luto. Absoluto duelo. Los talleres de los artesanos trabajan aceleradamente, y se llevan muebles del palacio, los objetos de su niñez y algunos elementos de la tumba de Smenjara.

NEB JEPERU RA 2

El ritual de embalsamamiento y sepultura se han cumplido. El luto ha terminado. Empiezan los banquetes fúnebres. Los elementos rituales están guardados en un rincón de la tumba: vajillas, telas. El rey va camino de la eternidad.

Y mientras, ¿qué ocurre en Egipto? Su muy joven viuda, Anjsenamón, La vida está en Amón, necesita un rey a su lado. Van camino de él Ay y Horemheb, pero ella tiene otra idea. Y, algo nunca visto, se dirige a Shuppiluliuma de los hititas para pedirle «uno de sus hijos» y ella le hará rey. Porque ella no desea tomar por marido «a un servidor», y este solo puede ser Horemheb. Que se entera de la trama, y decide abortarla: sale al encuentro del prometido príncipe, Zannanza, y lo asesina.

La reina se ve obligada a aceptar a un corregente. Y escoge a su abuelo, Ay. Se dice que se casaron. Nada se sabe cierto. Solo que Ay permanece cuatro años en el trono. Después, Anjsenamón se desvanece en la historia.

Ay, el Padre Divino, muere, es muy anciano. Y el camino del trono está libre para el general Horemheb. Su sueño se ha realizado. Se casa con Mutnedjemet, hija de Ay y de Ti. Y se aplica a la tarea de picar los nombres de sus dos predecesores. Ahora es su nombre. La ciudad de Ajet Atón es arrasada.

También construye. Por supuesto. Pero Tutankamón es prácticamente borrado de la historia.

Una historia que Carnarvon y Carter sacaron de nuevo a la luz.

Gracias.

 

Publicado en Historia
Sábado, 01 Diciembre 2018 00:00

Misterios de las pirámides egipcias

Vamos a abordar el misterio de las pirámides egipcias sobre el que constantemente se están añadiendo nuevos descubrimientos, y que originan diferencias de conclusiones y de argumentaciones. Cuando nos enfrentamos a cualquier tipo de misterios, conviene hacerlo sobre la base de las siguientes preguntas: ¿qué?, ¿cuándo?, ¿cómo?, ¿quién? y ¿dónde?

Hace unos años se publicó una especie de best seller, algo así como el código da vinci de los años 70, que revolucionó a todo el mundo, titulado Recuerdos del futuro y que popularizó una teoría que consistía en la idea de que visitantes extraterrestres nos habían ayudado en épocas remotas. El autor, Erich Von Däniken, lo argumentaba con la creación de las líneas de Nazca, los moáis de la Isla de Pascua o las pirámides de Egipto, y hacía un cóctel que fue aceptado popularmente, aunque no tenía solidez científica.

¿Por qué un libro como este arrasa de esa forma? La respuesta la encontramos en las características de una época en la que aparecieron muchas inquietudes y se buscaban respuestas. Por esto, hay que atribuirle al autor el mérito de imprimir en la cultura popular un tema que, aunque nos parezca absurdo, despierte el interés por el misterio y nos preguntemos el porqué de algunos hechos asombrosos.

Más allá de la influencia popular, al cuestionar la interpretación que se había hecho de la historia, cuando se atribuía a los extraterrestres las dimensiones gigantescas de la gran pirámide, sus formas perfectas, su armonía, la dificultad tecnológica de la construcción, los científicos se vieron obligados a tener que enfrentarse, contestar y argumentar las respuestas a dichos interrogantes.

Misterios de las piramides 3

En aquella época, la imagen que se tenía de los egipcios estaba basada en la idea de unos faraones tiranos, obsesionados por sus tumbas y sus tesoros, y esclavos famélicos arrastrando piedras por la arena del desierto, lo que es difícil de imaginar. Es decir, que las imágenes difundidas por la creencia popular, consistían en que la construcción de las pirámides eran obras de la tiranía y del abuso de unos pocos sobre el pueblo.

Entonces, ¿qué son las pirámides? ¿Para qué y por qué se construyeron?

Se ha corroborado, en investigaciones tan modernas como la que realiza el famoso egiptólogo Zahi Hawass, director del Consejo Supremo de Antigüedades, que, más allá de la imagen que tenemos, podemos hablar de un gran proyecto social del que participaba todo el mundo.

Se ha demostrado que no eran esclavos los que construyeron las pirámides. En la ciudad de los constructores de las pirámides, han aparecido las tumbas de los artesanos. Se ha verificado que era personal altamente cualificado y muy bien considerado, a lo que se añade la idea de que, en este proyecto nacional, participaban todos.

También defiende la idea de que, a través de la construcción de las pirámides, el faraón hacía partícipe a todo el pueblo de su majestad y de su grandeza, era una especie de orgullo patriótico. Como conclusión, se piensa que los obreros no estaban obligados por la esclavitud, que jamás existió en Egipto, sino por la devoción religiosa hacia la institución faraónica, a la que consideraban puente entre el mundo celeste y el terrestre, siendo uno el reflejo del otro.

La institución faraónica, no olvidemos, se mantuvo incólume con los mismos principios a lo largo de más de 3000 años de antigüedad, y por ese mantenimiento en el tiempo tenemos que interpretar que tuvo una estructura sólida en sus fundamentos. La participación en una gran obra nacional era algo que construía también la propia sociedad egipcia, hasta tal punto que Zahi Hawass afirma que Egipto construyó las pirámides, pero, de alguna manera, las pirámides también construyeron Egipto.

Esta participación en una gran obra común invitaba a esa grandeza, a esa solemnidad. Hay que imaginar lo que debía de suponer una construcción de estas características. Estamos hablando de una antigüedad de unos 5000 años, según las versiones aceptadas académicamente, en los que, prácticamente en el resto del mundo se vive en la barbarie, es decir, donde unas pocas tribus agrícolas y pastoriles se empiezan a organizar, creando los primeros grupos urbanos cerca del Tigris y el Éufrates.

Hay que imaginar la sensación que debería de evocar en los peregrinos una civilización colosal como la de Egipto.

Según el escritor Christian Jacq, respecto a las pirámides, más que de tumbas, tenemos que hablar de máquinas de resurrección, donde se construye un puente entre lo sagrado y lo profano.

Yo me acuerdo de la película 2001 Odisea en el espacio, la escena famosa en la que están los primates, como los primeros homínidos, en un paisaje desértico, intentando buscar alimentos, aparearse y luchar unos con otros. Imaginemos, en ese entorno, el monolito acogedor, cómo esa estructura rompe con cualquier cosa con lo que están acostumbrados.

Imaginemos ver en la lejanía, en mitad del desierto, lo que tuvo que ser originalmente la gran pirámide, en medio de la nada, con sus caras perfectamente pulidas brillando al sol, con su piramidón de oro, en esa extensión del desierto inhóspito... Ahora la vemos de piedra y todavía nos sobrecoge.

