A nadie se le escapa que vivimos en una sociedad altamente tecnificada. Nos despertamos con una aplicación en el móvil, nos afeitamos con una máquina inalámbrica, nos divertimos con imágenes y sonidos emitidos por aparatos que gestionan digitalmente la información…

Poco a poco una tecnología, como nunca ha visto la humanidad, se hace cada vez más presente y necesaria. Y ahí viene la paradoja: frente a esta sociedad tecnificada, el mundo de la ciencia que la sustenta permanece alejado, aparentemente, del contenido que una cultura amplia general supondría. Las distintas disciplinas científicas se dicen alejadas del interés de la sociedad en general. La cultura no es ciencia, en el sentido de que las cosas importantes a saber no incluyen contenido científico. No solamente se soslayan los principios científicos más elementales (¿por qué flota un barco de hierro?), sino que las explicaciones correctas se sustituyen por razones equivocadas transmitidas por un sistema educativo ineficaz en este aspecto, o que directamente evita la necesidad de una correcta capacitación en el mundo de la ciencia.

Quizás muchos de los lectores hayan oído a uno de los músicos más emblemáticos de nuestra cultura rock presumir de que él no recuerda las tablas de multiplicar. O hayan contemplado sin extrañarse el exiguo contenido científico de los concursos de cultura general que pueblan nuestras televisiones, supuesta cultura «general» que incluye historia, pintura, artes, deportes (cómo no), música y, muy, muy raramente, alguna pregunta científica. Todo un ejemplo. Pero nos convertimos en electricistas para, a continuación, disponer alegremente de cuantos más aparatos eléctricos mejor, todos enchufados en un mismo punto de luz. O ejercer como un experto dietista, aceptando sin rechistar las maravillas laxativas de la dieta del aguacate, en nuestra carrera hacia el verano, intentando eliminar esas curvas indeseadas con que la edad y la falta de ejercicio adornan nuestra silueta.

Expertos vs. «expertos»

¿Por qué ocurre esto?, ¿a qué viene esta esquizofrenia loca donde se rechaza y a la vez se venera a la ciencia? El intento por solucionar esto y dotar al pueblo de una correcta educación científica no es un problema de los últimos años, sino que podemos rastrearlo tan atrás en la historia como deseemos. Pedro el Grande no solo se inspiró en la literatura y las artes de sus vecinos, sino que se preocupó muy mucho de aprender todo lo posible de los secretos de sus astilleros, para construir barcos con los que rivalizar en el mundo, no solo en el campo de las letras.

Leibniz, cuando conoce a Newton en Gran Bretaña el tiempo suficiente como para disputar con él la autoría de los infinitesimales (o cálculo derivado), iba becado por su propio país para instruirse lo necesario y poder así organizar al regreso a casa un adecuado sistema de educación que incluyera las incipientes ramas de la física y la química recién descubiertas: óptica, cromatografía, hidrodinámica, etc. Su gobierno, el alemán, ya entonces tenía claro que la educación no era un gasto, sino una inversión a medio y largo plazo.

Así nos va.

De tal manera, se han querido identificar dos razones que provocan este aparente rechazo del público en general hacia la ciencia. Por un lado, quienes opinan que la ciencia no tiene interés. Por otro, los que la reducen a un mundo exclusivista de expertos.

Hoy en día, con mayor o menor fortuna, todos somos expertos en cambio climático, en desarrollo sostenible, en energías y combustibles alternativos, todos entendemos de fisiología y nutrición (a cuenta de la dieta del aguacate…), y las nuevas generaciones arrasan con el uso de nuevos materiales y las propiedades que estos tienen en elementos deportivos, de ocio, etc.

La ciencia despierta tanto interés que no hay show televisivo que no incluya en sus minutos de emisión un apartado para divulgar principios científicos con motivadores experimentos, que, si cumplen su misión, significan picos de audiencia. Personalmente he visitado una enorme cantidad de museos de índole científica, desde el Museo Británico de Historia Natural en Londres, al Smithsonian aeronáutico de Washington; eso sí, tras aguardar mi turno en largas colas. Ya me hubiera gustado a mí que el público asistente fuera menos entusiasta, y sobre todo numeroso, y haber podido visitar las instalaciones de manera más tranquila y en un ambiente menos abarrotado…

Por otro lado, otros piensan que la ciencia es un mundo reservado a especialistas, y que por tal motivo somos excluidos de ella. Eso no es cierto del todo tampoco, solo en parte. Faltan, es verdad, buenos divulgadores, y habría que premiar cualquier iniciativa en esta dirección (léase «proyectos de divulgación científica en las escuelas»).

Pero el mundo científico es tan natural y omnipresente que no solo nuestro propio conocimiento está impregnado de temas de origen científico, sino que también nuestro vocabulario, con mayor o menor influencia de los medios de comunicación, asimila y adopta terminología científica: caloríatsunamimutaciónplasma… son buena prueba de ello.

El ser humano, desde que es lo que sea que esto signifique, ha dado muestras de su interés por conocer y dominar lo que le rodea. El ansia de conocimiento científico ya se hizo patente la primera vez que un antepasado nuestro calentó sus huesos frente a una buena hoguera, desvió el curso de un arroyo para regar su huerta o descubrió los ciclos de la luna y las estrellas bajo un cielo que no significaba una amenaza, sino un desafío.

Enseñar ciencia para aprender a pensar

El problema en las aulas es que las explicaciones científicas deben ser expuestas, a veces incluso independientemente de que esas explicaciones respondan a un contenido científico real y contrastado. Son lo que se conoce como «hipótesis espontáneas». Por ejemplo, si nos ponemos a analizar el fenómeno de las estaciones, concluiremos, en uno de los ejemplos más claros de hipótesis espontánea, que la Tierra, al desplazarse alrededor del Sol, provoca el verano cuando se acerca a él, y el invierno cuando se aleja. O, como existe una inclinación del eje, cuando este eje se acerca al Sol es cuando más calor hace. Es la hipótesis espontánea de la correlación entre calor y distancia.

Pues no señor. Eso es una hipótesis espontánea, y aunque es verdad que el verano se produce cuando el eje se inclina hacia el Sol, ello es porque los rayos inciden de manera directa y se tienen que repartir en menos superficie que cuando el eje no apunta a nuestra estrella, provocado en este caso el reparto de calor en una mayor superficie. Coloquen ustedes una mano frente a un foco de calor e inclínenla: notarán el calor en aquella parte de la palma que esté en posición tal que sobre ella el calor incida de manera perpendicular.

Una adecuada formación científica, en este caso de maestros, evita la perpetuación de errores como este, que nos llenan la cabeza con explicaciones tan terribles como falsas, consistentes en pensar que las nubes están hechas de vapor de agua (el vapor de agua es invisible), que el agua se evapora a 100° (el agua se evapora en cuanto puede, y por eso podemos fregar un suelo) o que una buena sesión de gimnasio es útil para que nuestros futuros hijos sean más sanos (considerando que Darwin no tenía razón, y que se hereda lo que se adquiere). Urge que el Magisterio posea una mejor capacitación en este campo, el de la ciencia, para que, al menos, no perpetúe falacias de esta índole.

niño lupa

Una adecuada educación posibilita a la sociedad que la recibe para ser menos ingenua, más difícilmente engañable. Las agencias de publicidad, que lo saben, se arrojan feroces sobre este talón de Aquiles de la falta de formación científica, invistiendo muchos de sus anuncios de un supuesto halo científico. Los bioalcoholes, los extractos de jabón de Marsella o las excelencias del carbón activo en un filtro de agua ayudan a vender más y mejor que explicar que todos los alcoholes, en principio, tiene un origen biológico; que el jabón de Marsella es el jabón barato y fácil de conseguir de toda la vida; o que quien filtra el agua para meterla en una botella en el frigorífico corre el riesgo de que esta se contamine con el tiempo, dejando de ser potable. Revestir un anuncio de un supuesto conocimiento científico ayuda indudablemente a venderlo, ya sea porque se utiliza esa especie de veneración que el dominio de la naturaleza en su aspecto físico (la ciencia) siempre ha tenido o porque, en el fondo, no somos tan distintos del ser humano que se asombraba frente a la maraca con cascabeles de un chamán.

En otras ocasiones, la mala formación científica conlleva enarbolar doctrinas fanáticas de dudoso origen y peligroso recorrido. Darwin jamás dijo que la supervivencia era para el más fuerte. Pero esta idea afloró como el eco de su teoría de la selección natural frente a una sociedad victoriana y hegemónica a nivel mundial, que se pensaba dueña del mundo y que actuaba como tal. Esa sociedad manipuló la teoría de la selección natural y la usó para justificar sus desmanes, porque si el futuro es de los mejores, los que no participan de esa dotación especial y avatárica merecen, por ley natural, ser eliminados. Y así surge la eugenesia, teoría que llevó a muy buenos hombres y mujeres a abogar por la esterilización de amplios sectores de población desfavorecida (afroamericanos, por supuesto) en Norteamérica (Roosevelt, por ejemplo), de discapacitados físicos, o a las subvenciones de la Fundación Rockefeller a médicos japoneses para que experimentaran con la población china. Ni que decir tiene que el ejemplo más cruel e ignominioso de la eugenesia lo constituyen los campos de exterminio nazis.

Otras veces es el fanatismo científico el que embiste como toro desbocado contra un principio que no es ni bueno ni malo, sino solamente cierto. Galileo ya tuvo que contener la risa (entre el miedo por su propia vida) cuando los interrogadores de la Inquisición negaban que por su telescopio pudieran verse las lunas de Júpiter, porque de estas no se habla en las Sagradas Escrituras; afirmaban, de hecho, que no hacía falta ni mirar. Pero por una tradición social que ha llevado a que un espectro político enarbole como suyas las consignas medioambientales, cualquier opinador del otro extremo niega el cambio global por la simple razón de que no lo «cree», como si de un artículo de fe se tratara. Como el mito del avestruz, se ignora el hecho científico que está detrás y, de esta manera, sin que nuestro planeta tenga la más mínima culpa de ello, un extremo se mantiene al margen de un movimiento que apoya el desarrollo sostenible, porque supone una reducción a corto plazo de los beneficios de los lobbies industriales que lo representan y mantienen; mientras que el otro, también en general, preconiza una idílica y difícilmente concebible reforma revolucionaria buscando ese desarrollo sostenible, tan irreal que en poco plazo podría colapsar los sistemas sociales y económicos de la humanidad.

El peligro de las pseudociencias

El caso más peligroso de esta falta de formación científica, a mi modo de ver, lo constituye la proliferación de las pseudociencias. Aprovechando los pasos pioneros de físicos, químicos, biólogos, médicos, etc., a la hora de experimentar en ámbitos hasta ahora vedados, muchos «especialistas» (de la confusión) aprovechan estas exploraciones, cuando no directamente extrapolan conocimiento científico para retorcerlo y hacerlo encajar en sus propias creencias.

