¿Quién es Gandhi? ¿Es un maestro, un asceta, un político, un filósofo?... Vamos a acercarnos a él e interpretarlo sobre la trama de los valores éticos, filosóficos y espirituales de la tradición indostánica.

Por nacimiento (2 de octubre de 1869), es un bania, dentro de la casta vaysha, la tercera casta después de brahmanes y chatryas, la que interpretamos en Occidente como comerciantes o empresarios, aunque en su familia ya llevaban tres generaciones dedicados a la política, con rango de primeros ministros en varios Estados. Lo casan a los trece años con Kasturbai; van a convivir sesenta y dos años.

Tengamos en cuenta la influencia de Occidente en aquella India en dos aspectos: 1.º los británicos son considerados la raza superior y el gentleman es el modelo de referencia; 2.º los sacerdotes cristianos han extendido la creencia de que el hinduismo es un conjunto de supersticiones e idolatrías.

De esta manera, a los dieciocho años se apresta a marchar a Inglaterra, la metrópoli, donde estudiará Derecho y se formará como un verdadero ciudadano del Imperio. A pesar de todo, su madre le obliga a comprometerse y hacer votos de «no tocar vino, mujer, ni carne».

El destino tiene sus propios designios y, en Londres, conoce a dos teósofos que le presentan a Helena Petrovna Blavatsky, fundadora de la Sociedad Teosófica mundial, y de paso a Annie Besant, que se ha convertido a la teosofía recientemente.

Este es su primer contacto con el principio y el trabajo de creación de núcleos de fraternidad universal, más allá de razas, credos, sexos, nacionalidad, o condición social; y, por otra parte, va a oír decir que «no hay religión superior a la verdad». Leerá La luz de Asia, del inglés Edwin Arnold, y, sobre todo, el Bhagavad Gita, tratado filosófico integral en el que encontrará la guía que necesita, y sobre el que más tarde escribirá su propia versión.

Esta formación le hace ver el valor de las tradiciones indostánicas y que él ha nacido en una cultura espiritual multimilenaria, que es la madre de todas las religiones occidentales (expresadas en las lenguas indoeuropeas).

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En aquella cultura no existe la palabra filo-sofía o amor a la sabiduría; por ello, muchos estudiosos creen que no existe la filosofía en la India. No ocurre tal, sino que la filosofía se expresa en el concepto «darsana» que significa «punto de vista». Los tratados filosóficos se llaman Upanishads, que normalmente estarían integrados en los Vedas.

Hay seis darsanas vinculadas a los Vedas u ortodoxas, y hay otras independientes de los Vedas, heterodoxas, como por ejemplo, el budismo.

En el Bhagavad Gita se expresan fundamentalmente dos darsanas: el Sankhya y el Yoga. Es, sobre todo, el yoga el que se desarrolla en sus cuatro niveles de:

- Karma yoga o yoga de la acción.

- Bakthi yoga o yoga de la devoción.

- Gnani yoga o yoga del conocimiento.

- Raja yoga o yoga de la liberación.

Hay cinco virtudes que son el fundamento ético de ese camino de realización espiritual, imprescindibles en todos los niveles:

1. Ahimsa, que significa «no daño».

2. Satya, que significa «veracidad».

3. Brahmacarya, que significa «continencia en pensamiento, palabra y obra».

4. Asteya, que significa «no robar».

5. Aparigraha, que significa «no apropiación».

Gandhi fue incorporando paulatinamente a su vida estas virtudes y convirtiéndose en un modelo público, en un yogui popular.

En 1891, cuando volvió de Inglaterra y comenzó a ejercer de abogado, su opción fue ayudar a los tribunales a conocer la verdad en cada caso. Había clientes que tenían dos abogados, a él para decir la verdad o no mentir, y otro para ocultarla y mentir. Así, su futuro como abogado no estaba claro.

En 1893, marchó a Sudáfrica como representante de los intereses de una compañía india; allí se encontró, abruptamente, el trato que daba «la raza superior» a sus paisanos. En cuanto a él; le echaron a patadas de un tren por atreverse a viajar en primera clase, se tenía que bajar de la acera cuando se cruzaba con un blanco, y le pusieron una tarjeta de identidad con diez dígitos, exactamente como a los criminales.

Comenzó a practicar la no colaboración y la desobediencia civil quemando públicamente el documento de identidad; a esto le llamarían más tarde sus comentaristas «no violencia» o resistencia pasiva; pero esto no es muy acertado, más bien se trataría de «no daño».

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«La violencia es inevitable cuando estás vivo, tienes cuerpo y ocupas un lugar en el mundo; desde la gestación a la muerte, siempre hay algo o mucho de violencia». Por otra parte, esta actividad no es pasiva, es una actividad moral, una lucha ética que utiliza la fuerza del alma y no la corporal.