El hecho de que se usase como una tumba no está demostrado porque nunca se encontró un cadáver. Pero podemos imaginar que trasciende la utilidad de un simple sepulcro. Imaginemos a los arqueólogos del futuro si excavasen las ruinas de una catedral gótica del s. XXII y pensasen que fue un cementerio, un mausoleo, porque está lleno de tumbas. En el subsuelo hay cadáveres. ¿Se ha utilizado como cementerio? Sí… ¿Son cementerios? No… Lo mismo tuvo que pasar con las pirámides.

Misterios de las piramides 1

¿Qué son las pirámides?

Yo me quedo con la idea de la máquina de resurrección que describe Christian Jacq, que pone en comunicación al espíritu humano con lo sagrado. Los egipcios, que eran un pueblo superalegre, extraordinariamente activo, que amaban la vida por encima de todas las cosas, nunca adoraron la muerte. En todo caso, adoraron la eternidad, que es una idea muy diferente.

¿Cuándo se construyeron las pirámides?

Aquí hay para todos los gustos. Realmente es muy difícil demostrar la antigüedad de una pirámide. Solo hay una estela que indique que una pirámide pertenece al faraón Zoser.

No seamos soberbios y digamos realmente la verdad. No sabemos por qué se construyeron o por qué tienen tres cámaras: una cámara del rey, otra de la reina y otra subterránea.

Los guías, en los viajes turísticos en Egipto, explican que el faraón pide construir una cámara subterránea, y cuando está terminada, no le gusta y demanda que se construya otra. Démonos cuenta de la escena: «Ha quedado un poco pequeña, así que la vamos a hacer de nuevo». Realmente, ¿qué sabemos de las pirámides?

Nadie ha sido capaz de determinar con precisión la antigüedad de la Esfinge de la meseta de Giza, ya que no existen escritos que la mencionen, siendo uno de los monumentos más misteriosos y enigmáticos de la superficie del planeta, que ha desconcertado a los investigadores desde su descubrimiento hasta nuestros días.

Sin embargo, dos investigadores han propuesto una nueva y provocativa teoría basada en la erosión de las rocas, respaldada por la ciencia, y que afirma que la Gran Esfinge tiene una antigüedad de alrededor de 800.000 años.

Sus autores son los científicos Manichev Vjacheslav I. (Instituto de Geoquímica Ambiental de la Academia Nacional de Ciencias de Ucrania) y Alexander G. Parkhomenko (Instituto de Geografía de la Academia Nacional de Ciencias de Ucrania), y afirman:

« El problema de la datación de la Gran Esfinge de Egipto sigue sin resolverse, a pesar de que hace mucho tiempo que se investiga. A diferencia de otros métodos de investigación científico-naturales, el enfoque geológico permite responder a esa pregunta. La inspección ocular de la Esfinge llevó a determinar la importancia del papel que desempeñaron grandes masas de agua, que inundaron parcialmente el monumento, y le dejaron marcas en forma de onda en las paredes verticales.

La morfología de estas formaciones es parecida a la creada por la erosión marina, como se puede observar en las zonas costeras. El parecido genético de las formas de erosión y la estructura geológica y composición petrográfica de los complejos de rocas sedimentarias, llevan a la conclusión de que el factor decisivo en la destrucción del monumento histórico, es, sobre todo, la energía de empuje de las olas, y no la abrasión de la arena de los procesos eólicos. Los numerosos estudios geológicos realizados confirman la existencia de lagos de agua dulce, que se distribuyeron a lo largo de los territorios adyacentes al Nilo, en diferentes largos períodos de tiempo, que van del Pleistoceno Inferior al Holoceno. La clara marca de una gran cavidad realizada por la erosión en la parte superior de la Esfinge corresponde al nivel de la superficie del agua existente en el Pleistoceno Inferior. La Gran Esfinge egipcia ya se hallaba en la meseta de Giza en ese período geológico de la historia » .

Como podemos observar, este descubrimiento descarta la historia tal como la conocemos.

¿Cómo se construyeron las pirámides?

Nos han enseñado que remolcaban las piedras con troncos de palmera. Sin embargo, con los conocimientos que se van adquiriendo, creer en la posibilidad de que se arrastraran piedras que pesaban desde media tonelada hasta más de cien y, además, fueran transportadas algunas de ellas desde una gran distancia no parece posible.

Evidentemente, de alguna manera las tuvieron que construir. Pensemos que harían falta dos millones de bloques de piedra. La gran mayoría son de piedra caliza y, aunque se piensa que son de la misma meseta de Giza, en este tema también encontramos controversia porque la piedra caliza de la zona no se corresponde a la utilizada en la pirámide.

Aunque el tamaño medio fueran dos toneladas, según lo que nos cuenta Herodoto, podríamos decir que el primer periodista, la gran pirámide se construyó durante los veinte años del reinado de Keops. Veinte años, a razón de dos millones y medio de piedras, trabajando una media de doce horas diarias durante los 365 días del año (aunque parece bastante demostrado que no se trabajaba todo el año, sino en épocas estacionales solamente), viene a ser algo así como tallar, arrastrar y colocar perfectamente ajustadas milimétricamente piedras cada dos minutos. Ni Astérix lanzando las piedras por el aire, como en el cómic… Por muchos miles de operarios que actuaran resulta difícil concebirlo.

Imaginemos todo lo que implica subirlas a ciento cincuenta metros de altura. Si utilizaban rampas, serían obras tan colosales como la misma pirámide, dejando de lado la perfección para hacer los túneles de ventilación de decenas de metros, formando una línea tan recta que la puede atravesar un rayo láser. En el papel es muy fácil trazar una línea recta con una regla, pero imaginemos colocar bloques de piedra y entre ellos un conducto totalmente recto. Los conocimientos técnicos son totalmente modernos.

egggg

Se necesitó encontrar un lugar que soportara millones de toneladas de piedra y alisar el terreno. La plataforma sobre la que se construyó está perfectamente alineada. Entre una esquina y otra hay una variación de un centímetro.

Realmente, no sabemos cómo se construyeron las pirámides. Si las tuviésemos que hacer ahora, no podríamos. No hablemos de 20.000 operarios trabajando, imaginemos la infraestructura logística simplemente para abastecer de agua a los trabajadores en pleno verano. Evidentemente, esclavos no eran. Imaginemos a 20.000 esclavos en huelga. Dando latigazos a tal cantidad de personas, haría falta un ejército.

¿Quién construyó las pirámides?

Decimos que las construyeron los egipcios porque es la civilización que se encuentra en ese lugar, pero nadie nos prohíbe imaginar lo que sería otra hipótesis o especulación. Si aceptamos la posibilidad de la existencia de una civilización anterior, como la Atlántida, podríamos valorar esa teoría sin aceptarla ni despreciarla.