No piensen ustedes que este es un fenómeno actual, ni mucho menos. Este es otro hecho que abunda en la historia de la ciencia, y cuando apareció la radioactividad y su posibilidad de curación, se vendían todo tipo de alimentos y dispositivos para llevar encima, que supuestamente mejoraban la calidad de vida de los que lo usaban… hasta que Marie Curie murió de leucemia con un nivel de radiación tan alto que sus vestidos y diarios todavía se conservan en un baúl de plomo, y no pueden ser estudiados salvo con extremas medidas de seguridad. La moda del uso del radio recién descubierto fue tal que incluso se llegó a abrir al público un balneario, el «Radium Palace Hotel», mientras se añadía alegremente radiactividad al agua potable, a los dentífricos, al chocolate o a las cremas de manos.

Charlatanes ha habido siempre, y despabilados con habilidad para catapultarse en los medios de comunicación también, desde que el vocero de la barraca de feria fue sustituido por la tertulia en una televisión chabacana y facilona. Estos individuos de dudosa catadura moral se ganan la vida aconsejando sobre problemas personales usando velas, leyendo los astros o mezclando hojas de té. Interpretan los venerables restos de pasadas civilizaciones sin tener ninguna idea de su simbolismo, ni de su desarrollo, ni de su profundidad filosófica y técnica. Los petroglifos que adornan los hermosos cañones del oeste americano (que personalmente he visitado) son interpretados como visitantes de las estrellas por estos pseudocientíficos, mientras que cualquier nativo descendiente de esas tribus es capaz de leer su simbolismo sin recurrir a visitantes estelares, y sin que por ello se le mueva un pelo.

Son pseudocientíficos los que inventan términos como astro-arqueología, con un triunfal desprecio al conocimiento tradicional y a la historia de una cultura; o los que desgranan a su manera los últimos descubrimientos sobre el bosón de Higgs, la radiación de Hawkins o las ondas gravitacionales y lo utilizan para explicar por qué se extravía una escuadrilla de bombarderos cerca de las Bermudas (los cinco bombarderos TBM del famoso vuelo 19), o cómo una tribu de nómadas pastores fue capaz de cruzar un istmo en época faraónica durante la marea baja.

Son, en fin, pseudocientíficos los que disertan sobre medicina, mecánica cuántica, evolución, paleontología, arqueología y otras muchas disciplinas científicas que ignoran alegremente, pero sobre las cuales dogmatizan, mostrando una ignorancia total sobre los métodos de conocimiento de la ciencia en general, y sobre cómo ese conocimiento se organiza en dichas materias científicas en particular. Parafraseando a Churchill, la ciencia no será un método de conocimiento infalible, pero es el menos malo que tenemos.

El intento de una explicación científica, de una razón que haga comprensible nuestro mundo es tan fuerte que nadie se resiste nunca a dar su opinión (aunque no se tenga ni la más remota idea de aquello sobre lo que se pregunta), o a inventarse una hipótesis sobre por qué las cosas son como son. Eso es lo que se conoce como hipótesis espontánea, una explicación rápida y natural de base no científica que combina conocimientos previos, explicando un fenómeno de manera errónea. Así, el jabón lava mejor cuanta más espuma produce, se vive mejor cuanta más fruta se come, o en la Antigüedad los barcos se hacían de madera porque la madera flota.

La madera, en realidad, apenas flota (si no, no estarían tantas empresas buscando como locas los pecios españoles a la búsqueda de sus tesoros ocultos), el azúcar de la fruta sienta mal en exceso como cualquier azúcar, y lo que limpia no es el jabón, sino el agua. Ya hemos mencionado más arriba las hipótesis espontáneas, con relación a por qué hay estaciones en la Tierra. Grandes científicos han sucumbido a las hipótesis espontáneas, y quizás el más famoso de ellos fuera Aristóteles, al intentar explicar el movimiento de los cuerpos. Hasta los experimentos de Galileo, no se comprobó que los cuerpos más pesados no caen más rápido, sino que todo cae en principio a la misma velocidad. No es de extrañar, con tan ilustre precedente, que nuestros niños expliquen el mundo a su manera, si no les damos las herramientas necesarias para que vayan entendiéndolo de forma adecuada. Es decir, lo que un chico o una chica no sabe se lo inventa, sobre todo si su cuello depende de esa explicación en un examen. Divertidísimas mescolanzas de estos saberes traídos por los pelos han ayudado a llenar volúmenes y volúmenes de «antologías del disparate», y a mí personalmente todavía me fascina y entretiene encontrar una respuesta de este tipo, llena de ingenuidad y candor, entre la monótona retahíla de una corrección de ejercicios.

Responsabilidad docente

Como maestros, no podemos eludir nuestra responsabilidad de intentar dar la mejor educación posible a nuestros niños. Destrezas, actitudes y conocimientos de la mejor calidad son indispensables en una sociedad que pretende ser mejor, y nuestro nivel de exigencia, como docentes, se sitúa en intentar ofrecer lo mejor en nuestras aulas. Una correcta educación en ciencia nos lleva a la aplicación de sus métodos, que posibilita la autonomía en la búsqueda de soluciones, la cooperación y el trabajo entre iguales, y la construcción de un saber colectivo. A su vez, la capacidad de gestión por sí mismo del niño implica un aumento de la autoestima que refuerza la mencionada autonomía del educando, en un ciclo de retroalimentación que produce seres humanos más ricos, más complejos, más sólidos y mejor preparados para solucionar los problemas del mundo que les estamos dejando. Así, los niños se convierten en ciudadanos capaces de seleccionar entre distintas respuestas, generando escalas de valores propias y no impuestas, facilitando el desarrollo de la conciencia y la reflexión.

Los chicos y chicas que acuden a un colegio a educarse necesitan percibir que el conocimiento transmitido tiene consistencia, que no es una entelequia del mundo de los mayores. El aprendizaje no parte de un collage de hechos, sino que debe ser un proceso integral que se ocupe de las distintas dimensiones de la realidad y del ser humano que con ella interactúa. Yo propongo la ciencia como esta herramienta, y sé que no es la única. Simplemente, animo a que exploremos estos caminos porque descubriremos que es más fácil de lo que parece. Como el personaje de Bárbol en El Señor de los Anillos, transitar el camino de la ciencia es como ir hacia el sur, es como ir «cuesta abajo», algo muy natural y fácil. Hoy se sabe que la actividad experimental comienza ya en la etapa fetal, y que las fases más importantes de la formación de nuestra personalidad ocurren en una época en donde se aprende principalmente por ensayo y error, es decir, experimentando.

niños aula

Nuestra educación debe buscar potenciar la autoestima, la autonomía, la adecuada manipulación del medio con la mínima alteración de este; el trabajo en común, la estructura de grupos sociales consistentes, vertebrados, cooperativos y equitativos. Yo estoy convencido de que la ciencia consigue todo esto de una manera mucho más fácil de lo que en principio podemos pensar, y animo en este camino para una real formación humanista e integral.

El gran fallo de nuestra generación ha sido pensar que la naturaleza nos pertenece, cuando en realidad esa naturaleza solo era un préstamo de las generaciones futuras. Redimamos nuestro desacierto ayudándolas a construir las mejores herramientas para subsanar este error.

 

Publicado en Sociedad

El origen del universo es, probablemente, uno de los mayores enigmas a los que nos enfrentamos.

El descubrimiento de la materia oscura permitió plantear que fue, quizá, este elemento, el ingrediente principal en la formación del universo, y se cree que, poco después de tener lugar el big bang, las partículas de materia oscura se habrían ido agrupando en «halos» gravitacionales, captando el gas circundante y atrayéndolo a sus núcleos, de manera que con el tiempo acabaron enfriándose, originando las primeras galaxias, según ha publicado el MIT.

¿Cómo sería el universo si…?

Lo cierto es que lo que se sabe acerca de la materia oscura es realmente muy poco. A pesar de que se considera actualmente como el eje sobre el que se ha construido el cosmos, su naturaleza es un absoluto misterio. Su nombre, materia oscura, se debe a que sus partículas no emiten ningún tipo de radiación electromagnética, razón por la cual estas partículas no han podido ser detectadas por el momento, y ni siquiera termina de estar del todo clara su existencia.

Ahora, según explica el artículo, científicos del MIT, la Universidad de Princeton y la Universidad de Cambridge han descubierto que el universo primitivo, así como las primeras galaxias, tendrían un aspecto muy diferente dependiendo de la naturaleza de la materia oscura.

Hasta el momento, la teoría más aceptada es la de que la materia oscura es fría, lo que ha hecho que los modelos de formación de galaxias se basen en este supuesto.

Gracias a las simulaciones, los investigadores han visto que, en el caso de que la materia oscura fuera fría, las galaxias del universo primitivo se habrían formado en halos casi esféricos, pero si, por el contrario, la materia oscura fuera cálida o difusa, su aspecto habría sido diferente, con filamentos estriados, semejante a cuerdas de arpa iluminadas por las estrellas.

Según Mark Vogelsberger, profesor asociado de física en el Instituto Kavli de Astrofísica e Investigación Espacial del MIT, si partimos del supuesto de una materia oscura fría, «hay algunas discrepancias entre las observaciones y las predicciones de la materia oscura fría». Así que si observamos galaxias muy pequeñas, la distribución inferida de la materia oscura dentro de estas galaxias no concuerda perfectamente con lo que predicen los modelos teóricos».

Dadas esas discrepancias, generaron simulaciones para ver qué habría pasado si la materia oscura hubiera sido cálida o difusa. Según Anastasia Fialkov, de la Universidad de Cambridge, «la materia oscura difusa está motivada por la física fundamental, por ejemplo, la teoría de cuerdas, y por lo tanto, es un candidato interesante para la materia oscura. Las estructuras cósmicas son la clave para validar o descartar tales modelos de materia oscura».

Fuente: MIT http://news.mit.edu/2019/early-galaxy-fuzzy-universe-simulation-1003

Imagen: Simulación de cómo sería la formación temprana de galaxias en los tres escenarios: IZDA: con un universo lleno de materia oscura fría, las primeras galaxias tendrían forma de halos brillantes. CENTRO: si es cálida, se observaría una «gestación» de galaxias primero como largos filamentos en forma de cola. DCHA: con el modelo de materia oscura difusa, los filamentos serían estriados, como las cuerdas de un arpa.

Publicado en Chispas Científicas
Viernes, 01 Noviembre 2019 00:00

Iluminando la materia oscura

Nuestro conocimiento sobre el origen y el destino del universo no está en su recta final; estamos en un momento bisagra de cambio de paradigma. Con la mecánica cuántica, la teoría de la relatividad y los avances tecnológicos en la instrumentación, pensábamos que el modelo del big bang y el modelo estándar de partículas serían ya versiones definitivas. Pero a lo largo del siglo XX y en el inicio del XXI han aparecido las evidencias de la materia oscura y la energía oscura, y nuestras teorías actualmente solo explican el 4% del universo.

No hay oscuridad sino ignorancia (William Shakespeare).

En este breve artículo vamos a ver dónde se están buscando actualmente las respuestas a qué es la materia oscura, un material que absorbe luz y no la emite, pero ejerce gravedad y responde a ella.

Una propuesta era considerar la materia oscura bariónica, que es materia ordinaria que no brilla: gases no luminosos, planetas, estrellas que no llegaron a ser, enanas marrones, estrellas de neutrones o agujeros negros (MACHO, por sus siglas en inglés massive astrophysical compact halo objects). Actualmente hay consenso en que esta materia no constituye la parte importante de la materia oscura.

