Sábado, 01 Diciembre 2018 00:00

Mujer egipcia y sus joyas simbólicas

Cuando el historiador observa la omnipotencia del faraón en el antiguo Egipto, tiende a creer, con la mentalidad actual de clichés preconcebidos y películas infantiloides, que la sociedad, o sea, el pueblo llano egipcio, tenía un bajo nivel cultural, sufría opresión y esclavitud bajo el dominio de la corte y los sacerdotes. Parece que la realidad era otra.

También en el asunto femenino se supone, generalmente, que la mujer era un mero ser procreador y sumisa esposa que no pintaba nada. Esto se debe a que, en comparación con los siglos posteriores y las muy pocas etapas de la historia en donde la mujer ha sido reconocida jurídicamente independiente, por lógica simplista, se supone que cuanto más atrás en la evolución lineal de esta teoría, menos derechos tuvo la mujer y los súbditos de este Egipto faraónico, olvidando torpemente que la historia ha tenido, tiene y tendrá ciclos positivos y negativos en espiral, según los acontecimientos y acciones humanas.

Hemos de reparar estas opiniones con un pequeño esfuerzo y buena voluntad. En especial en lo concerniente a la mujer egipcia.

La mujer egipcia ocupaba un lugar en la sociedad con igualdad de derechos que el hombre, pues, para sus creencias religiosas, ella representaba a la diosa Isis en la vida cotidiana, diosa del amor al mismo tiempo que esposa y madre. Por ello se enseñaba al joven varón que respetase y amase a la esposa. En lo jurídico, ella, ya casada, tenía independencia económica, pues se heredaba por vía materna sin distinción entre mujeres y hombres. A los hijos se les aconseja que cuiden de la madre y la lleven todo lo posible «como ella te llevó a ti y tus pesares durante mucho tiempo» (Ani). También se aconseja dejarle a ella el cuidado de los objetos de la casa, los afeites y los adornos y joyas… A la esposa se le llamaba «dama de la casa», como alma del hogar y su firme columna. Se casaban muy jóvenes.

No se ha llegado a descubrir una ley estricta sobre el matrimonio en Egipto. Dejando al margen los casos especiales, los matrimonios de la corte, se sabe que el matrimonio era un contrato privado entre dos jóvenes; ellos se casaban a la edad de quince o dieciséis años, y las mujeres a la de doce o trece. En el contrato se especificaba muy claro el «Año de Comida», es decir, el año que se daban ellos mismos de prueba; si transcurrido este, la joven pareja no congeniaba en su convivencia, el matrimonio, sin más trámite, podía disolverse.

La mujer egipcia, como todas las mujeres de todas las épocas, gustaba de los adornos típicamente femeninos: cremas, perfumes, lazos, vestidos de finísimo y blanco lino ajustado a su cuerpo y joyas de más o menos valor, de más o menos materiales preciosos. Todo ello estaba sujeto al poder adquisitivo de la dama de la casa. Por ello, lo que nos ha legado la arqueología han sido los objetos valiosos que adornaron a las mujeres importantes de la corte y realeza gracias a la permanencia de los materiales utilizados: oro, diorita, granate, amatista, turquesa, esmeralda… Todos ellos principalmente ubicados en la parte oriental del desierto, excepto la plata, que era muy escasa al no tener yacimientos cercanos.

Los orfebres fueron grandes maestros trabajando el oro, con hilos finísimos trenzados en cadena para celdilla en donde incrustaban gemas, y también en moluscos como las conchitas de «cauris» del Mar Rojo. Lo más antiguo que se ha descubierto hasta ahora proviene de la zona de Saqqara, lugar de la famosa pirámide.

En la necrópolis de Dashur, el arqueólogo francés J. Morgan encontró, a finales del siglo XIX, siete ajuares de mujeres de la casa real del Imperio medio: tobilleras de oro y amatista reconocidas como tales por las pinturas que las representan. También, cinturones de fertilidad que se ponían las jóvenes mujeres bajo el ropaje, brazaletes y anillos con distintas representaciones.