La leyenda de la Atlántida la conocemos por Platón. Él explica que Solón, en su viaje por Egipto, preguntó a los sacerdotes, y, al referirse a su antigua civilización, los egipcios le responden: «Los griegos sois unos niños, pues nosotros tenemos archivadas historias de más de 11.000 años de antigüedad».

¿Dónde se construyeron las pirámides?

Las pirámides las localizamos en todo el mundo: desde las Islas Canarias hasta Japón. Incluso se han encontrado sumergidas en el fondo del mar. Se investigarán cuando haya dinero, pero teniendo en cuenta los intereses y el temor de tener que remover lo que está aceptado, ampliar las miras y concebir otras posibilidades, esto limita la capacidad de investigar.

En relación con la teoría de la evolución, esta ha sido aceptada porque la hemos escuchado repetidas veces, y hasta el día de hoy sigue siendo una teoría. Si no fuese así, estaríamos hablando de la ley de la evolución. No ha sido demostrado nunca, por lo que podría no ser cierta.

Quizás podríamos llegar a algunas conclusiones que no estén condicionadas por intereses y descubrir algunas respuestas. Como filósofos, deberíamos ser eclécticos, comparar, reflexionar y extraer aquello con lo que nos sintamos identificado de cabeza y de corazón.

Lo verdaderamente importante es que no dejemos de hacernos preguntas, aquellas que nos hacen evolucionar y desarrollarnos como seres humanos. Esforcémonos en la búsqueda de las respuestas sobre el sentido de la vida. Preguntémonos: ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos? y ¿para qué hemos nacido?

Y siguiendo las palabras de Sócrates, reconozcamos que « Lo único que sé a ciencia cierta es que no sé nada».

 

Publicado en Historia
Sábado, 01 Diciembre 2018 00:00

La llave de la Vida

Caminando por la playa

me paré para pensar…

¿se manifiesta el destino

sobre las ondas del mar?

Un enorme sol radiante

se divisa más allá

y ante mis ojos dibuja

todo un símbolo: el Ankh..(*)

¿Qué preciso despertar

para entender su lenguaje?

¿No habré solo de callar

para mejor apreciar

la plenitud del mensaje?

El entorno se me antoja

–lo temprano de la hora–

un gran templo, con su luz.

Puedo vestirme de azul

y volar hacia la cima.

 Puedo sentir con la brisa

una gran serenidad.

¿Es la Llave de la Vida

lo que me vine a encontrar?

Publicado en Rincón de poesía
Sábado, 01 Diciembre 2018 00:00

La creación

Se cuenta que NUN era agua, era el dios de las tinieblas, era el principio de todo… pero dormía, solo dormía.

Cuando por fin NUN despertó, solo encontró aburrimiento, a su alrededor era él todo lo que veía. Ni animales, ni plantas, ni hombres… ni siquiera dioses. Entonces, reconociendo en sí mismo el poder inmenso de crear, decidió ponerse manos a la obra y comenzar con la creación del universo.

Como era agua, comenzó creando tierra, hizo surgir de sí una gran isla de tierra limosa. Era Egipto, y pensó que al haber nacido Egipto del agua, debía ser esta quien le diera la vida. Fue entonces cuando creó el río divino, el Nilo.

NUN continuó creando… el cielo, el aire, plantas, animales y dioses, pero algo faltaba, no había una oscuridad absoluta, pero tampoco había luz.

Un día, de un loto que flotaba en el Nilo surgió luz. La flor se resistía a abrirse y cuando ya no pudo aguantar más, de su interior nació RA, el sol, dando al mundo lo que le faltaba, esa luz con la que apreciar los colores, la belleza de la creación y, por supuesto, el tiempo, ya que RA volvía al interior del cáliz de la flor del loto a descansar mientras duraba la noche. RA se convirtió en el dios más poderoso, el amo del mundo y también el más envidiado...

Leyenda Egipcia

Publicado en Cuentos con sabiduría
Sábado, 01 Diciembre 2018 00:00

Citas célebres

En Egipto se llamaban las bibliotecas el tesoro de los remedios del alma. En efecto, curábase en ellas de la ignorancia, la más peligrosa de las enfermedades y el origen de todas las demás.

Jacques Benigne Bossuet

Sigue tu corazón durante el tiempo de tu existencia, no cometas excesos en relación con lo prescrito y no abrevies el tiempo de seguir al corazón. Desperdiciar el momento en que el corazón desea actuar sería la abominación del ka.

Ptahotep

Si sufres injusticias consuélate, porque la verdadera desgracia es cometerlas.

Pitágoras de Samos

He sido puesto en la balanza. He salido de ella examinado, intacto, salvado. Yo iba y venía, con las mismas cualidades en mi corazón. No he dicho mentiras contra nadie, pues conocía al Dios que está en el hombre, estaba perfectamente instruido y sabía distinguir esto de aquello. He cumplido con todas las cosas con arreglo a las palabras.

Libro de los Muertos , o Libro para salir a la luz del día

Publicado en Citas célebres
Sábado, 01 Diciembre 2018 00:00

Mujer egipcia y sus joyas simbólicas

Cuando el historiador observa la omnipotencia del faraón en el antiguo Egipto, tiende a creer, con la mentalidad actual de clichés preconcebidos y películas infantiloides, que la sociedad, o sea, el pueblo llano egipcio, tenía un bajo nivel cultural, sufría opresión y esclavitud bajo el dominio de la corte y los sacerdotes. Parece que la realidad era otra.

También en el asunto femenino se supone, generalmente, que la mujer era un mero ser procreador y sumisa esposa que no pintaba nada. Esto se debe a que, en comparación con los siglos posteriores y las muy pocas etapas de la historia en donde la mujer ha sido reconocida jurídicamente independiente, por lógica simplista, se supone que cuanto más atrás en la evolución lineal de esta teoría, menos derechos tuvo la mujer y los súbditos de este Egipto faraónico, olvidando torpemente que la historia ha tenido, tiene y tendrá ciclos positivos y negativos en espiral, según los acontecimientos y acciones humanas.

Hemos de reparar estas opiniones con un pequeño esfuerzo y buena voluntad. En especial en lo concerniente a la mujer egipcia.

La mujer egipcia ocupaba un lugar en la sociedad con igualdad de derechos que el hombre, pues, para sus creencias religiosas, ella representaba a la diosa Isis en la vida cotidiana, diosa del amor al mismo tiempo que esposa y madre. Por ello se enseñaba al joven varón que respetase y amase a la esposa. En lo jurídico, ella, ya casada, tenía independencia económica, pues se heredaba por vía materna sin distinción entre mujeres y hombres. A los hijos se les aconseja que cuiden de la madre y la lleven todo lo posible «como ella te llevó a ti y tus pesares durante mucho tiempo» (Ani). También se aconseja dejarle a ella el cuidado de los objetos de la casa, los afeites y los adornos y joyas… A la esposa se le llamaba «dama de la casa», como alma del hogar y su firme columna. Se casaban muy jóvenes.