La materia oscura se puede denominar fría o caliente en función de la velocidad con que se mueven las partículas que la componen. Si es muy grande, cercana a la velocidad de la luz, se denomina materia oscura caliente; en caso contrario, materia oscura fría. Como la materia oscura aparece agrupada de forma «filamentosa», y concentrada donde hay galaxias y cúmulos de galaxias, se necesita que la velocidad haya sido suficientemente baja para que haya podido agruparse desde el principio por efecto de su propia gravedad. Es decir, las hipótesis señalan una materia oscura fría.

Entonces, para hallar las partículas candidatas, debemos tener en cuenta toda la información y evidencias que se han recopilado en su estudio:

– La materia oscura interacciona muy débilmente con la materia ordinaria, solo observamos la fuerza gravitatoria.

– La materia oscura no puede estar hecha de las mismas partículas que constituyen los átomos de la materia ordinaria (o bariónica): protones, electrones, neutrones. Esto es debido a que los cálculos de la nucleosíntesis primitiva serían contradictorios con la radiación de fondo.

– La materia oscura no son partículas cargadas eléctricamente y no formó parte del plasma primitivo.

– La materia oscura es muy estable; si se desintegra será a un ritmo muy lento; en el universo primitivo se calcula la misma densidad que ahora.

– La materia oscura tampoco puede interaccionar mucho consigo misma.

– La materia oscura tiene el 27% del contenido total del universo.

Alumbrando la Materia Oscura 1

Así pues, cuando los físicos teóricos trabajan sobre posibles partículas candidatas a materia oscura, escogen una de estas dos estrategias:

1. Buscar una partícula que surja de los modelos teóricos que se deben forjar para resolver los enigmas del modelo estándar.

2. Partícula hipotética que satisfaga las condiciones que apunto en el próximo párrafo. Es una estrategia sin prejuicios, intentando acorralar sus propiedades para poder detectarla.

Los cálculos actuales precisan la densidad de la materia oscura en una masa equivalente a 300 protones por litro. Usando ese valor podemos calcular cuántas partículas hay a nuestro alrededor, y calculando la rápida velocidad que necesitan para mantenerse en equilibrio gravitatorio (300 km/sg) se puede determinar el flujo de partículas en el que estamos inmersos, y aunque la interacción con la materia ordinaria es muy pequeña, si diseñamos los experimentos adecuados quizás tiene sentido la esperanza de poder detectarlas. Una condición necesaria es proteger el detector de alguna manera; de lo contrario, se registrarían tantos impactos que sería imposible identificar el que interesa. Para detener los rayos cósmicos, una miríada de partículas que nos están llegando desde el espacio exterior, los experimentos se realizan bajo tierra, y con blindajes cuyos materiales emitan la mínima radioactividad posible. El detector puede ser un gas noble como xenón o argón.

De momento, los únicos experimentos que han arrojado datos favorables son aquellos impulsados por la colaboración DAMA / LIBRA en Italia (empezó en 1998), en el Laboratorio Nacional Gran Sasso, a 1400 metros de profundidad. Se han detectado centelleos que varían periódicamente con la traslación anual de la Tierra cuando unas supuestas partículas, WIMP, impactan sobre los detectores de yoduro sódico puro.

Alumbrando la Materia Oscura 3

WIMP es el acrónimo inglés de Weakly Interacting Massive ParticleFue acuñado por Gary Steigman y Michael Turner en 1984. Originalmente abarcaba todas las partículas candidatas a ser materia oscura, incluyendo axiones o gravitinos, pero ha evolucionado y hoy se refiere a partículas con una masa entre 10 y 1000 veces la de un protón (por lo tanto, al alcance de los experimentos del Gran Colisionador de Hadrones) y que presenta solo interacciones débiles (una de las cuatro interacciones fundamentales). Los cálculos teóricos indican que la abundancia con la que se habrían producido en el universo primitivo estaría de acuerdo con la abundancia que observamos de materia oscura.

Se cree que esta variación en las detecciones varía en función de si la Tierra va a favor o en contra del propio giro de la galaxia respecto a su centro. Las primeras detecciones tuvieron lugar en 1996. No obstante, como ningún otro experimento parece haber dado resultados positivos, puede deberse a que no se trate de partículas WIMP, sino de otro tipo de partícula ocho veces más masiva que el protón.

Desde 2016, en el Gran Sasso se realiza el experimento XENON1T, con 3200 kilogramos de xenón líquido, rodeado de agua ultrapura como blindaje.

Se han utilizado otras tecnologías para detecciones directas, conocidas como CDMS (Cryogenic Dark Matter Search), EDELWEISS ( Experience pour detécter les wimps en site souterrain), XENON100 y LUX. En las últimas décadas han incrementado su sensibilidad sin datos concluyentes, pero marcando puntos de referencia para la búsqueda.

Hay otra línea abierta para detectar la materia oscura de forma indirecta y tiene que ver con la posibilidad de captar la aniquilación de pares de partículas de materia oscura en el flujo de los rayos gamma. El origen fue en 1978 en dos artículos de Physical Review Letters. Este camino ha mejorado de forma considerable. Hay diversos proyectos que confirman y miden las diferentes propuestas: AMS, PAMELA, AMANDA, IceCUBE, ANTARES. Pero ninguno de ellos ha presentado datos definitivos y revolucionarios.

La tercera gran estrategia para detectar materia oscura es producirla artificialmente, utilizando para ello colisiones muy energéticas de partículas ordinarias para que se generen partículas de materia oscura. Este tipo de colisiones son las que tienen lugar en el LCH, el gran colisionador de protones instalado en el CERN. Los protones colisionan en cuatro puntos diferentes a lo largo del anillo de 27 km de circunferencia del acelerador. Los cuatro puntos de colisión están rodeados por cuatro grandes detectores de partículas: ATLAS, ALICE, CMS y LCHb. Dos de ellos, ATLAS y CMS, son elementos optimizados para la búsqueda de nueva física, más allá del modelo estándar. Aún no se ha descubierto ninguna WIMP en el LCH, hecho que dificulta la aceptación de las teorías supersimétricas.

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La supersimetría surgió con la hipótesis de cuerdas a finales de la década de 1960, con una idea relativamente sencilla. Propone que los constituyentes esenciales de la materia y la energía no son puntos, sino extensiones unidimensionales a modo de filamentos o cabellos finísimos elásticos llamados cuerdas. La magnitud de estas cuerdas se sitúa, en la escala de Planck, en torno a 10-35 metros. El estadounidense Edward Witten propuso un modelo llamado la teoría M con once dimensiones que todavía es un rompecabezas incompleto.

Uno de los requisitos para la coherencia de la teoría de cuerdas es la existencia de una nueva familia de partículas que permita relacionar las propiedades de los fermiones y los bosones. Los planteamientos iniciales son de 1971 (Gervasi and Sakita, Golfand and Likhtman). A cada partícula del modelo estándar se le habría de asignar una compañera supersimétrica. Aparecen porque modificamos las ecuaciones de la física para que sean invariantes bajo ciertas transformaciones matemáticas. Permite entender el hecho de que las cuatro interacciones surjan del intercambio de partículas mensajeras. Las supercompañeras de los fermiones reciben el nombre de estos con una s antepuesta (selectrón, squark…); las compañeras supersimétricas de los bosones se bautizan con la desinencia –ino: fotino, gluino, gravitino

Un aspecto interesante del modelo estándar es que las partículas mensajeras de las interacciones tienen masa cero, excepto los bosones W y Z. Esto se debe al «mecanismo Higgs», cuyo bosón fue descubierto en 2012 en el CERN (Laboratorio Europeo de Partículas). Pero no explica por sí mismo por qué las masas de estos bosones no son más pesadas, como sugiere la teoría (son 90 y 100 veces más pesadas que un protón). Este problema se llama de la naturalidad o de la jerarquía. Y precisamente este problema sugiere la presencia de nuevas partículas como solución al problema.

Algunas de las partículas que surgen de esta teoría, como el neutralino, podrían explicar la materia oscura, pero de momento son una especulación y no han podido detectarse en los laboratorios ni en el universo.

Hay otras posibilidades también investigadas, como los agujeros negros primordiales. La idea es que, justo al final de la etapa de inflación o expansión acelerada, se podrían haber generado regiones muy densas, las cuales podrían haber colapsado sobre sí mismas para producir agujeros negros con masas pequeñas entre 0,01 y 10.000 masas solares. De existir, se comportarían como materia oscura.

También, los neutrinos estériles. Conocemos tres tipos de neutrinos, que tienen la propiedad de ser «zurdos». El hecho de que oscilen abre la posibilidad a un cuarto tipo, que sería «diestro». La importancia radica en que las interacciones débiles solo las sienten las partículas «zurdas», así que estos neutrinos interaccionarían con la materia bariónica solo a través de la gravedad. Pero de existir, serían muy escurridizos, más que los neutrinos.

Más allá de las WIMP, podemos localizar la materia oscura en forma de axiones. Los axiones son partículas muy estables, de masa muy pequeña (del orden de 10.000 millones de veces más ligeras que los electrones) y que se produjeron copiosamente en el universo primitivo. Se propusieron para resolver un problema teórico del modelo estándar relacionado con la estructura de las interacciones fuertes (llamado problema CP, paridad y carga). La propiedad que permitiría detectarlos es que al interaccionar con un campo magnético intenso se pueden transmutar en un fotón.

El experimento consiste en convertir los axiones en fotones en un fuerte y estable campo magnético. Esta posibilidad fue sugerida previamente por Sikivie en 1983. En 2003 se presentaron resultados restringiendo los axiones en un estrecho rango de masas, 1,9-3,3 microEV. Hoy en día se ha construido un detector de axiones en la Universidad de Washington, llamado ADMX (Axion Dark-Matter Experiment). Es una cavidad cilíndrica sometida a un campo magnético intensísimo. Si dentro de la cavidad un axión de materia oscura se transmuta en un fotón, entra en resonancia como una nota musical en un tubo de órgano. La señal es terriblemente débil, menos de una billonésima de vatio. Para captarlo no puede haber ruido de fondo; por eso el experimento se encuentra solo dos grados por encima del cero absoluto. Si la materia oscura está compuesta por axiones, existe una gran expectativa de detectarlos en los próximos años.

 

Bibliografía:

Bertone G., Hooper, D.; History of dark matter; Reviews of Modern Physics, 90(4),(045002); 2018.

Bertone G., Hooper, D., Silk, J; Particle dark matter, evidence, particles and constraints; ; (2018). Fermilab, Pub-04/047-A;0404175; 2008.

Casas González, Alberto; La materia oscura. El elemento más misterioso del universo; Editorial RBA. National Geografic&Yellow Border; Dirección científica, Manuel Lozano Leyva; España; 2015.

Sanabria, Juan Carlos; Búsqueda de materia oscura supersimétrica en el LHC. Rev. Academia Colombiana de Ciencias (Supl): 34-55 (2014)

Publicado en Ciencia

Frecuentemente, asumimos la visión que predomina sobre el mundo que nos rodea sin espíritu crítico, aceptando el paradigma imperante sin mayor cuestionamiento. En cambio, cualquier posición que se separa de esta concepción nos produce extrañeza, tanto en el terreno científico o externo como en el aspecto ético o interno.