El objetivo es no hacer daño al otro, aunque te lo hagan a ti; la fuerza del alma se manifiesta en la capacidad de sufrir… ¿Se le puede llamar amor? Paralelamente acuña el término «satyagraha», que traducimos por «mantener la verdad». Así, amor y verdad son los dos pies sobre los que camina su acción social, su lucha por la dignidad de sus compratiotas.

Crea una granja, comunidad o asram, donde admite a una familia de intocables (los sin casta o parias), y todos los trabajos se hacen en común, incluida la limpieza de las letrinas. Esto le trae problemas con sus más allegados y él les responde: «No tratéis a nadie como los ingleses nos tratan a nosotros».

En 1906, con treinta y cuatro años, pronuncia el voto de brahmacarin. No volverá a tener vínculos sexuales con nadie. Realiza los dos primeros ayunos de una y dos semanas por faltas cometidas en la granja. No castiga al culpable, sino que se hace responsable de su falta y de la expiación.

En 1907, renuncia a su profesión y entrega todos sus bienes.

Cuando vuelve a la India, en 1915, Tagore le llama Mahatma o gran alma, que es el título que se da a los grandes maestros espirituales; él no lo acepta y sí que le llamen Bapu o padre.

A la huelgas pacíficas o actos de no colaboración con las autoridades, las va a inscribir en el concepto de satyagraha, pues no son períodos de inactividad, sino días de ayuno y oración.

Comienza a predicar la artesanía en todos los sentidos y utiliza como símbolo la rueca para hilar tejidos manuales, llamados khadi. Lanza una campaña contra los tejidos ingleses producidos en Manchester; es una de las formas de no colaboración que culmina años después con la quema de telas inglesas y extranjeras en general.

A estas alturas, ha abandonado totalmente la vestimenta occidental y viste con un dhoti como prenda inferior y un khadi como prenda superior.

Recorre la India y asume que la clave de la vida de su país no está en las ciudades, sino en las más de quinientas mil aldeas en las que vive la mayor parte de la población sumida en la pobreza y el abandono, y él se pone a la cabeza de esa forma de vida promulgando que la solución para ese pueblo es la artesanía local.

Para ese entonces ya no es un ciudadano del Imperio británico y decide que el domino inglés sobre la India no es un bien sino un mal.

Considerado un peligro para la Corona, le condenan a seis años de cárcel, lo cual no es nuevo para él, pues había estado detenido unas cuantas veces. Cumple algo más de dos años y aprovecha para darle a la rueca y escribir La historia de mis experiencias con la verdad , que luego se llamaría Autobiografía.

Ha ido fraguando la segunda arma de su lucha no violenta, que es la desobediencia civil. El acto más representativo y simbólico de esta etapa es «la marcha de la sal», contra la ley que prohíbe producirla y los impuestos sobre ella. Recorrió más de cuatrocientos kilómetros hasta llegar al mar, a través de cientos aldeas y explicando a la gente los motivos de esta marcha… lo cual le supuso seis meses más de prisión en 1930.

En 1931 viaja a Londres y les dice a las autoridades británicas en su cara que abandonen la India.

Entre 1934 y 1936 sufre varios atentados, alguno con bomba, para intentar asesinarle, pero él continua con sus viajes y mítines para educar al pueblo. Se va quedando solo frente a la violencia y emprende ayunos a muerte.

En 1947 se produce la independencia de la India, con la ruptura del país. Él no considera que la India se ha liberado, sino que ha cambiado de dueños. En 1948 un brahmán fanático le asesina.

El legado de Gandhi

Es un asceta o yogui que pasa de la ética individual a la colectiva; no interviene en política, sino más bien en mejorar el destino de su país.

Enseña cuáles son las armas para combatir por la verdad-justicia, y son armas que no dañan.

Es un ejemplo y un modelo para nuestro presente y nuestro futuro inmediato, pues las armas dañinas son un camino sin salida.

Enseñó una sola religión: la verdad, y que no hay más que un pueblo: la humanidad.

 

Publicado en Filósofos
Martes, 01 Mayo 2018 00:00

Ética y teoría cuántica

La ciencia se relaciona con la ética de varias maneras. Además de la ética deontológica que regula las profesiones en la ciencia, hay normas que legislan la actividad científica en lo que respecta a ensayos biomédicos, uso de la tecnología, polución o impacto ambiental. La ética, frecuentemente articulada por las leyes, interpenetra todos los campos de la acción humana.

« El sumo bien consiste en vivir de acuerdo con la naturaleza» (Zenón de Citio, 336-264 a. C.).