LA MUJER EGIPCIA Y SUS JOYAS SIMBÓLICAS 1

He aquí algunas bellas joyas junto con referencias de su significado simbólico.

Anillo de oro y coralina que representa un gato, un animal muy valorado por los egipcios en referencia a lo que simboliza. Es él quien ve por la noche la magia escondida para los humanos y le asociaron a la diosa Bastet, que tenía su culto en la ciudad de Bubastis. Erróneamente se ha creído que los egipcios adoraban a los animales. Nada más lejos de la realidad. Ellos encontraban en la naturaleza animal las características que la distinguían y lo asociaban a la virtud que debía inspirar al humano. Un mensaje simbólico que llegaba a despertar en cada cual conocimientos de acuerdo a sus capacidades. Era hermoso estéticamente para el que lo miraba y un mensaje para quien se preguntaba intrigado.

Brazalete de oro con gemas y Khepri. Este escarabajo está relacionado con el antiquísimo dios Khepri (del verbo keper, «llegar a ser»), que simbolizaba la resurrección o transmutación del alma y es de raíz solar. La propietaria declaraba abiertamente que era una discípula en formación espiritual esperando poder levantar el vuelo hacia la sabiduría, al igual que el torpe escarabajo abre sus alas cuando ya se ha cansado de arrastrarse por el suelo y empujar bolas de heces.

También había filigranas de orfebrería de una delicadeza asombrosa. Son coronas y diademas de las princesas de Dashur y fueron utilizadas en las ceremonias de la corte.

Corona de flores de turquesa y otras gemas entretejidas en finos alambres de oro.

Diadema de oro con cabeza de ciervo central, otros más pequeños y flores.

LA MUJER EGIPCIA Y SUS JOYAS SIMBÓLICAS 4

Collar y diadema real en oro laminado.

Collar de las moscas . En oro laminado, perteneció a la reina Ahhotep, dinastía XVII, llamada «reina de la libertad». Fue regente y madre del faraón Kamosis durante su minoría de edad. En su regencia dirigió la recuperación de Egipto, después de la gran derrota infligida a los hicsos y pasó la corona a su hijo al llegar su mayoría de edad. Este le impuso la mayor distinción guerrera: el «triple collar de las moscas». Se encuentra en el museo de Bulak (el Cairo).

Nejbet: Es la diosa-buitre, protectora de los nacimientos y guerras llevando en sus garras el Shen, símbolo esotérico sobre el mundo espiritual y lo material.

Hay en la dilatada historia del Egipto faraónico muchísimas incógnitas y enigmas de todo tipo. Pero en lo que nos ocupa referente a las joyas y materiales funerarios, encontramos algunas cuestiones que están sin respuesta.

LA MUJER EGIPCIA Y SUS JOYAS SIMBÓLICAS 3

¿Por qué no usaron plata por estar lejos los yacimientos y, sin embargo, utilizaron granito de Asuán, a unos 1000 km de distancia para los enormes sarcófagos de más de 80 toneladas? O también, ¿por qué usaron muchísimo lapislázuli para sus joyas, si los yacimientos se encontraban en Afganistán, a más de 800 km? ¿Por qué usaron la diorita, que tiene la segunda mayor dureza después del diamante? Son secretos que los expertos y sabios egipcios guardaron para acicate de futuros investigadores.

Cada metal y piedra preciosa tenía una relación astrológica, de donde recibía su influencia: planeta-metal-piedra preciosa poseían un maridaje oculto que los sacerdotes conocían y enseñaban en sus centros docentes del saber.

Todo el arte egipcio es sagrado, aun los más pequeños objetos de la vida cotidiana. Para ellos suponía un contacto directo con lo intangible que nos rodea a los seres humanos, lo que refleja el arquetipo cuando nos abrimos a la conexión mistérica de su influencia; y ellos lo sabían y lo practicaban con sincera devoción.