¿Aceptamos lo que nos cuentan sin más?

El tierraplanismo es un concepto que se sale del paradigma dominante, y, sin embargo, está siendo valorado en la actualidad por una cantidad significativa de personas que, a priori, no pueden ser tildadas de ignorantes.

Por Internet circulan muchas noticias, vídeos y personas que piensan que la Tierra es plana y que la redondez de nuestro planeta es mentira, una teoría de la conspiración en la que estarían implicados agencias espaciales, científicos, políticos, empresas y medios de comunicación.

El tierraplanismo emerge en un momento en el que se presupone que el método científico es infalible y en el que aparecen conceptos como sociedad líquida, posverdad, teorías de las conspiraciones mundiales a gran escala, etc. Las realidades sólidas de hace dos generaciones ya no lo son en este mundo, más provisional y ansioso de novedades.

Ante esta teoría tierraplanista o cualquier otra que choque con el modelo imperante, lo primero que hacen muchos es reírse o insultar.

Sin embargo, reírse de lo que otro ser humano piensa no es ningún argumento. Esta risa oculta algo inconsciente: resentimiento, que les lleva a criticar lo que no entienden, el mismo que inspira a los nuevos inquisidores contra las medicinas naturales o energéticas; y miedo a lo desconocido, temerosos de encontrarse con que el universo no sea tan material ni tan racional como creen.

Secretamente hay angustia a pesar de la aparente seguridad científica. Los contrarios que se atacan e insultan se retroalimentan mutuamente. Cuanta más violencia expresa el agresor, más dudas inconscientes alberga sobre su bien construido mundo de creencias.

El tierraplanismo pone de manifiesto la capacidad que tiene cada uno de cuestionarse la visión del universo que predomina en su época. ¿Qué sucedería si miles de individuos se salieran del paradigma mental dominante en una sociedad moderna?

Es muy fácil dejarse llevar por las ideas aceptadas socialmente, y también es fácil dejarse arrastrar por las percepciones que muestran los sentidos. Nos dejamos mover por «corrientes de opinión» y todos, en cierta forma, aceptamos la visión común del mundo, pero también sabemos que hay modas y fake news que azotan en la red.

Quizá por esto, no sabemos hasta qué punto estamos todos contagiados o alienados por una determinada visión del mundo. Las actitudes que adoptamos ante lo que sucede dependen de nosotros.

La pregunta que sí podemos intentar responder es: ¿qué está evidenciando el hecho de que miles de personas de todas las condiciones sociales, europeos y americanos, estén convencidos de que la Tierra es plana? ¿Qué significa este movimiento colectivo?

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Terraplanistas y extraterrestres

Jung afirmaba que el hombre actual no se ha desprendido en lo más mínimo del hombre arcaico que vive en su interior. A lo sumo, se ha dado una capa de barniz intelectual, eurocéntrico y moralista.

Quizá el fenómeno de la Tierra plana tiene connotaciones análogas a lo que sucedió con el fenómeno ovni en los años 50.

Jung se aventuró a exponer que la aparición de un círculo en el cielo, o un ovni, podía explicarse simbólicamente como una expresión colectiva de la necesidad de centralización psíquica. Se percibía colectivamente una necesidad imperiosa de volver al centro, al equilibrio. La mente colectiva se estaba desestabilizando con tanta tecnología, guerras y miedo. Y los ovnis, como mandalas en el cielo (como si fueran instrumentos de observación para comprender), traían, aunque de una manera distorsionada, la cordura a la sociedad loca.

Jung estudió la realidad psicológica de lo que afirmaban ver miles de personas «normales». No podían estar todos alucinando, sino que este hecho tenía que responder a algún tipo de fenómeno del inconsciente colectivo.

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Lo moral y lo material: Tierra plana y mundo chato

Quizá el caso de hoy es análogo, pues parece que los tierraplanistas están diciendo al mundo de una manera inconsciente: «Este mundo está loco. Dejemos de ser tan planos a la hora de concebir la existencia o la Tierra se volverá plana para nuestro entendimiento».

En muchos sentidos seguimos en un mundo chato. Los descubrimientos científicos no se han traducido en logros morales. No ha mejorado la sociedad en cuanto a bondad o justicia.

Descubrir que la Tierra es esférica no cambió el paradigma interior humano, no se cambió el egocentrismo por una hipótesis más amplia y «redonda» de la sociedad y del mundo. Moralmente, seguimos actuando como si aún creyéramos que el Sol gira a nuestro alrededor.

Giordano Bruno, en realidad, fue asesinado no porque dijera que el Sol era el centro o que existían otros mundos habitados, sino porque concebía que el descubrimiento físico del sistema heliocéntrico podía dar lugar a una civilización completamente nueva al provocar un cambio de perspectiva, y eso convenía destruirlo a tiempo…

Más allá de los descubrimientos, seguimos psicológicamente planos, cuadriculados. No hemos sabido crear una sociedad mundial «redonda», equilibrada. No hay paz, sino más muros y fronteras.

La teoría de los tierraplanistas parece esconder un reproche: «el mundo sigue plano porque vuestra conciencia y vuestra ciencia son planas, no tienen altura ni profundidad moral.

Estos contestatarios descreen de todo, ponen en cuestión nuestro mundo económico, político, educativo, etc.

Jung apunta que nosotros, los hombres modernos lógicos, hemos aprendido a separar lo subjetivo-psíquico de lo objetivo-natural.

En cambio, el hombre primitivo vive en su paisaje psíquico, no en uno geográfico o político. Este humano primitivo es inconsciente de ello. Su miedo se localiza en determinados lugares: bosques tenebrosos, rocas habitadas por gnomos, árboles poseídos por espíritus, etc.

Los que creen que la Tierra es plana son tan humanos como nosotros, pero se diferencian en dónde ponen la cualidad de «plano». Están volviendo al psiquismo del hombre primitivo porque no están de acuerdo con lo que vislumbran para el futuro.

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El progreso científico ¿va acompañado de un progreso moral?

Según Ken Wilber, el hombre moderno se ha convertido en un ciudadano de un «mundo chato», en donde el único conocimiento válido se basa en la realidad física percibida por los sentidos, mientras que el mundo interior ha sido descartado.

El tierraplanismo es quizá una fuerza psíquica colectiva que compensa o expresa este descarte. Nos avisa de que este mundo chato domina la conciencia y el paradigma actual.

Se avanza en astrofísica y cosmología, pero no se concede a la realidad más que un solo plano: la materia-energía... ¿Y los otros planos?

¿Existen otros niveles mentales, causales o espirituales? No existen si cerramos la puerta: ahí detrás no hay nada porque nuestra conciencia nunca se acerca. ¿Es quizá este dogmatismo el que provoca posturas infantiles como el tierraplanismo?

Dicen las tradiciones de sabiduría (cábala, hinduismo, platonismo, gnosticismo, teosofía…) que existen, como mínimo, siete planos o dimensiones, que van desde lo físico a lo espiritual.

El tierraplanista está poniendo de manifiesto una parte inquietante pero necesaria de la mente colectiva. Es una propuesta inconsciente de equilibrio psíquico (por absurdidad y contraposición al pensamiento aceptado dominante).

El prepotente hombre moderno y la civilización materialista y plana que ha creado no quieren ver su propia «planitud» y no la soportan en otra gente.

A pesar de que el tierraplanista tiene una vida normal en la sociedad moderna, algo en su psique se rebela: es su propio hombre arcaico interior, al que le han arrebatado la magia, la profundidad o la trascendencia. Proyecta en la geografía de la Tierra su propia geografía interior. Su percepción de este mundo chato sin futuro, sin amabilidad, sin redondez, se compensa con esta creencia y así se equilibra, y nos equilibra en alguna medida a todos nosotros.

¿El fenómeno de la Tierra plana, y otros que irán surgiendo en esta sociedad que sufre una profunda crisis de sentido, es síntoma y premonición de lo que vendrá? Tal vez, como decía Jung, «lo que se combate en el otro suele ser nuestra propia inferioridad».

 

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El estudio y la entrega rigurosa de científicos y los más diversos especialistas en este campo han arrojado mucha luz a ese jeroglífico que representa la creación y el desarrollo del universo, así como del ser humano. Sin embargo, aún quedan muchas incógnitas, dudas que los parámetros de lo comprobable, en los que se basa la ciencia oficialista, no han podido despejar, y que, sumados a la búsqueda de un entendimiento espiritual sobre estas cuestiones vitales, han fortalecido la creencia de que nuestra existencia tiene un sentido más sustancial que lo que la ciencia, por sí misma, puede desvelar.

La limitación de los cinco sentidos

Las respuestas a todas esas preguntas que la ciencia materialista sigue dejando en blanco han sido los desencadenantes de una búsqueda que en realidad no es reciente. A lo largo de la historia, las convicciones de los místicos de todas las civilizaciones han buscado mostrar la existencia de una realidad que se manifiesta más allá de la materia. Sin embargo, esta certeza de que la realidad que percibimos a través de los cinco sentidos es limitante sigue sin encontrar consenso en el campo científico.

La revelación de la física cuántica a principios del siglo XIX comenzó a vulnerar este hermetismo del materialismo. Si bien los fenómenos descubiertos por esta modalidad científica propiciaron el desconcierto de la ciencia oficialista, también abrieron un canal para alcanzar respuestas que hasta ese momento no abandonaban el calificativo de ser meras suposiciones.

Las creencias orientales, hasta no hace mucho valoradas como simples hipótesis con una absoluta carencia de fundamento, han comenzado a ser vistas con otros ojos por el mundo occidental. Los hallazgos en el campo de la neurociencia avalan la existencia de una dimensión que se manifiesta con independencia del espacio biológico y que, en definitiva, apoyan lo que religiones ancestrales ya habían manifestado. El estricto, inamovible y hermético razonamiento de que la mente no es más que el resultado de impulsos físicos del cerebro y que no tiene ningún efecto sobre nuestro cuerpo y el mundo físico que nos rodea ha comenzado a tener fisuras.

El manifiesto postmaterialista

«El dominio casi absoluto del materialismo en el mundo académico ha restringido seriamente las ciencias y obstaculizado el desarrollo del estudio científico de la mente y la espiritualidad. La fe en esta ideología, como un marco explicativo exclusivo para la realidad, ha obligado a los científicos a descuidar la dimensión subjetiva de la experiencia humana. Esto ha llevado a una comprensión severamente distorsionada y empobrecida de nosotros mismos y de nuestro lugar en la naturaleza» (fragmento del manifiesto).

En febrero de 2014, más de un centenar de científicos, reconocidos a nivel internacional, decidieron respaldar con su firma la existencia de una realidad más allá de la materia. Con el Dr. Gary Swartz, el Dr. Mario Beauregard, ambos de la Universidad de Arizona, y la Dra. Lisa Miller, de la Universidad de Columbia, a la cabeza, se llevó a cabo un encuentro con el fin de reconocer la importancia de ir más allá de la materia para lograr evolucionar como humanidad. Las investigaciones de este sector científico instan a vincular los aportes de la neurociencia con la tradición mística milenaria.