Los estoicos, como Zenón de Citio, veían en el ideal del hombre sabio algo semejante al modelo al que llegan las conclusiones de muchos científicos en sus experiencias, pues los principios éticos de nuestra vida pueden ser derivados de la comprensión de la naturaleza.
Los descubrimientos científicos del último siglo, tanto en mecánica cuántica como en biología y neurociencia, por ejemplo, han transformado la manera en que encaramos conceptos fundamentales de nuestra visión del mundo, entre ellos el de la materia, la mente, la información y la realidad.

Las experiencias en mecánica cuántica que hacen evidente la no-localidad, el entrelazamiento, la incertidumbre y la dualidad onda-partícula continúan siendo desafíos para científicos y filósofos en su búsqueda de una comprensión coherente y satisfactoria del mundo físico.
Históricamente, fueron los filósofos de la física los que reconocieron la importancia de dichos conceptos. Antes de los años 80, las discusiones acerca de los trabajos iniciales de John Bell sobre la no-localización fueron desarrolladas más por la actividad filosófica que por los físicos.

En los años 90 los físicos se fueron dando cuenta de que la no-localización y el entrelazamiento no eran solo propiedades de la mecánica cuántica, sino recursos físicos que podrían ser usados en tareas y tecnologías concretas. Se ha dado un gran desarrollo desde entonces a todo lo relacionado con la teoría de la información cuántica; aun así, solo un pequeño número de filósofos acompañó este desarrollo.

Las implicaciones éticas de la mecánica cuántica constituyen aún un área de estudios cuyo desarrollo está en fase embrionaria. Comparativamente, la fundamentación biológica de la ética lleva ya más de ciento cincuenta años de intensa producción intelectual.

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Fundamentos biológicos de la ética
Desde Darwin han sido planteadas innumerables cuestiones sobre cómo la evolución dio origen a los valores morales y cómo conciliar una concepción materialista de la vida con los principios éticos.

Hoy es común aceptar, fundamentándose en experiencias de genética, bioquímia y neurología, que las verdades morales extrasomáticas son creencias erróneas e innecesarias, que las premisas morales se relacionan solo con nuestra naturaleza física y que son el resultado de una historia genética, suficientemente poderosa y completa para generar códigos funcionales dentro de la especie humana.

Los científicos de la biología evolutiva conciben que todos los códigos morales fueron producidos íntegramente por los accidentes de la historia: De este modo, se han realizado muchas experiencias científicas con la intención de aclarar cuál es la naturaleza de nuestras acciones, intenciones y pensamientos morales. Según Ruse y Wilson, se ha empleado muy poco el conocimiento actual sobre el cerebro y su evolución; consideran insuficientes los estudios y experiencias que apuntan a las capacidades nuestras que consideramos más positivas, como el altruismo y la creatividad. Ellos sugieren que el conocimiento de la naturaleza biológica nos puede dar pistas sobre cómo mejorar nuestros códigos morales.

En su libro The Altruism Equation (2006), Lee Alan Dugatkin analiza el curso de la vida y la obra de siete científicos que se esforzaron por hallar respuesta a una cuestión: en un mundo supuestamente gobernado por la cruel supervivencia del más apto, ¿por qué observamos actos de bondad en hombres y animales? Dugatkin relata la historia de este debate desde Darwin hasta el presente a través de personalidades como Kropotkin, que quería fundamentar la base de la sociedad en el altruismo, o de William Hamilton, que redujo con una ecuación el altruismo al frío lenguaje de la selección natural. Dugatkin circunscribe su trabajo al cruce entre la biología y las ciencias sociales, dejando fuera las consideraciones que podrían derivarse de las teorías de la mecánica cuántica.

Neurociencias y filosofía
El cruce de las las neurociencias con la filosofía y la psicología ha sido llevado al encuentro de respuestas sobre la vida y los valores. Desmarcándose de ideas tradicionales como alma, libre arbitrio e inmortalidad, Paul Thagard muestra que los asuntos del cerebro son fundamentales en la comprensión de la realidad, la moralidad y el sentido de la vida. Sostiene que el cerebro es la mente y que la realidad es aquello que la ciencia puede descubrir. Nuestras capacidades cognitivas y emocionales nos permiten percibir la realidad, decidir eficazmente, actuar moralmente y atender las necesidades vitales. También defiende que el simple estudio de la realidad física es suficiente para que alteremos nuestra visión del mundo y, en consecuencia, nuestras creencias y los presupuestos en que nos basamos para actuar moralmente.

Según Einstein, lo más incomprensible del universo es que es comprensible. Con Planck y Einstein comenzó una revolución conceptual que puede conducir a un nuevo sistema de valores que rija nuestra vida. Esta revolución, al desestructurar algunos pilares del pensamiento de los siglos precedentes, abrió espacio para introducir características espirituales en los fenómenos aparentemente inexplicables para la normal racionalidad. Se pensó que habíamos así reencontrado la sabiduría perdida y descartada por el positivismo materialista, armonizando el pensamiento tradicional con la ciencia.