No se ha llegado a descubrir una ley estricta sobre el matrimonio en Egipto. Dejando al margen los casos especiales, los matrimonios de la corte, se sabe que el matrimonio era un contrato privado entre dos jóvenes; ellos se casaban a la edad de quince o dieciséis años, y las mujeres a la de doce o trece. En el contrato se especificaba muy claro el «Año de Comida», es decir, el año que se daban ellos mismos de prueba; si transcurrido este, la joven pareja no congeniaba en su convivencia, el matrimonio, sin más trámite, podía disolverse.

La mujer egipcia, como todas las mujeres de todas las épocas, gustaba de los adornos típicamente femeninos: cremas, perfumes, lazos, vestidos de finísimo y blanco lino ajustado a su cuerpo y joyas de más o menos valor, de más o menos materiales preciosos. Todo ello estaba sujeto al poder adquisitivo de la dama de la casa. Por ello, lo que nos ha legado la arqueología han sido los objetos valiosos que adornaron a las mujeres importantes de la corte y realeza gracias a la permanencia de los materiales utilizados: oro, diorita, granate, amatista, turquesa, esmeralda… Todos ellos principalmente ubicados en la parte oriental del desierto, excepto la plata, que era muy escasa al no tener yacimientos cercanos.

Los orfebres fueron grandes maestros trabajando el oro, con hilos finísimos trenzados en cadena para celdilla en donde incrustaban gemas, y también en moluscos como las conchitas de «cauris» del Mar Rojo. Lo más antiguo que se ha descubierto hasta ahora proviene de la zona de Saqqara, lugar de la famosa pirámide.

En la necrópolis de Dashur, el arqueólogo francés J. Morgan encontró, a finales del siglo XIX, siete ajuares de mujeres de la casa real del Imperio medio: tobilleras de oro y amatista reconocidas como tales por las pinturas que las representan. También, cinturones de fertilidad que se ponían las jóvenes mujeres bajo el ropaje, brazaletes y anillos con distintas representaciones.

LA MUJER EGIPCIA Y SUS JOYAS SIMBÓLICAS 1

He aquí algunas bellas joyas junto con referencias de su significado simbólico.

Anillo de oro y coralina que representa un gato, un animal muy valorado por los egipcios en referencia a lo que simboliza. Es él quien ve por la noche la magia escondida para los humanos y le asociaron a la diosa Bastet, que tenía su culto en la ciudad de Bubastis. Erróneamente se ha creído que los egipcios adoraban a los animales. Nada más lejos de la realidad. Ellos encontraban en la naturaleza animal las características que la distinguían y lo asociaban a la virtud que debía inspirar al humano. Un mensaje simbólico que llegaba a despertar en cada cual conocimientos de acuerdo a sus capacidades. Era hermoso estéticamente para el que lo miraba y un mensaje para quien se preguntaba intrigado.

Brazalete de oro con gemas y Khepri. Este escarabajo está relacionado con el antiquísimo dios Khepri (del verbo keper, «llegar a ser»), que simbolizaba la resurrección o transmutación del alma y es de raíz solar. La propietaria declaraba abiertamente que era una discípula en formación espiritual esperando poder levantar el vuelo hacia la sabiduría, al igual que el torpe escarabajo abre sus alas cuando ya se ha cansado de arrastrarse por el suelo y empujar bolas de heces.

También había filigranas de orfebrería de una delicadeza asombrosa. Son coronas y diademas de las princesas de Dashur y fueron utilizadas en las ceremonias de la corte.

Corona de flores de turquesa y otras gemas entretejidas en finos alambres de oro.

Diadema de oro con cabeza de ciervo central, otros más pequeños y flores.

LA MUJER EGIPCIA Y SUS JOYAS SIMBÓLICAS 4

Collar y diadema real en oro laminado.

Collar de las moscas . En oro laminado, perteneció a la reina Ahhotep, dinastía XVII, llamada «reina de la libertad». Fue regente y madre del faraón Kamosis durante su minoría de edad. En su regencia dirigió la recuperación de Egipto, después de la gran derrota infligida a los hicsos y pasó la corona a su hijo al llegar su mayoría de edad. Este le impuso la mayor distinción guerrera: el «triple collar de las moscas». Se encuentra en el museo de Bulak (el Cairo).

Nejbet: Es la diosa-buitre, protectora de los nacimientos y guerras llevando en sus garras el Shen, símbolo esotérico sobre el mundo espiritual y lo material.

Hay en la dilatada historia del Egipto faraónico muchísimas incógnitas y enigmas de todo tipo. Pero en lo que nos ocupa referente a las joyas y materiales funerarios, encontramos algunas cuestiones que están sin respuesta.

LA MUJER EGIPCIA Y SUS JOYAS SIMBÓLICAS 3

¿Por qué no usaron plata por estar lejos los yacimientos y, sin embargo, utilizaron granito de Asuán, a unos 1000 km de distancia para los enormes sarcófagos de más de 80 toneladas? O también, ¿por qué usaron muchísimo lapislázuli para sus joyas, si los yacimientos se encontraban en Afganistán, a más de 800 km? ¿Por qué usaron la diorita, que tiene la segunda mayor dureza después del diamante? Son secretos que los expertos y sabios egipcios guardaron para acicate de futuros investigadores.

Cada metal y piedra preciosa tenía una relación astrológica, de donde recibía su influencia: planeta-metal-piedra preciosa poseían un maridaje oculto que los sacerdotes conocían y enseñaban en sus centros docentes del saber.

Todo el arte egipcio es sagrado, aun los más pequeños objetos de la vida cotidiana. Para ellos suponía un contacto directo con lo intangible que nos rodea a los seres humanos, lo que refleja el arquetipo cuando nos abrimos a la conexión mistérica de su influencia; y ellos lo sabían y lo practicaban con sincera devoción.

La mujer egipcia, al igual que toda mujer, gustaba de adornarse con joyas y abalorios. Pero en el caso de las egipcias, era tan alta la formación recibida desde la infancia, era tal la reverencia por la naturaleza del entorno, el amor por la vida como donación de los dioses y diosas de su panteón, y tantas las sabias y mistéricas enseñanzas recibidas desde su tierna infancia, que cada joya aceptada en su cuerpo era una influencia sagrada que custodiaba todas las horas y los días, con sus alegrías y pesares, para ayudarle a ser mejor en su momento existencial en espera del Amenti benigno y justo.

 

Publicado en Culturas del Mundo

Es un hecho conocido el atribuir a Caldea y Mesopotamia los orígenes de la astrología occidental. A Egipto se le ha pretendido quitar el privilegio de ocupar un papel tan importante o incluso mayor que el que tuvo Caldea en la génesis de los modelos astrológicos y, posteriormente, astronómicos. Es evidente que en Caldea ya aparecen los primeros horóscopos personalizados, pero si se estudia con detalle la propia lengua egipcia y sus representaciones simbólicas, como por ejemplo los techos astronómico-astrológicos, se puede observar que en ellos están las bases de la astrología occidental.