La falta de respuesta ante los fenómenos no físicos ha abierto un diálogo entre este campo de la ciencia y los testimonios místicos. Estos últimos establecen que nuestra realidad se expande más allá del cerebro humano y que solo basta dar un paso hacia la espiritualidad para rebasar los límites físicos condicionados por los cinco sentidos. Es necesario superar estas fronteras para comprender nuestra naturaleza y alcanzar ese estado de realización permanente que no se puede alcanzar a través de comprensiones racionales.

conciencia

La necesidad de profundizar en la consciencia así como en las experiencias espirituales, de dar respuesta a los fenómenos no físicos, ha sido el motor para superar las barreras de la ciencia materialista. Diversos estudios psicológicos y psiconeuroinmunológicos han desafiado la certidumbre de que la mente no es más que el resultado de impulsos eléctricos y de que los pensamientos no tienen ninguna repercusión sobre el cuerpo o el entorno físico. Dichas investigaciones han revelado que los pensamientos y las emociones repercuten en el sistema fisiológico. La mente, aseguran, tiene una profunda interconexión con el mundo físico. Y dada su aparente ilimitación, además de influir en el estado físico, puede intervenir sin regirse por ese valor espacio-tiempo tan relacionado con la materia.

Asimismo, mediante el estudio de la actividad cerebral durante experiencias místicas se demostró que la consciencia y el cerebro son dos cosas distintas. El neurólogo Baeudegard y Vincent Paquette presentaron una evidencia científica que asegura que la consciencia no es creada por el cerebro, experiencia que fue publicada en el libro The Spiritual Brain (El cerebro espiritual) y que desbarató la versión de que estas experiencias eran producidas por un área del cerebro.

El escepticismo de la ciencia oficialista

La premisa de que aquello que no se puede verificar no se puede afirmar es la base de la ciencia tradicional, una idea que respalda el escepticismo de la ciencia oficialista con todo lo relacionado con las experiencias místicas o con toda aquella interpretación que sostenga que la consciencia es independiente del cerebro.

Francis Crick, premio nobel de Fisiología y Medicina en 1962 y uno de los descubridores de la estructura del ADN, fue uno de los primeros en afirmar que el comportamiento de nuestro cerebro podía ser íntegramente explicado por la interacción de las células cerebrales. Las investigaciones del neurocientífico y otros físicos sustentaron la evidencia de que la consciencia nace de reacciones químicas del cerebro.

Para esta vertiente científica, nuestro cerebro tiene la capacidad de producir experiencias espirituales y místicas gracias a una hiperactividad en el sistema límbico, que se encuentra en las profundidades del lóbulo temporal. La espiritualidad –sostiene– es algo inherente al ser humano, condición que justifica esas experiencias, que no son más que producciones de la actividad cerebral.

La bruma de sobrenaturalidad con la que tratan de envolver estos sucesos no se pueden –manifiestan– someter a comprobaciones empíricas, motivo más que suficiente para descartar todas aquellas suposiciones que no se pueden comprobar, verificar y contrastar.

Las fronteras de la comprensión racional

Y sin embargo, más allá del enfrentamiento –si se quiere, ideológico– de estas dos vertientes, una realidad irrefutable es la de que sigue habiendo dudas por despejar. Si bien es cierto que el ser humano tiene una naturaleza espiritual y que la ciencia oficialista ha dado respuesta a muchas incógnitas, también lo es que sería absurdo establecer los límites del conocimiento en el materialismo empírico. Es decir, que permitir que prevalezca como única verdad que el mundo real es tan solo un mundo de percepciones llevaría a truncar ese desafío al sentido común que ha permitido la evolución de la humanidad.

Las revelaciones que han aportado las investigaciones de la ciencia postmaterialista, así como en su momento comenzó a hacerlo la física cuántica, tal vez aún no superen las fronteras de la comprensión racional, pero eso no significa que no sean verdaderas. Solo basta recordar el experimento de la doble rendija que aún hoy sigue asombrando.

La certeza de que la mente influye en el cuerpo ya no es solo una suposición. Una investigación profunda llevada a cabo durante años por parte del campo neurocientífico mostró (ya había sido demostrado por místicos ancestrales) el poder de la meditación para transformar la arquitectura del cerebro. Pero además de los efectos de la atención plena en el bienestar general, en la salud y en el rendimiento mental, estos resultados arrojan la certeza de que hay algo más allá de la materia.

El modelo postmaterialista ha abierto la posibilidad de llegar al conocimiento por otra vía. La reflexión de Niels Bohr, uno de los padres de la física cuántica, de que no somos meros observadores de lo que medimos sino también actores, cobra fuerza con las revelaciones de esta vertiente científica. Las experiencias en los diferentes estados de la consciencia, de que esta trasciende los límites materiales y que aporta asimismo experiencias espirituales, comienzan a ser demostrables.

Solo hay que aventurarse a cruzar determinados umbrales, a superar los paradigmas racionalistas y seguir investigando la espiritualidad, que es, como sostienen los científicos postmaterialistas, un aspecto central de la existencia humana. Y tener presente, por más que el miedo disfrace esa búsqueda del entendimiento espiritual de falsas creencias o dogmas, supersticiones e incluso reacciones químicas del cerebro, aquella frase del físico Nikola Tesla que decía que el día que la ciencia empiece a estudiar los fenómenos no físicos, hará más progresos en una década que en todos los siglos anteriores de su existencia.

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Viernes, 01 Febrero 2019 00:00

El Kybalión y la ciencia

Antes de mostrar algunas confluencias entre teorías y experimentos del nuevo paradigma científico y los principios herméticos declarados en el Kybalión, sería interesante hacer una primera aproximación a la misteriosa obra del Kybalión. Su nombre es ya un poco extraño, pues no tiene traducción, o tiene las más variadas etimologías.

Parece ser que la sabiduría o enseñanzas del Kybalión fueron transmitidas inicialmente de forma oral, y que se trasladaron de Egipto a Grecia, donde comenzaron a escribirse. No es extraño suponer, por tanto, que la palabra en sí fuese adaptada al griego. Y en esta lengua, Kybernêtes significa «piloto», el que dirige una nave, por lo que podríamos entender que Kybalión significa «guía» (en el camino de la iluminación, de la sabiduría).

El origen de este libro está envuelto en la leyenda, pues se atribuye tradicionalmente a Hermes Trimegisto (el tres veces grande), originariamente una simple transfiguración del dios egipcio Thot, pero que luego fue tenido como un sabio egipcio de hace muchos miles de años a quien se considera contemporáneo de Abraham.

De Hermes Trimegisto surgió el hermetismo, una tradición filosófica y religiosa de largo recorrido basada principalmente en textos atribuidos a este sabio, y que se ha caracterizado por ser una corriente de pensamiento muy secreta. El llamado Corpus Hermeticum es una colección de 24 textos escritos en lengua griega que contienen los principales axiomas y creencias de las tendencias herméticas.

El Kybalión presenta las siete leyes que, según la filosofía hermética, fundamentan la naturaleza. Este libro apareció en 1908 publicado por tres personajes anónimos que se autonombraron «Los tres iniciados», que no se sabe quiénes son, aunque se sospecha que fueron un personaje inglés llamado William Atkinson, un teósofo, que es más conocido por su pseudónimo cuando escribe como Yogui Ramacharaka, siendo los otros dos personajes, Paul Foster Case y Michael Whitty, afines a círculos masónicos.

¿Qué teorías dentro del mundo de la ciencia actual se aproximan a conclusiones enunciadas en el Kybalión?

Principio del mentalismo

En muchas religiones se ha hablado de Dios como el arquitecto divino, como la mente divina que está detrás de todo lo manifestado, y a nivel de filosofía este principio coincide con lo que decía Platón en su teoría de las ideas, ya que Platón va a decir que existe un mundo arquetípico en donde están las ideas principales. Un mundo real y eterno, mientras que este mundo sensible sería ilusorio, no sería real porque aquí las cosas cambian, tienen poco tiempo de vida, van pasando muy rápido.

¿Cómo conecta este principio mental con algunas teorías científicas actuales?

En psicologíapodemos mencionar la teoría del inconsciente colectivo de Jung, o el concepto de noosfera desarrollado por Teilhard de Chardin.

Jung plantea que el ser humano tiene una especie de experiencias de arquetipos, de símbolos, que hacen que nosotros actuemos de una manera inconsciente, no por nuestra propia experiencia individual sino por la experiencia de conjunto. Estos comportamientos vendrían del inconsciente colectivo, que sería algo compartido por la humanidad.

Teilhard de Chardin, con su concepto de noosfera, dice que además de la biosfera de la Tierra y de la atmósfera de la Tierra, existiría una noosfera donde el pensamiento y la inteligencia de los seres humanos sería como un espacio común.

En biologíaRupert Sheldrake propone su teoría de los campos morfogenéticos.

Así como existe un campo energético, un campo magnético, habría otros campos dentro del aprendizaje de las especies que haría que, cuando se llega a una masa crítica, a un número determinado de individuos que aprenden una técnica, eso pasa a formar parte de la colectividad y se convierte en un conocimiento integrado por la especie.

En medicina, respecto a que todo es mental, la ciencia ha descubierto y demostrado el tema de las enfermedades psicosomáticas, en donde la mente es capaz de afectar al cuerpo y se puede enfermar según lo que pensamos.

En mecánica cuántica, con la llegada del siglo XX apareció Einstein y la física cuántica, que introdujeron con experimentos y teorías la idea de indeterminación, así como una realidad que es modificada por la intervención del investigador al observar los fenómenos.

La paradoja del gato de Schrödinger

paradoja gato shrodinger

Esta paradoja supone que, si nosotros tenemos un átomo radioactivo, este tiene un 50% de posibilidades de desintegrarse. Si se desintegra, activa una palanca que hace bajar un martillo y rompe un frasco de veneno, de manera que el gato que está dentro de la caja muere. Si no se desintegra el átomo, entonces el gato vive y el martillo no rompe el frasco de veneno.

Shrödinger decía que el comportamiento en el mundo de lo muy pequeño es paradójico porque en este micromundo, el gato está vivo y muerto a la vez. Hasta que nosotros no destapamos la caja el gato no se decanta entre lo vivo y lo muerto.

Al observar el fenómeno, el investigador está provocando que se decante una de las soluciones.

2 Principio de correspondencia

En biología, la hipótesis Gaia, de James Lovelock y Lynn Margulis (1970-1980), considera a la Tierra como un ser vivo. Observaron que la Tierra tiene sistemas de homeostasis, es decir, es capaz de autorregularse, como lo hace un ser vivo. Un sistema que mantenga condiciones de temperatura, de salinidad, de gases en la atmósfera, indica que tiene que haber una cierta homeostasis, y eso evidencia que la Tierra es un ser vivo.

En matemáticas, la geometría fractal. Hasta hace poco se pensaba que una forma irregular no respondía a un criterio armónico, hasta que se descubrió la geometría fractal. Fractal significa trozo. Las formas de la naturaleza, las flores, los árboles, los copos de nieve, las montañas, funcionan sobre la base de fractales, pequeños fragmentos que se van repitiendo innúmeras veces.

