Marzo 2009

La Filosofía: sobre preguntas y respuestas

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La Filosofía: sobre preguntas y respuestas

La Filosofía siempre se ha destacado por ser una actitud de búsqueda, a través de preguntas, sobre el sentido de la vida, como por ejemplo, ¿qué es el amor, de dónde venimos, adónde vamos, acabamos con la muerte o no?

Todos los hombres de todos los tiempos se han preguntado sobre las cuestiones fundamentales de la Vida. En la medida que han cambiado las épocas y las alineaciones históricas, la humanidad ha cambiado el sentido de sus preguntas.



La Edad Antigua se preguntó por la relación del hombre con los dioses y nos ha dejado libros de una sabiduría exquisita como el Bhagavad Gîta de la India, el I-Ching o el poema súmero de Gilgamesh.

La Antigüedad Clásica se preguntó por la relación entre el hombre y su entorno: el universo y la sociedad. Es la filosofía que encuentra un vínculo entre el hombre y lo que le rodea: el ser humano dispone de la capacidad de comprender la razón, la proporción y la armonía que hay en las leyes de la naturaleza, porque el mismo tiene razón y proporción, y al comprender las leyes naturales puede cumplirlas y vivir en armonía consigo mismo y con el entorno.

En la Edad Media se preguntaron fundamentalmente por la fe. Muy limitados por la necesidad mística y la falta de conocimiento, los filósofos medievales querían saber si con la fe sola se podía lograr la salvación. Y si la fe y la razón eran enemigas o aliadas. La Iglesia sentenció que la fe era superior a la razón y que la investigación era propia de los herejes. Durante unos mil años, los filósofos y científicos fueron prisioneros del dogma religioso. Y aquellos que quisieron ir más allá del dogma fueron quemados en las hogueras o callados por los tribunales eclesiásticos.

En la Edad Moderna -que dicen que se inició con los Principia de Newton, de tal forma que alguien corrigió el Génesis del Antiguo Testamento, diciendo que Jehová mandó que apareciera Newton y se hizo la luz- se buscó la independencia de la religión y todo lo que sonara a metafísico, esotérico y se buscaron respuestas solamente en la naturaleza material.

Y en los dos últimos siglos, la Filosofía contemporánea, al desligarse de todo lo invisible, interno y caer en un proceso cada vez más materialista, ya no se ha preguntado por el alma ni por el pensamiento, se ha preguntado por lo concreto, por el cerebro como productor del pensamiento y por las conexiones dendríticas como procesadoras del pensamiento. Los filósofos se han dedicado a plantearse mil preguntas acerca del significado de los predicados y las frases, perdiendo la facultad de encontrar el sentido fundamental y natural de las cosas. De esta manera, la filosofía contemporánea se ha hecho incomprensible para la inmensa mayoría de la gente. 
 
Este proceso histórico ha provocado que la Filosofía haya quedado encerrada en las cátedras universitarias y ha dejado al ser humano huérfano de respuestas válidas, cara a cara con el absurdo, la angustia existencial y el sin sentido de la casualidad y el azar. Cada vez que uno se pregunta ¿qué es la amistad, qué es el amor, que es lo esencial de la familia, qué futuro nos espera, existe la vida más allá de la vida?, etc., al no encontrar respuestas válidas se las deja en un rinconcito del subconsciente a la espera de mejores tiempos. Sin embargo, cada noche, vuelven a aparecer, cada vez que hay silencio a nuestro alrededor, las preguntas vuelven a buscar sus compañeras inseparables: las respuestas. Preguntas y respuestas van de la mano, como los pulmones y el aire. ¿Por qué tenemos pulmones? Porque hay aire y necesitamos respirar aire. ¿Por qué hay preguntas en nuestro interior? Porque hay respuestas. La compañera de la pregunta no es la duda ni la angustia, estas son consecuencia de enterrar las preguntas, surgen del secuestro de las preguntas fundamentales.

Como todo extremo lleva inexorablemente a su contrario, al agotarse la experiencia del sin sentido, volvemos a buscar un sentido a nuestra relación con la naturaleza y el universo. Y volvemos la mirada hacia atrás para encontrar respuestas, porque volvemos a preguntarnos, ¿quién soy, de dónde vengo, hacia dónde voy? Respuestas que encontramos en los viejos libros de Filosofía oriental y occidental. En las universidades se dice que la Filosofía nació en Grecia, pero eso es como decir que las rosas nacieron en Francia. La Filosofía nació con el primer hombre que se preguntó: ¿quién soy yo? Todos los pueblos de todos los continentes y de todos los tiempos, han hecho Filosofía.

A veces se ha pensado que la Filosofía no es práctica e, incluso, se ha prescindido de ella en la educación de los jóvenes. ¿Qué importancia tiene la Filosofía, qué importancia tiene que haya escuelas de Filosofía? La misma que los mercados. Sócrates decía que aquel que necesita cebollas sabe que tiene que ir al mercado porque allí va a poder comprar cebollas. Que el que necesita zapatos, sabe que tiene que ir al mercado porque allí va a encontrar zapatos. Y aquel que tiene preguntas y quiere conocer sobre las cosas verdaderamente importantes de la vida, ¿a dónde va a ir? A una escuela de Filosofía, dónde podemos encontrar respuestas a las preguntas del por qué el dolor, por qué la muerte, por qué envejecemos, por qué nos pasan las cosas que nos pasan, por qué se pasa del dolor a la alegría y de la alegría al sufrimiento, qué es lo que nos conduce como un viento de lo uno a lo otro, por qué tenemos temores y por qué dudamos? Si es importante responderse a estas preguntas, la Filosofía es muy útil y práctica y es necesario que existan escuelas de Filosofía como la que humildemente dirijo en Palma de Mallorca.

La tecnología he permitido que el hombre pueda llegar a la luna, pero ahora le toca a la Filosofía permitirnos llegar al ser humano.
 
Francisco J. Capacete González
Director del espacio de filosofía y voluntariado
Es Racó de Ses Idees

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