Este trabajo de ir desmenuzando los jeroglíficos egipcios y su simbología requiere algunos conocimientos de lengua jeroglífica egipcia, así como conocimientos de la astrología ptolemaica occidental. No se sabe si los caldeos conocían el sistema de 12 Casas o Mansiones astrológicas actual. Pero lo que sí está bastante claro es que para los antiguos egipcios el número 12 y su simbología es fundamental.

Los grupos de 12 elementos simbólicos, por ejemplo, en la tumba de Tutmosis III, aparecen decenas de veces. Los antiguos egipcios ya situaron el mes de Thoth en el actual signo zodiacal de Virgo, por eso Thoth>Hermes>Mercurio es el planeta regente de Virgo.

La relación entre los 12 meses egipcios, los 12 signos del Zodíaco y los 12 meses actuales aparece en el disco de Chevroches, una especie de piedra de Rosetta para la astrología occidental. En la actualidad, el disco de Chevroches ofrece muchas incógnitas a los astrónomos o astrofísicos que lo han estudiado, aunque no se puede descubrir mucho más sobre este disco si no se conoce de forma directa el sistema astrológico y su modo de operar.

Los egipcios utilizaron desde la más remota Antigüedad el sistema de 36 decanos que dio lugar al sistema sexagesimal, aunque los caldeos, al utilizar la división del año en 12 constelaciones, también conocían el sistema sexagesimal, pues 12 constelaciones multiplicado por 30º da como resultado 360 días o 360º, ya que el Sol recorre la eclíptica un grado por día.

Signos del Zodíaco y constelaciones zodiacales

Pero algo que pasa desapercibido a muchos investigadores es la diferencia absoluta entre signos del Zodíaco y constelaciones zodiacales. Y en ello está la clave para darle a la astrología tradicional la importancia que se merece. Los astrónomos y astrólogos antiguos –y no tan antiguos, como Kepler o el mismo Newton– conocían perfectamente esta diferencia. Los 12 meses del año estaban basados en los solsticios y los equinoccios, dando lugar a los 12 signos del Zodíaco. Las cuatro estaciones están formadas por tres signos del Zodíaco cada una; por lo tanto, 4 x 3 = 12 signos.

LA ASTROLOGÍA EN EL ANTIGUO EGIPTO 2

Del 20 de marzo al 22 de abril, aproximadamente, es el período del año que corresponde al signo zodiacal de Aries. En la Antigüedad probablemente se dieron cuenta de que podían saber dónde estaba el signo de Aries tomando como referencia las estrellas que aparecen detrás en ese espacio de tiempo, y le denominaron el Carnero. Pero, debido a la precesión de los equinoccios, las estrellas del Carnero se desplazaron lentamente y, por lo tanto, ya no coinciden exactamente con los signos del Zodíaco.

Hay que resaltar que en la astrología occidental esto no afecta en absoluto a la hora de establecer el Zodíaco anual, ya que esté en la constelación que esté el punto equinoccial de primavera, todos los años el Zodíaco comienza a partir de dicho punto equinoccial y no de donde se quiera situar (cosa muy difícil, por cierto) el principio de la constelación del Carnero. Por lo tanto, las críticas que se le hacen a la astrología en cuanto a que la astrología ya no funciona porque ya no coinciden las constelaciones con los signos del Zodíaco, son absolutamente absurdas y demuestran el desconocimiento total y absoluto de los principios astrológicos por parte de quienes las hacen.

El horóscopo a partir de los 12 signos del Zodíaco de la eclíptica no tiene nada que ver con las constelaciones zodiacales; el horóscopo o carta natal está basado en la división del año en 12 signos zodiacales a partir de los equinoccios y solsticios. Por eso, decir que la astrología no funciona porque hay 13 o más constelaciones es ridículo.

Hay que matizar que cada estrella de cada constelación va recorriendo los 12 signos zodiacales, y eso sí que tiene un determinado significado. Todo esto los antiguos egipcios lo conocían a la perfección.

Los ciclos de actividad

El antiguo Egipto fue pionero en muchísimos descubrimientos que nos influyen incluso hoy en día. La idea de dividir el día de 24 horas en 12 horas diurnas y 12 horas nocturnas es un invento egipcio. Los 36 decanos egipcios los aplicaban por una parte a la división del año en 365 días, y por otra, a la división del día en 36 ciclos de 40 minutos. Y curiosamente hoy en día se sabe la gran importancia que tienen los ciclos de 40 minutos en relación con la activación de la sustancia reticular del bulbo durante las fases del sueño REM a lo largo de la noche y también durante el día.

LA ASTROLOGÍA EN EL ANTIGUO EGIPTO 3

Cada 40-45 minutos se produce una fase REM, y durante el día, cada 40-45 minutos se produce una onda de relajación a nivel cerebral que hace que necesitemos descansar unos minutos para reanudar la actividad. Por eso se recomienda que las conferencias no duren mucho más de 40-45 minutos. Y estas fases son las que son recomendables utilizar para relajarse, para inducir el sueño o para meditar. Seguramente las Casas zodiacales proceden mucho más de la astrología greco-egipcia que de la astrología caldea.

El gran interés por el número 12, tanto por parte de los caldeos como por parte de los antiguos egipcios, hizo que la cultura judeocristiana estuviera profundamente influida por dicho número mágico. Por ejemplo, las 12 tribus de Israel, las 12 piedras de la muralla de la Jerusalén celestial, las 12 piedras del pectoral del sumo sacerdote y, sobre todo, los 12 apóstoles. Los esenios, precursores del naciente cristianismo, ya tenían un consejo formado por 12 miembros y esperaban la inminente aparición del «Maestro de Justicia».

Hoy en día, como trato de demostrar en el primer volumen de Harmonices Mundi Restitutio: número y psique, el número 12 aparece incluso en la física de partículas, ya que, en lo más íntimo de la estructura de la materia, aparecen 12 partículas subatómicas. Por lo tanto, el sistema astrológico sigue vivo incluso en los modelos de la física de vanguardia, pese a quien le pese.

En cualquier caso, en mi segundo volumen de Harmonices Mundi Restitutio, trato de demostrar que las bases del pensamiento astrológico están, en un porcentaje altísimo, en la cultura del antiguo Egipto. Los sacerdotes egipcios y el sacerdote horóscopo especialmente, intentaron descubrir un sistema para tratar de demostrar que en el instante en que se nace y se comienza a respirar es cuando se introduce el alma en el recién nacido. Una idea que recogió Miguel Servet y que utilizó para tratar de explicar su genial descubrimiento de la circulación cardiopulmonar. Y ese sistema es el sistema astrológico, algo que se utilizó en medicina en Europa hasta el siglo XVIII y que conocían incluso los sacerdotes de la Iglesia católica.