La mujer egipcia, al igual que toda mujer, gustaba de adornarse con joyas y abalorios. Pero en el caso de las egipcias, era tan alta la formación recibida desde la infancia, era tal la reverencia por la naturaleza del entorno, el amor por la vida como donación de los dioses y diosas de su panteón, y tantas las sabias y mistéricas enseñanzas recibidas desde su tierna infancia, que cada joya aceptada en su cuerpo era una influencia sagrada que custodiaba todas las horas y los días, con sus alegrías y pesares, para ayudarle a ser mejor en su momento existencial en espera del Amenti benigno y justo.

 

Publicado en Culturas del Mundo
Miércoles, 01 Marzo 2017 00:00

Citas célebres

 La educación no es oriental y occidental; la educación es educación y es el derecho de cada ser humano.

 Malala Yousafzai

  

 No se pasa de lo posible a lo real, sino de lo imposible a lo verdadero.

 María Zambrano

  

 Si no hubiese podido participar del mundo de los cuentos y si no hubiese podido inventarme mis propios mundos, me habría muerto.

 Ana María Matute

  

 No puedes esperar construir un mundo mejor sin mejorar a las personas.

 Marie Curie

  

 Si la ayuda y la salvación han de llegar, solo puede ser a través de los niños. Porque los niños son los creadores de la humanidad.

 María Montessori

  

 La vida no es fácil, para ninguno de nosotros. Pero... ¡qué importa! Hay que perseverar y, sobre todo, tener confianza en uno mismo.

 Marie Curie

  

 El perfume anuncia la llegada de una mujer y alegra su marcha.

 Coco Chanel

  

 La palabra es el arma de los humanos para aproximarse unos a otros.

 Ana María Matute

  

 El arte parece ser el empeño por descifrar o perseguir la huella dejada por una forma perdida de existencia.

 María Zambrano

  

 Teníamos dos opciones: estar calladas y morir o hablar y morir; y decidimos hablar.

 Malala Yousafzai

  

 La primera tarea de la educación es agitar la vida, pero dejarla libre para que se desarrolle.

 María Montessori

  

Un niño, un profesor, un libro y una pluma pueden cambiar al mundo. La educación es la única solución.

 Malala Yousafzai

  

 Siempre he creído, y sigo creyendo, que la imaginación y la fantasía son muy importantes, puesto que forman parte indisoluble de la realidad de nuestra vida.

 Ana María Matute

 

 Si llegara el día en que el hombre se diese cuenta de sus profundas equivocaciones, habría terminado el progreso de la ciencia.

 Marie Curie 

La educación no es oriental y occidental; la educación es educación y es el derecho de cada ser humano.

Malala Yousafzai

 

No se pasa de lo posible a lo real, sino de lo imposible a lo verdadero.

María Zambrano

 

Si no hubiese podido participar del mundo de los cuentos y si no hubiese podido inventarme mis propios mundos, me habría muerto.

Ana María Matute

 

No puedes esperar construir un mundo mejor sin mejorar a las personas.

Marie Curie

 

Si la ayuda y la salvación han de llegar, solo puede ser a través de los niños. Porque los niños son los creadores de la humanidad.

María Montessori

 

La vida no es fácil, para ninguno de nosotros. Pero... ¡qué importa! Hay que perseverar y, sobre todo, tener confianza en uno mismo.

Marie Curie

 

El perfume anuncia la llegada de una mujer y alegra su marcha.

Coco Chanel

 

La palabra es el arma de los humanos para aproximarse unos a otros.

Ana María Matute

 

El arte parece ser el empeño por descifrar o perseguir la huella dejada por una forma perdida de existencia.

María Zambrano

 

Teníamos dos opciones: estar calladas y morir o hablar y morir; y decidimos hablar.