En medicina, esta idea de correspondencia de la parte con el todo es la base de terapias como la reflexología podal, la auriculoterapia o la iridología, donde el pie, el oído o el iris del ojo se relacionan con los distintos órganos del cuerpo.

Principio de vibración

Este principio de vibración lo ha ido descubriendo la ciencia física progresivamente. Cuando empezaron los primeros modelos de átomos con Rutherford, estos eran algo compacto, como una tarta hecha de bolitas de protones, neutrones y electrones. Pero luego empezó a descubrirse que los electrones están en movimiento, no están pegados al núcleo, el cual tampoco está estático.

En cosmología, más allá de que nosotros no percibamos el movimiento, la Tierra se mueve a 1600 Km/h en su movimiento de rotación, y a 108.000 km/h en su movimiento de traslación. El Sol se mueve y nosotros nos movemos con él a 800.000 km/h, y la Vía Láctea se mueve alrededor de otras galaxias a 300 km/s. El movimiento al que está sujeto el universo es increíble.

Y según la teoría de la radiación de fondo, el universo continúa moviéndoseUna de las cosas que se dijo es que si el big bang se ha producido, tendría que haber todavía como un eco de esa explosión, una vibración que nos hiciese notar que el universo está expansionándose. Esa radiación cósmica de fondo se descubrió, y es otra prueba de que el universo está en movimiento.

En mecánica cuántica se habla de la teoría de cuerdas. Esta teoría todavía no está constatada. Están las leyes matemáticas, las ecuaciones que demuestran la posibilidad, pero no se puede demostrar directamente. Para la teoría de cuerdas existe solo un tipo de materia, una cuerda, y en función de la velocidad a la que vibra la cuerda puede parecer un quark, un electrón, un positrón, pero sería una única forma de materia.

En medicina, la musicoterapia o la cromoterapia se basan en que las ondas sonoras o los colores tienen distintas frecuencias y producen una vibración que nos pone en consonancia con esa música o esos colores.

En psicología, la ley de resonancia haría que, según el nivel en el que está vibrando una persona, atraería pensamientos o sentimientos afines.

Principio de polaridad

En física, todos los opuestos dados en el plano físico, luz/oscuridad, alto/bajo, rápido/lento, lleno/vacío… son semejantes en naturaleza y difieren en grado. Esta ley de polaridad permite transmutar uno en otro siguiendo las líneas de polarización. Se puede pasar de frío a caliente pero no de frío a lleno.

el kybalión y la ciencia sin desarrollo enunciados 2

En psicología, este principio también es aplicable. Así, se puede pasar del odio al amor, del miedo al valor… La clave está en desarrollar la virtud opuesta al defecto con el que se quiere trabajar.

En mecánica cuántica, la ecuación formulada por Einstein, E = m.c 2, expresa que la energía y la materia son intercambiables. Según la velocidad que lleve esa masa, será energía o materia.

La teoría del caos plantea que detrás del aparente caos de la naturaleza hay un orden estricto, pero se trata de un orden tan complejo, con tantas variables que escapan a nuestro control, que nos parece caos.

La teoría de la relatividad. Einstein nos da otras contradicciones a nivel de los opuestos, espacio/tiempo, inmovilidad/movimiento, que parecen cosas completamente irreconciliables. Y nos muestra que es imposible conocer el movimiento y la inmovilidad.

En su ejemplo del ascensor en caída libre, nos describe lo que ocurre en el espacio. Si estuviéramos dentro de un ascensor y ese ascensor entra en caída libre, estaríamos ingrávidos, como si estuviésemos en una nave espacial. La nave espacial está en un sistema sin gravedad, pero está siendo acelerada. De la misma manera, nosotros en la Tierra nos sentimos inmóviles, pero estamos viajando.

En medicina, la homeopatía se hace eco de este principio de que los extremos se tocan. Aquello que te enferma también te puede curar. Y entonces utiliza los venenos, los diluye en dosis; en pequeñas cantidades curan, en grandes cantidades matan.

5 Principio del ritmo

En cosmología, la teoría del bing bounce, «el gran rebote», nos diría que no estamos en un universo que tiene nacimiento, sino en un universo de muchos universos, donde los universos son cíclicos y también aparecen y desaparecen.

En medicina, los biorritmos son otra expresión de la ley cíclica.

En biología, hay una teoría llamada «el equilibrio puntuado», de Gould. A diferencia de lo planteado por Darwin, para el que la evolución de las especies sería continuada y constante, esta teoría expone que la evolución tiene marchas y contramarchas. Hay un momento en que todo cambia muy rápido y hay un momento donde se estabiliza, siguiendo como ciclos.

6 Principio de causa y efecto

En física, la 3.ª ley de Newton de la termodinámica, llamada también ley de acción y reacción, establece que, cuando se ejerce una fuerza en un sentido sobre un objeto, se produce una reacción, una fuerza de igual intensidad, pero en sentido contrario.

A modo de inciso, esta misma idea se ha explicado a través del concepto de karma en las filosofías orientales, ampliando la ley de acción y reacción a planos psicológicos, mentales y espirituales.

En biología, la teoría de la epigenética nos diría que lo que hacemos y el resultado de nuestras acciones tienen un efecto sobre nuestros genes y puede modificarlos.

En mecánica cuántica, en la teoría del «orden implicado», de David Bohm, se descubrió que hay electrones que están emparejados. De manera que un electrón a gran distancia del otro sufre las mismas modificaciones que el electrón emparejado, y lo hace aparentemente a la velocidad de la luz.

Para entender esta idea, podemos imaginar que si tuviéramos una pecera con un pez y a su lado pusiéramos dos cámaras, al proyectar las imágenes de las cámaras tomadas desde distintos ángulos en una pantalla, parecería que hay dos peces, pero solo hay uno.

Bohm diría que habría un orden implicado, un orden explicado, que es lo que vemos en nuestro mundo, y un orden implicado. Y ese orden implicado haría que todas las partes estuviesen conectadas entre ellas. Eso explicaría lo que aparentemente no tiene explicación.

7 Principio de generación

En cosmología, además de los agujeros negros de los que habló Stephen Hawking, se han descubierto las llamadas fontanas blancas. Así, un agujero negro es un lugar donde la materia se ha condensado en un espacio tan reducido que la gravedad que emite es tan fuerte que ni la luz puede salir de ahí. Los agujeros negros serían como los «comedores de materia», destructores del universo, mientras que las fontanas blancas son lugares donde la luz es repelida y toda la materia es sacada hacia afuera como si fuese una fuente de luz, son los lugares de creación del universo. Estos agujeros negros y fontanas blancas se cree que están conectados por agujeros de gusano, pero esto todavía no ha sido evidenciado.

En psicología, se habla de los dos hemisferios cerebrales. El hemisferio izquierdo es el racional y potencia las matemáticas, la lógica, el habla, mientras que el hemisferio derecho es creativo, se desarrolla con el arte, la música, con las actividades intuitivas.

En química, la formación de los enlaces químicos se produce porque los átomos no son estables. Tienen más electrones que protones, o más protones que electrones, lo que hace que busquen emparejarse con otros átomos formando moléculas.

¿Cómo llegaron a formularse estas leyes del Kybalión? ¿Qué métodos utilizaron para descubrirlas? No lo sabemos, es un enigma. Y un enigma es una pregunta sin respuesta o con una respuesta controvertida. Sea como fuere, parece que estos axiomas, si los demuestran los científicos actuales, fueran más verdad que si los exponen los filósofos místicos y herméticos de la Antigüedad.

 

Viernes, 01 Febrero 2019 00:00

El alma es una realidad

Kami es una palabra japonesa que puede traducirse como «tener duende». Cuando una cosa o una persona rozan la perfección, cuando su alma se expresa en todo su esplendor, se dice que tiene kami. Así, cuando el maestro forjador consigue la catana perfecta y esta adquiere personalidad propia, la catana posee kami. Todo en la naturaleza tiene su kami, su alma o espíritu, su duende.

¿Qué hay de realidad en todo esto? Toda esa realidad inapresable que escapa a los sentidos. Vivimos en un universo del que apenas podemos percibir una ínfima parte. Los astrofísicos nos dicen que el 96% de la materia que compone el universo es materia oscura y el restante 4% está conformado por la materia ordinaria que podemos tocar, ver y medir. Podemos tocar, ver y medir nuestros cuerpos y todos los órganos que en él trabajan a diario, pero no podemos tocar, ver ni medir nuestras experiencias más íntimas, el porqué de las decisiones que tomamos, el origen de las preguntas que nos hacemos sobre quiénes somos, etc.

Cada vez se levantan más voces de científicos, pensadores, educadores y artistas a favor de la concepción del universo como un ser vivo, dejando atrás la visión mecanicista. «Ha llegado el momento de darse cuenta de que toda interpretación, incluso positivista, del universo debe, para ser satisfactoria, abarcar tanto el interior como el exterior de las cosas –lo mismo el espíritu que la materia– [...]; coextensiva a su Exterior, existe un Interior de las cosas»1 .

EL ALMA ES UNA REALIDAD 3

Existen varias realidades que no son perceptibles por medio de los sentidos. Pero si no las podemos percibir, ¿cómo sabemos que existen? Por sus efectos. Como la ley de la gravedad, la constatamos por sus efectos, porque la ley en sí misma es invisible. Aprendimos en el colegio que la ciencia no inventa la realidad, sino que la descubre. La medicina descubrió las bacterias miles de millones de años después de que se formaran en la Tierra. Antes de su descubrimiento ya existían, pero los médicos no lo sabían. Por lo tanto, que la ciencia no haya descubierto el alma no es argumento que permita negar su existencia. Es parte de esas realidades que existen y que no podemos percibir con los medios ordinarios como el tacto, la vista, el olfato, el oído y el gusto. El alma es intangible para las manos físicas, inodora para las narices físicas, inaudible para las orejas físicas e insípida para las papilas gustativas. Pero es tangible para el artista, visible es para el profeta, la olfatea el filósofo, la oye el místico y la saborea el amante. Así como sabemos que la materia oscura existe por las «distorsiones» que causa en las dimensiones perceptibles, sabemos que el alma existe por la enorme cantidad de fenómenos que detectamos en el cuerpo y sobre los que no tenemos explicación. El origen de esos fenómenos se halla en otras dimensiones a las que no podemos llegar si no es con los atributos propios del alma.

Muchos investigadores están llamando la atención sobre la caducidad del paradigma sostenido hasta el momento. Por ejemplo, el bioquímico y filósofo Rupert Sheldrake, en su libro El espejismo de la ciencia, enumera las diez creencias principales que la mayoría de científicos dan por supuestas y que, sin embargo, no están debidamente demostradas:

«1. Todo es esencialmente mecánico.