 

Publicado en Astronomía
Sábado, 01 Diciembre 2018 00:00

Concepción del ser humano en Egipto

La pregunta que el ser humano siempre ha formulado está vinculada a su propio misterio: ¿quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy? Cuando los sofistas griegos decían que «el hombre es la medida de todas las cosas», decían una verdad «para el ser humano», que es quien hace la pregunta.

Los filósofos han querido encontrar en el ser humano un rasgo definitivo que le identifique: el pensamiento, la razón, la contrariedad en que vive sumergido, la conciencia de eternidad, su identificación con el misterio que llamó Dios, el lenguaje, su libertad de elegir, su discernimiento, sus risas y lágrimas, su voluntad de ser, su imaginación, el dominio del fuego, su capacidad de hacer historia, su creatividad artística, etc. Cada filósofo eligió un rasgo característico y lo creyó determinante.

La perspectiva de las antiguas civilizaciones fue distinta. Ellos no especulan sobre la naturaleza del ser humano, exponen lo que sobre ella conocen a través de símbolos: geométricos, como la cruz; naturales, como el fuego; enigmas, como la pregunta de la esfinge. La ventaja de los símbolos es que presentan el conocimiento de forma sintética, no discursiva. Hablan a la intuición y cada uno obtiene un mensaje. Su enseñanza se fija en la memoria, vive en la imaginación con vida propia y se convierte, desde su propio mundo, en semilla de futuros conocimientos.

H. P. Blavatsky habla de la diferencia entre misterios mayores y menores, explicando que en los menores el discípulo percibe la realidad a través de un «velo». Este velo es el ser humano como símbolo, como medida de todas las cosas. En los mayores, nos encontramos con los epoptai, los que contemplan la realidad sin velos.

Los egipcios expresaron en símbolos sus conocimientos. Siguiendo las claves de los misterios, patrimonio común de los iniciados de todas las épocas, un mismo símbolo puede ser usado para referirse a una verdad metafísica, teogónica, astronómica, matemática, moral, espiritual o fisiológica. Siete son las puertas para acceder a lo real, los velos que encubren y a la vez difunden su esplendor. Vamos a referirnos a símbolos del ser humano, entendiendo que estos símbolos, utilizados en otras claves, nos aportan otros significados.

Diversos filósofos, como Nilakantha Sri Ram, afirman que el ser humano es una intersección de distintas líneas evolutivas. Su unidad devendría del impacto de distintos seres de naturalezas diversas. Está hecho de lo uno y de lo otro, como diría Platón, sin que pueda prescindir de nada mientras sea humano.

Pero también se afirma que el ser humano es un punto que irradia su propia realidad, como una estrella que irradia su luz, una individualidad independiente de los vehículos que utiliza para expresarse.

Se dice que existen dos caminos para acceder a este misterio del ser humano; uno está relacionado con el ser humano como punto central, como luz emanada directamente del espíritu. Está representado geométricamente como una pirámide, con el ascenso vertical e ininterrumpido desde el centro de la base al vértice. En este ascenso, iniciático, el ser humano se identifica con el dios que en él mora y prescinde de toda identificación con su entorno.

El otro camino está representado por el ascenso a través de las caras de la pirámide, la búsqueda de lo Uno a través de sus proyecciones en los arquetipos que rigen toda actividad: ciencia, arte, religión y sociopolítica. Es en este camino en el que entendemos al ser humano como símbolo y donde está relacionado con sus semejantes y con la Naturaleza. El hombre se conquista a sí mismo conquistando el entorno que lo aprisiona y limita, se encuentra a sí mismo amando a su prójimo, y se conoce a sí mismo trabajando con su circunstancia.

Cada símbolo egipcio que se refiere al ser humano presenta una faceta de lo que es; todos juntos darían una visión completa y evidente para la intuición.

El ser humano como nave celeste

Para el conocimiento egipcio todo está vivo, todo navega en las celestiales aguas formadas por la luz de Nut. Las estrellas son las naves de los grandes dioses que bogan en los pliegues del espacio y el tiempo.

El ser humano es también un dios que boga en el Nilo celeste, mientras que su sombra lo hace en las aguas de la existencia. Es a la vez la nave, el barquero y el constructor de la nave. Ante la vida, somos un bloque de madera inerte, abandonado a sus corrientes; si despertamos los poderes latentes y nos modelamos desde el interior, somos una nave que surca esas aguas hasta la fuente de la que todo mana.

Los egipcios representan frecuentemente las proas y popas de dichas naves floreciendo en un loto. También suele aparecer un ojo de Horus en la proa, símbolo de la visión interior que permite al ser humano hallar su rumbo y evitar los escollos de la existencia.

En el Libro de la salida del alma hacia la luz del día (o Libro de los Muertos) encontramos: «asimismo (como una nave que eficaz y ligera surca las aguas) es modelado mi ataúd durante la travesía».

Los nombres de las partes de la barca nos dan velados mensajes sobre lo que es el ser humano y cómo debe trabajar su cuerpo y su psique:

Concepción del hombre en Egipto 4

«Alma que se concentra» es el nombre de mi barca.

«Navega-derecho-delante-de-ti» es el nombre de mi timón.

Adivina mi nombre, dice la vela. La diosa Nut, este es tu nombre.

Es decir, las velas de nuestra alma están tejidas con la luz de Nut. El alma es de origen celeste.

El timón es, en este simbólico barco, la facultad que tiene el ser humano de enderezar el rumbo.

El nombre de la barca se refiere a la necesidad de armonizar las distintas «almas» que en nosotros viven, los distintos vehículos de la personalidad. El nombre del timón se refiere a un enderezar incesante del rumbo: «Está mal», «está mal», «está mal», son los golpes de timón de nuestra alma en su ascenso, pues siempre hay algo que perfeccionar.

Lo importante en este símbolo es no olvidar que el cuerpo, la psique y la mente son vehículos del alma, y que deben ser conformados como nave eficaz que bogue en el mar de la existencia.

El hombre como estrella

Para los egipcios, el ser humano es hijo de una estrella, cuya luz ha sido proyectada sobre el barro del mundo. Es la estrella como centro de todos los caminos, relacionada con las demás estrellas por una malla de luz. Es el hombre como perfecta individualidad.

Platón, formado en los templos de Heliópolis, explica que la etimología de estrellas (en griego) significa «aquello que atrae nuestras miradas». «Atraer las miradas» significa atraer nuestras almas y llevarlas hacia su divino origen. El hombre como estrella es también la imagen del ser humano sin mancha que boga en la eternidad del espacio sin límites.

Las estrellas están vinculadas con el concepto egipcio de inmortalidad, puesto que no solo eran habitantes del cielo, sino también del reino subterráneo de la muerte a través del cual pasaba el sol cada noche.

Existe un jeroglífico que es la estrella de cinco puntas inscrita en un círculo. En su clave humana, simboliza al hombre como una emanación de una estrella envuelto en su escudo áurico, el huevo donde su conciencia desarrolla la transmutación.