Malala Yousafzai

 

La primera tarea de la educación es agitar la vida, pero dejarla libre para que se desarrolle.

María Montessori

 

Un niño, un profesor, un libro y una pluma pueden cambiar al mundo. La educación es la única solución.

Malala Yousafzai

 

Siempre he creído, y sigo creyendo, que la imaginación y la fantasía son muy importantes, puesto que forman parte indisoluble de la realidad de nuestra vida.

Ana María Matute

 

Si llegara el día en que el hombre se diese cuenta de sus profundas equivocaciones, habría terminado el progreso de la ciencia.

Marie Curie

Publicado en Citas célebres
Miércoles, 01 Marzo 2017 00:00

La mujer en los mitos

Aunque parece que hemos perdido las claves de muchos símbolos que están contenidos en los mitos, los trabajos realizados por eminentes investigadores, como Joseph Campbell o Carl Jung, vuelven a llamarnos la atención sobre las verdades que contienen estos relatos que aparentemente son solo historias de la fantasía.

Nuestra civilización ha perdido las claves de los símbolos contenidos en los mitos. En ellos podemos encontrar los arquetipos que deben guiar nuestra vida y ayudarnos a descubrir nuestra alma. Las diosas pueden mostrar a las mujeres esas fuerzas primordiales del mundo espiritual y comprender ese ser interior que caracteriza su compleja femineidad.

Homero comenzó a utilizar el término « mythos » con referencia a los dioses, como palabra sagrada ( hieroi logoi ) . Jean Brun, filósofo francés, explicaba: «Gracias al mito, lo inefable (lo que no se puede explicar con palabras) puede relatarse y lo incomunicable se comunica. El mito es una vía analógica que trata de suscitar en nosotros la reminiscencia capaz de conducirnos nuevamente al lugar donde se encuentra un origen que hemos olvidado».

Jorge Ángel Livraga, fundador de Nueva Acrópolis, nos decía que «el mito tiene la propiedad de despertar en el hombre ciertos aspectos que están más allá de su estricta capacidad de razonar. Donde la razón no llega, el mito sí; está más cerca de la intuición que de la razón. El mito nos habla de una verdad en lenguaje simbólico, y ese lenguaje presenta notables ventajas; es suficientemente rico, amplio y plástico como para que dentro de ese simbolismo cada cual capte lo que pueda asimilar. Ante el mito nadie se queda “en blanco”, mientras que ante una explicación racional, sí. Por eso Platón acude al mito cuando tiene que explicar elementos tan sutiles como para que no encajen dentro de la estricta capacidad humana».

La mujer en los mitos 4

De ello deducimos que el mito es como una puerta que enlaza nuestra mente, nuestros sentimientos, con el mundo del espíritu. Psicólogos como Jung, o filósofos historiadores de las religiones como Mircea Eliade, revalorizan este sentido original en el mito.

El psiquiatra Carl Jung, consideraba los mitos como estupendas herramientas de comprensión del funcionamiento de nuestra propia psique. Forman parte de la herencia común de la humanidad, y a través del inconsciente colectivo hablan a lo más profundo de nuestro ser: « Un mito es como un sueño del cual nos acordamos» , e interpretar este mito nos permite conocernos mejor.

En el inconsciente de cada hombre y cada mujer residen semillas que contienen un modelo de ese molde del mundo espiritual, y la fuerza de esa semilla hace que cada persona quiera reproducirlo como patrón de vida. Esas fuerzas primordiales o arquetipos del mundo espiritual serían los dioses y diosas de los que nos hablan los mitos. Los relacionaremos con los dioses griegos debido a que son los más conocidos.

Algunos de estos arquetipos o dioses influyen más según nuestra etapa en la vida. Así, tendríamos a Afrodita, el amor, cuya presencia más fuerte es en la adolescencia; Atenea, la energía valiente, en la juventud; Deméter, la maternidad portadora de vida, y Hera, el poder y la sabiduría, en la madurez.