2. Toda la materia es inconsciente.

3. La cantidad total de materia y energía es siempre la misma.

4. Las leyes de la naturaleza son fijas.

5. La naturaleza carece de propósito, y la evolución no tiene objetivo o dirección.

6. Toda la herencia biológica es material y se transmite en el material genético, ADN y otras estructuras materiales.

7. Las mentes están dentro de los cráneos y no son más que actividades de los cerebros.

8. Los recuerdos se almacenan como huellas materiales en el cerebro y se borran con la muerte.

9. Los fenómenos no explicados, como la telepatía, son ilusorios.

10. La medicina mecanicista es la única que funciona»2

El campo cuántico de Laszlo, el universo implicado de David Bohm o los campos morfogenéticos de Sheldrake son algunas de las propuestas mejor fundamentadas para explicar la naturaleza, el universo y el hombre, integrando todos los hechos no explicados por el materialismo. Realidades como la mente y la conciencia, la memoria, la causalidad no local, las experiencias cercanas a la muerte, la génesis de la forma, la materia y la energía oscuras, etc., están desvelando un universo y una naturaleza con materia y algo más que no es materia ni energía.

EL ALMA ES UNA REALIDAD 2

La existencia del alma y su redescubrimiento puede conducir a la humanidad a una revalorización de lo individual y ayudar a que los seres humanos logremos respetar a todo ser vivo en cuanto que individuo que posee un destino y un camino evolutivo por hacer. El alma tiene una cualidad que ya destacaron los neoplatónicos como Plotino. Posee individualidad y, a la vez, sin que ello le produzca ninguna merma o minoración de sí misma, forma parte de un ser mayor.

 

Viernes, 01 Febrero 2019 00:00

Ciencia y Filosofía

Uno de los signos que nos hacen pensar que a pesar de todo vamos avanzando viene a ser la abundancia de debates sobre ciencia y filosofía, dos ámbitos del conocimiento que estuvieron unidos y relacionados hasta el siglo XIX. La necesidad de postulados éticos sólidos para que las ciencias avancen en sentido favorable a la evolución de la humanidad podría ser una de las causas de un cierto movimiento de regreso a la fructífera colaboración entre científicos y filósofos, conscientes de que tienen mucho que aprender los unos de los otros. Este regreso tiene un cierto aroma de vuelta a los inicios, cuando en las ciudades griegas de Jonia se pusieron las bases para hallar el método de conocimiento que era necesario en una nueva época que se iniciaba.

En Esfinge nos congratulamos de que tenga lugar ese diálogo tan necesario, al que nos gustaría pensar que estamos contribuyendo. Nuestros colaboradores habituales, que nos ofrecen sus trabajos con tanta generosidad, nos tienen acostumbrados a establecer relaciones y comparaciones entre diferentes disciplinas y, con frecuencia, presentan ejemplos de coincidencia de materias artificialmente opuestas.

Una de estas relaciones es la que se encuentra entre los paradigmas propios de civilizaciones antiguas, como la egipcia, por ejemplo, que nos siguen admirando por sus logros y su sentido de la justicia y los postulados científicos más innovadores, como es el caso de los postulados del Kybalion y los de las ciencias avanzadas. Un extraño nexo entre lo muy antiguo y lo muy nuevo parece existir, haciéndonos percibir el devenir cíclico del tiempo.

Publicado en Editorial

Es un hecho conocido el atribuir a Caldea y Mesopotamia los orígenes de la astrología occidental. A Egipto se le ha pretendido quitar el privilegio de ocupar un papel tan importante o incluso mayor que el que tuvo Caldea en la génesis de los modelos astrológicos y, posteriormente, astronómicos. Es evidente que en Caldea ya aparecen los primeros horóscopos personalizados, pero si se estudia con detalle la propia lengua egipcia y sus representaciones simbólicas, como por ejemplo los techos astronómico-astrológicos, se puede observar que en ellos están las bases de la astrología occidental.

Este trabajo de ir desmenuzando los jeroglíficos egipcios y su simbología requiere algunos conocimientos de lengua jeroglífica egipcia, así como conocimientos de la astrología ptolemaica occidental. No se sabe si los caldeos conocían el sistema de 12 Casas o Mansiones astrológicas actual. Pero lo que sí está bastante claro es que para los antiguos egipcios el número 12 y su simbología es fundamental.

Los grupos de 12 elementos simbólicos, por ejemplo, en la tumba de Tutmosis III, aparecen decenas de veces. Los antiguos egipcios ya situaron el mes de Thoth en el actual signo zodiacal de Virgo, por eso Thoth>Hermes>Mercurio es el planeta regente de Virgo.

La relación entre los 12 meses egipcios, los 12 signos del Zodíaco y los 12 meses actuales aparece en el disco de Chevroches, una especie de piedra de Rosetta para la astrología occidental. En la actualidad, el disco de Chevroches ofrece muchas incógnitas a los astrónomos o astrofísicos que lo han estudiado, aunque no se puede descubrir mucho más sobre este disco si no se conoce de forma directa el sistema astrológico y su modo de operar.

Los egipcios utilizaron desde la más remota Antigüedad el sistema de 36 decanos que dio lugar al sistema sexagesimal, aunque los caldeos, al utilizar la división del año en 12 constelaciones, también conocían el sistema sexagesimal, pues 12 constelaciones multiplicado por 30º da como resultado 360 días o 360º, ya que el Sol recorre la eclíptica un grado por día.

Signos del Zodíaco y constelaciones zodiacales

Pero algo que pasa desapercibido a muchos investigadores es la diferencia absoluta entre signos del Zodíaco y constelaciones zodiacales. Y en ello está la clave para darle a la astrología tradicional la importancia que se merece. Los astrónomos y astrólogos antiguos –y no tan antiguos, como Kepler o el mismo Newton– conocían perfectamente esta diferencia. Los 12 meses del año estaban basados en los solsticios y los equinoccios, dando lugar a los 12 signos del Zodíaco. Las cuatro estaciones están formadas por tres signos del Zodíaco cada una; por lo tanto, 4 x 3 = 12 signos.

LA ASTROLOGÍA EN EL ANTIGUO EGIPTO 2

Del 20 de marzo al 22 de abril, aproximadamente, es el período del año que corresponde al signo zodiacal de Aries. En la Antigüedad probablemente se dieron cuenta de que podían saber dónde estaba el signo de Aries tomando como referencia las estrellas que aparecen detrás en ese espacio de tiempo, y le denominaron el Carnero. Pero, debido a la precesión de los equinoccios, las estrellas del Carnero se desplazaron lentamente y, por lo tanto, ya no coinciden exactamente con los signos del Zodíaco.

Hay que resaltar que en la astrología occidental esto no afecta en absoluto a la hora de establecer el Zodíaco anual, ya que esté en la constelación que esté el punto equinoccial de primavera, todos los años el Zodíaco comienza a partir de dicho punto equinoccial y no de donde se quiera situar (cosa muy difícil, por cierto) el principio de la constelación del Carnero. Por lo tanto, las críticas que se le hacen a la astrología en cuanto a que la astrología ya no funciona porque ya no coinciden las constelaciones con los signos del Zodíaco, son absolutamente absurdas y demuestran el desconocimiento total y absoluto de los principios astrológicos por parte de quienes las hacen.

El horóscopo a partir de los 12 signos del Zodíaco de la eclíptica no tiene nada que ver con las constelaciones zodiacales; el horóscopo o carta natal está basado en la división del año en 12 signos zodiacales a partir de los equinoccios y solsticios. Por eso, decir que la astrología no funciona porque hay 13 o más constelaciones es ridículo.

Hay que matizar que cada estrella de cada constelación va recorriendo los 12 signos zodiacales, y eso sí que tiene un determinado significado. Todo esto los antiguos egipcios lo conocían a la perfección.

Los ciclos de actividad

El antiguo Egipto fue pionero en muchísimos descubrimientos que nos influyen incluso hoy en día. La idea de dividir el día de 24 horas en 12 horas diurnas y 12 horas nocturnas es un invento egipcio. Los 36 decanos egipcios los aplicaban por una parte a la división del año en 365 días, y por otra, a la división del día en 36 ciclos de 40 minutos. Y curiosamente hoy en día se sabe la gran importancia que tienen los ciclos de 40 minutos en relación con la activación de la sustancia reticular del bulbo durante las fases del sueño REM a lo largo de la noche y también durante el día.

LA ASTROLOGÍA EN EL ANTIGUO EGIPTO 3

Cada 40-45 minutos se produce una fase REM, y durante el día, cada 40-45 minutos se produce una onda de relajación a nivel cerebral que hace que necesitemos descansar unos minutos para reanudar la actividad. Por eso se recomienda que las conferencias no duren mucho más de 40-45 minutos. Y estas fases son las que son recomendables utilizar para relajarse, para inducir el sueño o para meditar. Seguramente las Casas zodiacales proceden mucho más de la astrología greco-egipcia que de la astrología caldea.

El gran interés por el número 12, tanto por parte de los caldeos como por parte de los antiguos egipcios, hizo que la cultura judeocristiana estuviera profundamente influida por dicho número mágico. Por ejemplo, las 12 tribus de Israel, las 12 piedras de la muralla de la Jerusalén celestial, las 12 piedras del pectoral del sumo sacerdote y, sobre todo, los 12 apóstoles. Los esenios, precursores del naciente cristianismo, ya tenían un consejo formado por 12 miembros y esperaban la inminente aparición del «Maestro de Justicia».

Hoy en día, como trato de demostrar en el primer volumen de Harmonices Mundi Restitutio: número y psique, el número 12 aparece incluso en la física de partículas, ya que, en lo más íntimo de la estructura de la materia, aparecen 12 partículas subatómicas. Por lo tanto, el sistema astrológico sigue vivo incluso en los modelos de la física de vanguardia, pese a quien le pese.

En cualquier caso, en mi segundo volumen de Harmonices Mundi Restitutio, trato de demostrar que las bases del pensamiento astrológico están, en un porcentaje altísimo, en la cultura del antiguo Egipto. Los sacerdotes egipcios y el sacerdote horóscopo especialmente, intentaron descubrir un sistema para tratar de demostrar que en el instante en que se nace y se comienza a respirar es cuando se introduce el alma en el recién nacido. Una idea que recogió Miguel Servet y que utilizó para tratar de explicar su genial descubrimiento de la circulación cardiopulmonar. Y ese sistema es el sistema astrológico, algo que se utilizó en medicina en Europa hasta el siglo XVIII y que conocían incluso los sacerdotes de la Iglesia católica.

 

Publicado en Astronomía
Sábado, 01 Septiembre 2018 00:00

Ciencia y verdad, paradigmas enfrentados

En los planteamientos actuales para acceder al conocimiento, se abre paso una cuestión que fue resuelta de modos distintos según las épocas: ¿debe la ciencia prescindir de todo lo que no sea estrictamente racional para obtener resultados? Tal vez algunas respuestas se hallen analizando algunos ejemplos que nos antecedieron.

Hemos hablado mucho de ciencia, hemos hablado mucho de filosofía, pero me gustaría concentrarme sobre el «y», porque vivimos en una cultura del «o».

Hoy estamos hablando de ciencia y filosofía, una visión en la que la ciencia pueda ser parte de la filosofía. La filosofía debe aportar a la ciencia criterios de validez de sus conocimientos: ¿Qué pasos debo yo seguir? ¿Qué supuestos puedo o no tomar para que los conocimientos a los que llegue puedan considerarse válidos o no? Y la respuesta es: «depende».

