Junio 2020

Leyenda de Isis y Osiris

Escrito por  Redacción Esfinge
Isis y Osiris Isis y Osiris

De los cuatro hijos de Geb y Nut, Osiris era el más sabio y también el más querido, por su labor como soberano de la tierra y de los hombres, a los que enseñó las leyes y la agricultura.

Se casó con su hermana Isis y de su unión nació Horus.

Otro de los cuatro hermanos, Set, que odiaba a Osiris y envidiaba su cargo, reunió a algunos hombres y se puso manos a la obra. Tomó medidas de su hermano mientras este dormía y ordenó hacer un magnifico sarcófago que se ajustase a las medidas tomadas.

Después, en una gran fiesta a la que acudirían todos los dioses, Set mandó sacar el sarcófago, que, como él esperaba, llenó a todos de admiración por su belleza y buen gusto. Ofreció regalarlo a quien, por sus medidas, le sirviera. El último en probarlo fue Osiris, y en cuanto estuvo dentro del sarcófago, este fue cerrado, sellado y tirado a las aguas del Nilo por los hombres de Set.

Isis, aconsejada por Tot, dios de la sabiduría, dejó al pequeño Horus en Buto, al cuidado de la diosa tutelar, y emprendió camino hacia el delta con el fin de ocultarse de Set y encontrar a Osiris.

Durante su difícil camino, Isis seguía cualquier pista que pudiese conducirla hasta Osiris y así, más allá del Nilo, ya fuera de Egipto, decidió hacerse pasar por criada en el palacio de Byblos, con la intención de encontrar un árbol muy especial del que había oído hablar. Al fin, lo descubrió: el sarcófago había sido llevado por las aguas hasta una orilla en la que un pequeño árbol, al darse cuenta de la divinidad del ocupante, comenzó a crecer para proteger con sus ramas el preciado sarcófago. Y el rey de Byblos, por su parte, al descubrir tan esplendido árbol, ordenó llevarlo a palacio.

Inmediatamente Isis recuperó su apariencia de diosa y sacó el sarcófago del tronco para llevarlo a Egipto, donde Osiris descansaría en tierra sagrada.

Una vez en Egipto, Isis dejó el sarcófago en las marismas del delta, con la intención de ir a Buto a ver a su pequeño. En el camino, una voz le anunció que Set había encontrado a Osiris en las marismas donde ella lo había escondido, y lo había destrozado y había desperdigado los pedazos de su cuerpo por todas partes.

Isis debía encontrarlo antes de volver con su hijo. En su búsqueda, iba dando sepultura a cada parte del cuerpo de su esposo que encontraba, y los hombres construirían templos más tarde en cada uno de esos lugares. La ciudad de Bubastis se construiría donde fue enterrada su columna vertebral. Cuando, más al sur, en Abydos, Isis encontró la cabeza de Osiris, se pudieron llevar a cabo las honras fúnebres que le permitirían comenzar su viaje a la inmortalidad.

Rápidamente, Isis se dirigió de nuevo a Buto para encargarse de la educación de Horus, que una noche mientras dormía, y a pesar de la protección de la diosa tutelar, fue picado por un escorpión y murió. Isis, destrozada, pidió ayuda a Ra y este mandó a Tot a devolverle la vida al pequeño.

Los dos continuaron viviendo en Buto, donde nadie sabía de su origen divino, y allí fue donde Horus creció, preparándose para el día en que vengaría la muerte de su padre y reclamaría su corona real.

Al llegar el momento, como Set también reclamaba la corona, era la Enéada la que debía decidir. Los dioses, después de mucho tiempo deliberando, de escuchar a las dos partes y el consejo de Neith, la madre divina, pensaron en dar a Horus la corona de su padre, pero Atum-Ra, que presidía el tribunal, dudó de Horus por su juventud. Así que, años después, el juicio continuaba con los argumentos y las luchas cuerpo a cuerpo entre los oponentes, en las que Horus fue mutilado y Set perdió un ojo. Tot curó sus heridas y decidió que la solución era contactar con Osiris en el país de los muertos, donde reinaba, para que este les ayudase a decidir.

La respuesta de Osiris, reprochando a los dioses por el mal trato dado a su hijo e increpándoles a actuar con justicia entregándole la corona, puso fin al pleito.

Horus fue coronado como merecía, con la corona blanca como símbolo de soberanía sobre todo Egipto y con el disco de oro que simbolizaba su victoria sobre Set, que terminó inclinándose ante él y aceptando su soberanía.

Leyenda del antiguo Egipto

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