Platón hace una distinción entre Afrodita terrestre y celeste. La primera incita al impulso amoroso, es la fuerza que une a los seres bajo el impulso irresistible del deseo, donde la belleza es su principal medio. Y cuando este deseo llega a su apogeo y poco a poco se va calmando, el alma siente la nostalgia de la primera unión, hacia su Padre celeste; cuando esto pasa, surge la Afrodita celeste, la que incita a la unión con la eternidad, donde no hay tiempo ni espacio. Entonces florece el amor fraterno, el amor que une todas las cosas, y a su vez, las acerca a Dios. Esta Afrodita enseña a purificar las pasiones impulsivas para transformarlas en nobles sentimientos, iluminados por la luz de la razón. Ella es el vínculo entre los dioses y los hombres. Por eso se le llama la diosa alquímica.

Las diosas, como tales, no pueden ser buenas o malas, tiene una mujer y una sombra; en nosotras es sombra porque le falta la luz del espíritu, la luz que nos puede dar la toma de conciencia de ese defecto para superarlo y ser mejores, más seguras y hasta más felices. Cuando hablemos de las sombras, nos referiremos a los defectos a superar en nosotras mismas.

La mujer en los mitos 1

Afrodita
Mujer: se ve como una princesa, ama seducir y brillar. Encarna la alegría de vivir y asocia el amor con la sensualidad. Busca siempre la belleza, la armonía a su alrededor. Toda mujer enamorada encarna este arquetipo.
Sombra: su inmadurez afectiva, quedarse sola en la sensualidad, el deseo de atrapar lo bello, la lleva al narcisismo y a las infidelidades.

Atenea
Mujer: es totalmente dueña de sus emociones, rara vez se dejará llevar por lo afectivo. Estimulada por las dificultades es excelente en la enseñanza, la creación artística o la investigación. Tiene un gran sentido práctico y coloca su éxito profesional ante todo; estudia carreras largas. Es fiel al hombre elegido y espera lo mismo de él; correspondencia.
Sombra: cuando se siente atacada, se vuelve fría, una crítica implacable, agresiva y autoritaria. Si no canaliza bien su energía, puede caer en depresión, ya que su motor es sentirse indispensable, útil.

Deméter
Mujer: la figura de la madre; sigue siendo uno de los arquetipos más sagrados para el ser humano. Ser madre es una forma íntima e intensa de sentir toda la fuerza de vida que la mujer lleva en sí misma. Como madre descubre el instinto protector, reencuentra fuentes inagotables de atención, paciencia y ternura. Es la que nos ayuda a desarrollarnos para desenvolvernos en la vida. Es calurosa, afectuosa, su atención sobre el «otro» le confiere una especie de sexto sentido que la hace muy intuitiva. Hay otra faceta, la madre espiritual, aquella que ama a todos los seres humanos, como la madre Teresa.

Sombra: la madre devoradora. No sabe decir no. No sabe manifestar su ira, o expresar claramente sus sentimientos y esto hace que se sienta víctima de la existencia. Cuando proyecta toda su energía sobre su hijo, se vuelve posesiva y lo infantiliza. Su necesidad de dar la vida, de hacer todo y controlar todo, hace de ella una madre agobiante. Y cuando un hijo se va de casa, siente el síndrome del nido vacío; para ella es sentirse abandonada, su comportamiento es una queja constante.

Hera
Mujer: el verdadero poder femenino se manifiesta casi siempre de manera sutil. Hera es, por un lado, la humilde, la que cuida el fuego del hogar, y por otro lado, la orgullosa reina. Ella busca la autenticidad, su gusto por la vida es profundo. Es atenta y receptiva con los demás. Para ella, las relaciones humanas son más importantes que la búsqueda de la autonomía. Necesita, además, el prestigio, el respeto y el honor que confiere el matrimonio. Su trabajo o carrera es un aspecto secundario en su vida, lo dejará en beneficio de la carrera del esposo. Su felicidad depende del amor y el respeto que su esposo le brinde.
Sombra: celos y orgullo herido. Los celos nacen de una necesidad enfermiza de poseer al otro, una forma de poder ilusorio que genera más temores, amarguras y sufrimientos que alegrías. Cuando su alma cae en esta temible trampa, ya no distingue lo verdadero de lo falso.