Quizás no exista un texto egipcio que mejor exprese la condición del hombre como estrella, inmóvil y radiante en el cielo de su conciencia, que el Libro de la salida del alma hacia la luz del día:

Solo recorro las soledades cósmicas. Una irradiación de luz fluye de todo mi ser.

Si existe una identificación del ser humano con una estrella determinada, esa es Sirio, llamada Sothis o Sept.

Concepción del hombre en Egipto 1

Sothis es representada como una estrella de cinco puntas y Sept por un triángulo isósceles. Su jeroglífico significa «estar provisto», es decir, que rige las posesiones del alma, las armas mágicas, las virtudes celestes en el ser humano.

El ser humano, como ser consciente, sería hijo de Sirio y de Sekhmet (la Necesidad). O en otra clave, hijo de su conciencia (Sirio) y de sus obras (Sekhmet).

El hombre como Horus (como guerrero interior)

Horus representa al hombre interior y a la Humanidad. Combatiente en nombre de Osiris, extermina a sus enemigos y lucha contra Seth, su maestro-enemigo. En clave psicológica, es el símbolo por excelencia del ser humano como guerrero interior. Los textos jeroglíficos y las escenas pintadas en los templos se refieren incesantemente a la lucha que mantiene contra Seth. Seth es el dios de la luz devoradora de la vida. Horus es la conciencia, y Seth, la circunstancia árida y dolorosa que la rodea.

El combate interior dará lugar a una reconciliación armónica entre lo que nos rodea y nuestra personalidad. Tras la victoria, la «paz en alerta perpetua», la Gran Síntesis. Thot, la inteligencia, actúa de juez entre estos dos combatientes.

El ser humano que, despierto por fin, resurge y se yergue sobre sí mismo, es Horus. Ya es consciente y porta en sí la semilla poderosa de las divinidades. No es ya una momia, no es horizontal, se ha erguido formando una cruz que habla del hombre como encrucijada.

Horus es la clave de la victoria en el hombre. Es venciéndose a sí mismo como el hombre recupera su verdadera dignidad, su verdadera naturaleza. Y las victorias auténticas son semillas de nuevas victorias.

El hombre como mago

Es el hombre-síntesis, que domina las fuerzas de la Naturaleza. El jeroglífico para referirse a la magia es «heka», la fuerza espiritual que todo lo impregna.

El mago también sería el preservador de los ritos, aquel que actúa en los ritmos sagrados en el tiempo, aquel que permite mantener el sagrado vínculo entre los dioses y los hombres. El hombre como mago recupera su olvidada condición de dios. Es la corona de su condición humana en la Tierra. Ha recuperado su conciencia de inmortalidad.

Según la cosmovisión egipcia, el ser humano aparece como:

– En los jeroglíficos, piedra cúbica de la estructura del cosmos.

– Ra, impulso creador de voluntad en incesante marcha, vivificador de los mundos.

– Unidad, fraccionada al caer en la materia.

– Ju, espíritu puro, rayo de luz inmaculada que atraviesa la eternidad.

– Ciudad celeste donde habitan los dioses, Montaña de Fuego, Isla Seca donde se posó el Ave de la Resurrección, el Bennu.

– Peregrino ofrendante, recogiendo las experiencias espirituales.

– Lo que no es, y por lo tanto de lo que debe precaverse.

– Lo que es, es decir, lo que debe lograr.

– Esfinge, los distintos animales que aglutinó mediante su conciencia espiritual.

– Loto, expansión de las propias potencialidades.

– Señor de las Transformaciones, Kepher, el Escarabajo.

– Lira impulsada por vientos divinos.

– Viento divino, eternamente joven.

– Corazón, sede de la conciencia.

– Nefer, suma excelencia, bondad y belleza.

– Pez que debe evitar el karma, la red de Thot.

– Escriba, aquel que escribe su propio destino y debe responder ante él.

– Diseñador del templo de fuego, aquel que forja su propia mente.

– Huevo, en transformación.

– Momia.

– Serpiente.

– Rana.

– Ankh, llave y luz de vida.

– Encrucijada.

– Templo.

– Trigo o divino sembrador.

– Juramento vivo, es decir, como Nombre.

– Columna de la estabilidad.

Todas estas formas señalan la excelencia de los egipcios a la hora de señalar qué es el ser humano y cuál es el arquetipo que lo rige, conformando una verdadera Pirámide de Ideas, símbolo perfecto del Hombre, símbolo perfecto de Egipto.

 

Publicado en Antropología

Occidente se sabe hijo de la civilización grecolatina, pero normalmente olvida que sabios y filósofos del mundo clásico se nutrieron de la sabiduría del antiguo Egipto. En esta especial y desarrollada civilización, la mujer tuvo un lugar importante en la sociedad. Gozó de plenos derechos a la hora de ocupar cualquier escalafón en la pirámide social; hubo reinas, médicas, abogadas, sacerdotisas, sirvientas, esposas y madres. Las casadas disponían por testamento de sus bienes y no tenían que someterse a la autoridad del esposo ni a la de los hijos si este fallecía. Las herencias pasaban directamente de las madres a las hijas. Pero lo fundamental es que, para gozar de esa absoluta independencia y respeto, no tenía que comportarse como un hombre.

En el antiguo Egipto se amaba el alma femenina, con su mayor tendencia a la receptividad, igual que se amaba y respetaba el alma masculina, con su mayor tendencia a la expansión. El esplendor de la mujer en la sociedad egipcia no ha vuelto a ser conquistado, quizás porque nos falta su profunda espiritualidad, que supo desvelar, a través de sus mitos y arquetipos femeninos, la esencia del alma de la mujer, dándole una papel destacado en la sociedad.

La importante posición de las egipcias, probablemente tenía su origen en la devoción que este pueblo sentía por la diosa Isis, esposa y madre sagrada y diosa del amor. Las esposas, en cada hogar, representaban el papel de Isis en la religión. No se trataba, por tanto, solo de respeto, sino que era un amor sagrado, una verdadera adoración. Los egipcios instaban a sus hijos en sus enseñanzas y consejos a que amasen a sus esposas y las trataran con respeto.

Las escenas en que aparece la mujer egipcia sentada al lado de su esposo, con un brazo rodeándole la espalda o ciñendo su tronco y con la otra mano tocándole el brazo, son numerosas. La mujer egipcia era cariñosa con su marido, pero estas mismas escenas las hallamos en las representaciones de los dioses, lo que hace evidente que se trataba de algo más. Era una posición ritual, la protección femenina sobre el esposo y sobre el hogar. Se exaltaba la cualidad femenina de crear calor, de crear hogar, de crear el entorno necesario para la vida.

El misterio de la vida ha fascinado al ser humano, ha sido atesorado en el inconsciente colectivo desde el pasado más lejano. En el principio de la humanidad, la Gran Madre, la diosa primordial, era única y lo incluía todo en sí: la vida, la muerte y el renacimiento. En las diosas egipcias encontraremos también todas las cualidades fundamentales de la Gran Madre, que pueden seguir siendo inspiradoras para la mujer actual. En ellas encontramos los aspectos creadores, generadores, protectores y civilizadores que normalmente destacan en la mujer.