El universo físico de la teoría cuántica, universo de interconexión, de no-separatividad, implica una participación del sujeto. Esta participación indica que tal vez no podamos hablar de una objetividad absoluta o de una subjetividad absoluta de la ciencia. Podremos así llegar a la conclusión extrema de una construcción social de las leyes científicas, variable según la evolución de los sujetos. A través de la mecánica cuántica podemos ver un mundo interconectado , interdependiente , unificado en un Gran Todo del cual somos parte.

Esto dio pie a una aproximación entre la física contemporánea y la tradición, sobre todo de Extremo Oriente. De este modo, surgen algunas confusiones debido a la complejidad de las descripciones matemáticas de la teoría cuántica.

Reconociendo la convergencia posible entre ciencia y tradición, podemos al mismo tiempo señalar las diferencias fundamentales entre la aplicación de un pensamiento científico o de un pensamiento tradicional: el uno fundamentado en las evidencias, el otro vinculado a algunas concepciones previas que procuran apoyarse en resultados científicos.

Consecuencias filosóficas de una teoría física
Los trabajos de David Bohm, Hans-Peter Dürr y, más recientemente, Basarab Nicolescu e Lothar Schafer intentan tender un puente entre la mecánica cuántica y las consecuencias filosóficas de una teoría física. Pero ya desde Einstein, Heisenberg y Bohr las conclusiones acerca de la moral se relacionan, por lo menos por analogía, con los resultados de las experiencias en el mundo microfísico.

Max Jammer relata las influencias recíprocas entre las convicciones religiosas de Einstein y los resultados de las experiencias de su actividad científica. Un ejemplo paradigmático es el rechazo de las conclusiones iniciales del principio de incertidumbre de Heisenberg, pilar fundamental de la mecánica cuántica, con el argumento de que «Dios no juega a los dados».

El principio de complementariedad en física afirma que la naturaleza de la materia y de la energía es dual en sus aspectos de onda y partícula, y que estos aspectos no son contradictorios, sino complementarios. Cuando Niels Bohr presentó este principio en la mecánica cuántica, expuso conjuntamente el correspondiente en bioética. La complementariedad en bioética sucede cuando dos perspectivas diferentes explican propiedades igualmente importantes de una situación, pero son mutuamente exclusivas. Al contrario que en otros planteamientos, la complementariedad puede aceptar las dos perspectivas, resolviéndose en una tensión dinámica que abarca el todo.

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Lothar Schafer sugiere que la ética surge de una vivencia de acuerdo con la naturaleza, de una cierta coherencia entre los estados cerebrales (mentales) y el campo subyacente a la realidad molecular de las neuronas –campo donde reside lo que él llama orden cósmico – por medio del cual la naturaleza está unificada, interconectada. La información es una propiedad activa de este campo, característica compartida por la mente. La hipótesis de Schafer es que la mente, respondiendo a la propiedad de unificación que subyace en la materia, lo hace a través de pensamientos morales, los cuales van en el sentido de unirnos y aproximarnos mutuamente, y no de entrar en conflicto y de separarnos los unos de los otros. El orden cósmico determina de esta manera el orden humano. Esto tiene semejanzas con la teoría de las ideas de Platón, el pensamiento social de Confucio o el culto a Maat en el antiguo Egipto.

La biología como medio evolutivo
Podríamos aventurar que la biología sería, entonces, un medio evolutivo intermediario para el acceso a tal campo.

Las evidencias de que existe tal campo unificado son extraídas de las experiencias de comunicación de información cuántica, a una velocidad mayor que la de la luz, o más precisamente, de forma instantánea. Si dos puntos del universo, por distantes que estén, pueden estar en interacción instantánea, esta acción a distancia es equivalente a la que existiría si los dos puntos estuviesen próximos, o incluso unidos. De ahí que las explicaciones para estos fenómenos recurran a una dimensión a través de la cual estas interacciones puedan suceder, dentro mismo del espacio-tiempo; un campo de interconectividad que está, en el límite, simultáneamente en contacto con todos los puntos del universo. Reflexiones de este tipo pueden ser comparadas con nociones como la omnipresencia, atributo tradicionalmente atribuido a un ser superior.

Por esta razón muchos autores afirman la necesidad de perfeccionar el rigor del lenguaje con el que se comunica la ciencia en este nivel.

Uno de los modelos de lenguaje científico es el lenguaje matemático, capaz de evitar las incoherencias y ambigüedades del lenguaje natural. Desde la Revolución Científica se ha confiado a la matemática la función de intermediaria entre la razón y el mundo natural para alcanzar una comprensión de las leyes del universo. Puede ser esta comprensión, intermediada por la mente y el cerebro, el origen de la coherencia que Lothar Schafer prescribe para una vida ética, llegándose así a una fundamentación científica de las costumbres.

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