Imbuidos en nuestra mentalidad científica propia de nuestra civilización, donde solo lo material está catalogado y dentro de un orden establecido, no hay cabida para lo espiritual porque se han perdido las claves de esos símbolos contenidos en los mitos, y por esa razón no vemos más que situaciones de promiscuidad, venganza, celos… Pero todas las filosofías nos hablan de una parte muy importante de nuestra psique, el alma, esa voz, ese sentimiento que algunas veces notamos ante la belleza de un paisaje, ante la armonía de una buena composición musical, eso que no sabemos expresar pero que nos transporta hacia lo alto, hacia lo eterno, y nos hace sentir parte de la Naturaleza y, por un instante, un calor especial se instala en nuestros corazones y dejamos de ser nosotros para ser un todo con lo que nos rodea. En esos momentos contactamos con nuestros sueños e ideales más profundos de bondad, belleza y justicia.

La verdadera conquista del ser humano es descubrir su ser interior, nuestra alma, esa energía que puede apoyarse en lo material, pero que tiene la capacidad de elevarse hacia los grandes sueños e ideales. Y para ello la mujer tiene que aceptarse como tal y no perder la identidad de lo múltiple. No somos solamente madres o esposas; somos también amantes, heroínas, educadoras, doctoras, amas de casa, artistas...

La filosofía, a través de los mitos, nos ayuda a comprender ese ser interior que nos caracteriza como mujeres, nuestra compleja feminidad, a poder armonizarnos, ordenando pensamientos y sentimientos, mediante la toma de conciencia de virtudes y defectos, y poder así, llegar a esas semillas que contiene nuestro corazón, dando vida, inspirando, manteniendo esa energía femenina que tiene la función de revitalizar todo lo que la rodea.

No necesitamos un Día Internacional de la Mujer, necesitamos que cada mujer se atreva a realizar ese viaje interior hacia sí misma y a rescatar todos esos valores que le son inherentes, para que sea protagonista de su importante rol en la sociedad como educadora en valores.

Cuando comenzamos a sensibilizarnos con la necesidad de mejorar nuestra relación con los demás, lo primero que descubrimos es que debemos mejorar la relación con nosotros mismos. Se trata de desarrollar una moral altruista que da sin esperar recibir. Debemos aceptar que somos todos diferentes y, por ende, percibimos las cosas de forma distinta. Aprender a escuchar, interesarnos realmente por el otro, buscando más lo que nos acerca que aquello que nos separa, es con lo que podremos avanzar en el arte de comunicar.

Necesitamos estos valores para que el ser humano, hombres y mujeres, rescate esas cualidades propias de cada uno como tal, esos sueños e ideales que viven en el fondo de cada corazón, y así, como complementarios, construir una sociedad mejor donde se reconozca la dignidad de cada persona y lograr un mundo más justo, más bueno, más bello.

Lo fundamental es que la mujer pueda dar vida a un cuerpo, a un alma, a una sociedad y a una civilización y que si no se le da la oportunidad de otorgar vida, pierde su razón de ser (Joseph Campbell, mitólogo).

« Si quieres encontrar en todas partes amistad, dulzura y poesía, llévalas contigo» (G. Duhamel).
« Una mujer con el corazón alegre trae el equilibrio » (Ptahotep).

Bibliografía
Las diosas de cada mujer. Jean Shinoda Bolen.
Los dioses interiores. Laura Winckler.
En busca de los dioses. Jacques Lacarriere.
Los mitos griegos. Robert Graves.

Publicado en Mitologías
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