Es un planteamiento un poco distinto. En las obras de Platón no es absolutamente imprescindible llegar a una definición exacta, por ejemplo, de las virtudes que explora en sus distintos libros. Y uno dice: ¿dónde está la conclusión? Pero es que, tal vez, el camino mismo nos está presentando nuevos horizontes y hay cosas de las que quizás no sea tan importante el definirlas sino el vivirlas.

En Occidente se dice que, hasta Descartes, impera el realismo. Es decir, el mundo existe, independientemente de que lo conozcamos o no. A partir de Descartes se dice que lo único de lo que tengo una evidencia es de que existe una actividad cognitiva psíquica, cogito, por lo cual soy. Hay un sujeto que tiene esta actividad, lo cual no significa que lo que estoy pensando sea correcto.

Pero como todavía estamos en un mundo muy impregnado por la religión, Descartes sigue diciendo: «Bueno, yo tengo la idea de perfección en mi mente, yo soy imperfecto; por lo tanto, alguien perfecto tiene que haberla insertado en mi cabeza; ese alguien es Dios». Ya estamos yo y Dios, y a partir de ahí voy a reconstruir el mundo.

Pero, concentrémonos en este «y». Hay una vieja parábola de cinco ciegos y un elefante. Los cinco ciegos van a describir un elefante. Un ciego se pone debajo y dice: «es como un enorme barril». Otro, que le toma la cola dice: «no, no, estás muy equivocado, es como una soga». Otro, que coge la pata dice: «no, no, están equivocados, es como el tronco de un árbol». El cuarto, le toma la oreja y dice: «señores están equivocados, es como la hoja de una palmera». Y el quinto, dice: «no, todos ustedes están equivocados, porque en realidad es como una manguera» porque le está tocando la trompa.

¿No nos pasa mucho esto? Cada cual tiene un punto de vista, pero considera que ese punto de vista es «el punto de vista». Si simplemente cambiamos la partícula del «o» por la posibilidad del «y», tal vez cambien las cosas.

La siguiente cita me parece muy pertinente al respecto. «Y así como la misma ciudad vista por distintas partes parece otra, y resulta como multiplicada por la perspectiva, así también sucede que por la multitud infinita de sustancias simples, hay como otros tantos universos diferentes, los cuales no son, sin embargo, sino perspectivas de uno solo, según los diferentes puntos de vista de cada uno» Elogio de la duda).

Bien... ¿cómo podemos pensar en el «y»?

Quiero que nos concentremos en la imagen de La escuela de Atenas, de Rafael, en la que hay un espacio de encuentro, donde aparecen reunidas, ordenadas según unos criterios platónicos de las cuatro virtudes, el arte, la política, la mística o religión y la filosofía y ciencia.

Fijémonos en algunos detalles. Tenemos a dos personajes en el centro: Platón, mostrando un dedo hacia arriba, probablemente tomando la cara de Leonardo da Vinci, y llevando un texto bajo el brazo que es el Timeo, el libro sobre la naturaleza, y observamos que tanto el gesto de Platón como el libro están en vertical.

En cambio, Aristóteles lleva su Ética trazando una línea horizontal, la misma dirección que muestra la palma de su mano, con lo cual ya tenemos una cruz de una visión vertical, que mira hacia los orígenes, hacia las causas, mira hacia el mundo de las ideas, y el otro ámbito del mundo de causalidades horizontales, que es el de la ciencia de la tradición aristotélica.

A los teóricos les interesa descubrir las causas últimas. A los físicos les interesa más este mundo. Pero, para Rafael, estas son realidades complementarias. Y yo me atrevería a decir incluso más. Aparecen otros elementos, hay una complementareidad y es un tiempo imaginario que permite los encuentros del «y», Porque en este cuadro se unifica a personajes que no vivían en el mismo lugar y, especialmente, no vivían en el mismo momento. ¿Esto es mito o es logos? Ellos no se encontraron físicamente, pero tal vez, los grandes espíritus no necesitan encontrarse.

Tenemos a Pitágoras, con una numerología simbólica que habla de los orígenes últimos de las cosas, y que muy probablemente Platón explicitó, en parte, en su Timeo, donde habla de las series numéricas en relación con las proporciones del alma del mundo. La geometría a nivel arquetípico. Los modelos del mundo en relación con los cuatro elementos, en relación con los cinco cuepos poliédricos regulares que después dibuja Leonardo da Vinci durante el Renacimiento, ilustrando un libro sobre la proporción áurea. Y destacamos la palabra armonía.

La palabra griega cosmos manifiesta belleza y orden. Es bello porque está ordenado, está ordenado porque es bello. Con lo cual, además, integramos el arte. Hoy nos cuesta mucho integrar la ciencia y el arte. Ya nos cuesta integrar la filosofía y la ciencia. Sin embargo, en Leonardo da Vinci encontramos a un científico y a un artista.

Un artista ha interiorizado las proporciones áureas y las refleja en sus obras de forma natural: hace sabiendo. Tenemos que descubrir esa armonía, y podemos hacerlo porque esa misma armonía está en nosotros, como vamos a ver en la imagen de Leonardo da Vinci, el hombre de Vitruvio, donde encontramos la proporción áurea.

Con los Médici vuelve el mundo clásico, apoyan el Renacimiento. Se buscan viejos textos, reaparece Platón, se vuelve a traducir la República y otras obras...

El elemento «y» tal vez pertenezca a otro nivel de la filosofía. Porque lo básico es el nivel analítico-lógico. Antes de empezar a leer hay que aprender el abecedario. Pero en otra escala, uno llega a escribir poesía después de aprender ciertos cánones. Es el ser interior, esa conciencia, que se va a expresar. Es otro lenguaje.

Como elemento a destacar, encontramos a Leonardo da Vinci, el gran arquetipo que integra la ciencia y el arte. Es un científico totalmente racional, pero no desconectado de la armonía del universo.

En nuestro cerebro tenemos dos áreas: el hemisferio cerebral izquierdo y el hemisferio cerebral derecho. Hoy sabemos que el habla, el logos, se halla en el hemisferio cerebral izquierdo; la palabra y el análisis están en la izquierda. Pero la percepción de un todo está en la derecha. Es muy interesante; la música se relaciona más con el tiempo que con el espacio. Todo lo que es gráfico se relaciona más con el espacio que con el tiempo.

Si se destruyen o afectan ciertos centros, a veces hay dispersión del habla, de la comprensión... Esa otra parte, que yo relacionaría con el mito, con la comprensión del símbolo, está en el lado derecho. En cambio, el lenguaje discursivo, que sirve más para explicar que para comprender, está al lado izquierdo.

Entonces, tal vez, uno de los problemas de algunos planteamientos científicos muy generalizados sea el trabajar solo con medio cerebro. ¿Y si integrásemos el otro lado?... Tendríamos, entre otras cosas, la creatividad.

Esto lo va descubriendo Einstein. Y se le plantea el gran problema porque no quiere terminar de darle realidad a los entes matemáticos, pero se da cuenta de que son lo más importante, y que a partir de la experiencia de los casos particulares, que podríamos llamar método analógico, es imposible llegar a las ideas generales. Él mismo va a decir que para ello son imprescindibles la intuición y la imaginación. De manera autobiográfica, nos va explicar cómo se usa la imaginación como método. Porque los principios de la teoría de la relatividad ya están en experimentos mentales imaginarios que él hacía cuando era joven.

Por eso es el tema del «y». Porque hoy aceptamos en ciencias la observación, la experimentación y la razón. Pero ¿qué pasa con la imaginación y la intuición? Vamos a tener un método muchísimo más completo y complejo integrando de manera sistemática la imaginación y la intuición.

Lo mismo pasa con nosotros, utilizamos mucho la inducción y la deducción, pero ¿qué pasa con la analogía? Es uno de los métodos fundamentales que utiliza Leonardo da Vinci.

En el árbol cabalístico, con los diez principios constructores del universo, encontramos un concepto muy interesante: los tres principios superiores, Keter, Hokhmah y Binah, corresponden a la cabeza, y se diferencia, en la cábala, entre la sabiduría, Hokhmah, y la inteligencia, Binah. Y nosotros, en la ciencia contemporánea, trabajamos poco con la sabiduría. La inteligencia es la que sigue explicitando, pero no tiene la comprensión profunda de las cosas. Para alcanzar las causas últimas hay que seguir subiendo. Lo otro es simplemente echar la barca al río e irse con la corriente.

Kepler toma los poliedros regulares que aparecen en el Timeo de Platón y los encaja unos dentro de los otros para ubicar y tratar de descubrir la relación entre las órbitas planetarias. Con este sistema, relacionándolo con las órbitas planetarias tomadas como circulares, llega a un modelo que está errado solo un 5%, y sigue investigando hasta llegar a la famosa formulación de las órbitas elípticas, que es más perfecto.

Cuando un profesor trata de enseñar griego, seguro que hace malabarismos, y se siente con un enorme sentido de frustración porque, de diez cosas que quería enseñar, ha enseñado una o dos. Sin embargo, sus alumnos están contentos porque han entendido. Dicho de otra manera, tenemos una partitura de un coro a cuatro voces, pero terminamos todos cantando solo la melodía porque las aptitudes musicales son limitadas.

¿Qué es más completo y qué es más verdadero? En la mecánica clásica, si yo conozco dónde está el coche en cualquier momento en carretera, puedo calcular, si tengo esa fórmula, en función de la posición y del tiempo a través de la primera y segunda derivada, puedo calcular la velocidad y la duración. Pero hay mundo en el que eso no es posible, y ahí es donde se resquebraja el tema y para Einstein esto es muy desconcertante.

«En el templo de la ciencia hay muchos tabernáculos, y muy distintos entre sí son, por cierto, quienes a ellos acuden acuciados por motivos muy diversos. Muchos obtienen de la ciencia gozoso sentimiento de poderío y superioridad intelectual, la ciencia es su deporte favorito y en ella buscan experiencias vividas y la satisfacción de sus ambiciones. En ese mismo templo habrá otros que ofrecerán los productos de sus cerebros para sacrificarlos con propósitos utilitarios.

Si un ángel del señor llegara para arrojar del templo a todos los que pertenecen a esas dos categorías, quedarían solo unos pocos hombres, tanto del tiempo presente como del pasado. Nuestro homenajeado Max Planc sería uno de ellos y por tal motivo le estimamos profundamente.

Soy consciente de que con esta imagen he expulsado a la ligera a muchos hombres excelentes que han sido responsables importantes y hasta casi totales de la construcción del templo de la ciencia. Y en muchos casos, el ángel se encontraría con que le resultaría muy difícil decidirse. Pero, de algo estoy seguro: si los tipos de científicos a los que hemos arrojado fueran los únicos existentes, el templo jamás habría llegado a existir. Tal cual como no podría haber un bosque donde solo crecen enredaderas » (Einstein).

Y para terminar, el hombre de Vitruvio. Tenemos un cuadrado, tenemos un círculo y un pentágono. En el centro del cuadrado están los órganos sexuales, ese es el centro de la materia. Pero el ónfalos, el ombligo, divide al hombre de acuerdo a la proporción áurea, imprimiéndole al todo una dinámica espiritual.

Publicado en Ciencia
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