Realizaremos un recorrido por las diosas egipcias exaltando sus características esenciales, desde las más cósmicas a las más humanas.

La diosa creadora del universo: Neith

Diosas Egipcias Neith

Ella era la autocreada, la madre de los dioses. Como diosa y reina de Sais, ciudad del Bajo Egipto, se la representa como una mujer que llevaba la corona del norte y portaba en su mano un arco y unas flechas, como también era la señora de la guerra que allanaba el camino del rey antes del combate. Más tarde, se le dio como atributo la lanzadera de los tejedores, porque era la tejedora por excelencia, la que había tejido el mundo cuando nada existía. Los griegos la asociaron con Atenea.

La diosa generadora de vida: Hathor

Hathor, madre de las madres, engendraba al sol y derramaba en los corazones la alegría de vivir. Ella concedía la belleza, la juventud y el fuego del amor en todas sus formas, desde el deseo físico hasta el amor divino. Favorecía los matrimonios, y estos eran armoniosos cuando el hombre y la mujer oían su voz. Hathor enseñaba el arte de la danza a sus sacerdotes y sacerdotisas y les transmitía el sentido de la fiesta. También era la «señora de la música, del salto y del trenzado de guirnaldas». Como protectora de los vinos, invitaba a sus fieles a la mesa del banquete divino. Su símbolo era el sistro. Por todo ello, los griegos la asociaron con Afrodita, diosa de la belleza y el amor. Hathor era la protectora de las mujeres, con lo que lo femenino quedaba asociado a la generación de la vida, pero también a la alegría de vivir.

La diosa protectora de la vida: Sekhmet

Diosas Egipcias Sekhmet

Para los antiguos egipcios, todo en el universo estaba regulado por la ley, que personificaba la figura de la diosa Maat. Sekhmet, en cambio, era asociada con la justicia, con la ejecución en la tierra de las acciones necesarias para restablecer la ley. Por este motivo, Sekhmet era tanto la patrona de guerreros como de médicos. Los primeros curaban de las enfermedades al Estado, y los segundos, al ser humano. Los antiguos egipcios veían en la guerra y en la enfermedad una misma raíz: la pérdida de la armonía, de la ley, que debía ser restablecida. La diosa leona protegía ferozmente todo aquello que amaba y de lo que era responsable. Ella nunca provocaba el conflicto, sus acciones provenían del amor y la lealtad a aquello que custodiaba. La forma de amor que expresaba esta diosa hacía rectificar los caminos para que nadie se perdiera.

La diosa arquetípica para las egipcias: Isis

Diosas Egipcias Isis

Es la señora del trono, de la vitalización, de la sangre, de la fertilidad, de la salud y la gran hechicera. También era señora de los misterios nocturnos y de las fuerzas cíclicas. Se la representa como una bellísima mujer con una escalera o trono sobre su cabeza. En el mito osiriano, Isis superó todas las adversidades para proteger la institución faraónica, es decir, la tradición. Fue modelo de reinas, pero también de las esposas y madres. Isis protegía en la vida y en la muerte, era ejemplo de amor, de abnegación y de capacidad infinita para proteger la vida física y la espiritual. Isis combatía la oscuridad con luz.

La diosa protectora del paso a la otra vida: Neftis

Es la trascripción griega de Nebt Het. Plutarco la designa como «la que está bajo tierra y que no ve», es el poder de desintegración y reproducción. Isis, en cambio, representa «la que está sobre la tierra y es visible», la naturaleza física. «Las dos gemelas», como se las suele llamar, representan dos aspectos de la naturaleza. Es corriente verlas representadas en las tapas de los ataúdes y en las superficies de los sarcófagos, de pie o arrodilladas, con sus brazos alados extendidos en un gesto de protección.

La diosa del renacimiento: Heket

Es una diosa rana o de cabeza de rana. Como criatura del mundo subterráneo, se la asoció con las fuerzas que inicialmente tenían vida. Por eso es símbolo del estado embrionario, cuando el grano muerto se descompone y empieza a germinar. Es el proceso de formación. Debido a su prodigiosa capacidad reproductiva fue símbolo de creación, fertilidad, nacimiento y regeneración. Es símbolo del tiempo cíclico, de la renovación. Las cosas no vienen de la nada. Sufren una continua transformación.

La diosa protectora de la sabiduría: Seshat

Es la principal esposa de Thot. Era una divinidad estelar, encargada de medir el tiempo. Se le atribuyó, como a Thot, la invención de la escritura y era llamada «señora de la casa de los libros». El ideograma de su nombre significa «la secretaria».

Vivir los arquetipos

Todos los seres humanos tenemos aspectos masculinos y femeninos en nuestras almas, en nuestro mundo interior. Conocerlos y desplegarlos forma parte de nuestro desarrollo. Pero en ese camino, alimentar los que nos son más cercanos nos ayuda profundamente. La mujeres quizás hemos olvidado dónde radica la fuerza y grandeza de lo femenino. Los modelos o arquetipos que encontramos en las diosas egipcias nos pueden inspirar en ese camino.

Del arquetipo de Isis se puede recuperar la capacidad de tender lazos, de unir, de fomentar las relaciones humanas, de perseverar, de alentar la vida en todas sus formas y de amar incondicionalmente. De Seshat y Neith, la inspiración de las capacidades de organizar, planificar y ejecutar ordenadamente. De la diosa Hathor, el encanto, la alegría y el amor por la armonía. De la leona Sekhmet, la capacidad de poner justicia, protegiendo a los débiles y buscando el bien común. De Heket, la rana, la capacidad de dar vida pródigamente, acompañándola en sus transformaciones.

Los arquetipos son modelos, poderosas fuerzas interiores que mueven nuestro mundo interior. Vivirlos conscientemente hace que la vida sea una aventura maravillosa. La fuerza de lo femenino está en su aparente fragilidad receptiva, que le permite ver, amar y proteger generosamente la vida.

Bibliografía

F. Guinard. Mitología general. Ed. Labor S.A. Barcelona, 1971.

Fernando Schwarz. Geografía sagrada del Antiguo Egipto. Ed. Longseller. Buenos Aires, 2008.

Christian Jacq. Las egipcias. Ed. Planeta. Barcelona, 1997.

Elisa Castell. Los sacerdotes en el Antiguo Egipto. Ed. Aldebarán. Madrid, 1998.

Christian Jacq. El origen de los dioses. Ed. Martínez Roca. Barcelona, 1999.

Publicado en Culturas del Mundo
Página 1 de 2
Utilizamos cookies para asegurar que damos la mejor experiencia al usuario en nuestra página web. Al utilizar nuestros servicios, aceptas el uso que hacemos de las cookies.
Más información Aceptar